Sobre el ébola y los terrores modernos

Hace nueve años escribí un post que por su actualidad reproduzco:

Huracanes, inundaciones, vacas locas, gripe aviar, mosquitos tigre …… miedos y mas miedos. ¿Acaso son éstas calamidades algo nuevo? ¿No son mas bien algo inherente a la condición humana? Yo creo que la perdida por parte del hombre de su conciencia de “ser creado” nos hace vivir fuera de la realidad y ser mucho mas vulnerables.
Estoy convencido que puede ayudar a muchas personas una vuelta a Dios y a considerarnos sus hijos llenos de grandezas pero no omnipotentes.
Transcribo un articulo de Indro Montanelli , historiador y periodista. Premio Godó 1992 y Premio Príncipe de Asturias 1996.

Los terrores modernos

Estamos en tiempo de grandes miedos colectivos. Me parece, por ello, que existe actualmente una verdadera epidemia que amenaza al mundo: la epidemia del terror. Se diría que la humanidad tiene necesidad de éste como necesita del oxigeno para respirar.
No es una fantasía o una suposición mía. Es una constatación. Porque la humanidad siempre ha sido presa de algún terror. En el medievo existía, por ejemplo, el terror de la peste, que sin embargo se desencadenaba sólo de cuando en cuando, dadas las condiciones higiénicas de entonces.
Pero, para limitarnos al arco de nuestra vida, hagamos un rápido repaso. Hubo, después de Hiroshima y Nagasaki, el terror del átomo, que indujo a los italianos a renunciar a esa fuente de energía, y que ahora nos hace dependientes de centrales extranjeras situadas a pocos kilómetros de nuestras fronteras y que en caso de accidente provocarían en nuestro país los mismos efectos.
Después se produjo el terror de la dioxina. Hubo gente que emigró para salvar su vida. Cuando se hizo la cuenta de las pérdidas, se encontraron dos: un pollo y un conejo. Luego nos cayeron las moscas envenenadas que, según se decía, los pilotos norteamericanos habían lanzado sobre Vietnam para matar a los niños, y que iban a llegar a Europa.
Ahora es el turno dcl uranio y de las “vacas locas”. Por lo que se refiere al uranio, considerado como el padre de la leucemia, somos los italianos quienes conducimos la danza del terror. Pero, por lo visto, los números no nos ayudan. Y menos todavía nos ayudan los de las “vacas locas”.
Por sus consecuencias sobre la salud humana, la encefalopatía de la que ese pacífico animal sería portador habría provocado, sobre cuatro millones de vivientes, un caso que ha sido diagnosticado como encefalopatía sólo porque su sintomatología no se correspondía con ninguna de las descritas hasta ahora. Y nosotros, los italianos, ya estamos temblando.
Por todo ello —añada el lector el efecto invernadero, el agujero de ozono, la contaminación atmosférica y acústica, etcétera—,la ansiedad crece de día en día, y el consumo de tranquilizantes lo hace al mismo ritmo. Este es el verdadero peligro que nos amenaza.
Hubo periodos de mi vida, cuando todavía no se habían inventado ni el átomo, ni el uranio, ni la dioxina, ni las “vacas locas”, en que yo mismo habría tenido necesidad de tranquilizantes para huir de las angustias de las crisis depresivas que padecí. Un poco por instinto, un poco por aquella desconfianza campesina de todo toscano del campo (y quien no es del campo no es un verdadero toscano) que albergo hacia todo aquello que “no es natural”, siempre rehusé tomar tranquilizantes y preferí pasar las noches en blanco.
Sólo en el último episodio acepté los tranquilizantes que me recetó un médico amigo y que se revelaron eficacísimos. ¿Por qué? Porque, como el mismo médico me dijo, había llegado a casi ochenta años sin haber ingerido nunca ningún fármaco de esa clase.
Ahora, por lo que me dicen, estamos llegando a una dependencia masiva de los tranquilizantes que más pronto o más tarde deberemos combatir con otra dependencia como se hace para combatir las drogas con la metadona, que no deja de ser otra droga. ¿Y aún nos empeñamos en buscar a los locos entre las vacas?

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1 comentario

  1. Desde luego, nos creemos inmortales y luego resulta que no es cierto.

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