Momentos felices

Quienes leen habitualmente Ser Audaces se habrán dado cuenta de que me gusta pensar y escribir sobre la felicidad. Se trata de un asunto sobre el que se ha filosofado mucho y no es extraño, problablemente el deseo de felicidad sea lo más entrañable del ser humano y lo que más nos una a todos.

C.S. Lewis distinguía entre los "momentos felices" y la "felicidad como estado". Puede parecer lo mismo pero existe una diferencia radical. Aunque pueda parecer un contrasentido, el estado de felicidad es la consecuencia directa de no buscar momentos de felicidad. La felicidad como estado es el resultado de vivir de una manera moral.

Lewis afirmaba que la moral es lo único que nos puede hacer felices. ¿Y qué entendía el británico por moral? Ni más ni menos que las instrucciones para que funcione la máquina humana. En la medida en la que me rijo según las "instrucciones" soy feliz. Y aquí nos topamos con el nucleo fundamental de la educación y de la realización personal: a cada uno corresponde buscar, que no inventar, lo correcto. El segundo paso consiste en hacerlo propio, es decir, en actuar libremente. 

La idea de Lewis está muy unida a lo que afirmaba García- Hoz sobre las fuentes de la felicidad: el orden, el trabajo y la generosidad. O a la afimación tan sabia: "Haz lo que debes y está en lo que haces".

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2 comentarios

  1. Como casi siempre se hace difícil discutir contigo: ¡qué razón tienes! 🙂
    De todos modos, y aunque este comentario llegue un poco tardío, con tu permiso me gustaría ampliar y desarrollar la idea de “momentos felices” y “felicidad como estado”.
    Estos dos conceptos marcan las dos maneras predominantes de ver la vida hoy día, y están trazados en torno a un conflicto permanente: el conflicto entre el corto plazo y el largo plazo. Quienes apuestan en esta vida por ese “largo plazo”, en la renuncia de algo instantáneo por algo futuro, hacen una apuesta por la trascendencia, tienen una fe en algo que va más allá de la persona y/o tienen una esperanza de futuro (por supuesto, no necesariamente religiosas). Se da la paradoja de que quienes apuestan a este “largo plazo”, a conseguir esta “felicidad como estado”, pueden disfrutar del corto plazo y de los “momentos felices”, pero coinciden en que su apuesta inicial (que suele requerir renunciar a muchas cosas apetecibles en ese corto plazo, y cuyos resultados tardan tiempo en recogerse), es muy superior y merece la pena.
    Pero desgraciadamente, hoy en día muchos no pueden hacer esa inversión en la felicidad como estado, porque no tienen en su poder ninguna de las llaves que permiten hacerla: no creen que nada trascienda, no tienen fe en nada externo a sí mismos, no tienen esperanzas de futuro. Con esas premisas, ¿quién en su sano juicio renunciaría a aquello que ve, “los momentos felices”, por algo que no cree que exista?
    Y el problema no tiene fácil solución, porque todo lo cortoplacista es más fácilmente defendible que lo largoplacista, y hoy en día, con tantos medios de comunicación y demagogia, con tanta rabiosa actualidad, es difícil mostrar los resultados de una inversión a largo cuando te los piden “aquí y ahora”, cosa que los “momentos felices” pueden conseguir a cada instante. No sólo en este tema, también en economía y muchas otras cosas, sólo hay que ver los debates televisivos: los cortoplacistas siempre “ganan”, porque sus “pruebas” son más fáciles de conseguir y más inmediatas de mostrar.
    Así que en conclusión, para acabar en positivo: la clave es recoger pruebas de la felicidad como estado, tantas como podamos, y tenerlas siempre disponibles para hacer creer a muchos en su existencia y en que vale la pena.

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  2. Anibal

     /  24 noviembre, 2008

    Pedro Pablo muchas gracias por tu comentario que como siempre aportan mucho. De todas maneras pienso que aunque se sea “cortoplazista” se puede experimentar que la “felicidad” a corto deja muy instatisfecho y lo que es peor eleva cada vez más el umbral de satisfacción de manera que cada vez es más costoso cubrir esos momentillos de felicidad. En fin que como bien dices lo mejor es disfrutar el momento pero con la mirada puesta en el largo plazo. Un abrazo

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