Mirarnos como Él nos mira

“Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí” ¡Que sabias las palabras que le dice el gato a Alicia en el cuento “Alicia en el país de las maravillas”!

Cuando yo era pequeño había pocas carreteras, se viajaba poco y los viajes eran bastante repetitivos: al pueblo, a la playa y poco más. Los conductores se sabían el camino de memoria, pero por si fuera necesario, el copiloto ayudaba llevando un mapa de papel de poco más de un metro en el que cabía toda España. Imaginad el poco detalle de las carreteras secundarias ¡ah! y no se podía ampliar abriendo los dedos de la mano sobre él.

Algo parecido ha ocurrido en nuestras vidas. Las carreteras se han ampliado, se han construido autopistas, kilómetros y kilómetros de distintas formas de vivir. Y ante tanta posibilidad impera la idea de que nada es bueno o malo, nada es mejor o peor. Así, es fácil perderse en este mar de relativismo y simplemente seguir circulando a no se sabe dónde.

En la vida matrimonial ya no vale un mapa, ni las ideas o proyectos del principio. Necesitamos actualizar nuestro objetivo y tener un potente gps que vaya indicando si vamos por el buen camino y que nos ayude a volver a la ruta cuando nos hemos desviado. Claro que para eso necesitamos saber cual es el plan de Dios para nuestro matrimonio. Sí, Dios tiene un plan para nosotros.

Cuántos matrimonios cristianos han perdido la señal de su gps y se encuentran en encrucijadas de las que no saben salir. Y cuanto más se pierden, mas perdidos se encuentran.

La mayoría de las veces no existen culpables de la situación. La vida misma va llevando por la voragine del trabajo, pagar facturas, gastar, en resumen, sobrevivir.

Benedicto XVI se refirió en reiteradas ocasiones al pequeño rebaño que componen quienes desean ser fieles a su fe. En ese pequeño rebaño, en el que me incluyo, pienso al escribir hoy.

La imperante lógica de la eficacia hace que pensemos que las técnicas sirven para arreglar cualquier problema. Se aplican los mismos métodos ya sea en el matrimonio, en la relación de pareja, al hablar con los hijos, en la empresa, en la atención al cliente…. Mucha empatía, ponerse en el lugar del otro, hablar, sonreír, mirar a los ojos ¿De verdad alguien se puede creer que esta es la solución para problemas del amor?

El matrimonio y la familia se mueven en otra lógica: es la lógica del amor, del misterio insondable del hombre, del valor de la entrega, de la purificación del corazón. Es la lógica de la oración, los sacramentos.

El matrimonio cristiano es un sacramento y precisamente en él encontramos la solución. ¿Sonreír, respetar, empatizar, hablar? Si, pero antes mirándonos como Él nos mira; y antes de eso, sabernos mirados por Él. La mirada del Amor.

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