Ideas para disfrutar de una vida equilibrada

Es fácil experimentar que la felicidad y la plenitud tienen mucho en común con la armonía, el equilibrio y la madurez. Por contra cuando gobiernan la vida el capricho, los sentimientos exagerados o el mal carácter, las personas no se encuentran a gusto ni consigo mismos ni con el mundo. Resulta entonces difícil disfrutar de paz y ser feliz. Es cierto que en esta realidad de los sentimientos y de la afectividad hay una cierta base heredada, sin embargo es mucho lo que la educación puede hacer. Resulta necesario que la educación contemple la formación de la afectividad.

El núcleo gordiano de la educación consiste en encontrar el equilibrio entre lo que pide la afectividad: el placer y el bienestar; y lo que dicta la razón: el bien. Como ambas no suelen coincidir la lucha está servida entre lo que apetece hacer y lo que se debe hacer. Valga como ejemplo el del estudiante que sabe que debe estudiar pero al que apetece salir con los amigos o jugar con la videoconsola.

Una buena educación pasa por colocar en su lugar la afectividad: conseguir que esta sea activada y dirigida por la voluntad (guía a tu corazón, no te dejes llevar por él). Actuar de esta manera resulta difícil ya que ante una disyuntiva la valoración de la afectividad es más rápida y fuerte que la racional. Los movimientos afectivos necesitan gobierno y moderación.

¿Qué hacer para conseguir este orden y equilibrio entre afectividad y racionalidad? La batalla se mantiene cada día y sólo se gana en lo pequeño. Son los pequeños vencimientos diarios los que ordenan la cabeza y el corazón. Por ejemplo venciendo la pereza a la hora de levantarse de la cama o cumpliendo un horario de estudio.

Otras ideas que ayudan a mantener ese equilibrio pueden ser:

– un ritmo alimenticio adecuado: comer a determinadas horas y no cuando el estomago quiere

– alternar durante el día momentos de cansancio con otros de descanso

– dormir las horas adecuadas a la edad: acostarse y levantarse a horas previstas y razonables

– realizar actividad física que siempre supone un mayor o menor esfuerzo y vencimiento

La idea es que el mapa final sea este: la racionalidad tiene el poder político, la afectividad se deja gobernar y el cuerpo se resigna y ofrece una menor resistencia. Para que esto ocurra hay que mantener pequeñas luchas cada día en un ambiente familiar alegre y optimista.

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