Como el despertador que se pone lejos de la cama

El amor a la libertad y el rechazo de lo impuesto son algo muy humano. Produce rechazo todo aquello que hace sentirse controlado o manipulado. Sin embargo, cuando lo impuesto viene de uno mismo ¿se es libre? ¿Son compatibles la obligación y la libertad?

¿Se es libre cuando habiendo quedado con un amigo se acude a la cita a pesar de que no apetezca o cuando, como miembro de una ONG, se acude a atender a unos ancianos aunque no haya ganas e incluso hubiera surgido otro plan mas apetecible? En estos casos, como en otros tantos que se nos pueden ocurrir, se demuestra que la libertad no sólo no es incompatible con el compromiso libremente adquirido, sino que este lo ayuda, soporta y da fundamento.

La lucha entre lo que se piensa que se debe hacer y lo que en el momento de actuar apetece es universal. En los anteriores casos se actúa de acuerdo a lo que se debía hacer de acuerdo a una elección libre anterior, y no por ello se tendrá la sensación de haber perdido libertad, a pesar de no apetecerlo. Es cierto que algunas personas pueden no estar de acuerdo, vivimos una época de “espontaneidad” y fluir.

¿Qué es lo que hace que se acuda a la cita con el amigo o al encuentro con los ancianos? La palabra dada, la obligación contraída, el compromiso; y en última (o primera) instancia, el amor.

Tener una visión negativa del compromiso hace de este algo odioso y pesado, una carga. Sin embargo cuando se descubre que comprometerse ayuda a cumplir lo que se quiere y a volar por encima de las debilidades o circunstancias del momento, la visión cambia y se entiende que el compromiso refuerza la libertad.

Sólo es posible comprometerse a aquello que se es capaz de cumplir. Cuando una pareja decide contraer matrimonio no puede comprometerse en el terreno de las emociones y los sentimientos. Sí que puede hacerlo para quererse y entregarse mutuamente, a buscar siempre el bien del otro, a ser fiel. La consecuencia de hacerlo posible será, con toda seguridad, disfrutar de esas emociones y sentimientos tan anhelados por todos .

El amor verdadero hace que el compromiso y las obligaciones contraídas no se vean como una carga, sino como una garantía y una ayuda. La unidad, la indisolubilidad y la fidelidad ayudan tanto al crecimiento de los esposos como al de los hijos. Son como el despertador que se pone lejos de la cama para asegurar que nos levantaremos pronto por la mañana.

 

 

Amor matrimonial: lo que te puedo prometer

Tantas situaciones placenteras de la vida corriente nos generan una mezcla de alegría y tristeza. Unas vacaciones que se agotan o ya se terminan, una entrañable comida, una buena tertulia y muchas otras vivencias humanas nos hacen experimentar la sensación de que se terminan, que la vida se escapa; nos agarramos a lo vivido, muchas veces lo fantaseamos, nos sentimos impotentes ante la vida. Nos olvidamos del futuro, de lo que queda por hacer.

Aunque lo canten los poetas y lo experimenten tantos, el amor no se escapa, no pasa dejándonos enredados en la melancolía. El amor no es algo que llega, juguetea y se va; el amor es para siempre.

Si el amor es sentimiento, afecto o emoción es lógico que sentir que se escapa. Si es intimidad, reciprocidad, don de sí, irrevocabilidad y fidelidad; la sensación es la contraria: un reto, camino por el que voy, promesa posible.

¿Cómo prometer a quien amo que siempre voy a sentir emociones o sentimientos como los que anhelo? Sin embargo sí es posible prometer fidelidad, entrega, caminar juntos. Y cuando así se plantea el amor, el amor verdadero, la realidad es alegre y llena de posibilidades, futuro; porque todo eso está al alcance de la mano, está por hacer y es además un reto apasionante.

Un amor cuidado crece y alimenta la emoción y el sentimiento. Y a pesar de nubarrones o lluvias, se anda el camino, juntos; llenos de ilusión y confianza por saber que es posible.

El amor no se escapa: se presenta cada mañana y en cada esquina; en cada tarea por hacer. Sólo se trata de mirar al amor verdadero y disfrutar de las flores del camino pero sin distraerse con ellas.

¿Cómo acompañar a nuestros hijos hacia la madurez?

Todos nos hacemos en algún momento preguntas cómo ¿porqué me porto de esta manera que no me gusta o parece incorrecta? ¿puedo cambiar? ¿cómo lo hago? Éstas mismas preguntas se las hacen los niños y los adolescentes, cada uno a su nivel.

Lo primero es tener la tranquilidad de que la lucha interior del hombre entre lo que quiere hacer y lo que hace es universal, no es nada nuevo. La complejidad de ideas, sentimientos, anhelos, apetitos, …. hace que la lucha sea constante. Lo importante es conseguir que las ideas, la voluntad, los deseos y las apetencias estén lo más cerca posible, es decir alcanzar la madurez.

Madurez significa que ni los estados de ánimo ni la fría razón son quienes guían de manera unidireccional la vida. Los estados de ánimo, los afectos y los sentimientos son humanos cuando trabajan conjuntamente con la razón si no, son peligrosos y meramente instintivos y animales. La razón y la voluntad son humanas cuando trabajan conjuntamente con el corazón si no, el hombre se convierte en un programa informático o un robot.

La persona madura es capaz de hacer una rica mezcla de cabeza y corazón: busca por medio de la reflexión la verdad y el bien un criterio moral que guié su vida. Reacciona de manera proporcionada ante la realidad, es flexible y se adapta a la realidad. Cultiva el buen humor dando a las situaciones la importancia que tienen, no exagerando ni por exceso ni por defecto. Intenta ponerse en la piel de los demás siendo comprensiva y colaborando por el bien común. Asume la responsabilidad de sus actos en su justa medida, sin agobios, pero sin desviarla u omitirla.

¿Cómo podemos acompañar a nuestros hijos hacia la madurez? Sin ninguna duda intentando vivir nosotros de acuerdo a estas ideas. Sólo en un ambiente maduro se puede madurar, y si bien es cierto que hay personas más o menos fogosas, más o menos extrovertidas o más o menos aprensivas, no es menos cierto que el ser humano es libre y capaz de madurar y ser más humano, más equilibrado, más persona.

Algo más sobre lo de “es que yo soy así”

Leí recientemente que, en contra de lo que podamos pensar, el hombre ha cambiado poco en su naturaleza a lo largo de los siglos. La soberbia, tan propia de nuestra civilización, nos hace pensar que el mero paso del tiempo es progreso, y que por tanto estamos en la cumbre. Que todo lo pasado ha sido superado.

Esto que puede ser cierto en el campo del desarrollo tecnológico, considero que no se corresponde con la dimensión moral y constitutiva de la persona humana. El conocimiento del hombre propio de los clásicos no han sido en absoluto superado. Se desconoce, se ningunea o se oculta, y  posiblemente buena parte de los problemas de nuestro tiempo podrían arreglarse recuperando sus ideas.

Los clásicos nos indican que el camino de la plenitud, del máximo progreso del hombre pasa por el cultivo de virtudes como la sabiduría y la prudencia. Una característica del hombre sabio y prudente, maduro en una palabra, consiste en asumir responsabilidades sin echar la culpa a otros.

El pensamiento blando nos inclina a pensar desde pequeños que si algo hacemos mal es por culpa del ambiente o de los otros. Y cuando esas excusas no sirven, se recurre al tan manido “argumento” es que yo soy así.

Es cierto que nacemos con un temperamento y que el ambiente y la educación recibidas nos marcan e inclinan en un sentido u otro en nuestra manera de comportarnos. Pero si lleváramos esto al extremo, nuestra libertad estaría en juego.

Porque si yo soy así y no puedo actuar de otra forma, no soy ni libre ni maduro. Madurez y libertad van de la mano.

 

 

¿Porqué conviene forjar el carácter?

Existe una tendencia muy extendida según la cuál se justifica todo con la idea de que “es que soy así” ¡ay, el es que! Se exaltan la naturalidad y la espontaneidad como virtudes sublimes y, cada vez más lideres sociales y políticos animan a convertir en derechos los deseos de cada cuál.

¿Es sostenible esta manera de pensar y vivir? ¿Podemos convivir en paz y armonía si cada cual actúa según su carácter? Parece claro que no. Debe haber unos límites.

El objeto de esos límites no debe ser únicamente la convivencia pacífica, también es importante el crecimiento y la maduración de cada persona. Actuando según nos dicta el carácter no somos libres, a menos que se piense que actuar con libertad es seguir los instintos y las tendencias. Idea por otra parte bastante extendida.

Y es que el carácter como tantas cualidades de la persona, como toda la persona diría; es educable. Es más, debe ser educado. Es obvio que llevamos impreso en nuestro ADN determinadas características. Pero lo propiamente humano es construir sobre ese humus, el temperamento, y no dejarse llevar por él.

No se nace generoso, ordenado, alegre, sincero, laborioso o respetuoso. Es cierto que para unas personas puede ser más fácil que para otras. Sin embargo lo propio del ser humano es forjarse como persona. Primero con la ayuda de los padres y el colegio, después cada vez con mayor autonomía.

No  tomar las riendas de la propia vida supone dejar que las toma por uno el ambiente, las circunstancias u otros intereses. Forjar el carácter supone marcarse un rumbo en la vida, saber a donde se quiere llegar.

Siempre existirá la lucha entre el apetecer y lo que se debe hacer, a veces coincidirá pero otras no. La base para una vida equilibrada y madura es saber que no es más humano dejarse llevar, sino actuar con libertad. Que no es lo mismo aunque lo parezca.

4 ideas para “acariciar con la mirada”

Esta mañana en una tertulia de radio se comentaba el odio que se destilaba en amplias capas de lideres políticos y sociales. Ese odio, o resentimiento, se vislumbra también en muchas relaciones sociales. Nunca es bueno que haya odio, pero percibo demasiado.

El odio genera un circulo vicioso que a quién más daño hace es al odiador, le impide crecer como persona y le impide ser feliz porque en el fondo, está cerrado en sí mismo; algo que es muy antihumano. La condición del hombre es abrirse a los demás.

En mayor o menor medida, creo que a todos nos puede ocurrir en alguna ocasión entrar en ese circulo vicioso. No se trata generalmente de grandes odios, pero sí de rencores, envidias, comparaciones ….

Para no entrar, o para salir de esa dinámica propongo 4 ideas:

Ejercitar el alegrarse con los demás, recrearse en el bien del otro. Es verdad que los demás no son perfectos, que tienen fallos y limitaciones, manías ….. ¡pero es que nosotros también somos el otro! Pasemos por alto esas pequeñeces. nos hará mucho bien

Conocerse, buscar esos defectillos, carencias o limitaciones. Seguramente serán las mismas que tanto nos molestan en los demás. Una vez que descubrimos esos defectos, es muy sano ser humildes y aceptar sin dramatismos que no somos tan majos como nos creemos, y a continuación perdonarnos a nosotros mismos.

Fomentar el cariño, que es mucho más que guardar las formas o ser educado. Romper los escudos de protección que en muchas ocasiones construimos y que nos hace distantes de los demás. Es bueno probar a mirar con cariño a alguien que no nos cae tan bien, automáticamente cambia la percepción que tenemos de él.

Estar pendientes de los pequeños resentimientos, envidias, etc …. que muchas veces son tan pequeños que apenas los percibimos. Sin embargo van endureciendo el corazón y rellenando las lista de agravios, a veces reales y casi siempre imaginarios.

En definitiva, es bueno cultivar el buen humor y querer al prójimo como a nosotros mismos.

Quierete en tres pasos

En plena época de rebajas y rodeados de mensajes publicitarios unos grandes almacenes nos impelen con el nuevo verbo #quiéreteme nos lo dicen y nos lo cantan.

Esto me da pie a escribir unas ideas sobre el amor a sí mismo, ¿es bueno quererse? ¿cómo quererse más y mejor? Yo diría que no sólo es bueno, sino que es necesario. Hay personas que no se quieren a sí mismas y hay otras que se quieren mal, el resultado es la infelicidad.

Tener una buena autoestima y disfrutar una vida plena pasa por el amor a uno mismo y a los demás.

¿Cuales son los tres pasos importantes para amarse? En primer lugar es necesario conocerse: conocer nuestro temperamento, nuestro carácter, saber cuáles son nuestros puntos fuertes y cuáles los débiles. ¿Tengo tendencia a la pereza? ¿al desorden? ¿soy generoso o egoísta? ¿me irrito con facilidad? y tantas otras preguntas

Una vez que nos conocemos el siguiente paso es aceptarse uno mismo. Esto no significa justificar lo negativo con la típica frase: “es que yo soy así” En este caso hablamos de la aceptación para intentar mejorar. Si se que tengo tendencia a la pereza o al enfado y acepto el hecho (no me excuso) estaré en buena disposición para mejorar.

El último paso es la exigencia con uno mismo. Sin agobios, con flexibilidad y poco a poco ir luchando en los pequeños detalles que nos ayuden a mejorar o desterrar hábitos que nos hacen daño.

Me gusta el verbo #Quiéreteme aunque no parezca muy correcto 

La mayor motivación

Tema complejo el de la motivación del ser humano. ¿Cuantos males se achacan a la falta de motivación, en el trabajo, en el colegio, en la vida? Una supuesta falta de motivación justifica muchas dejaciones o sinsentidos.

No pretendo agotar el tema, pero sí reflexionar sobre un par de ideas que a mí me van bien. Karol Wojtyla afirmó que uno de los grandes dramas actuales es que el hombre ya no se conoce, idea que comparto y que debe llevar a la reflexión.

Se pueden distinguir dos factores que a veces se confunden, uno es la razón o el motivo por el que hago algo, y otro son las ganas con que lo hago.

Generalmente se suele confundir la falta de motivación con las pocas ganas, con la alergia al esfuerzo. Cuando decimos que no estamos motivados, en muchas ocasiones debiéramos decir no me apetece, y casi siempre es porque no hemos encontrado la razón.

Y es que motivación no es tener ganas, sino tener motivos.

El hombre ha derivado en un ser básicamente afectivo, el bien y el mal, la verdad y la mentira, el hacer o no hacer pasa directamente por los sentimientos, son estos los que deciden y ejecutan. No somos conscientes de que esta manera de actuar es muy peligrosa, los estados de animo son tremendamente influenciables, cambiantes y manipulables. Su función no es decidir, sino acompañar, empujar, animar.

La motivación debe buscarse en el ámbito de la inteligencia y la razón (se encuentran razones pensando), tomar una decisión y ponerse en marcha con fortaleza y constancia acompañando todo con la pasión. Viviendo con pasión, no por pasión.

Son muchos y de distintos niveles los motivos que podemos tener para actuar: el ego, el prestigio, la autosatisfacción, contribuir a hacer una sociedad mejor, ayudar a los demás ….. Al final todo se reduce a: yo o los demás. Algo que, por otro lado, es perfectamente compatible

Cercano ya el día de Navidad, ¡que mejor ejemplo que el de un Dios Creador que se hace Niño por Amor! ¿Cabe mayor motivación que hacer las cosas por amor y ofrecérselas a ese Niño?

¡Feliz Navidad queridos amigos de La felicidad de andar por casa y que Dios os bendiga en 2017!

 

El factor invisible

Víctor García Hoz definía el ambiente familiar como el factor invisible de la educación. Sus ideas hacían referencia a lo definitivo que son el buen humor, la alegría y la amabilidad como base de una buena educación, forja de personas maduras y equilibradas. De igual manera, el mal humor, la acritud y los malos modales forjan personas tristes.

El amor y el bien generan ambientes humanos, e invitan a entrar en un circulo virtuoso. Producen alegría e invitan a repetir la experiencia.

Muchas personas se preguntan cómo es posible conseguir ese ambiente familiar adecuado. Si bien es cierto  que todos los miembros de la familia, padres, hijos, abuelos …. tienen su parte de responsabilidad, no podemos obviar de qué potente manera el trato entre los esposos puede influir en el ambiente familiar.

Leo en “Dulce hogar” de Dorothy Canfield (Ed. Palabra) lo siguiente:

“Después de meterse en la cama y apagar la luz, todavía podía escuchar el distante murmullo de las voces de papá y mamá haciendo planes: un murmullo cordial, alegre y desenfadado. Helen no recordaba la última vez que había oído a sus padres conversar de ese modo. Era como música en sus oídos. El último pensamiento que tuvo antes de dormirse fue: <<¡Qué feliz soy! ¡nunca había sido tan feliz!>>

Cordialidad, alegría, desenfado ….. y cómo resultado, ¡qué feliz soy! El factor invisible, el ambiente familiar.

 

Sobre el amor y la cortesía

Una conversación de café con varios compañeros de trabajo me dan pie a esta entrada. Parece claro que durante el galanteo y enamoramiento uno (mujer u hombre) intenta esforzarse en ser y aparecer presentable. El vestido, las maneras de dirigirse a quien se pretende conquistar y tantas otras “futilidades” forman parte del proceso. Durante el noviazgo esta tensión, en cierta manera, se mantiene.

La pregunta de nuestra tertulia era ¿que pasa durante el matrimonio? Practicamente todos opinaban que volvemos a la normalidad, es decir que se relaja la tensión. La familiaridad y, sobre todo, el acostumbramiento nos hacen aterrizar en la vulgaridad (que es lo más alejado del amor).

Pienso que la persona enamorada de la vida, enamorada de otra persona, necesita vivir en tensión, en una tensión sana y creadora, que nos hace querer ser mejores. La tendencia natural del ser humano es a la comodidad, la propia complacencia, la pereza, es decir, la vulgaridad.

En esa línea escibí hace unos días en mi Twitter @anibal_cuevas lo siguiente: “cuando estás enamorado cuidas los detalles, y te enamoras más; y cuidas los detalles y te enamoras más y.. ..” Ese es el círculo virtuoso del amor, no sólo del matrimonial.

El amor verdadero necesita de la cortesía, el detalle, la buena educación, la tensión. La pereza, el acostumbramiento y la relajación lo matan.

10 ideas para padres de adolescentes

Recientemente preguntaba a unos padres que era lo que más les molestaba de sus hijos adolescentes, me contestaron que las malas contestaciones, los silencios, la desobediencia. Yo les preguntaba acerca de lo que esto generaba, mal ambiente me contestaron.

Luego les pregunté cómo respondían ellos a esta situación. Ante su propia sorpresa me contestaron que con enfados, silencios, monosílabos, acerca de lo que esto generaba llegaron a la misma conclusión que antes, mal ambiente.

Educar es complicado, sin duda, pero cuando el ambiente es malo, cuando las relaciones personales son malas, la misión se vuelve casi imposible. Genera malos pensamientos, la creencia de que el otro hace las cosas para fastidiarme. Esto hace que el ambiente empeore no sólo exteriormente sino en los corazones.

Parece un quicio fundamental que en casa haya buen ambiente, sólo así las relaciones personales pueden ser óptimas para que todos crezcamos como personas, nos queramos y seamos mejores; que de eso se trata, de ser felices haciendo felices a los demás.

A modo de decálogo, he aquí 10 propuestas para mejorar el ambiente en casa. Sin perder de vista que mejorar el ambiente, en cualquier realidad humana, está en primera instancia en mi campo, soy yo quién tiene que dar el primer paso:

Procurar un ambiente tranquilo. Reservar momentos para ello, por ejemplo la comida en familia

Fomentar el trato cariñoso entre todos. Por ejemplo saludarse al entrar o salir de casa, ceder el paso, sonreír, preocuparse por los demás

Respetar su intimidad, lo cuál no significa no estar al tanto de los amigos y actividades.

Acercamientos indirectos (buscar gustos o aficiones comunes con los hijos). Llegar a acuerdos en temas “calientes”: salidas, estudio, orden en casa, etc …..

Exigir con cariño y respeto. Evitar los sarcasmos y las burlas

Ser modelo de lucha más que conferenciante sobre lo que está bien y lo que está mal

Abrir el hogar para que puedan estar con sus amigos

Fomentar una rebeldía sana, darles razones para actuar frente a las injusticias que tanto rechazan

Enseñarles a pedir perdón pidiéndolo nosotros cuando fallemos

Transmitirles una imagen positiva de sí mismos. Ayudarles a descubrir lo bueno que tienen y a lucha en aquello que pueden mejorar

Son 10 ideas que espero sirvan de orientación para padres “despistados” y de ánimo para padres cansados.

¿El éxito de tu matrimonio a merced de los vientos?

¿Por qué fracasan tantos matrimonios? ¿Por qué tienen éxito otros tantos? Sería una osadía pretender que sólo hay una razón, conocerla y pretender despacharlo en dos líneas. El hombre y sus relaciones son enormemente ricas y complejas.

Sí que puede arrojar luz alguna idea sobre las emociones, ese mundo tan maravilloso y que normalmente suponen el primer acercamiento a la realidad. ¡Cuantas veces una persona nos cae bien o mal sin que sepamos el motivo! Luego, el trato y el conocimiento hacen que esa percepción se confirme o no, dando paso a otro nivel de relación.

En el amor humano ocurre algo similar. El primer acercamiento entre un hombre y una mujer suele ser afectivo, emocional. Y las emociones se caracterizan por su fuerza. Así, alguien puede afirmar: “Me he enamorado locamente”.

Esa emoción no es fruto de una reflexión, ni de un compromiso, ni tampoco de un acto de libertad. Es algo que arrebata.

La vida infantil y adolescente, especialmente esta última, se caracteriza por la fuerza emotiva, por el arrebato. Suelen ser las emociones quienes dictan el camino a seguir. El crecimiento como persona supone la madurez de la dimensión emocional, el equilibrio entre corazón y cabeza. Así, podemos afirmar que un adolescente ha entrado en la juventud cuando es capaz de moderar sus impulsos y dar espacio a las razones.

En el amor matrimonial, la entrega al otro y la búsqueda de su bien puede fundarse sobre el amor afectivo; sin embargo del amor afectivo no surge necesariamente el amor verdadero de entrega. El amor matrimonial supone una maduración del amor sentimental, un paso hacia la entrega libre.

Para tener éxito en el matrimonio es necesario comprender la naturaleza del amor esponsal (entrega a ti, sólo a ti y para siempre, unidad que se proyecta en el fruto de ese amor: los hijos); conocer y estar dispuesto a vivir las virtudes humanas en la vida matrimonial y saber que el amor humano es limitado.

Lo maravilloso es saber conjugar cabeza y corazón, sentimientos y deberes. libertad y responsabilidad. Pensar que sólo, o principalmente, los sentimientos pueden sostener una relación matrimonial es no conocer ni la naturaleza del hombre, ni la del matrimonio.

No es bueno dejar el éxito del matrimonio a merced de los vientos. Es necesario ser un buen navegante y manejar las velas. Los vientos son buenos cuando los sabemos aprovechar.

 

 

Dos pequeños ajustes para que tu matrimonio funcione

Lo grande suele estar anclado sobre lo pequeño. Pensemos en cualquier mecanismo técnico, es tan fundamental un tornillo como un motor. En muchas ocasiones un pequeño desajuste puede acabar con todo: un aspa que roce, una vibración ….. de manera aislada no produce daño, pero de manera continuada es capaz de destrozar la maquina.

De la misma manera, las relaciones humanas están basadas en pequeños detalles. Son ellos quienes marcan la diferencia. Pequeños ajustes en nuestro comportamiento personal son los que hacen que una relación sea satisfactoria y enriquecedora o termine en la distancia cuando no en el odio o la indiferencia.

El matrimonio se sustenta sobre un gran ideal, pero se actualiza cada día en pequeñeces. Esas pequeñeces las tiene que poner cada uno, y no esperar a que de el primer paso el otro. Hoy escribo sobre dos pequeños comportamientos que pueden mejorar mucho la relación: la generosidad y la humildad. Los dos van unidos, difícilmente se puede ser generoso si no se es humilde; y así, las personas humildes suelen ser generosas.

La base es no creerse superior al otro, olvidar un poco las propias apetencias, ceder en opiniones… ¡Cuantos enfrentamientos y frialdades se alimentan de la soberbia! Es cierto que la humildad y la generosidad son grandes virtudes, forman parte del fundamento del amor; pero se alimentan de pequeñeces. Como todo lo grande.

La fortaleza de la coherencia

Muchos padres no son conscientes de la poderosísima arma que para educar a sus hijos tienen en sus manos. Posiblemente lo más definitivo en la vida de una persona sea el ejemplo de los demás: su coherencia o incoherencia, su generosidad o egoísmo, su humildad o soberbia; en definitiva, sus luchas …..

Cuando unos padres no sabe que hacer para ayudar a su hijo, lo más inmediato es decirles que le den ejemplo. Sólo desde una vida coherente se puede exigir coherencia. Las personas somos más sensibles a lo que los demás hacen que a lo que dicen.

Unos padres que no paran en casa, ya sea por trabajo u ocio, difícilmente podrán construir un hogar acogedor, tendrán poca autoridad para regular horarios de salida y entrada. Quién está continuamente pendiente de las redes sociales, del postureo, de narrar su vida al cosmos; difícilmente podrá educar a sus hijos en la discreción, el pudor, la intimidad.

Si criticamos a los demás no podremos educar el respeto. Si dejamos todo manga por hombro, ¿como vamos a pedir a nuestros hijos que sean ordenados?

¿Cual es el argumento que muchos adultos emplean para no pagar impuestos, no cumplir obligaciones, trabajar lo justo? La falta de ejemplaridad de los políticos, los jefes; en resumen, los demás.

Con nuestros valores y comportamiento estamos ayudando a nuestros hijos a ser mejores o a dejarse llevar. No es lo mismo que nuestra meta profesional sea la fama, el prestigio egoísta o el dinero, es decir el ego; que la generosidad, la mejora como personas, la ayuda a quien lo necesita, es decir los demás.

Son ideas escritas a vuelapluma con las que quiero compartir la idea de que el mejor apoyo de los padres para educar es la lucha por llevar una vida coherente con lo que esperamos de nuestro hijos.

Si actuamos así, nos sentiremos fuertes para quererles y exigirles, y desaparecerá ese sentimiento de culpa que tantos sufre. Y ellos, a pesar de sus fallos, encontrarán razones para ser mejores.

 

 

Otro nombre para Ser Audaces

Está claro que no valgo ni para ser community manager, ni para diseñar una estrategia de imagen. Si mi blog fuera una empresa me habrían despedido fulminantemente por lo que he hecho.

Había pedido consejo en familia sobre el nuevo nombre de Ser Audaces (nombre de mi blog los últimos once años). A todos nos gustó el del título de mi último libro: la felicidad de andar por casa. Es cercando, inspirador y refleja al cien por cien sobre lo que escribo.

Ayer, en un arrebato de toma de decisión (lo menos recomendable) y dejándome llevar por mi mala memoria me lancé con lo de Pasión por la familia, se ve que lo mío es la pasión.

En fin, perdonar este lapsus, mi blog se llama ahora La felicidad de andar por casa. Ahora si que es definitivo, creo ;))

Conversaciones de matrimonio

Son muchos los problemas matrimoniales que se despachan aludiendo a la falta de comunicación. Se trata de un diagnóstico simplista que en nada ayuda a las parejas a mejorar y ser felices.

En una relación matrimonial se pueden dar distintas situaciones. Pueden ser relaciones deterioradas en las que uno no aguanta al otro, también puede ser frías en las que hay poco corazón. Hay muchas parejas que se llevan bien, pero sin saberlo se abocan a caer en alguna de las dos situaciones anteriores.

Se trata de aquellas que llevándose bien, se dedican principalmente a gestionar su relación: horarios, planes de fin de semana, con quién dejan a los niños, quién hace esto o quién hace lo otro. Son matrimonios “gestoría”. Aparentemente no hay problemas de comunicación, hablan, se cuentan cosas …… el problema está en que no se comparten intimidades, anhelos…. Y antes o después dejarán de reconocerse.

Los matrimonios necesitan mantener conversaciones amistosas, cariñosas, llenas de ternura en las que se pone el corazón; en las que se mira al otro como a alguien profundamente amado. En las conversaciones de matrimonio debemos manifestar lo que nos llena el alma. El matrimonio necesita que marido y mujer crezcan juntos, y esto sólo se consigue compartiendo lo más íntimo.

¡Claro que hay que “gestionar” la vida familiar!, pero sobre todo hay que amarla, mimrla, cuidarla. Ver al cónyuge como a alguien único, cuidar los detalles, bucear en el corazón del otro, descubrir sus necesidades, manifestar las propias.

Y es que si no se hace así, en vez de ser uno se es dos. La diferencia tiene muchos matices.

Aquí os dejo el enlace a un divertido vídeo de matrimonio “gestor”

Para mantener un corazón enamorado

Es cierto que las cosas del corazón son complejas, no bastan recetas para mantener el amor. Dicho esto, hay parejas que no superan las crisis matrimoniales porque realmente no saben lo que es el amor, no conocen su afectividad. Mientras las cosas van bien no se preocupan, cuando empiezan a ir mal no saben que hacer y terminan sufriendo.
Para tener un corazón enamorado lo primero es, aunque parezca una perogrullada, querer estar enamorado, y saber lo que significa. Se trata en parte de un acto de libertad de la voluntad. Quiero estar enamorado de esta persona, quiero de verdad. Estoy dispuesto a entregarme cada día, a compartir mi vida, a poner en primer lugar lo nuestro. El corazón nos engaña con facilidad, y se reserva espacios. El amor verdadero no deja espacios en blanco, no están permitidas las reservas mentales. Primera pregunta pues, ¿quiero realmente estar enamorado?
Un segundo paso es volver a elegir al cónyuge, actualizar el compromiso aunque los sentimientos no sean los mismos que al principio.
En el siguiente paso damos entrada a los sentimientos. Pórtate como si estuvieras enamorado, haz lo propio de los enamorados. Cuida los detalles que sabes que le gustan, habla a tu corazón y dile que ella, o él, es para siempre. Que lo has elegido y que quieres que siga así. Eligele cada día, como es.
El último punto engloba una actitud de agradecimiento, los corazones agradecidos aman más y mejor. Ah, y por supuesto, borra de tu mente pensamientos tóxicos de víctima.
No pierdas ni un minuto del día pensando si amas o no, ama. Así lo decidiste. Plantéate esto no sólo cuando se acercan nubarrones sino desde el primer día, aunque todo vaya bien.
Con esta dinámica es más fácil mantener un corazón enamorado, y más difícil que una tormenta os sorprenda.

Tres piedras en el camino de matrimonios jóvenes

Hablando con jóvenes se observan las numerosas dificultades personales, afectivas, ideológicas, sociales o profesionales que tienen que sortear quienes deciden sellar su amor con un compromiso para siempre. Hay dificultades para dar el paso, pero una vez dado no todo el camino es ancho y llano.

La experiencia con jóvenes matrimonios revela que hay piedras que se interponen en ese camino, y estas como todo obstáculo pueden deteriorar la convivencia prematuramente, incluso cargarse el matrimonio incipiente; o ser superadas y dar un salto de crecimiento y madurez personal y común.

Quisiera detenerme en tres piedras que hay que sortear para que el matrimonio vaya por buen camino: exceso de celo profesional y de desarrollo personal, compartimentar las relaciones sexuales y la paternidad,  estar demasiado pendiente de mi tiempo, mis aficiones, mis amigos.

Es un hecho que el matrimonio se celebra cada vez más tarde, si a esto unimos la obsesión de muchos por su desarrollo profesional y personal en detrimento del proyecto común, nos podemos encontrar que pasados los años el matrimonio no ha terminado de arrancar. Cada cónyuge ha crecido individualmente, pero el proyecto común se quedó atrás. Jóvenes matrimonios: la carrera profesional es importante pero lo es mucho más vuestro matrimonio. Son compatibles, pero no creáis que podréis recuperar el tiempo perdido. La “profesionalitis” es insaciable. Hablarlo en la intimidad, no deis las cosas por supuestas.

Nuestra sociedad es cada vez más anticonceptiva. Los niños molestan en casa, en los restaurantes, en los trenes y aviones. Suponen una exagerada carga subjetiva para las parejas. Nunca parece ser el momento idóneo para que lleguen, seguramente no existe. Muchas parejas están esperando a desarrollarse personal y profesionalmente (ver la piedra anteriormente comentada), para tener un niño. ¡Gran error jóvenes matrimonios! El niño forma parte de vuestro proyecto común, es fruto de vuestra entrega y amor; forma parte de vuestra relación conyugal. Crecéis como personas y como matrimonio cuando estáis abiertos a la vida. ¿Ser padres con responsabilidad? Sí, por supuesto, pero también con generosidad. El momento idílico no va a llegar.

El ocio, el deporte y la cultura forma parte de nuestra sociedad, ¡claro que sí! Y es bueno cuando nos ayuda a crecer como personas y como matrimonio. La piedra surge cuando se individualizan estas actividades, porque entonces ni crecemos como personas ni como pareja. Hay una excesiva obsesión por reservarse tiempo para uno mismo. Entonces ¿tengo que hacer todo con mi pareja? No, pero se sincero y piensa si no eres un egoísta robando tiempo a lo que debiera estar en primer lugar porque así lo elegiste.

El matrimonio es algo grande, hermoso que puede ayudar a que de cada uno salga lo mejor haciéndonos inmensamente felices, aunque haya momentos de dificultades. No nos engañemos, lo que hace a las personas inmensamente felices es la generosidad, darse a los demás, amar. El matrimonio es un habitat ideal para ello, pero no surge de manera espontánea.

 

Cinco hábitos para que te vaya bien el día

Hay quienes esperan a que un buen día les llegue, incluso piensan que tienen derecho. Hay otros que desde que se levantan ya están haciendo que ese sea un buen día. Aquellos posiblemente no lo disfruten , estos seguro que sí. Son aquellos que cuando se levantan de la cama dan gracias por el nuevo día, los otros se centran en lo mal que han dormido o en el dolor de espalda.

Los que van a tener un buen día sonríen a quienes tienen alrededor, aunque sea despeinado y con algún bostezo. Piensan en las personas a quienes van a ver durante el día y se proponen sonreírles para que les vaya mejor.

Las personas a las que les va a ir bien el día,  en vez de ser cenizos y dificultar la vida a los demás, intentar hacer el día más liviano. Ayudan sin que se note, animan, no riñen; aportan soluciones, no pegas.

En el trabajo en vez de hacer una chapucilla – total, no se va a notar-; descubren la grandeza de hacer bien lo pequeño, aunque aparentemente nadie lo vea.

Antes de acostarse, dan gracias por el día; aunque no hayan salido las cosas como querían y aunque estén cansados. Y antes de cerrar los ojos se dicen “mañana volveré a intentarlo”.

Sobre el amor, la amistad y otras pequeñeces

Diálogos tipo entre amigos. “- ¿Quedamos entonces el martes para cenar? – En principio sí”. O “- ¿Me puedes ayudar el sábado por la mañana a arreglar un mueble? – Es que llevo una semana muy ajetreada y tengo que descansar”. Son algunos de los ejemplos de lo bajo que está el nivel de la amistad.

El nivel de consideración de la amistad es tan bajo, que a cualquier relación la llamamos amistad, “fulanito es amigo mío”. A veces también decímos “es muy amigo mío”. Sin embargo no somos capaces de comprometernos para una cita o de renunciar a algo de descanso para hacer un favor.

El campo de la amistad se debe mover en el del amor, forman una unidad. Sin embargo lo abajamos a la apetencia y al propio interés. Nada que ver con dar lo mejor, a la renuncia por amor, incluso a fastidiarse por el bien del otro.

Amor, amistad y compromiso forman una trilogía inseparable y son una fuente de humanidad y felicidad. Es mucho lo que el ser humano pierde cuando no es capaz de darse por aquellos a los que dice  querer.

Existe mucha similitud con las relaciones de pareja, incluso con el matrimonio. Hay muchas personas que son incapaces de amar, de darse, de tener el sano prejuicio de pensar primero en el otro. ¡Y menos mal que somos amigos! Es mucho lo que se pierde con esta incapacidad de entrega, entre otras cosas: la humanidad y la tan ansiada felicidad.

Lo que se espera de un #padre en 2 ideas

Si tuviera que resumir en dos ideas lo que se espera de un padre diría que son transmitir al hijo lo bueno y verdadero, y mostarle con el ejemplo la manera de vivirlo. Y ¿cuáles las principales virtudes que debe de tener un buen padre? Entre otras, la fortaleza para exigir, el cariño para dar seguridad y la humildad para luchar por ser mejor y pedir perdón cuando sea menester.

Tres preguntas para saber si has madurado

Durante la adolescencia se dan una serie de comportamientos que están muy relacionados, por un lado con la inmadurez de la persona adolescente, y por otro con la fuerza con la que actúa la afectividad en todo ser humano.
La valoración afectiva de la realidad es, en todo ser humano, mucho más rápida que la racional; eso hace que el comportamiento de las personas inmaduras sea en muchas ocasiones tan poco racional. No son capaces de neutralizar y equilibrar ambas dimensiones.
La madurez humana se alcanza cuando se es capaz de atenuar los movimientos afectivos, los sentimientos, las pasiones y las emociones. El quid no es anularlos o reprimirlos sino atenuarlos, dejarles su espacio pero no permitir que sean dueños.
A grandes rasgos, el inmaduro permite la supremacía de lo apetecible sobre lo razonable, de la experiencia sobre el saber, de la imaginación sobre la lógica, del sentimiento sobre la inteligencia.
El inmaduro rechaza la autoridad ya que la ve como una imposición. Alaba la espontaneidad y lo confunde con “lo auténtico”. El narcisismo también tiene su nido en el inmaduro, esto hace que todo gire en torno al autoexamen, la introspección, lo que los demás piensan de mí. Todo para el inmaduro es lúdico y pasa por la satisfacción inmediata.
Escribo estas ideas mientras preparo una conferencia sobre la educación de la sexualidad en el adolescente. Me pregunto si este comportamiento inmaduro, lógico en el adolescente; no se da con demasiada frecuencia en personas que por su edad, debieran mostrar un comportamiento más equilibrado y racional.
Acabo con las tres preguntas anunciadas:
¿Eres capaz de actuar en contra de lo que te apetece haciendo caso a la razón?
¿Crees que la espontaneidad es lo autentico y que actuar de acuerdo a lo razonable es hacer teatro?
¿Rechazas lo “convencional” y cree que lo que más vale es lo último?

Sobre la naturaleza del matrimonio

Estoy consultando unas notas que tomé recientemente en una conferencia sobre el relativismo mientras preparo una sobre la naturaleza del matrimonio. Decía el ponente que la sensibilidad posmoderna refiere la vida como una narración sin guión, algo que va transcurriendo livianamente. Cuando intentas hablar de principios o de la naturaleza de algo, como por ejemplo el matrimonio, te dicen que cada uno tiene su idea, su vida, su experiencia …. que no existe un patrón, que no hay un criterio para medir, que no hay guión.
Con esta idea tan presente en nuestra sociedad, para unos el matrimonio es un compromiso, para otros un sentimiento; para unos sólo se da entre personas de distinto sexo, para otros da lo mismo; algunos creen que es propio de parejas, otros están abiertos a más personas.
Si intentas encontrar y defender la naturaleza y misión del matrimonio te tachan de intolerante. ¡Un lío!
Como digo, escribo esto mientras preparo una clase sobre naturaleza y misión del matrimonio. Soy de los que creen que existe la naturaleza de las cosas, que la vida del hombre no es sólo algo que simplemente va ocurriendo y que hay que dejar discurrir, creo en la libertad pero también en un guión.
Creo, con Aristóteles, que casi todo es discutible, y que esto precisamente es lo que fundamenta la existencia de la verdad porque ¿para qué discutir si ésta no existe? Crea cada uno lo que quiera y siga su camino.
La no existencia de la verdad anula el compromiso, es imposible comprometerse ante lo liviano, lo cambiable, lo volátil. Desde este punto de vista entiendo a quienes no creen en el matrimonio y su naturaleza.
Así las cosas, la institución matrimonial es uno de los estandartes de la defensa del compromiso, y por tanto de la existencia de lo verdadero.
¡Claro que el ser humano es capaz del compromiso, capaz de amar y ser fiel!
Una sociedad tristona y lánguida es incapaz de entender el amor como entrega incondicional y fuente de felicidad. Posiblemente por este motivo nuestro tiempo no cree en el matrimonio, porque no cree en la posibilidad de escribir la propia historia en la entrega personal, generosa e incondicional.

4 pasos para tomar decisiones de familia.

Muchos de los problemas que se plantean en el matrimonio se deben a que no se toman decisiones, dejándose llevar por los acontecimientos; o a una incorrecta toma de decisiones.
Para hacer una correcta elección, creo que es importante seguir estos 4 pasos:
1. Priorizar. Cuando se elige una opción se rechaza otra, por eso es importante saber que es lo prioritario. Lo normal en la vida familiar es que la prioridad sean el matrimonio y la familia por delante del trabajo. Pero esto no es estanco, Las prioridades no son estancas, por ejemplo, no es lo mismo elegir un tipo de trabajo u horario teniendo bebés, niños en edad escolar o jóvenes.
2. Pensar. No tomar decisiones instintivas sin haber reflexionado. Desde mi experiencia vital, pensar es rezar. Las decisiones hay que rezarlas, enfrentarse al porqué quiero esto o lo otro, si estoy siendo generoso o sólo pienso en mí. En la oración suele ser fácil descubrir si me engaño.
3. Consensuar. Es decir hablar, compartir, enriquecer la propia opinión. Ser flexible y generoso, respetar y querer la opinión del otro aunque en principio no estemos de acuerdo. Facilitar el encuentro evitando faltas de carácter, impaciencias, mal humor ….
4. Elegir y actuar. Ante las distintas posibilidades, elegir una y ponerla en marcha asumiendola ambos como propia, sin reservas mentales. Si el resultado es negativo, asumir el error como propio si no era esa nuestra idea. Somos uno, no la suma de dos.

Dejo un enlace sobre la Toma de decisiones que escribí hace algún tiempo.

Sobre el ébola y los terrores modernos

Hace nueve años escribí un post que por su actualidad reproduzco:

Huracanes, inundaciones, vacas locas, gripe aviar, mosquitos tigre …… miedos y mas miedos. ¿Acaso son éstas calamidades algo nuevo? ¿No son mas bien algo inherente a la condición humana? Yo creo que la perdida por parte del hombre de su conciencia de “ser creado” nos hace vivir fuera de la realidad y ser mucho mas vulnerables.
Estoy convencido que puede ayudar a muchas personas una vuelta a Dios y a considerarnos sus hijos llenos de grandezas pero no omnipotentes.
Transcribo un articulo de Indro Montanelli , historiador y periodista. Premio Godó 1992 y Premio Príncipe de Asturias 1996.

Los terrores modernos

Estamos en tiempo de grandes miedos colectivos. Me parece, por ello, que existe actualmente una verdadera epidemia que amenaza al mundo: la epidemia del terror. Se diría que la humanidad tiene necesidad de éste como necesita del oxigeno para respirar.
No es una fantasía o una suposición mía. Es una constatación. Porque la humanidad siempre ha sido presa de algún terror. En el medievo existía, por ejemplo, el terror de la peste, que sin embargo se desencadenaba sólo de cuando en cuando, dadas las condiciones higiénicas de entonces.
Pero, para limitarnos al arco de nuestra vida, hagamos un rápido repaso. Hubo, después de Hiroshima y Nagasaki, el terror del átomo, que indujo a los italianos a renunciar a esa fuente de energía, y que ahora nos hace dependientes de centrales extranjeras situadas a pocos kilómetros de nuestras fronteras y que en caso de accidente provocarían en nuestro país los mismos efectos.
Después se produjo el terror de la dioxina. Hubo gente que emigró para salvar su vida. Cuando se hizo la cuenta de las pérdidas, se encontraron dos: un pollo y un conejo. Luego nos cayeron las moscas envenenadas que, según se decía, los pilotos norteamericanos habían lanzado sobre Vietnam para matar a los niños, y que iban a llegar a Europa.
Ahora es el turno dcl uranio y de las “vacas locas”. Por lo que se refiere al uranio, considerado como el padre de la leucemia, somos los italianos quienes conducimos la danza del terror. Pero, por lo visto, los números no nos ayudan. Y menos todavía nos ayudan los de las “vacas locas”.
Por sus consecuencias sobre la salud humana, la encefalopatía de la que ese pacífico animal sería portador habría provocado, sobre cuatro millones de vivientes, un caso que ha sido diagnosticado como encefalopatía sólo porque su sintomatología no se correspondía con ninguna de las descritas hasta ahora. Y nosotros, los italianos, ya estamos temblando.
Por todo ello —añada el lector el efecto invernadero, el agujero de ozono, la contaminación atmosférica y acústica, etcétera—,la ansiedad crece de día en día, y el consumo de tranquilizantes lo hace al mismo ritmo. Este es el verdadero peligro que nos amenaza.
Hubo periodos de mi vida, cuando todavía no se habían inventado ni el átomo, ni el uranio, ni la dioxina, ni las “vacas locas”, en que yo mismo habría tenido necesidad de tranquilizantes para huir de las angustias de las crisis depresivas que padecí. Un poco por instinto, un poco por aquella desconfianza campesina de todo toscano del campo (y quien no es del campo no es un verdadero toscano) que albergo hacia todo aquello que “no es natural”, siempre rehusé tomar tranquilizantes y preferí pasar las noches en blanco.
Sólo en el último episodio acepté los tranquilizantes que me recetó un médico amigo y que se revelaron eficacísimos. ¿Por qué? Porque, como el mismo médico me dijo, había llegado a casi ochenta años sin haber ingerido nunca ningún fármaco de esa clase.
Ahora, por lo que me dicen, estamos llegando a una dependencia masiva de los tranquilizantes que más pronto o más tarde deberemos combatir con otra dependencia como se hace para combatir las drogas con la metadona, que no deja de ser otra droga. ¿Y aún nos empeñamos en buscar a los locos entre las vacas?

¿Sabes para qué educas?

Es importante cuando se inicia un viaje, o un negocio y tantas otras actividades humanas, saber el objetivo final. Una vez delimitado este ya se puede empezar a actuar y tomar medidas que siempre deberán estar en concordancia con el objetivo marcado. Si no se hace así, lo normal será deambular, zigzaguear y finalmente estrellarse o aparecer en donde no se quería.
Algo similar sucede con la vida. Hay quienes creen que son más libres porque no tienen hoja de ruta en su vida, se van dejando llevar de las circunstancias y se van adaptando a lo que surge. Es cierto que la vida de cada uno es un libro que está por escribir, pero también es cierto que cuando no se escribe sobre lineas, hace falta una plantilla para no torcerse excesivamente, o para volver al camino.
Sirva este largo preámbulo para hablar sobre lo que considero que debiera ser el objetivo fundamental de la educación: aprender a amar. Hace unos días leía en un libro del profesor Calderero (*) dos ideas muy nucleares: “se educa cuando ayudas al niño a que se interese por el bien, y el bienestar, de los demás” y “la ignorancia se combate con la sabiduría y la práctica del bien”
Ambas ideas dan por supuestas dos realidades que una gran parte de nuestra sociedad niega: existen la verdad y el bien.
Solamente en la medida en que existe la verdad existe el bien, y sólo si este existe podemos hacerlo.
Es buena cosa que la búsqueda del bien y su realización sean el hilo argumental de nuestra vida. Para que sea así es muy importante que la base de la educación sea enseñar a amar.
Aprender a amar desde pequeños hace mas fácil ser feliz, el hábito de olvidarse de uno mismo y pensar mas en los demás no es una quimera sino que se manifiesta en detalles concretos de la vida corriente: sonreir, ceder, preguntar, escuchar, alegrar … poner la mesa, sacar la bolsa de basura, servir el agua, dejar el aseo limpio ….
Aprender a amar y enseñarlo es tarea para toda la vida, para cada día. Sólo se puede enseñar si lo que se dice se acompaña con el ejemplo. Ese creo que es el objetivo fundamental de la educación.
(*) Educar no es domesticar J.F. Calderero. Ed. Sekotia

Tres ideas, tres; para mejorar la vida matrimonial

Al hilo del titulo de mi última entrada y mientras preparo unas notas para una conferencia sobre “Alegrías y pruebas en el matrimonio” quiero compartir tres ideas para mejorar la vida matrimonial y superar las posibles crisis.

Es importante hacer la vida agradable, a uno mismo y al otro. Este consejo es válido no solo para la vida matrimonial. Cuantas veces llenamos de lamentos y comentarios negativos nuestras conversaciones. Hay quien lleva encima una pesadísima lista de agravios, la mayoría de ellos son producto de la imaginación y de estar pendientes de uno mismo. Amargan la vida al supuestamente agraviado y a los que están alrededor.
Es importante tener el sano prejuicio de pensar primero en la pareja, en aquello que le gusta, si conviene que haga tal o cual comentario ahora, en como lo hago.

Llenar el corazón de optimismo y confianza en uno mismo y en el cónyuge. Confiar en que algo bueno va a pasar y no quedarse esperándolo, ser protagonista de eso bueno. Aprender a alegrarse con pequeñas cosas: una sonrisa, una mirada tierna, descubrir aquello que hace feliz al otro. Es importante no dejarse llevar de los estados de ánimo o del mal carácter. Ser dueño de uno mismo está muy relacionado con saber sonreír aunque no apetezca.

Actuar con decisión para ser mejor persona, sabiendo que el camino no es siempre llano y asfaltado. Hay cuestas, piedrecillas, curvas…. Precisamente lo emocionante de la vida matrimonial es que aunque el camino es personal, se puede recorrer juntos, de la mano.

Tres ideas, tres, para una buena vida de familia

Comentaba hace unos días con un amigo acerca de lo complicado que es formar una familia. Por un lado, el ambiente social y laboral lo complican mucho, sueldos bajos, horarios de locura, …. Por otro, una presión brutal del individualismo; lo peor de cada uno de nosotros: ir a lo nuestro.
Con estos mimbres resulta difícil construir una familia y un ambiente familiar adecuado. Sobre todo, sin tiempo y yendo cada uno a lo suyo es imposible ser familia.
Como esto es lo que hay, se me ocurrían tres ideas, sólo tres, para mejorar la familia mejorando cada uno. Seguramente podrían ser veinte o treinta ideas, pero lo bueno si breve, dos veces bueno. Es mejor luchar en pocos frentes y que estos sean concretos.
Uno. Buscar como locos un tiempo de estar todos juntos, sentados, tranquilos, con las menos interferencias posibles, pasando un rato divertido: comida, merienda o cena en familia.
Dos. Descubrir aquellos pequeños servicios que podemos hacer a los demás, a veces será una simple sonrisa, otras ayudar en una tarea. Escribo a propósito descubrir, que significa buscar, y no esperar. Para ello hace falta estar más pendiente de los demás y menos de sí mismo.
Tres. Rezar cada día unos por los otros; lo que supone estar al tanto del otro, de sus alegrías y preocupaciones, conocer lo que necesitan.
Tiempo físico para estar juntos, salir de sí mismo estando pendientes unos de otros, compartir alegrías y preocupaciones y apoyarse en la oración. Tres trabajos para poner en práctica.
Ya me contaréis si os ha sido útil.

Espíritu transgresor para hacer el bien

El espíritu del hombre es, en el buen sentido del término, transgresor. Creo que de no ser así, supondría una limitación al crecimiento y mejora. Claro que la transgresión debe ser constructiva, no simplemente destructora. Debe servir para romper las barreras que nos impiden ser mejores, más humanos. Creo que lo mas transgresor que puede haber hoy en día es la obra bien hecha. Se trata de una auténtico terremoto frente a un tiempo propicio a la chapuza y la pereza.
Leo una entrevista al cantor de poetas, Amancio Prada. En ella reivindica la educación que deriva en el gusto por hacer bien las cosas.
Afirma que todo lo que hacemos es importante y que la sublimidad de un trabajo no está en el puesto que se ocupa, sino en cómo se hace, en el amor que se pone.
Según Prada, el fin del hombre no es triunfar sobre los demás, sino dar testimonio de la bondad.
Estas ideas se unen a aquella afirmación que tuitee hace unos días: la vida está para darla.

Entra en un círculo virtuoso

Ayer, medio en broma medio en serio, comentaba con un amigo las ideas de algunas personas que se empeñan en demostrar que la diferencia entre el ser humano y algunos animales son mínimas. Comentábamos que puede que así sea en el orden biológico, sin embargo existe otro orden que define al hombre y marca la diferencia abismal con todas las demás criaturas: la capacidad de amar, de darse a los demás de manera consciente, no por puro instinto o interés; superando egoísmos y apetencias.

Hoy que tanto se habla de mentalidad positiva, de fomentar un espíritu emprendedor, de superar dificultades y obstáculos ….. creo que el esfuerzo es menor si se hace desde el espíritu de servicio a los demás, esto es, desde el amor.  Así se entiende y encuentra sentido la renuncia en beneficio de otros, el no centrarse en uno mismo. Salir de uno mismo facilita la vida, descomplica, suaviza las relaciones y todo va mejor.

La idea me parece fundamental no sólo para la vida matrimonial y familiar, sino también en la vida social y en el trabajo. Creo que es muy motivador actuar buscando el bien de los demás. Es todo un reto plantearse entrar en un circulo virtuoso en el que una buena acción llama a otra.

Las tres “C” del matrimonio

Contraer matrimonio supone una importante toma de decisión y como tal, no puede hacerse a la ligera. Decidir casarse no es seguir como estábamos pero con papeles, tampoco puede ser algo que comienza llevados únicamente de lo afectivo.

Lo primero que necesita el matrimonio como tal es un compromiso De fidelidad, de seguir juntos y poner todos los medios para cumplirlo. Lo fundamental del compromiso es el acto libre de entregar la propia libertad por amor.

El mero compromiso puede parecer algo frío y poco humano, por eso es bueno aliñarlo con cariñoTodas las relaciones humanas están llamadas al desgaste, nada como el cariño y la delicadeza en el trato para lubricar los roces. No es el fundamento, pero sí algo muy necesario y útil para apuntalar el compromiso.

Y como en toda iniciativa o aventura, hace falta tener confianzaY ésta en una triple dimensión: confianza en uno mismo, en el otro y en la propia institución del matrimonio. La confianza en uno mismo empieza con el conocimiento propio, el fomento de la autoestima, queriéndose y exigiéndose y pidiendo ayuda cuando sea necesario. La confianza en el otro supone creer que es capaz de lo mejor y hacer todo lo posible por ayudarle. Y juntos, confianza en que el matrimonio es una institución perfectamente válida en el s XXI. Es cierto que pueden llegar malos momentos, en ese caso habrá que pedir ayuda y redoblar el compromiso, el cariño y la confianza, las tres “C” del matrimonio

¿Mandar? ¿Para qué? Ideas sobre autoridad en la familia

Recientemente hablé a un grupo de padres y madres sobre el valor de la autoridad en la familia. Bien entendida, la autoridad es un servicio que prestamos a los hijos para ayudarles en su desarrollo como personas. Y bien entendida también, la mejor autoridad es la que se ejerce con el buen ejemplo de la propia vida.

Os dejo un enlace a la presentación que preparé, espero que sea útil

¿Mandar? ¿Para qué?

 

Faltan niños

El premio Nobel de economía 1992 Gary S. Becker afirmaba que el desarrollo económico está directamente relacionado con los índices de natalidad. Por un lado por motivos puramente materiales: mantenimiento del estado de bienestar, pensiones, etc …. por otro debido a lo que supone para una sociedad la existencia de niños y jovenes: más ilusión en el futuro y por ello mayor iniciativa para investigación y desarrollo que legar a las futuras generaciones. Sobre el particular escribió un artículo publicado en The Wall Street Journal titulado faltan niños

Ayer tuitee que una sociedad con niños es más alegre, esperanzada, creativa, generosa, por una sencilla razón: tiene futuro. Y cuando hay futuro hay esperanza y razones para vivir. Los niños necesitan un ambiente generoso, optimista, en el que se sientan aceptados incondicionalmente, pero es que a su vez  lo generan; es una cuestión de retroalimentación: tú me procuras un ambiente mejor y yo lo alimento con mi presencia.

No deja de ser cierto que existen situaciones de injusticia, explotación y verdaderos dramas; sin embargo creo que esto no justifica la negación del bien que supone que haya niños. Más bien ellos son un acicate para que los adultos hagamos un mundo mejor.

Si no pensara así, se me plantearía la alternativa del “apaga y vámonos”, la nausea y el sinsentido;  y yo no estoy por la labor, bajo ningún concepto. La vida me parece un don, un regalo y aunque el mal existe, confío en las personas y su capacidad de amar y ser mejores; el bien es más fuerte.

Mediación familiar: dos caras de la misma moneda

Recientemente me comentaba un amigo que estaba muy satisfecho con su nueva faceta profesional de mediador familiar. Me decía que se dedica a mediar entre los esposos para ayudarles a salvar su matrimonio y que le resulta enormemente gratificante. Sin embargo no todo el mundo entiende así la mediación familiar, es más, me atrevería a afirmar que por desgracia se trata de una minoría.

Recordé una conversación que mantuve hace unos años con una abogada que también se dedicaba a la mediación familiar, sin embargo su visión era muy distinta; posiblemente la mayoritaria. Su objetivo era que la separación o el divorcio fueran amistoso y ventajoso para los dos. No critico que lo hiciera, creo que siempre es mejor evitar las guerras y enfrentamientos; sin embargo me sorprendió que en ningún caso se molestara u ofreciera servicios para ayudarles a salir de la crisis matrimonial salvando el matrimonio.

A veces un excesivo celo por un supuesto respeto al derecho a la intimidad de las personas, impide que se ofrezcan ayudas a parejas en crisis. Y puede ocurrir que por falta de ayuda, se toman decisiones graves porque no se ve otra salida. La fuerte presión social e ideológica nos vienen a recordar aquella frase bíblica que decía “¿soy acaso yo el guardián de mi hermano?” Ello deviene en una sociedad fuertemente atomizada e individualista. Nadie pide ayuda y nadie ayuda.

Una separación, y especialmente un divorcio, aunque sean de mutuo acuerdo dejan heridas muy hondas. Merece la pena poner todos los medios para salvar la situación cuando es posible.

La labor preventiva es en este terreno, como en tantos otros, fundamental. La formación como esposos y padres es altamente efectiva para prevenir o superar crisis. Y no solo a nivel de las personas, que es lo más importante; sino también para la sociedad y el Estado. En Gran Bretaña ya lo han cuantificado, léelo aquí

Descubriendo los valores del adolescente

Esta tarde daré una sesión para padres y madres con hijos adolescentes, difícil etapa con grandes posibilidades y retos. Os dejo la presentación que voy a utilizar:

Descubriendo los valores del adolescente

Se puede mantener el amor, aprende cómo

Hoy en vez de escribir, voy a hablar. Gracias a Hacer Familia, os dejo una entrevista con diez ideas para mantener el amor en el matrimonio. Espero que os guste y sea útil.

Con espíritu de emprendedores …. en el matrimonio

Están muy de moda los emprendedores, parece que esa actitud es la que nos puede hacer salir de la crisis. Algo que se suele referir a quienes emprenden negocios, es perfectamente válido para los trabajadores, para la vida en general y para los casados en particular. Porque, ¿que es lo que hace un emprendedor? Me parece a mi que lo primero es estar convencido de lo que hace, es la única manera de ir a por todas, es imprescindible creérselo; también hace falta estar preparado, tener las capacidades adecuadas y calibrar el reto. Por último, ponerse a ello cada día, con la vista en el objetivo pero muy pendiente del día a día; no bastan ensoñaciones o quimeras para emprender y tener éxito.

Me parece que estas ideas sirven perfectamente para el matrimonio. Lo básico es estar convencido de que es posible comprometerse por amor para siempre, si esto falla construimos en terreno muy arenoso. ¿Como ser capaz de superar obstáculos si no estoy convencido de que puedo?

El matrimonio no debe ser un cajón de sastre donde quepa cualquier relación afectiva. Hace falta estar preparado humanamente, saber a que te comprometes; sin capacidad de entrega es prácticamente imposible llevarlo adelante. No es sólo estar convencido de que puedo, hay que hacerlo.

De la misma manera que el emprendedor se levanta cada mañana con la ilusión de seguir adelante y se marca nuevos propósitos, los esposos deben enamorarse cada día, mirar hacia adelante pero sin olvidar los detalles cotidianos.

Estar convencido de que es posible, querer hacerlo y poner los medios cada día, cueste lo que cueste. Espíritu de emprendedor.

Conozco una Familia que inspira

Que Dios te bendiga

Que alegría poder celebrar que Dios se ha hecho Hombre. Eligió para ello la manera que consideró mejor, la más sencilla, naciendo en una Familia. Durante su infancia necesitó y recibió el cariño y las seguridades que dan un padre y una madre. De ellos aprendió todo, hasta el más pequeño gesto, seguramente la manera de mirar y de sonreír, expresiones y dichos de José y María.

Todo en la Sagrada Familia es inspirador. Especialmente para los matrimonios, el amor de José y María manifestado en detalles pequeños cada día. Y para todos, la dedicación, el cariño y el respeto de unos con otros; la manera de afrontar las penas y las alegrías, todo.

Que Dios bendiga a nuestras familias y que nunca permitamos que Él esté lejos, pase lo que pase. Feliz Navidad a todos

Preparar para el matrimonio … desde pequeños

El matrimonio no debiera ser algo con lo que uno se encuentra en un momento de su vida, sino algo para lo que se ha preparado. Vemos claro que los niños se planteen su carrera profesional, que vayan pensando que estudios quieren realizar y a que quieren dedicar profesionalmente su vida, los padres les apoyamos y preparamos junto con el colegio para ello. Sin embargo algo tan vital como el matrimonio, y que tantas satisfacciones o frustraciones puede provocar; pocas veces aparece en la mente de los padres ¿quién se dedica a preparar a su hijo o a su hija para el matrimonio? Parece como si no formara parte del proyecto vital. No es extraño que luego se encuentran con el momento de casarse, si eso deciden, sin la mínima preparación. Es más, muchas personas tras años de “vivir la vida” simplemente se encuentran con el matrimonio como uno se encuentra con una seta en el campo; ¿es extraño que los índices de fracaso matrimonial sean tan altos? Preparar a los hijos para la vida, se vayan a casar o no, debe incluir prepararles para la entrega y el sacrificio por los demás. Es una gran fuente de felicidad. Quienes dan a sus hijos todo hecho y no les exigen les están haciendo un flaco favor. Por eso ya desde pequeños en la familia comienzan los cursos prematrimoniales. Un ambiente de generosidad y entrega a los demás prepara para la vida. El ejemplo de papá y mamá es fundamental, también lo es el articular de una manera práctica la entrega por medio de encargos, fomentar la sana “manía” de estar pendiente de los demás para hacerles felices y descubrir que esta manera de vivir nos hace mejores y ayuda a vivir una buena vida. El matrimonio no debiera ser algo con lo que uno se encuentra en un momento de la vida, sino algo vital que forma parte del proyecto personal. Si no preparamos a los hijos para darse, el matrimonio es una opción, no nos extrañe que su vida devenga en un fracaso. Os dejo un video de una entrevista que me han hecho para la revista Hacer Familia

Las “tres des” para que tu matrimonio funcione

Hace unos días leí en las redes sociales un consejo para celebrar las bodas de oro matrimoniales. Lo daba un matrimonio con motivo de sus cincuenta años de casados. Lo llamaban las “tres des”: diálogo, delicadeza y Dios. Me pareció muy útil y práctico.

Creo que por diálogo seguramente entendían comunicación. Algo de lo que se habla mucho y que tan difícil parece resultar cuando se limita a entender que se trata de hablar. Para que haya una buena comunicación en el matrimonio parece necesario que haya un proyecto común que compartir, un proyecto que incluya valores comunes, creencias, sentido de la vida. También hace falta que exista confianza mutua y conocimiento del otro. Es importante mostrar que tú me importas, que eres lo primero en mi vida, que me ilusiona nuestro matrimonio, que deseo hacerte feliz y que nunca abandonaré esta aventura.

La delicadeza es algo pequeño pero imprescindible para ser feliz en el matrimonio, y en general en la vida. Supone cuidar los detalles, mostrar aprecio, nunca olvidar la dignidad del cónyuge, ponerle por encima, portarse como una dama o un caballero. Frente a la moda de la espontaneidad se impone la moda de la educación y el cuidado de las formas, sin afectación, con naturalidad. La delicadeza en el trato no es sólo para los momentos de relaciones sociales, también es para los momentos de intimidad de la pareja. Debe ser el ADN del comportamiento.

Y por fin, Dios. ¡Que importante es compartir una visión trascendente de la vida!, sentirse ambos hijos de Dios y sujetos de esa dignidad. Cuantas complicaciones se desvanecen cuando se les da un sentido trascendental. Poner a Dios en medio del matrimonio no supone que no existan las dificultades, las arideces; sino que ayuda a darle sentido a todo. Decía al principio que es importante que la pareja sea lo primero en la vida del cónyuge; corrijo ahora, el primer lugar lo debe ocupar Dios, así las cosas están en orden y los dos salimos ganando.

Una propuesta para vivir la sexualidad en el matrimonio

La semana pasada hablé a un grupo de matrimonios sobre la sexualidad conyugal. Publiqué en twitter la presentación en power point y algunos amigos me pidieron una ampliación de la misma. Aprovechando que tengo un rato libre, con mucho gusto escribo algo sobre cada diapositiva. No es ni mucho menos un tratado, sino una charla con mis amigos. Por eso sigo abierto a que aportéis, corrijáis o sugiráis aquello que os parezca oportuno. Siempre desde el respeto y la libertad con la que he querido compartir esta ideas.

Quisiera aclarar que las ideas expuestas se refieren a un tipo de amor determinado: el amor conyugal. El que nace con la “unión de uno con una y para siempre”. Me he centrado en aquello que conozco.

Pinchando aquí podéis acceder a la presentación.

La primera transparencia sirve para marcar el camino hasta llegar al amor conyugal. Empezando desde ese primer movimiento que supone la atracción física y emocional tan misteriosa ¿porqué dos personas se sienten atraídas?, el corazón palpita repitiendo que bien que existas y que nos hayamos conocido. El paso siguiente lleva a una unión para ser más plenos, mejores. Para ayudarnos el uno al otro a hacer el bien, a ser mejores y a mejorar el mundo. Y finalmente el compromiso de entrega de todo el ser, incluido el cuerpo, para crear algo nuevo: nosotros. Huelga decir que el amor conyugal incluye estos tres pasos que se recrean a lo largo de toda la vida.

Decía antes que la entrega total incluye el cuerpo, esto se realiza a través de lo que le es propio: las relaciones sexuales. Por tanto la sexualidad es un carácter distintivo del amor conyugal, si bien es cierto que no por ser distintivo es lo principal; debe situarse en su lugar de importancia. El amor conyugal es la unión más íntima que se puede dar entre un hombre y una mujer y engloba todas las dimensiones de la persona. Por eso es fundamental tener en cuenta las diferencias físicas, psicológicas, neuronales, etc … que hay entre hombre y mujer.

Las relaciones sexuales para ser plenamente humanas deben trascender el ámbito físico y abrirse al afectivo y al espiritual. Deben así mismo salir llevar a los dos a salir de sí mismos. El amor es expansivo, se comunica a otros, y en este caso particular debe incluir la posibilidad de la existencia de otro como fruto de ese amor y entrega: el hijo. En otro orden, las diferencias psicologías y físicas hace que la respuesta sexual de hombre y mujer sea distinta. Por eso es tan importante sincronizar los relojes, crear una gran armonía por medio de un trato muy delicado, sin forzar jamás la sensibilidad del otro.

Muchas personas se centran en dar amor y no son conscientes de lo importante que es también saber recibirlo. Si no somos capaces de recibir y agradecer el amor recibido impedimos al otro que ame.

Hay numerosa literatura sobre las diferencias entre hombre y mujer, libros, chistes, canciones … Lo importante no es solo conocer las diferencias sino interiorizarlas, llevarlas a la vida diaria. Ello nos ayudará a lubricar los roces y malos entendidos de la vida cotidiana. En este aspecto, es fundamental que el “beneficio de la duda” esté siempre en primer lugar. Nunca permitir el pensamiento de que el cónyuge hace algo para molestar o herir.

Cuando no se conocen y/o no se interiorizan las diferencias pueden llegar las tormentas. Fluyen las incomprensiones, la falta de ilusión, los sentimientos de víctima, resentimientos, la búsqueda de compensaciones fuera del matrimonio. Por eso es tan importante interiorizar las diferencias, acompasar los ritmos y siempre siempre, aplicar “el beneficio de la duda”.

Es la sexualidad humana, como tantos otras realidades de la persona, algo complejo y misteriosa. Por eso existe el riesgo de fragmentar la realidad, de no verla en su totalidad. A este riesgo se une el valor pedagógico de la ley y de lo técnicamente posible. En ocasiones se toman como referencia de la realidad humana, de lo bueno y verdadero, lo que la ley permite y lo que la ciencia es capaz. Triunfa aquí una lógica basada en una ficticia solución de problemas de manera más eficaz que yendo al origen y viendo la totalidad  del misterio de la persona. Fruto de esta visión utilitarista surgen tantos anhelos rotos y vidas no realizadas.

La realidad de la sexualidad humana es que esconde tanto un significado unitivo como uno generativo. La sexualidad humana proporciona momentos de unión placentera muy íntima, de conocerse y darse el uno al otro; pero también incluye la realidad de que es el origen otras vidas. Separar ambos significados nos lleva a tristes realidades como los embarazos no deseados y el aborto, la generación de vida fuera del acto conyugal y los cientos de miles de embriones humanos congelados con los que no se sabe que hacer.

¿Significa esto que hay que tener muchos hijos?, ¿que pasa cuando hay motivos para distanciar los nacimientos? Ante estas preguntas surge lo que se ha denominado “paternidad responsable”, el térino no significa no tener hijos, sino tenerlos de manera responsable. La cuestión nuclear no es el número de hijos que hay que tener, ese es un tema de conciencia y de la pareja, sino el ver a los hijos con una mentalidad generosa, como un Don. El conocimiento de la sexualidad femenina y el recurso a la continencia en periodos fértiles supone una visión integral de la sexualidad humana y respeta la unidad del acto.

Las consecuencias de esta manera de vivir la sexualidad llevan a una verdadera y real corresponsabilidad del hombre y la mujer. Cuando la decisión es fruto, por ejemplo, de una mala salud del cónyuge supone un gran respeto y demostración de amor. Eleva la sexualidad sobre lo meramente físico y afectivo, y fomenta la imaginación para demostrar el amor y el cariño de formas diversas. La regulación natural de la natalidad es, en resumidas cuentas, una forma de vida (lógica del amor). No simplemente una técnica para arreglar un problema (lógica de la eficacia).

El corazón es sabio y con más o menos fuerza, dependiendo si le dejamos o no que nos lo diga, nos indica que la felicidad es consecuencia del amor, de la generosidad, de la unión profunda y de la entrega a los demás. Además nos indica que a pesar de las arideces ese es el camino.

No seamos ilusos. La fuerza del ambiente y las propias debilidades hacen este camino dificil. Por eso es tan importante proteger el corazón. En primer lugar de manera positiva: aprendiendo a disfrutar de lo cotidiano, de lo que tenemos; teniendo una vida sana y equilibrada, manteniendo relaciones sociales, preocupándonos de los demás en vez de dar vueltas a lo propio. Y en segundo lugar evitando aquello que puede hacer daño

Esta es mi pequeña aportación a quienes me pedían una ampliación de la presentación sobre “sexualidad conyugal”. Espero vuestros comentarios.

Una buena idea para mejorar la comunicación en el matrimonio

Son numerosos los problemas que genera una mala comunicación en cualquier ámbito de la vida. Lo que he dicho, lo que no he dicho, lo que has entendido, lo que debía haber dicho, lo que no debía haber dicho. Hay quienes se empeñan en relacionar la comunicación con decirlo todo, como si comunicar fuera solo cuestión de sentimientos o palabras.
Detrás de una buena comunicación hay mucho más que el decir o no decir. Podría haber escrito seis ideas para mejorar la comunicación en el matrimonio, también cinco, catorce o veinte. Pero el camino se inicia con el primer paso así que vamos con una sola idea: conocimiento propio y del cónyuge.
Difícilmente se puede mantener una buena comunicación con la pareja si no se tiene con uno mismo. Esto pasa por madurar como persona, conocer los propios dones y aquello en lo que se puede mejorar. Hay que saber estar a solas con uno mismo y exigirse tanto como perdonarse.
Tiene que haber un conocimiento mutuo, y esto pasa por ser transparentes, profundos. Ser capaces de compartir temores, alegrías, anhelos. Evitar aquello que puede herir al otro, y si hay que decirlo hacerlo con cariño y delicadeza.
Es curioso que la agenda personal se utiliza normalmente para asuntos de trabajo, ocio, amistades … y sin embargo no para el cónyuge. La experiencia nos indica que en numerosas ocasiones solo se hace aquello que ha sido planificado. Si no cerramos huecos para la vida de pareja, seguramente queden “los restos del día”.
Compartir que somos un equipo y tener la seguridad de que nunca nos dejaremos solos el uno al otro. No en la riqueza ni en la pobreza, ni en la salud ni en la enfermedad.
Y por último, cultivar el sentido del humor. No dramatizar, quitar hierro a las situaciones tensas cotidianas. Aprender a reírse de uno mismo, no tomarse demasiado en serio.
Bueno se supone que era una sola idea, pero al desarrollarla salen varias. Pues adelante con el camino, a mejorar la comunicación con quien más amamos.

Cinco mensajes para compartir con tu cónyuge

Hace unos días coincidí con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Al preguntarle que tal le iba me contestó “Bien pero sin presumir”, los dos nos echamos a reir. Luego pensé que existen personas a las que les va bien pero no solo no presumen de ello sino que ni se dan cuenta. La rutina hace perder la ilusión y provoca la falta de agradecimiento, roba la alegría y puede provocar que lo que va bien se tuerza.

Lo recordaba el sábado cuando hablé a un grupo de matrimonios sobre “la comunicación como fundamento del amor conyugal”. Les decía que para vivir un buen matrimonio es muy importante ser capaces de comunicar cinco ideas a nuestra pareja:

1/ Tú me importas mucho 2/ Eres lo primero en mi vida 3/ Me ilusiona nuestro matrimonio 4/ Deseo ser mejor para hacerte feliz 5/ Nunca abandonaré esta aventura

Comunicar no se limita a hablar. No se trata de repetir al oido de nuestra mujer o marido estas ideas, mucho más importante es demostrarlo con el comportamiento cotidiano. Solo después de demostrarlo con hechos se puede confirmar con la palabra. Comportamiento y palabra deben coincidir para reforzar el mensaje y hacerlo creíble.

¿Es posible un amor para siempre?

“Antes de dormir nos damos un beso y nos cogemos de la mano”. Es lo que contestaba hace unos meses una pareja polaca que celebraban su 82 aniversario. Hay matrimonios que celebran sus bodas de oro, otros que permanecen unidos hasta que la muerte los separa. Los hechos parecen demostrar que sí es posible un amor para siempre.
Cuando surge este tema de conversación la mayoría de las personas manifiestan su anhelo de tener un amor para siempre. Se trata de algo que parece inscrito en el alma humana: el anhelo del para siempre (qué bien lo dijo Teresa de Ahumada). Que bien lo escriben y lo cantan los poetas y artistas.

Existe el anhelo de un amor para siempre, hay personas que lo viven, hay otras que no. No pretendo hacer un estudio sobre el porqué, tan solo compartir algunas ideas que creo que pueden ayudar a conseguirlo.

Para poder tener un amor para siempre, lo primero es saber amar. No es algo trivial. Hay muchas personas que no saben amar, no es una cuestión de buscar culpables. No saben amar quienes piensan que el amor es algo que nos viene dado, que nos lleva; no saben amar quienes no saben renunciar a sí mismos o afrontar las dificultades. El amor se aprende desde pequeños. Es posible aprender de mayores? definitivamente sí, pero más costoso.

Un amor para siempre exige saber elegir a la persona adecuada. Volvemos al primer punto, la persona adecuada no tiene porque ser aquella que nos vuelve locos, tampoco aquella que solo nos atrae por sus ideas o porque es maja. Hay que saber conjugar ambas facetas. Cuando antes del matrimonio ya se intuye que la cosa no va a funcionar, por tener maneras de ser incompatibles, por carácter, por lo que se ve en la familia de la pareja, tantas cosas que pueden poner sobre alerta y que muchas veces se intentan resolver con aquello de “yo le cambiaré”

Una vez celebrado el matrimonio hay que seguir trabajando el amor para siempre. Es fundamental enamorarse una y otra vez, alimentar el sentimiento con pequeños detalles, frenar los pensamientos que nos alejan de nuestra pareja, cultivar el sentido del humor, tener siempre esperanza y empeño de mejora personal. Poner sentimiento, voluntad e inteligencia, los componentes del amor humano.

Saber amar, querer amar, elegir con corazón e inteligencia, cuidar el amor cada día con detalles concretos. Tres ideas que se me ocurren para poder disfrutar de un amor para siempre.

¡Ah! y cada noche un beso y un te quiero ….. así hasta los 82 años de matrimonio.

Lo que necesitan los hijos

Los hijos constituyen sin duda una de las principales preocupaciones de la mayoría de los padres. Les preocupa que tengan buenos hábitos, que estudien, que tengan amigos, buena salud, en definitiva que sean felices. Es lógico, cuando se ama a alguien se desea el bien para él. Hay padres que acuden a entrevistas con los profesores de su hijo, otros hacen cursos de padres, leen libros.
Hoy quisiera llamar la atención del hecho de que todo se centra en el hijo. Y considero necesario abrir el objetivo.
Decía el profesor Garcia Hoz que existe un factor invisible y constante que tiene mucho peso en la educación: el ambiente familiar. El ambiente familiar es el oxigeno que se respira en casa, cuando está limpio y equilibrado genera espontáneamente alegría, es atractivo e invita a todos a ser mejores, a participar de la vida de familia. Es el ambiente ideal para crecer felices y equilibrados.
Sin embargo cuando el ambiente es frío, distante, lejano … genera todo lo contrario, pocas ganas de compartir, apenas deseos de ser mejor, tristeza.
Ese ambiente familiar adecuado no se encuentra, hay que construirlo; y es función principal del padre y la madre conseguirlo.
Esta es mi reflexión de hoy: es importante conocer a los hijos, prepararse como padres, acudir al colegio, conocer a sus amigos …. pero hay que abrir el objetivo: el núcleo fundamental de una buena educación y una infancia feliz depende de la relación de mamá y papá. Si ven que estos se quieren, se respetan, se tratan con delicadeza, caminan juntos; sin duda el ambiente familiar será el adecuado y los hijos querrán ser mejores.

Lo que puedo hacer yo …. para mejorar mi matrimonio

Comienza en el hemisferio norte el nuevo curso y con él un nuevo tiempo de propósitos e ilusiones. Sería muy bueno centrar esas ilusiones en lo importante, comenzando por ejemplo por el matrimonio.

Para que los propósitos puedan llevarse a cabo es necesario en primer lugar creer en ellos, pero no un poco, sino absolutamente; sin miedos ni reservas. Sólo se puede vivir un matrimonio feliz si se está dispuesto a quemar las naves, a “poner toda la carne en el asador”, hay que atreverse.

Comencemos por pensar qué puedo hacer yo, no qué puede hacer mi pareja, ni siquiera qué podemos hacer los dos. Sólo en mí tengo posibilidades de actuar. Ya llegará el momento de considerar qué podemos hacer los dos.

Algunos ejemplos de aquello que puedo hacer yo:

Procurar una vida más agradable a mi cónyuge, haciendo lo que se que le gusta y evitando aquello que le desagrada. Si no conozco sus gustos, es el momento de descubrirlos. Por supuesto hay que evitar llevar la contabilidad de lo que hago, y mucho menos para echar en cara o comparar.

Llenarme de optimismo, confianza y buen humor. Esto tiene mucho que ver con no tomarme demasiado en serio, dramatizando lo menos posible. Los peores dramas son los que están en nuestra cabeza, generalmente no existen pero hacen mucho daño, contaminan. Cuando las cosas no vayan tan bien como pensábamos, fomentar la esperanza y mirar para adelante.

Presentar la batalla en las cosas pequeñas, en las posibles. La mejor manera de fracasar es comenzar con mucho ímpetu y sin concretar. La impaciencia será nuestro peor enemigo. Busquemos pequeños detalles que hacen la vida más agradable a nuestra pareja, puede ser una sonrisa, una caricia, servir un café, hacer un comentario amable, quitar importancia a lo que no lo tiene, un paseo, hacer en casa aquella labor que sabemos que menos le gusta …… Lo ideal es tomarse un tiempo, pensar esas pequeñas cosas y escribirlas.

Abandonar costumbres o comportamientos que nos hacen peores personas, programas de televisión basura, amistades inconvenientes, lecturas que desdicen del amor verdadero, aficiones que roban el tiempo al matrimonio.

Y por último, reafirmar nuestro amor en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Permitir en nuestra inteligencia y afectividad solo aquello que nos mejora y hace mejor nuestro matrimonio.

Seguramente si queremos mejorar como personas, mejorará nuestro matrimonio.

Conversaciones de matrimonio

Con frecuencia pensamos que cuando hay un problema en el matrimonio es por falta de comunicación, y suele ser cierto. Sin embargo hace falta profundizar en el significado de lo que es comunicar. No solo lo hacemos con la palabra, también son importantes los silencios, las miradas, los gestos.

Lo importante de una buena comunicación en el matrimonio es que haya sintonía de corazones y voluntades. Cuando cada uno se sabe amado por el otro cualquier contacto ya sea el silencio, una mirada, la manera como tomamos la mano; se convierten en un potentísimo medio de comunicación.

El pilar de una buena comunicación en el matrimonio consiste en que el otro sepa que quemamos las naves con él, que ocupa nuestra cabeza y nuestro corazón, que compartimos ideales y valores, que sufrimos y reímos juntos. Conversar es apasionante, necesario y útil cuando estamos dispuestos a escuchar y aprender, a buscar puntos de encuentro. Una buena conversación implica humildad, generosidad.

No hacen falta grandes momentos ni mucho tiempo para conversar, se puede hacer cada día. Sin embargo el tiempo de vacaciones es ideal para retomar conversaciones y unir los corazones y la voluntad.

Y aprovecho este post veraniego para invitar a los lectores de mi blog a visitar http://www.drawink.es una iniciativa de mi hijo Alejandro, que dibuja como los ángeles. Feliz verano, felices vacaciones en familia.

El auténtico sentido del humor

Al referirse al sentido del humor se puede caer en el error de identificarlo con lo chistoso, lo gracioso o con la risa. No es ese el auténtico sentido del humor. Este guarda más relación con la forma de afrontar la vida, las distintas situaciones que se presentan; y en particular las propias limitaciones y las contradicciones. El sentido del humor ayuda a mantener la calma, va de la mano con la templanza al afrontar lo bueno y malo.

Aceptar la vida y sus vicisitudes con templanza y un sentido trascendente, nos conduce a disfrutar de un sentido alegre de la vida, a ser agradecidos. A tomar las cosas con buen humor. El sentido del humor necesita no estar demasiado pendiente de uno mismo y pensar más en los demás

Amar y sentirse amado descomplica mucho la vida y ayuda a vivir de manera generosa
y al servicio de los demás, algo muy difícil aunque no imposible. El buen humor se vive en los detalles menudos, en lo cotidiano. De nada sirve esperar grandes ocasiones que casi nunca llegan, además cuando lo hacen pueden pillarnos desentrenados.

Cuando la libertad y la obediencia van de la mano …..

En el imaginario colectivo está impreso que libertad y obediencia son incompatibles. No sólo lo creen muchos niños y jóvenes, lo peor es que lo creen también padres y educadores. De esta guisa, solo hay dos opciones: si se obedece no se actúa libremente, y si se quiere actuar libremente no se debe obedecer.
La realidad es que una obediencia sin libertad es una contradicción en sí misma. Cuando una persona actúa según reglas que interiormente no acepta o cuyo sentido no entiende, no es libre.
Es la tarea educativa es fundamental ir preparando a los niños desde pequeños para que obedezcan inteligentemente, explicándoles el sentido de lo que hacen y porqué lo hacen.
La obediencia debe estar muy unida a la confianza y al amor. Sólo de esa manera se puede obedecer en libertad.
Si quieres que tus hijos te obedezcan dales pocos mandatos. Centrate en aquellos que afecten a aspectos importantes, y hazlo con fortaleza, con cariño y con coherencia en tu actuación. Mandar con prudencia es la antesala de la obediencia.
Los hombres no sólo somos libres, sino que necesitamos sentirnos libres.

6 ideas para mantener tu familia unida

“Ideas para mantener a la familia unida” titulé una ponencia centrada en la importante tarea de los padres como creadores del ambiente adecuado para que la familia pueda cumplir su papel de educadora y formadora de personas equilibradas, maduras y felices.

Si os interesa leerla completa podéis descargarla pinchando aquí

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