Mediación familiar: dos caras de la misma moneda

Recientemente me comentaba un amigo que estaba muy satisfecho con su nueva faceta profesional de mediador familiar. Me decía que se dedica a mediar entre los esposos para ayudarles a salvar su matrimonio y que le resulta enormemente gratificante. Sin embargo no todo el mundo entiende así la mediación familiar, es más, me atrevería a afirmar que por desgracia se trata de una minoría.

Recordé una conversación que mantuve hace unos años con una abogada que también se dedicaba a la mediación familiar, sin embargo su visión era muy distinta; posiblemente la mayoritaria. Su objetivo era que la separación o el divorcio fueran amistoso y ventajoso para los dos. No critico que lo hiciera, creo que siempre es mejor evitar las guerras y enfrentamientos; sin embargo me sorprendió que en ningún caso se molestara u ofreciera servicios para ayudarles a salir de la crisis matrimonial salvando el matrimonio.

A veces un excesivo celo por un supuesto respeto al derecho a la intimidad de las personas, impide que se ofrezcan ayudas a parejas en crisis. Y puede ocurrir que por falta de ayuda, se toman decisiones graves porque no se ve otra salida. La fuerte presión social e ideológica nos vienen a recordar aquella frase bíblica que decía “¿soy acaso yo el guardián de mi hermano?” Ello deviene en una sociedad fuertemente atomizada e individualista. Nadie pide ayuda y nadie ayuda.

Una separación, y especialmente un divorcio, aunque sean de mutuo acuerdo dejan heridas muy hondas. Merece la pena poner todos los medios para salvar la situación cuando es posible.

La labor preventiva es en este terreno, como en tantos otros, fundamental. La formación como esposos y padres es altamente efectiva para prevenir o superar crisis. Y no solo a nivel de las personas, que es lo más importante; sino también para la sociedad y el Estado. En Gran Bretaña ya lo han cuantificado, léelo aquí

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3 comentarios

  1. Gema

     /  11 febrero, 2014

    Pues yo pienso que si dos personas quieren separarse, yo como mediadora sólo puedo ayudarles a que esa toma de decisión tan dolorosa, se haga evitando daños colaterales, de una forma en la que ninguno se sienta aún más dolido.

    Desde mi punto de vista un mediador no salva matrimonios, eso lo hace un terapeuta, y hacerlo podría lindar con el intrusismo profesional. Y ojo que no insinúo que las partes no deban hacer todo lo posible por mantener su relación de pareja, es que la función del mediador familiar no es esa. El mediador ni actúa como psicólogo ni como abogado, aunque tenga conocimientos de ambas profesiones, aunque su profesión de origen sea una de ellas, y aunque a veces tenga ganas de intervenir y actuar como otra cosa.

    Podría darse el caso de que durante las sesiones ellos tengan una visión diferente y decidan continuar la relación, por lo que ya no habría un conflicto en el que intervenir, pero ahí se acabaría la mediación, pero el mediador “ni pincha ni corta”, sólo facilita el diálogo para que un conflicto se solucione de la mejor manera posible.

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