Rehabilitar la virtud

Mi experiencia personal me indica que hay personas prefieren oír hablar de valores antes que de virtudes; he llegado a la conclusión de que en la mayoría de los casos lo que se denominan valores no complican la vida, uno simplemente se adhiere a ellos y poco más. Sin embargo las virtudes suponen una lucha personal que pocos están dispuestos a asumir.

Max Scheler publicó un estudio titulado Rehabilitación de la virtud. En él afirmaba que había descubierto en el ser humano contemporáneo una actitud espiritual contraria a la virtud hasta llegar a lo que denominaba resentimiento. El origen de este resentimiento lo situaba en que vivir la virtud supone un mayor esfuerzo de la voluntad, algo que a muchos les espanta.

Afirmaba Scheler que con el fin de librarse de esa "obligación", incluso para convencerse de su inexistencia; la persona llega a disminuir o negar su importancia considerandolo incluso como un mal. La posmodernidad presenta la virtud como algo adusto y desagradable. Ha vaciado el corazón del hombre del deseo de hacer el bien y de ser mejor y lo ha sustituido por el sucedáneo del mero bienestar fisiológico. Con estas ideas, no es dificil entender que se pretenda desterrar de los colegios, institutos y universidades la excelencia y el esfuerzo.
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6 comentarios

  1. Isabel Día Figueras

     /  15 julio, 2009

    Si me lo permite, el resentimiento no siempre procede del horror al esfuerzo sino de la experiencia del abuso del esfuerzo. El siglo XX ha vivido dictaduras de diverso signo: nazismo, comunismo, el mismo capitalismo y la tiranía del éxito conllevan excesos de esfuerzo por alcanzar determinadas cotas. El imperativo kantiano: “Du sollst” (alguien dice que debes…)… ha borrado al Dios misericordioso del mapa y lo ha sustituido por un hombre soberbio y arbitrario. Sólo queda la imagen de una autoridad arbitraria y justiciera. Eso engendra resentimiento, pero auténtico. No el mero esfuerzo, que es en sí natural y hasta satisfactorio cuando se obtienen resultados de los que uno puede sentirse orgulloso.
    Se ha perdido el sentido de la virtud como fuerza=verdadera calidad sin la que no hay verdadera cualidad. El alemán no diferencia estas dos últimas palabras: Qualität. Sin el Dios de la Bondad a que se dirige, la virtud pierde su belleza, se convierte en un hierro difícil de aguantar, en lugar del oro que refleja la fuente que lo origina.

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  2. José Sáez

     /  15 julio, 2009

    Una vez más, totalmente de acuerdo con tu post, Aníbal.
    Es una catastrófica lástima que los mejores conceptos que definen una educación correcta y eficaz hayan sido proscritos por el progretariado dominante, en su afán laicista de aniquilar todo vestigio de la cultura cristiana. Hay virtudes teologales, cuya posesión depende de una iniciativa de Dios y de su aceptación y cultivo por parte del hombre (fe, esperanza y caridad), y hay otras virtudes cardinales (que orientan la conducta) que deben ser aprendidas por toda persona que quiera ser, no sólo cristiana, sino verdaderamente humana: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. ¡Cuánta falta hacen todas ellas en la sociedad actual!
    Recuerdo, a tal efecto, las palabras que dijo el conocido psicólogo, experto en problemas de violencia y buen amigo mío, Vicente Garrido, cuando presentó en Valencia su magnífico libro “Los hijos tiranos. El síndrome del emperador”. Cuando se le preguntó cómo revertir los graves problemas de comportamiento que se aprecian en niños y adolescentes, dijo con toda claridad y valentía que la única forma es retomar la educación en las virtudes, algo que explica de forma más detallada en la citada obra. Yo pienso lo mismo.

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  3. Eduardo Rastrilla

     /  15 julio, 2009

    En toda guerra el ejemplo del líder enardece a la tropa.
    La virtud, hoy día no es una bandera TEOCRÁTICA que los líderes enarbolen con riesgo de crítica y entereza. ¿Qué puede hacer la tropa?

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  4. Mita

     /  18 julio, 2009

    Me gusta mucho la portada del libro.
    Supongo que cada época tiene sus valores globales, lo curioso es esta aceptación generalizada del materialismo y el placer por sí mismos, sin que aparezcan voces colectivas opuestas. Es difícil en el ámbito privado defender estos principios de virtudes fuera de un entorno creyente, casi no comprenden.Tampoco me agrada esa relación que se establece entre cristianismo y virtudes como si la defensa de estos principios fuera solo cosa de creyentes; el problema es aún más grave, esa asociación dificulta en cierto modo una difusión amplia social de un modo mejor de vivir.
    La familia es ese minientorno social ideal para potenciar las virtudes de las que habla, ese minientorno que mucha gente ha perdido.
    En realidad el trasfondo del comentario de Scheler es la conciencia colectiva extendida de la ley del mínimo esfuerzo y el mayor beneficio individual. Eso sí que es realmente grave.
    Besos

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  5. Isabel Díaz Figueras

     /  25 julio, 2009

    Mita, la virtud es por definición el buen hábito cuando se orienta a Dios, aunque entiendo lo que quieres decir. Una ética sin Dios no se aguanta o si se aguanta cuesta mucho. Viene entonces lo que es peor. Algo parecido al despotismo ilustrado: No hay peor tiranía que intentar imponer la moral, ni la virtud. Si las virtudes no son asumidas por el individuo libre y racionalmente, el resultado puede ser un esperpento, vamos, es que no son tales. En cuanto al inconsciente colectivo no existe. Somos cada uno en concreto los egoístas, hedonistas o los solidarios y sobrios. Si eres la persona que pienso, no puedes imaginar cuántas veces están tus padres, con gran admiración, en mi pensamiento.

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  6. A vivir los valores como una lucha que pocos están dispuestos a asumir . Me quedo con esta frase. Yo soy de los que piensa que muchos quieren asumir pero que ante los obstáculos para alcanzarlos se vuelven por el mismo camino, una y otra vez. Y otros son los que logran superar los obstáculos de forma heróica y a esos se les llama Santos. Yo quiero asumir esa lucha.

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