3 hábitos eficaces para padres de adolescentes

3 habitos eficaces padres de adolescentes

Es cierto que los padres como primeros responsables de la educación de los hijos debemos velar por su integridad personal y moral, estar pendientes de sus inquietudes y preocupaciones. Conocer a sus amigos y saber con quién se relacionan, transmitirles criterio para que aprendan a tomar sus decisiones libremente y de manera responsable; en definitiva ayudarles a madurar.
A veces se percibe en los padres de adolescentes la tentación de pensar que “cualquier tiempo pasado fue mejor” y se instala una especie de añoranza de un pasado idílico cuando eran pequeños.
Ante esta situación es bueno recordar la máxima latina Omnia videre, multa disimulare, pauca corrigere (ver todo, disimular mucho, corregir poco) y conseguir que sea un hábito en nuestro comportamiento.
Esta idea nos debe llevar a considerar que la labor de los padres no es ni hacer de perros sabuesos ni tampoco estar a la luna de Valencia sin enterarnos de nada. Tenemos la obligación de estar al día de los amigos y ambientes que frecuentan, de su estado de ánimo, de sus preocupaciones, de si son sinceros. Aún así debemos saber que por mucha confianza que tengamos con ellos, es natural que no cuenten todo.
Los padres debemos procurar que nuestros hogares sean lugares donde apetezca estar y nadie se sienta vigilado ni agobiado; sí, querido, arropado y exigido. Es aquí donde entra en juego la capacidad de disimular cuando la situación lo requiera y la de corregir cuando sea imprescindible.
La sabiduría, el sentido común y la unidad de padre y madre indicarán cuando corregir y cuando callar. El padre o la madre eficaz se sitúa entre el agobiante y el que ni está ni se le espera.
Es cierto que los peligros están ahí, pero no lo es menos que debemos confiar en sus decisiones. Conviene evitar la excesiva preocupación y sobreprotección por las influencias negativas que puedan sufrir.
Se pueden dar dos extremos de tipo de padres de adolescentes: por un lado los que tienen una confianza absoluta e incondicional y por otro los que viven una actitud defensiva de pensar que todo lo “adolescente” es peligroso.
En éste caso sí que vale aquello de que la virtud está en el medio: confianza en los hijos pero sabiendo que todos somos capaces de lo mejor y de lo peor y que no podemos permanecer al margen.

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