¿Por qué algunos adolescentes beben hasta perder el conocimiento?

Hace ya algún tiempo una médico del servicio de urgencias de un gran hospital me comentó el espectacular incremento de ingresos en fin de semana por coma etílico de adolescentes. Incluso me hablaba de casos de niños de doce y trece años. Leo un reportaje titulado “¿Por qué beben nuestros hijos?” y me doy cuenta de que esto va cada vez a más.

No es cuestión de alarmarse, es verdad que hace años también los adolescentes bebíamos alcohol. Sin embargo las gran diferencia es que el alcohol era una “añadido” a fiestas y actos sociales, es cierto que a veces acababa en borracheras. Hoy en día muchos adolescentes beben por beber, de manera consciente hasta conseguir perder el conocimiento.

La gran pregunta que se deben hacer muchos padres es ¿por qué beben nuestros hijos?. El autor de un estudio citado en el enlace da una serie de razones que comparto: para evadirse de la realidad, por qué no están contentos consigo mismo, ven una vida llena de problemas que les crea ansiedad. Sin embargo estas razones son características propias de la adolescencia por lo que se puede pensar que el problema es que estos adolescentes no tienen herramientas para superar esas razones y por ello buscan salidas “fáciles”.

Son muchas las realidades que me planteo ante esta situación: un culto exacerbado a lo material, falta de exigencia en el estudio, demolición de la autoridad en la familia, sexualidad como mero consumo. El hombre occidental del siglo XXI ha alcanzado tal nivel de bienestar y desarrollo tecnológico que se cree dueño absoluto de la situación.

La prevención del alcoholismo, la drogadicción y la promiscuidad sexual pasa por la recuperación del papel de los padres y profesores, del sentido de la autoridad, de la exigencia y la disciplina. Esto sólo se consigue cuando se conocen valores por los que merece la pena vivir y luchar. Unos padres con valores y con la fortaleza para transmitirlos son la piedra básica.

Afortunadamente no todos los adolescentes dedican su tiempo libre a inhibirse y deshumanizarse sino que encuentran mucho sentido a la vida en la amistad, la entrega a los demás y a causas justas, al estudio o el trabajo responsable. Ese es el camino.

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2 comentarios

  1. El problema es que la sociedad está viendo como normales esa clase de actitudes. Dicen que son cosa de jóvenes. Nosotros también fuimos jóvenes, pero teníamos autocontrol. Un saludo.

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  2. Hola Anibal
    Precisamente ayer estuve en Aula, en la clase de adolescentes que dio Juan Fornés, así que…¡Fíjate si me pilla fresco tu post!.
    Aunque es verdad, que, por edad, mis hijos aún no están en esa fase, es preocupante como a través de la publicidad, las nuevas formas de ocio y las series de televisión (incluso los dibujos), se les vende a los adolescentes y jóvenes una vida, que a poco que te metas en ella, te lleva al sin sentido; y lo peor, no es eso…sino que muchos, ni siquiera tienen acceso a otras opciones…a otra información.
    Sin embargo pienso que son receptivos y que cuando les hablas con franqueza, desde la realidad y la experiencia personal, tienen mucha capacidad de asimilar y ganas de “intentar”…por eso, a pesar de los pesares, no hay que tirar nunca la toalla ni dar a la juventud por perdida.
    Una experiencias impresionantes que viví hace un tiempo, fue acompañar a jóvenes católicos que invitados por Rouco recorrieron colegios e institutos hablando de su experiencia de Dios, de la familia Cristiana y de la Iglesia….Y no sólo ahí, sino también por las calles y en las plazas…¡Impresionante!
    El auditorio era hostil en ocasiones, se reían de ellos, les hacían preguntas incómodas…Sin embargo, los jóvenes que daban el testimonio, ni se aplacaban, ni titubeaban, ni se ofendían…y doy fe de que cuando hablaban de su vida sin tapujos; de su vida, alcohol, drogas, sexo, ruptura familiar en muchos casos y como Dios les había dado otra “opción”…el silencio era absoluto y las caras de los que escuchaban eran impresionantes, auténticas esponjas.
    Otras veces, de los oyentes, también salían preguntas interesantes, testimonios y en algunos casos, verdaderas lecciones.
    Yo confío en los jóvenes…como confío en mi misma, porque no creo haber estado ahí hace tanto tiempo, y aunque es verdad que hay un gran salto generacional…en el fondo, con poco que les des…ellos, son capaces dan mucho.
    Un abrazo, espero que paseis una muy feliz Navidad en familia y el nuevo año venga lleno de bendiciones.

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