Recuperar la inocencia

Son numerosos los autores que, con Juan
Pablo II, afirman que uno de los mayores males de nuestro tiempo es el escepticismo.
Se trata de una idea que se encuentra expuesta de distintas formas y en temas de lo más variado.
Leyendo estos días “Ángulo de reposo” de Wallace Stëgner encuentro esta idea al referirse el autor a la amistad de dos mujeres, escribe “el siglo XX, al suprimir la posibilidad de la inocencia, ha convertido esta clase de amistad en improbable; se inhibe o se ve obligada a la sexualidad abierta. En una docena de indicios, empezando con ‘la letra atrevida y ágil’, podemos llegar a la conclusión de que la amiga de Susan era una tortillera incipienta”
El escéptico no cree en la inocencia, detrás de los comportamientos cotidianos siempre imagina doblez. Quizás recuperar
el poder de la inocencia sea una de las batallas a librar.

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4 comentarios

  1. Es cierto, es un valor inmenso a recuperar, pero en general. En el mirar las cosas y a los demás.
    Besos

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  2. Isabel Díaz

     /  30 marzo, 2010

    Cierto. Pienso que una parte del escepticismo extendido procede de la influencia protestante anglosajona que tiene la naturaleza por definitivamente corrompida. Y de la incultura popular que afirma “piensa mal y acertarás”. También se puso de moda la duda, por la parte buena que tiene de abrirse a un posible conocimiento.
    Quienes ignoran el papel restaurador de la gracia de Dios, viven inmersos en un triste pesimisnmo.
    En cambio el optimismo y alegría de los católicos se funda en la absoluta certeza de la bondad y del perdón de Dios, que “borra” el pecado y permite como hoy se dice pasar página y “estrenar una nueva” cada día que humildemente se reconoce la verdad y recomienza con renovada esperanza.

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  3. Mariazell

     /  30 marzo, 2010

    Es verdad, que hoy en día, directamente pensamos mal de los demás, no les concedemos el beneficio de la inocencia o de la duda. Es una pena.
    Yo acabo determinar de leer este libro y, la verdad, me ha gustado bastante.
    Saludos

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  4. Y sin querer, ese pesimismo por el prójimo lo transmitimos a nuestros hijos. Está bien enseñar a cuidarse, a filtrar, evaluar y discernir, pero de arranque no podemos pensar que todo está mal. Es como cuándo ves a una pareja feliz: el infeliz siempre piensa que hay algo raro, anormal, no puede ser que sean simplemente felices. La gente ya se olvidó de ver la luz, se acostumbró a la oscuridad.

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