Identidad católica: los principios irrenunciables (y II)

Hace algunos meses asistí a una conferencia de Paola Binetti . Diputada italiana del izquierdista Partido Democrático, Binetti es públicamente conocida por su condición de católica fiel a la doctrina romana. Tuve la ocasión de preguntarle sobre sus creencias religiosas y su adscripción política de izquierdas.


Binetti manifestó su sorpresa por la realidad española y contó que cuando el Partido Democrático le ofreció formar parte de sus listas electorales ella solo puso una condición: el respeto a los principios irrenunciables que todo católico debe llevar a la vida pública. El partido aceptó y desde entonces vota con libertad de conciencia cuando las leyes afectan a esos principios.

¿Cuales son los principios irrenunciables para un católico? Juan Pablo II los resumió en la defensa de la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, la
defensa de la vida humana desde su concepción hasta su término
natural, la erradicación de la pobreza, el cultivo de la honradez,
la lucha contra la corrupción, la adopción de medidas que asistan a
los padres en su derecho inalienable de educar a sus hijos en sus
propias convicciones éticas y religiosas, así como la promoción de
los jóvenes, para que sean hombres y mujeres de paz y reconciliación.

La situación europea es en general muy distinta; particularmente es España. Para que un católico consiga la acreditación de demócrata debe renunciar a sus creencias en aras de un espacio de supuesta neutralidad que rápidamente se encargan de ocupar los laicistas. Como afirmaba recientemente Glendon, a quién cité ayer, es trágico que hoy muchos católicos sean incapaces de responder incluso a los más simples ataques relativistas, historicistas y nihilistas. Es escandaloso que muchos católicos callen cuando se confrontan con anti-católicos. Más aún si se supone que una de las glorias de nuestra fe es que podemos dar razones de las posiciones morales que mantenemos, razones que son accesibles a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a otras confesiones o a los que no tienen fe.

Si los católicos fuéramos gente formada y congruente la revolución sería imparable.
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2 comentarios

  1. La ignorancia acerca de lo importante, de lo más importante, es paralizante, letal: lo peor. El que tiene obligación de enseñar -muchísimos la tenemos de algún modo, algunos especialísimamente- y miran para otro lado, ¿qué cara pondrán ante el juicio de Dios y de la historia?

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  2. Rectifica imparabla por imparable.

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