¿Qué es el Bien Común?

Los discursos pronunciados por Benedicto XVI y Nicolás Sarkozy durante la visita del primero a  Francia son un claro ejemplo de cómo es posible una cooperación y una relación leal y enriquecedora entre el poder político y la Iglesia Católica.

Visto desde una óptica puramente humana es absurda la posición enconada de quienes se niegan a aprovechar la sabiduria secular de una institución milenaria que se ha enriquecido durante siglos con la aportación de tantos humanistas y pensadores.

Hoy en día es muy común que se haga referencia a la felicidad de los ciudadanos como objetivo de los gobernantes. Personalmente me da pánico pensar que el gobierno, sea el que sea, se preocupe de que yo sea feliz. Creo que corresponde a cada uno la búsqueda de algo que entra en la dimensión de la intimidad, la conciencia o los sentimientos. Otra cosa es la creación y fomento de un marco social, político, económico que ayude a las personas a ser mejores.

Durante siglos la Iglesia acuñó el término "Bien Común" para referirse al objetivo que debían buscar los gobernantes. Claro que el problema que se nos plantea en la actualidad es que el Bien Común casa mal con el relativismo y el individualismo imperantes. Bien y relativismo son tan antagónicos cómo común e individualismo.

¿Qué es el Bien Común?, ¿qué hacer cuando el llamado Bien Común choca con lo que cada individuo considera que es su bien particular?. Para contestar a éstas y otras preguntas sobre el particular considero de especial interés la lectura de éste artículo sobre el Bien Común.

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5 comentarios

  1. Mikimoss

     /  16 septiembre, 2008

    “Personalmente me da pánico pensar que el gobierno, sea el que sea, se preocupe de que yo sea feliz.”
    Como explica José Antonio Marina en “La lucha por la dignidad”, hay que distinguir dos tipos de felicidad, la privada y la tradicionalmente llamada justicia:
    “Una es la felicidad subjetiva, un sentimiento pleno de bienestar, personal, íntimo. Otra es la felicidad objetiva, pública, política, social que no es un sentimiento sino una situación, el marco deseable para vivir, aquel escenario donde la «búsqueda de la felicidad» de la que hablaban los textos citados resulta más fácil y tiene más garantías de éxito. Les pondremos un ejemplo muy elemental. Los judíos torturados en los campos de extermino nazi, humillados, privados de todos sus derechos, despojados de su condición de personas, ¿no recordarían la República de Weimar como una situación objetivamente feliz? Lo cual no quiere decir que entonces no tuvieran desdichas, fracasos y enfermedades. Eso eran infelicidades privadas, pero el marco público no añadía más dolor a ese dolor. La felicidad política es el teleférico que nos deja en el arranque de la pista de esquí. Luego, descrismarnos o disfrutar con la ligereza del descenso es cosa nuestra.”
    (…)
    “La historia muestra el juego de influencias entre la felicidad y la justicia. El viejo Platón ya se preocupó y se ocupó de las leyes «que harían a una ciudad feliz». Las primeras declaraciones americanas de independencia consideraban que la felicidad era una meta políticamente relevante. La Declaración de derechos del buen pueblo de Virginia (1776) afirmaba que los hombres tienen por naturaleza el derecho a «buscar y obtener la felicidad», y la Declaración de Independencia (1776) proclama que el fin del gobierno es «alcanzar la seguridad y la felicidad». En su artículo 13, la Constitución española de 1812 proclamaba: «El objeto del gobierno es la felicidad de la nación.» Y lo mismo dicen Constituciones recientes y culturalmente lejanas. La de Irán (1989): «La república islámica de Irán tiene como ideal la felicidad humana en toda sociedad humana.» La de Namibia (1990) consagra los «derechos del individuo a la vida, a la libertad y la felicidad ». Y la de Corea del Sur dice en su artículo 10: «A todos los ciudadanos se les garantiza la dignidad, y tendrán derecho a perseguir la felicidad.”
    “Bien y relativismo son tan antagónicos cómo común e individualismo.”
    El problema es que la alternativa que las religiones proponen al relativismo es el absolutismo dogmático que trata de imponer creencias indemostrables. Nuestra época no ha hecho más que oscilar como un péndulo horrorizada por las atrocidades que se han cometido durante toda la historia en nombre de la verdad. Por esto las religiones no son la solución al relativismo, sino que lo es la laicidad, la cual establece dos ámbitos fenomenológicos bien separados (el subjetivo y el intersubjetivo), y los extrapola al nivel político (ámbito privado y público). En el primero reina soberana la libertad de conciencia, y en el segundo las verdades universalizables, entre ellas la bondad de reconocer la libertad de conciencia y demás derechos individuales.

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  2. Anibal

     /  16 septiembre, 2008

    “El problema es que la alternativa que las religiones proponen al relativismo es el absolutismo dogmático que trata de imponer creencias indemostrables”. No estoy de acuerdo con tal afirmación, la religión forma parte de la vida de los hombres y debe participar en la busqueda de ese Bien Común. Dejar la religión en el ambito privado y que sea lo que llaman “laicismo” lo que rija los principios de los pueblos me parece tan doctrinario e impositivo como que ese lugar lo ocupen las religiones. El laicismo no es la solución cuando lo que pretende es dejar las creencias religiosas en la esfera privada de los ciudadanos. Repito que el cristianismo tiene mucho que decir y que aportar para una sociedad mejor. Imposición de la religión no, pero imposición del laicismo tampoco.

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  3. Mikimoss

     /  17 septiembre, 2008

    “la religión forma parte de la vida de los hombres y debe participar en la busqueda de ese Bien Común.”
    La religión forma parte de la vida de ALGUNOS hombres; y no una, sino un ciento de religiones distintas, incompatibles y, lo que es más grave, incontrastables entre sí. Por ello su afirmación sólo es válida para la búsqueda del bien particular de cada individuo, pero en ningún caso para el bien común, ya que para éste es necesario acudir a principios compartibles universalizablemente. No olvide que la meta originaria de toda moral religiosa (las de nuestro entorno cultural) es alcanzar la salvación individual mediante el cumplimiento por parte del sujeto de una serie de mandamientos: una especie de contrato entre la persona y su dios. En una sociedad donde existe libertad de conciencia y religiosa cada individuo puede creer en un camino de salvación distinto, y tiene todo el derecho a conducir su vida con respecto a éste, pero en ningún caso puede pretender elevarlo a universal.
    “Dejar la religión en el ambito privado y que sea lo que llaman “laicismo” lo que rija los principios de los pueblos me parece tan doctrinario e impositivo como que ese lugar lo ocupen las religiones.”
    ¿Pero cual es su alternativa al laicismo? La laicidad no le impone a usted nada, sólo estipula el ámbito de validez de sus creencias. No es una ideología, ni una moral, ni un credo, sino un código de circulación para que los individuos de una sociedad plural donde se reconoce la libertad de conciencia y religión no choquen entre sí. Oponerse al laicismo es oponerse a la posibilidad misma de que exista libertad de conciencia. No hay lo uno sin lo otro.
    “El laicismo no es la solución cuando lo que pretende es dejar las creencias religiosas en la esfera privada de los ciudadanos”
    La esfera privada no es un lugar físico, sino epistemológico. No se trata de anular las manifestaciones públicas de religiosidad ni de cerrar conventos, sino de recluir la validez de las afirmaciones religiosas en el ámbito de la conciencia del creyente. El día que los teólogos puedan justificar de manera profana lo evidente de sus certezas, entonces no tendremos más remedio que incluírlas en nuestro acervo compartido, junto a los demás principios éticos y científicos de cuya necesidad tenemos constancia. Mientras tanto rige el principio ético de la verdad, según el cual cuando en el ámbito público una verdad privada entre en conflicto con una intersubjetiva, ésta impera sobre aquella. Esa es la esencia de la laicidad.
    “Repito que el cristianismo tiene mucho que decir y que aportar para una sociedad mejor.”
    Bien, ¿pero por qué cauce? Yo estoy convencido de que el ateísmo puede aportar unos valores mucho mejores que los de cualquier credo semita, pero no pretendo que exista una asignatura de ateísmo en las escuelas, ni que se realicen funerales de Estado ateos, ni que las leyes se fundamenten en mi particular concepción sentimental o estética de la realidad. Una persona convencida de que sus creencias son las mejores para alcanzar la felicidad o la salvación personal lo que tiene que hacer es explicarlas usando su libertad de expresión y, sobre todo, demostrar que lo son dando ejemplo con su propio comportamiento.
    “Imposición de la religión no, pero imposición del laicismo tampoco.”
    ¿Cómo que no? Compara el tocino con la velocidad. El laicismo hay que imponerlo, como se impone la no discriminación por razones de sexo o raza, el derecho a la libertad de expresión o a la libertad de conciencia. El laicismo no está en el mismo nivel que la religión, sino que establece el marco en cuyo seno transitan las religiones. Ëstas necesitan del laicismo para salvaguardarse de los intentos impositivos de otras religiones. El laicismo es el principio ético-político protector de las religiones.

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  4. Anibal

     /  19 septiembre, 2008

    Mikimoss, reconozco que me agota el “debate”. La laicidad cuando reconoce el hecho religioso como algo positivo, cuando respeta las creencias religiosas, cuando sabe trabajar conjuntamente, etc… es lo que yo defiendo, de hecho no quiero que el Estado sea confesional, ni que se impongan creencias. La realidad del laicismo en España es que de “código de la circulación” nada de nada. Se trata de pura ideología excluyente que pretende ocupar el espacio que dice que ocupan las religiones: la vida pública y la conciencia de las personas, hasta la de los niños ( vease EpC). Las posiciones están claras así que doy por finalizado el debate. Saludos

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  5. yanilen

     /  16 abril, 2009

    consiste en que la cooperacion de todos juridica y efectivamente,gocen de una igualdad de oportunidades ara su propio perfeccionamiento personal y su dignidad.

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