Un precioso plan para nuestro matrimonio

Hace unos días mi esposa y yo compartimos nuestra experiencia matrimonial con un grupo de novios que se están preparando para contraer matrimonio católico. Queríamos ayudarles a que profundizaran en el paso que van a dar, y comenzamos la reunión preguntándoles si pensaban que Dios tenía un plan para ellos, un plan personal y matrimonial; o si simplemente los había dejado sobre la tierra. Quedaron bastante desconcertados ante la pregunta.

En pocas ocasiones nos paramos a pensar en profundidad cuál es el sentido de nuestra vida más allá del activismo, de lo que hacemos o sentimos; casi siempre como reacción a los estímulos que recibimos de afuera. La vida nos va llevando.

Desde hace muchos años el matrimonio ha sido para mí un tema muy importante, puede ser una de las mayores fuentes de felicidad y también de sufrimiento. Felicidad y sufrimiento son compatibles, pero no es este el tema que me ocupa hoy. La relación matrimonial afecta a lo más íntimo de los esposos, no en vano supone una entrega, unas expectativas de futuro, anhelos. No alcanzarlos o fracasar es fuente de grandes sufrimientos.

En el pasado hacía aproximaciones al matrimonio desde una óptica, digamos, natural: técnicas de comunicación, virtudes, luchas, psicología, etc; poco o nada de lo que ahora llena mi corazón. Conocía las enseñanzas de San Juan Pablo II sobre el amor humano y el matrimonio. Me asombraba pero no me resultaba práctico. George Weigel, quizás el mejor biógrafo de nuestro querido Papa, definió la Teología del Cuerpo como una «bomba teológica de efecto retardado», una bomba que nos había dejado en la Iglesia y que explotaría produciendo grandes bienes.

Después de bastantes años, esa bomba de efectos retardados nos ha estallado en el corazón. Nos ha deslumbrado el precioso plan que tiene Dios para nuestro matrimonio, algo que va mucho, mucho más allá de los pobres planes que podamos intuir y llevar a cabo por nuestras propias fuerzas. Los matrimonios cristianos no estamos llamados a una convivencia de pareja pasada por la Iglesia y salpimentada con determinada moral y prácticas de piedad. Estamos llamados a algo inmensamente más grande, algo que nos sobrepasa y llena de gozo.

¿Cómo ha llegado esto a nuestros corazones? De la manera más natural: a través de otros matrimonios que también se han visto deslumbrados y que, como nosotros, se han puesto en camino siguiendo un itinerario de conversión del corazón guiados por las enseñanzas de San Juan Pablo II. Este itinerario, proyecto amor conyugal, iniciado por un matrimonio que también buscaba la preciosa verdad del matrimonio está abierto a todos.

Cuento esto por un tema de justicia. A partir de mi próxima entrada, espero ser más prolífico y volver a escribir con mayor frecuencia, todo lo que escriba sobre matrimonio será fruto de este maravilloso itinerario que estamos disfrutando. Gloria a Dios.

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