Por una cultura familiar del tiempo

Sin ninguna duda los tiempos han cambiado, están y seguirán cambiando. La velocidad, las prisas y la inmediatez se han adueñado de nosotros haciendo que dejemos de disfrutar de muchos momentos que necesitan ser vividos a otro ritmo. En muchas ocasiones ni tan siquiera los vemos llegar.

Esas prisas artificiales no se corresponden con el tempo del hombre; por mucho que queramos correr, todo lo humano lleva su ritmo, forzarlo conlleva el riesgo de virtualizarlo. Escribo estas consideraciones al hilo de uno de mis tweet de hace algunos días: “para que los niños sean niños, es necesario que los padres sean padres” . Seguramente muchos seguidores de Ser audaces leyeron el título pero no el contenido, otra consecuencia de las prisas y el exceso de información.

Muchos padres se empeñan en que los niños maduren antes de lo que corresponde. Permítaseme el simil con la maduración de la fruta, la mejor es la que lo hace a su tiempo; para ello necesita un terreno, una temperatura y unas lluvias adecuadas; si no se hace así el resultado suele ser fruta verde que al día siguiente está pasada.

El papel de los padres no consiste ni en sobreproteger ni en dejar al descubierto a los hijos, más bien se trata de acompañarles respetando y cuidando sus tiempos. Conviene dárles responsabilidades que puedan asumir, pero hay que evitar aquello que destroce su infancia y adolescencia bajo una falsa madurez.

Para poder cumplir el papel es necesario una cultura familiar del tiempo. El poder de esta cultura es tal que me atrevo a asegurar que la familia puede luchar contra aquello del exterior que influye de forma negativa en la felicidad de sus miembros. El tiempo de vacaciones es ideal para revisar esa cultura familiar del tiempo , corresponde a los padres liderar esa revolución que puede comenzar con detalles tan nímios como fomentar las comidas y tertulias familiares.

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3 comentarios

  1. Eso de la cultura familiar del tiempo me suena a crear un oasis en medio del desierto. Un remanso de paz en medio de la batalla. Dudo mucho que se pueda pasar de ahí. Y es complicado que no se metan dunas en ese oasis. Lo digo por experiencia. Pero hace falta tener ese horizonte, supongo yo, para que las cosas no vayan al menos a peor. Suelo decir que si las cosas no empeoran, se está trabajando bien. Porque si las dejas solas, las malas hierbas se comen a las buenas.

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  2. Julián Fernández Blanco

     /  7 julio, 2011

    Me ha gustado mucho este artículo, muchas gracias

    Responder
  3. lourdes

     /  30 julio, 2011

    MUCHAS GRACIAS por este compartir muy bueno

    Responder

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