Responsabilidad vs relativismo

A fuerza de pronunciar una y otra vez la palabra derecho, se ha terminado por obviar la otra cara de la moneda: responsabilidad. Está muy bien que se luche por el reconocimiento de derechos individuales, pero ¿dónde están la responsabilidad y el bien común?.

Las palabras pronunciadas por David Cameron, lider del partido conservador británico, me parecen de una gran audacia y sentido común, las transcribo textualmente, los comentarios los dejo en manos de los lectores:

“Nosotros, como sociedad, hemos sido demasiado sensibles. Para no herir los sentimientos de los ciudadanos, con objeto de evitar parecer excesivamente críticos, hemos dejado de decir lo que hay que decir. Llevamos décadas en las que se han ido paulatinamente erosionando la responsabilidad, las virtudes sociales, la autodisciplina, el respeto mutuo, las conquistas a largo a cambio de la satisfacción inmediata. Por el contrario, preferimos la neutralidad moral, no entrar en juicios de valor acerca de lo que son comportamientos adecuados o equivocados. Malo. Bueno. Correcto. Impropio. Son palabras que nuestro sistema político y nuestro sector público apenas se atreven a utilizar”.

“De acuerdo, no soy ajeno al estupor que estas palabras producen en la boca de un político. Están en su derecho de preguntar, ¿qué pasa con ustedes? Miren, déjenme que les diga una cosa: somos humanos, cometemos errores y nos achantamos con frecuencia. Nuestras relaciones se rompen, se deshacen nuestros matrimonios. Fallamos como padres y como ciudadanos igual que todos ustedes. Pero si el resultado de todo esto es un silencio cómplice acerca de las cosas que realmente importan, entonces estamos fallando por partida doble. Renunciar al uso de esas palabras –malo, bueno; correcto, impropio- implica una negación de la responsabilidad personal y una caída en el relativismo moral”.

"Corremos el riesgo de convertirnos en una sociedad amoral, donde ya nadie diga la verdad acerca de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es correcto o resulta impropio. La consecuencia es terrible: la ausencia de límites hace que nuestros hijos piensen que pueden hacer lo que les parezca ya que ningún adulto intervendrá para ponerles freno. Ni siquiera, a menudo, los propios padres. Y eso tiene que terminar".

El discurso completo en inglés aquí.

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9 comentarios

  1. Muy bueno…la verdad.
    Me resulta chocante oír a políticos hablar como “personas normales” y no como “extraterrestres”, a veces, pienso realmente que viven en otra galaxia.
    Siempre he creído que a los hijos hay que hablarles claro y desde la más profunda verdad, también he comprobado que la sociedad, en general, necesita escuchar ciertas cosas, sin paños calientes, sin medias tintas, sin “diplomacias” absurdas.
    En mi experiencia he comprobado como existe una gran necesidad de “verdad” entre las personas. Alguien me podrá decir…”¿Qué es la verdad? La verdad no existe”…Pero yo creo que sí…y que cuando la escuchas, la reconocerás o no, pero si no se dice, tampoco dejas opción a que esto ocurra. Hay que hablar alto y claro.
    Yo he conocido a mucha gente a quienes escuchar ciertas cosas les ha cambiado la vida, no a mejor…sino a muchísimo mejor. Por cierto…me incluyo.
    Un saludo

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  2. Mikimoss

     /  15 julio, 2008

    Este post me parece un estupendo alegato a favor de EpC y en contra del subjetivismo ético que desde la jerarquía católica y ciertos sectores “liberal-conservadores” nos pretenden imponer. Efectivamente, la pertenencia a una ciudadanía democrática nos impone una serie de deberes y responsabilidades individuales de los que no se puede hacer insumisión.
    Por ejemplo, no se puede pretender tener el monopolio sobre la educación de los vástagos, porque éstos, además de eso, serán más tarde o más temprano los amigos de mis hijos, sus compañeros de pupitre, mis vecinos, mis compañeros de trabajo, compartiremos el mismo recinto deportivo, la misma iglesia, el mismo autobus, pilotarán mi avión, me operarán o quizás incluso acaben enterrándome. Como nuevos miembros de una comunidad donde se les garantizará una serie de posibilidades vitales que les facilitarán la consecución de su felicidad personal y a la que pertenecemos más personas, tendrán que aprender a respetar las normas de convivencia que de manera legítima nos hemos dado, y cuyo radio de acción trasciende a los círculos de relaciones privadas como son el familiar, el eclesial, el deportivo, el asociativo, el empresarial, etc.
    Por ello el derecho que la Constitución reconoce a los padres con respecto a la educación moral de sus hijos tiene que ser compatible con la obligación que el Estado tiene de respetar mi derecho a vivir en el seno de una sociedad de personas educadas según los valores cívicos y éticos que posibilitan una convivencia en pluralidad, pacífica y respetuosa con los Derechos Humanos.

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  3. Anibal

     /  15 julio, 2008

    Mikimoss has pretendido “darle la vuelta al calcetin” de mi post. EpC pretende adoctrinar a los niños como varias sentencias de los Tribunales Superiores de Andalucia y La Rioja ya han dictado. La educación moral no es exclusiva de los padres pero no puede hacerse en contra de su criterio.
    Los valores no dependen de la democracia, ni de la mayoría. Los valores lo son en si mismos de la misma manera que los Derechos Humanos son universales en la medida en que no dependen de mayorias cambiantes o de interpretaciones históricas.
    Vivir en una sociedad respetuosa y tolerante no significa ni tener que pasar por el aro ni tener que callar.
    Sobre el subjetivismo ético del que hablas, precisamente EpC está basado en él, con el agravante de que pretende hacerlo absoluto e imponerlo.
    Soy objetor de Conciencia y no voy a consentir, como miles de padres en toida España que me hagan pasar por el aro de lo que el poderoso de turno considera como bueno y etico. Saludos

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  4. Mikimoss

     /  15 julio, 2008

    En el debate jurídico no voy a perderme, ya que existen sentencias favorables tanto para un lado como para el otro y se encuentran presentados los recursos correspondientes.
    Lo que me interesa es el fondo de la discusión, es decir, el problema de si puede y debe existir un monopolio en la educación en valores, la pretendida relatividad de los valores éticos, el papel del Estado en cuanto salvaguarda de los derechos de unos y otros, etc.
    Anibal dixit: “La educación moral no es exclusiva de los padres pero no puede hacerse en contra de su criterio.”
    En primer lugar hay que distinguir moral de ética. Morales hay muchas, tantas como culturas, religiones, ideologías, etc., y frencuentemente son contradictorias. Sin embargo, ética sólo hay una; y es aquella moral transcultural que puede ser justificada mediante procedimientos racionales. Un esbozo de ésta lo constituyen los DDHH, pero en ningún caso se puede considerar como un sistema normativo dogmático ni clausurado, como no lo es ningún sistema que esté abierto a la crítica racional en función de las nuevas evidencias, conflictos y soluciones que vayan surgiendo a lo largo de la Historia.
    En una sociedad plural como la nuestra donde existe libertad de conciencia y de expresión se está educando permanentemente desde multitud de ámbitos -desde el quiosquero de la esquina hasta la televisión- en morales diversas, y tratar de evitarlo es como ponerle puertas al campo. Así pues, lo que legalmente se reconoce -porque es lo único que materialmente se puede reconocer- es el derecho de los padres a que el Estado les garantice que podrán inculcar su moral particular. Ésta puede ser muy variopinta y defender desde el valor de la virginidad hasta el sistema de castas hindú, pongamos por caso.
    De cualquier modo este derecho no les otorga la potestad de aislar a sus hijos en una urna de cristal para impedirles ser “contaminados” con ideas ajenas, ya que la Constitución establece complementariamente la obligatoriedad de que todos los ciudadanos reciban una enseñanza básica que les ponga en disposición de desarrollar plenamente su personalidad en el marco del respeto a los principios democráticos de convivencia y los derechos y libertades fundamentales. Obviamente uno de los requisitos para que se cumpla este objetivo es que desde las instituciones públicas se haga una pedagogía adecuada de los principios éticos y valores que están detrás del articulado de la Carta Magna. Aquí es donde surge la confrontación, ya que no cualquier principio de moral privada es compatible con la ética civil laica. La condena a las transfusiones de sangre que profesan los Testigos de Jehová no puede estar por encima del derecho de sus hijos a ser sanados. Las cosmovisiones religiosas no pueden equipararse en la enseñanza obligatoria a las leyes de la naturaleza descubiertas mediantes procedimientos científicos. La profesión de ambas visiones del mundo es igual de respetable en el ámbito privado, pero en el ámbito público las verdades intersubjetivas se tienen que superponer a las subjetivas.
    “Los valores no dependen de la democracia, ni de la mayoría. Los valores lo son en si mismos de la misma manera que los Derechos Humanos son universales en la medida en que no dependen de mayorias cambiantes o de interpretaciones históricas”
    No es cierto. Los valores son propiedades irreales que los sujetos ponemos en los objetos. Del mismo modo que nadie cree que el valor monetario sea una propiedad absoluta del dinero, resulta ingenuo fabular con que los valores morales no dependan del contexto social donde se generan y reconocen. Pero la cuestión es que no existe ningún problema conque los valores sean realidades subjetivas. El exabrupto de Dovstoieski según el cual sin Dios todo está permitido es una estupidez peligrosa. Los seres humanos nos desenvolvemos constantemente en una realidad simbólica de la que manan deberes y obligaciones en función del proyecto que estemos desarrollando. El arquitecto se obliga a sí mismo a respetar las normas de edificación porque quiere que el edificio cumpla su función. No hace falta que esas normas estén inscritas en ningún cielo platónico para resultar efectivas, ya que los seres humanos somos capaces de comportarnos según valores pensados (deberes de proyecto) y no sólo sentidos.
    Por lo anterior, que los principios éticos estén fundados sobre valores subjetivos no elimina la necesidad de su salvaguarda. Que una norma sea relativa al contexto donde surge no la convierte en arbitraria, porque los principios de razón práctica se justifican en el banco de pruebas de la realidad, no se demuestran. En ninguna parte está demostrado de manera matemática que el destornillador sea una buena herramienta, pero sabemos que lo es porque realiza bien su cometido. Con los principios éticos ocurre como con las soluciones de ingeniería, que la realidad las refuerza o les acaba imponiendo que sean superadas por otras mejores.

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  5. Mikimoss

     /  15 julio, 2008

    A vueltas con la EpC, y ya que la cita es de un parlamentario británico, no está de más recordar que en los países de la UE la EpC existe como asignatura independiente en Inglaterra, Irlanda, Italia, Suecia Francia, Bélgica, República Checa,Portugal, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Eslovenia, Estonia y Grecia. Y como contenido transversal o integrado en otras asignaturas en Dinamarca, Hungría, Alemania, Chipre, Noruega y Finlandia. En Estados Unidos tiene una gran tradición dentro del republicanismo, que considera que el “ciudadano virtuoso” es la pieza fundamental de la democracia. Se imparte como “Educación del Carácter”, y como “Educación para la democracia”.
    En el Reino Unido, el “Advisory Group on Citizenship”, dio un informe en septiembre de 1998 en el que se concluía que los alumnos tenían que comprender y razonar los siguientes conceptos, entre otros: derechos y responsabilidades, justo, injusto, bueno, malo, norma, ley, perdón, castigo, justicia, equidad, elección, riqueza, mercado, pobreza, caridad, ayuda, derechos humanos. Pero, además, la Education Reform Act de 1988 encomendó a la escuela: “promover el desarrollo espiritual, moral, cultural, mental y físico de los alumnos”. Para cumplir esta orden, las autoridades educativas tuvieron que definir los términos mencionados. En 1994 y en 1999, se volvió a revisar con toda seriedad la definición de “educación espiritual”. Visto lo visto, un planteamiento parecido resulta inimaginable en España.
    Fuente: http://www.movilizacioneducativa.net

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  6. Anibal

     /  18 julio, 2008

    La “educación de los ciudadanos” es un tema antiguo y muy complicado. Entre otros, el problema en España es que la asignatura y su contenido ha sido fabricado por la Universidad Carlos III (socialista) y la Fundación Cives (socialista) y la ideología que subyace es la de género. No ha habido ningún consenso, estudio serio, debate amplio, etc… Se trata de imponer una forma de ver la vida y los que no piensan igual a callar.

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  7. Anibal

     /  18 julio, 2008

    Al final llegamos a lo que impera, poner la ciencia y la tecnología en la cima de todo. Hacer depender la moralidad de mayorías y del dogma de la modernidad de que lo ultimo es lo mejor, que la humanidad solo avanza merced a los descubrimientos técnicos.
    No hay que perderse en el debate juridico, pero todas las sentencias favorables a los padres objetores entran en la materia mientras las que no apoyan a los padres pasan por encima sin entrar al fondo (Asturias y Cataluña).

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  8. Mikimoss

     /  19 julio, 2008

    “el problema en España es que la asignatura y su contenido ha sido fabricado por la Universidad Carlos III (socialista) y la Fundación Cives (socialista)”
    No necesita acudir a estos organismos para desacreditar a la asignatura. El propio gobierno es socialista, por lo que, siguiendo su argumentación, todas sus leyes lo son. La cuestión es que usted no puede objetar el cumplimiento de una ley alegando semejante “ad-hominem”, porque todos los gobiernos democráticos tienen un color político. Desengáñese, la asepsia ideológica, afortunadamente, no existe. Las normas públicas siempre se confeccionan desde el marco de un proyecto de convivencia concreto. La cuestión no es esa, sino si podemos justificarlas de manera racional en su capacidad para solucionar el problema que traten de resolver. Y en el terreno educativo existen multitud de ellos. Desde la violencia en las aulas hasta el botellón, la sociedad mira a la escuela exigiéndole respuestas educativas porque no queremos responder a los conflictos sociales a golpe de código penal. Ése es el banco de pruebas de EpC.
    “Se trata de imponer una forma de ver la vida y los que no piensan igual a callar.”
    No es cierto. Usted, que yo sepa, está expresando su disensión sin coarción alguna, e incluso algunos tribunales están resolviendo a su favor. Me parece que muchos de ustedes pierden la razón por su tendencia a la exageración y a hacer juicios de intenciones malévolos. Estoy seguro de que en un aula donde se imparta EpC existe infinitamente más debate y pluralidad de pensamiento que en cualquier parroquia en la misa de los domingos, y sin embargo usted no duda en llevar allí a sus hijos. Por lo tanto a usted no le preocupa que se los pueda adoctrinar, sino que se les fomente la capacidad crítica en exceso, quizás hasta el punto de que duden de aquellos principios que se les han propuesto desde la autoridad familiar.
    “Al final llegamos a lo que impera, poner la ciencia y la tecnología en la cima de todo. Hacer depender la moralidad de mayorías y del dogma de la modernidad de que lo ultimo es lo mejor, que la humanidad solo avanza merced a los descubrimientos técnicos.”
    Supongo que mi comparación de la creación moral con la ingeniería lo ha confundido. Yo no pienso que la ciencia y la tecnología estén por encima de todo, o que lo último sea siempre lo mejor, y soy ateo, laicista y defiendo EpC. Fíjese que usted plantea esas tesis como si en la escuela se impusieran por dogma de fe, pero no es así. En las aulas que yo he conocido se discutían los asuntos y no siempre llegando a una solución, porque hay muchos asuntos de los que sólo podemos aspirar a decir lo más razonable. La mayoría de las veces no se educa tanto en la adquisición de determinados conocimientos como en la ganancia de habilidades y procedimientos introspectivos que nos permitan dirigir nuestras propias facultades mentales, recursos emocionales y cognitivos.
    Nuestro medio ambiente cultural está plagado de multitud de ideas y visiones de la vida, y los padres no podrán estar toda la vida manteniendo a sus hijos con unas determinadas anteojeras puestas. Tarde o temprano necesitarán cribar información por sí mismos, contrastar escalas de valores y reforzar o derribar sus propias convicciones. Por muy buenos que se hayan demostrado unos principios, una persona inteligente debe estar dispuesto siempre a que la realidad sea el banco de pruebas último de sus juicios. Quienes siguen un sendero hasta caerse por el precipicio son estúpidos fundamentalistas.

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  9. Anibal

     /  19 julio, 2008

    Me parece sumamente intransigente y antidemocrática que una mayoría parlamentaria suponga un trágala para temas tan importantes como la educación. Lo verdaderamente democrático sería abrir un debate amplio y sosegado con todas las fuerzas políticas y sociales, profesores, padres, alumnos …
    Para terminar, me molesta profundamente que se intente transmitir la imagen de los católicos como paletos e indocumentados, mire usted para llegar a creer lo que creo he pasado por muchas etapas, cada dia doy gracias a Dios por mi fe y me planteo muchas cosas. Es de una gran pobreza intelectual despachar estos temas recurriendo al tópico del pulpito o de la comida de coco de los curas. Soy mayor de edad, intento transmitir a mis hijos lo mejor ( como hacen la mayoría de los padres) que tengo empezando por el ejemplo. Me considero un buen ciudadano y mis hijos intentan ser buenas personas, no necesitamos que nadie nos de el diploma de bueno y solidario. Para terminar permitame recomendarle la lectura de “El guardián de mi hermano”, libro ya citado en varias ocasiones en mi blog. Le agradezco sus comentarios a mis post y doy por finalizado el debate sobre este asunto. Un cordial saludo

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