Cuando Meryl Streep iba a Misa

Meryl Streep junto a Anthony Hopkins forman mi pareja cinematográfica preferida. Siempre me ha parecido una mujer atractiva e interesante y su papel en "Mamma mia" me cautivó, alegre, divertida, valiente al atreverse a cantar, bailar y saltar. Hace poco la ví en una entrevista en la que transmitía esa vitalidad y energia que le hace admirable, confesaba haber disfrutado como una loca cantando "Dancing Queen" mientras saltaba sobre una cama.

Hoy escribo sobre ella al hilo de una entrevista con motivo del estreno de su última película "La duda", la periodista le pregunta ¿Es usted católica?, su respuesta es:

Muchas de mis amigas lo son, pero en mi casa no se prestaba demasiada atención a la religión,  lo que despertó en mí, obviamente, una enorme curiosidad. Iba a misa con regularidad y recuerdo especialmente cuando el servicio cambió del latín al inglés y el sacerdote empezó a conducir la misa de frente a los feligreses y no de espaldas. Fue una lástima, porque se acabó el misterio, y la ceremonia se transformó en algo más terrenal. Pero nunca he sentido vocación por ser monja. Me parece fascinante esa llamada que llega en medio de la noche.

La respuesta de Meryl presenta dos cuestiones que me parecen muy útiles para arrojar luz sobre la práctica religiosa: curiosidad y misterio. Dos actitudes que pueden ayudar mucho para encontrar el verdadero sentido de la Santa Misa y de la práctica religiosa.
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8 comentarios

  1. Mira tú que interesante. Mi padre siempre quiso enseñarme a rezar en latín y yo era pequeña y me negaba (soy post-conciliar). Aprendí la Misa en español desde que tengo memoria y no lo encontraba práctico eso de rezar en un idioma que no entendía.
    Desde hace un tiempo a esta parte, he empezado a darme cuenta que el latín le confería a la Iglesia su carácter de Católica (Universal), permitiendo que cualquier católico de Corea pueda entender la Misa rezada en Madrid, Helsinki, Brasilia o Togo.
    Y comparando el “ruido” de las guitarras con aquellas canciones preconciliares (que nos hacían cantar las monjas de mi colegio), plenas de espiritualidad y belleza, tocadas en el órgano, pues que quieres que te diga… la Santa Misa perdió hasta esa capacidad de elevar las almas a través de la música rezada.
    Quién me iba a decir a mi -pequeñaja anti latín de entonces- que iba a terminar añorando lo que no llegué a conocer…
    Me agrada saber que no soy la única.

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  2. Anibal

     /  2 febrero, 2009

    Ana, el mantenimiento del latín es una sabia decisión de la Iglesia que además de ayudar a mantener la integridad de la doctrina, efectivamente como bien dices hace que sea maravilloso poder asistir a Misa en cualquier parte del mundo rezando en la misma lengua. Benedicto XVI ha animado a que se pueda usar con libertad dicha lengua y yo aplaudo esa decisión que servirá para unir. La recuperación de la liturgia es fundamental y no se trata de volver a tiempos preconciliares sino de dignificar y llenar de misterio lo sagrado. Saludos

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  3. “Fue una lástima, porque se acabó el misterio, y la ceremonia se transformó en algo más terrenal.”
    Bueno…. qué quieres que te diga. El misterio está en el sacrificio, no en la lengua del sacrificio. Y la terrenalidad o no, también.
    El hecho de que la misa se pueda celebrar en cualquier idioma también es una manifestación de catolicidad, **a mi parecer**: el sacrificio (este en concreto) no está limitado por el medio de comunicación (ni por nada, vaya).
    Pero bueno, solo quería añadir una opinión ortodoxa pero distinta.
    [Nací en 1971 pero leo el latín litúrgico, by the way.]

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  4. Anibal

     /  2 febrero, 2009

    Pedro agradezco tu comentario, me sorprendió la respuesta de Meryl Streep y me hizo reflexionar, post va en la linea de que el cuidado de la liturgia es fundamental. Existe el riesgo de situar la religión en una dimensión excesivamente terrenal (pueblo de Dios, Asamblea, reunión, etc..) en detrimento de la dimensión más “espiritual” y por tanto de hacerle perder su misterio. En fin es un asunto espinoso pero lo cierto es que hubo muchos excesos después del CCII que los Papas han intentado reconducir. Se trata de ayudar al hombre a entrar en el Misterio y para ello ayuda mucho el cuidado de la liturgia. Un cordial saludo

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  5. A mí me gustan las iglesias oscuras, me recojo más.El latín no lo llegué a disfrutar pero creo que entiendo la idea del misterio que , a veces, tapamos con espectáculos teatrales que nada tienen que ver con la Misa.Me apunto al recogimiento, el silencio y las buenas formas litúrgicas.

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  6. Bea

     /  2 febrero, 2009

    A Ana Álvarez y Aníbal: el latín está bien, pero no creo que tenga mucho sentido celebrar la liturgia en un idioma que la mitad de los asistentes no van a comprender. En el último Sínodo, los obispos concluyeron que era fundamental que las homilías profundizasen más en el Evangelio, que enseñasen a los fieles a modo de exégesis, porque el desconocimiento del Nuevo Testamento es alto entre los católicos. Si alejamos la liturgia, la hacemos más arcana e incomprensible para la mayoría, no sólo se desconocerá el Evangelio sino toda la ceremonia! El latín está bien para misas internacionales, pero creo que ahí está el límite. Evidentemente si hay grupos de fieles que desean que se celebre en esta lengua, adelante… Pero yo disfruto saboreando cada palabra en castellano. Y por qué hay que llenar de misterio lo agrado? El Antiguo Testamento ya ha sido superado por Cristo, ya no es Dios que se aparece en una zarza ardiendo, oculto ante los hombres, sino Cristo vivo, hecho carne, real y cercano! Querer darle misterio a la Eucaristía es como querer añadirle efectos especiales! Bastante tenemos con el misterio de nuestra fe…
    Y como apunte personal: las guitarras molan en la Eucaristía. Hay muchas canciones muy bonitas antiguas, pero me chifla que salgan las guitarras y algun djembé, creo que también embellecen la Palabra de Dios… Para gustos los colores!

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  7. Anibal

     /  3 febrero, 2009

    Los comentarios de Inés y Bea son enriquecedores. No voy a entrar a debatir un tema tan profundo y personal como la vida interior de las personas, en cualquier caso ¡viva la libertad! y más cuando sirve para estar más cerca de Dios que es para lo que sirve la liturgia. Saludos

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  8. Manuel Burgos

     /  24 noviembre, 2014

    Este post es ya de hace algún tiempo, pero me animé a hacer un comentario adicional que puede ayudarnos un poco mas.

    Creo que el problema radica en que todos en este contexto analizamos la liturgia (de la misa) enfocados en el hombre como persona celebrante y dejamos de lado el hecho que la misa es un espacio en que como criaturas adoramos a Dios. Puesto que adoramos a Dios, de allí emana nuestra santificación, pues no podemos ser santos por nosotros mismos, sino que Él, que es Santo, nos hace santos. De aquí se da una luz para comprender la finalidad de la liturgia: “…que es la Gloria de Dios y la santificación de los fieles, …”.

    Y aquí viene que no se esta haciendo (creo que en ningún lugar) lo indicado por el C.V.II (porque está muy clara la indicación) sobre el uso y “extensión” de las lenguas vernáculas. Se ha descartado por completo el latín y traducido todos los textos de la misa, cuando, sin embargo, debería haber una gradualidad. Determinados textos que es necesario que la asamblea comprenda y profundice, claro que pueden ser traducidos en su lengua propia, pero lo demás debió quedar en latín. Las aclamaciones, las oraciones, y demás textos que se repiten de ordinario, fácilmente puede la asamblea aprender su significación y guardarlos como un tesoro que al pronunciarlos en la misa con seguridad ascienden en olor de santidad al Padre.

    Yo me atrevería aun mas, a afirmar que aun a pesar que se ha cambiado el idioma de todo, a las lenguas propias de cada quien, en muchos lugares hay tan malos lectores o mala sonorización, y peor aun, andamos tan distraídos, que tampoco se comprende lo que se lee en la misa (lecturas y moniciones, algunas oraciones y cantos).

    Entonces, ¿Cual es el beneficio de haber cambiado el idioma?

    Les dejo anotado el numeral 36 de la constitución Sacrosantum Concilium del Concilio Vaticano II donde indica en que grado debe utilizarse la lengua propia de cada pueblo.

    § 1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular.
    § 2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes.

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