El amor de los abuelos

Manitas Eliseo y María emigraron hace treinta y cinco años desde España a un país hispanoámericano. Con ellos iban sus dos hijas de dos y cinco años. Se instalaron en una ciudad del interior y montaron un pequeño negocio de zapatos. En esa ciudad sus hijas crecieron y se casaron. Ahora son madres de dos y tres niños respectivamente.

Eliseo se jubiló hace unos años y a la vista del agravamiento de su enfermedad respiratoria, los médicos le aconsejaron trasladarse a una ciudad a baja altura. La que viven está situada a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Por ese motivo, en mayo volvieron a España, a su ciudad natal situada a escasos treinta kilometros de la costa.

Después de cinco meses en España han decidido volver. Durante el viaje de vuelta, en el que les he conocido, Eliseo ha sufrido una crisis respiratoria en el avión. Durante más de siete horas han tenido que proporcionarle oxigeno así cómo diversos medicamentos para finalmente inyectarle nitroglicerina. Ha sido atendido por la tripulación y por dos médicos que estaban a bordo y que no han considerado necesario aterrizar en otro aeropuerto para que fuera atendido.

Resulta angustioso ver a una persona buscar el aire con ansia, abrir los pulmones y comprobar que no entra casi nada de aire. Durante los momentos más tranquilos, Eliseo y María me han comentado cosas de su vida, confidencias de personas que se encuentran angustiadas y asustadas y que compartiendo sus miedos encuentran consuelo. Eliseo me contaba que vuelven "por el gusano de los nietos. Yo no puedo estar sin ellos". María me confesaba que hablaban todos los días por teléfono con ellos, cuando no llamaba el abuelo, llamaban los nietos. Desde que les dijeron que volvían, éstos se habían fabricado un calendario en el que iban apuntando los días que quedaban para ver a los abuelos.

Eliseo me contaba que sufre fuertes problmas respiratorios, que a veces "me tengo que tumbar en la cama atravesado, con la cabeza colgando por un lado y los pies por otro. De esta manera me entra más aire". En su casa tienen una terraza con forma de pico, "cuando estoy muy mal, me voy al extremo, allí llega el viento con fuerza y me entra más aire en los pulmones". Dónde mejor se encuentra es en el coche, "conduciendo y con las ventanas abiertas de par en par para que entre mucho aire".

Al llegar a destino, aún debían subir a otro avión para continuar viaje. Allí se han quedado a cargo del servicio médico para que calibre la viabilidad de continuar el viaje en tales condiciones. Deseaban seguír el viaje a toda costa, lo que más le preocupaba a Eliseo era "que mis nietos no me vean así".

Al bajar del avión, Eliseo y María me han cogido la mano con fuerza y cariño. "Cuánta humanidad en un espacio tan pequeño" me ha dicho María. Que lección práctica sobre la fuerza de la familia. ¡Ojalá encuentren un lugar para vivir cerca de sus nietos y con buen aire para los pulmones de Eliseo!. ¡Ojalá Dios les de larga vida para disfrutar del amor de su familia!.

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