Alguien que te quiera toda la vida

Es cierto que hay mucho escepticismo sobre el matrimonio, de hecho cada vez menos personas se comprometen a través del matrimonio y aumenta el número de quienes simplemente conviven. Una lectura simplona y superficial de este hecho nos puede llevar a pensar que los hombres y las mujeres simplemente “pasan” de papeles.

¿Que pasaría si pudiéramos garantizar a las parejas que firmando en un documento serían felices y que el otro le querría toda la vida? ¿Alguien cree que habría muchos que renunciarían? Pienso que muchos no creen que sea posible tener a alguien que te quiera toda la vida. No es que no crean en la belleza de un amor fiel, sino que no lo consideran posible para ellos.
Nos enfrentamos al  rey de nuestro tiempo: el escepticismo. Admiramos el amor, la entrega y el sacrificio pero no lo creemos posible para nosotros. Preferimos que el listón esté muy bajo para no tener que esforzarnos para superarlo, no nos damos cuenta de que cuanto más bajo está, menos nos esforzamos y más se abaja. ¿A quién no le gusta tener a alguien que le quiera y a quien querer toda la vida?
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5 comentarios

  1. A veces, es algo unilateral solo.
    “Te conocí.
    Tú esperabas en la estación.
    No supe qué decir.
    Se quedó un ángel
    dormido en mi garganta.
    Al fin el tiempo nos reunió
    como a planetas que orbitan.
    Coleccionabas soles, me dijiste,
    te enseñé mis heridas.
    Y ahora te miro
    tras tantos años.
    Creo que aún te debo
    muchas canciones,
    regar las flores de tu regazo.
    El tiempo y sus mareas fueron
    meciéndonos con sus latidos.
    El fiero canto de un guerrero cisne
    anunciaba un nuevo siglo.
    Ahora te escribo esta canción.
    No puedo dar con el último verso
    y mi puerta se abre.
    Anda, ven a la cama,
    me susurras, ¿No ves que se hace tarde?
    Y ahora te miro
    tras tantos años…

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  2. Isabel Díaz Figueras

     /  5 octubre, 2009

    Muchas veces se dice que hay que salvar el matrimonio como sea por los hijos y en realidad habría que decir que es por los cónyuges mismos.
    Los hijos, antes o después tendrán su oportunidad aunque es una pena y una carencia no haber disfrutado de un referente en los padres, pero la vida puede suplir con otros ejemplos.
    Siempre me apoyé en el argumento de la hermosura de que alguien te quiera para toda la vida para luchar por el matrimonio, porque es lo que conviene al hombre, lo justo y lo mejor y más hermoso.
    Sólo puntualizaría que cuando la Iglesia y el Estado admiten razones lícitas para una separación es porque desgraciadamente se pueden llegar a situaciones injustas e insoportables para una parte del matrimonio. No digo situaciones frívolas o absurdas como “me molesta que no tapes el tubo de dientes”, sino actitudes en las que uno de los dos niega la posibildad de “problema a discutir”, ni mejorar.
    Es cierto que existe un escepticismo y una cierta frivolidad con respecto al matrimonio, pero desgraciadamente también se parte de malas experiencias que hoy, gracias a Dios, la psicología aprende a diferenciar mejor.
    Puede darse casos en los que no es que haya personas que crean que es imposible para ellos es que sencillamente lo es. Y lo peor, hay casos en que creen que es posible y todos los demás de alrededor se dan cuenta de que no hay solución posible y mientras tanto se está haciendo un daño a los hijos con una convivencia insostenible.
    Por eso, lo primero que hay plantearse es en qué caso se encuentra uno ante las dificultades, porque la solución será muy diferente en unas o en otras.
    Y fíjese que no hablo de divorcio, sino de separación. La causa dirimirá si no debieron casarse nunca, o tal vez la separación sea el choque necesario que haga reconsiderar la situación a quien no admite que las cosas iban mal, en el caso de que aún existiese alguna solución remota, capaz de ser llevada a término.
    Saludos cordiales

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  3. Buenos, sí 🙂 Sí hay alguien a quien querer y que seguro te va a querer más que toda una vida. Dios. 🙂

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  4. alejandra

     /  6 octubre, 2009

    los que hemos tenido la fortuna de ver a nuestros padres unidos, felices (la mayor parte del tiempo 😉 …) y para siempre, la tenemos mucho más fácil…es decir, sabemos que sí se puede porque lo hemos visto…es más, es una responsabilidad mayor porque hemos crecido en la mejor escuela y no podemos menos que trabajar por un matrimonio feliz y duradero…a los que admiro profundamente son a los que vienen de padres divorciados y marcados por el dolor de dicha separación, luchan primero por creer que si es posible, por mantener ese ideal y después se encargan de que su matrimonio funcione cueste lo que cueste…

    Responder
  5. Otro análisis interesante es el de Zygmunt Bauman acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (libro Amor líquido): La dificultad de “amar para siempre” en la sociedad actual la atribuye al síndrome consumista: “El consumo como metro de todas nuestras acciones no favorece la lealtad y nuestra dedicación al otro. Al contrario, está pensado para pasar de un deseo al otro, para apagar rápidamente los viejos y dejar sitio a otros nuevos. La cláusula de la sociedad de consumo ‘si no queda satisfecho le devolvemos el dinero’ se ha convertido en el paradigma de toda relación”.

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