El Dios que me pone de rodillas

Comenté a mis hijos las declaraciones de Antony Flew, un filósofo británico declaradamente ateo militante que recientemente ha manifestado su "conversión intelectual" y su creencia de que Dios existe. Esto nos dio pie para comenzar un inacabable debate sobre la posibilidad de descubrir la existencia de Dios a través de la razón y la lógica. Ocurrió lo de siempre en este tipo de controversias entre ciudadanos "medios", el debate no tiene fin y resulta bastante estéril. No afecta a las personas, ni a su vida ni felicidad.

Recordé una interesantísima idea de Francois Mauriac, premio Nobel de literatura, quien escribió "¿he de confesarlo? Si no hubiese conocido a Cristo, Dios sería para mi un vocablo vacío de sentido. Salvo una gracia particularísima, el Ser infinito me resultaría inimaginable, impensable. El Dios de los filósofos y de los eruditos no ocuparía ningún lugar en mi vida moral. Fue necesario que Dios se sumergiese en la humanidad y que, en un preciso momento de la historia, en un determinado punto del globo, un ser humano, hecho de carne y sangre, pronunciase ciertas palabras, cumpliese ciertos actos, para que yo cayese de rodillas"

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2 comentarios

  1. A mí también me puso de rodillas ese Dios que él mismo se puso de rodillas ante mí, que eclipsó su divinidad para hacerse un hombre como yo para salvarme “desde aquí”. Mira que el misterio de la Resurrección es grande. Pero a mí me parece aún más grande la Encarnación, y que me perdonen los teólogos. Dios se abajó a sí mismo y se hizo Hombre. Impresionante.

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  2. Eduardo Rastrilla

     /  27 abril, 2009

    -Que Dios existe y que contrariamente, a cómo algunos pensadores pretenden, que no se puede demostrar la existencia de Dios: no es verdad. Dios existe y se puede demostrar. El dilema está en que con respecto a la existencia de Dios no se puede especular como un personal descubrimiento. Sino que debe tomarse como una revelación que Dios hace a ciertos indiviuos ávidos de su existencia, en orden a cómo el hombre buscando a Dios. Y siendo Dios quien infunde al individuo elegido la necesidad de ser buscado y encontrado. Este encuentro se realiza, sin menoscabo del libre albedrío del elegido, a tenor de lo que Dios pretende del que le busca.
    Encuentro, éste, que sólo depende de Dios; Pues solamente Dios sabe cuándo y cómo el hombre puede soportar en conocimiento la presencia responsable de Dios sin desvanecerse.
    Nadie conoce a Dios si por Él no es llevado de la mano.

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