¿El éxito de tu matrimonio a merced de los vientos?

¿Por qué fracasan tantos matrimonios? ¿Por qué tienen éxito otros tantos? Sería una osadía pretender que sólo hay una razón, conocerla y pretender despacharlo en dos líneas. El hombre y sus relaciones son enormemente ricas y complejas.

Sí que puede arrojar luz alguna idea sobre las emociones, ese mundo tan maravilloso y que normalmente suponen el primer acercamiento a la realidad. ¡Cuantas veces una persona nos cae bien o mal sin que sepamos el motivo! Luego, el trato y el conocimiento hacen que esa percepción se confirme o no, dando paso a otro nivel de relación.

En el amor humano ocurre algo similar. El primer acercamiento entre un hombre y una mujer suele ser afectivo, emocional. Y las emociones se caracterizan por su fuerza. Así, alguien puede afirmar: “Me he enamorado locamente”.

Esa emoción no es fruto de una reflexión, ni de un compromiso, ni tampoco de un acto de libertad. Es algo que arrebata.

La vida infantil y adolescente, especialmente esta última, se caracteriza por la fuerza emotiva, por el arrebato. Suelen ser las emociones quienes dictan el camino a seguir. El crecimiento como persona supone la madurez de la dimensión emocional, el equilibrio entre corazón y cabeza. Así, podemos afirmar que un adolescente ha entrado en la juventud cuando es capaz de moderar sus impulsos y dar espacio a las razones.

En el amor matrimonial, la entrega al otro y la búsqueda de su bien puede fundarse sobre el amor afectivo; sin embargo del amor afectivo no surge necesariamente el amor verdadero de entrega. El amor matrimonial supone una maduración del amor sentimental, un paso hacia la entrega libre.

Para tener éxito en el matrimonio es necesario comprender la naturaleza del amor esponsal (entrega a ti, sólo a ti y para siempre, unidad que se proyecta en el fruto de ese amor: los hijos); conocer y estar dispuesto a vivir las virtudes humanas en la vida matrimonial y saber que el amor humano es limitado.

Lo maravilloso es saber conjugar cabeza y corazón, sentimientos y deberes. libertad y responsabilidad. Pensar que sólo, o principalmente, los sentimientos pueden sostener una relación matrimonial es no conocer ni la naturaleza del hombre, ni la del matrimonio.

No es bueno dejar el éxito del matrimonio a merced de los vientos. Es necesario ser un buen navegante y manejar las velas. Los vientos son buenos cuando los sabemos aprovechar.

 

 

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1 comentario

  1. Compartir la Fe en Dios y ponerla en práctica ayuda mucho para mantener un matrimonio feliz a lo largo de los años. Un abrazo

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