Hacer el camino de la mano

El papa Francisco afirma en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate : «Todos los cristianos, de cualquier condición y estado, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la  santidad» Ante esta llamada me pregunto ¿cuál es el camino de santidad de unos esposos? ¿Es el mismo camino que el de los solteros, ordenados, consagrados? ¿Están llamados los esposos a una santidad individual o somos llamados a la santidad juntos? ¿Puede un esposo caminar hacía la santidad dejando a un lado o atrás a su cónyuge?

Dice el Génesis «Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea”. Hay traducciones que hablan de ayuda semejante o ayuda adecuada. En cualquier caso Dios dispuso que el hombre (genérico) dispusiera de una ayuda.

Esa ayuda en el matrimonio es de ida y vuelta, yo ayudo a mi esposa y ella me ayuda a mí. Es decir, no somos los esposos dos personas que caminan hacía la santidad individual, y que si vamos a distinto ritmo o uno no va, el otro sigue para adelante. El matrimonio es camino de comunión de almas y de cuerpos. Por eso, si entendemos la santidad como algo mío, quizá no estamos respondiendo a lo que Dios pensó para el matrimonio.

«Y los dos serán una sola carne» Gn 2, 24 tiene un significado antropológico muy profundo. Afecta a todas las dimensiones de la persona, no solo al cuerpo. La unión de los cuerpos como dice Juan Pablo II, sólo puede producirse después de la comunión de las almas y de los afectos. Lo que en lenguaje bíblico se conoce como conocimiento. Los esposos estamos llamados a la comunión de personas de manera muy específica.

Cuando las esposas no sienten esa comunión y esa acogida por parte del esposo, algo en su interior se rompe; y el abrazo conyugal se convierte en un asalto a su intimidad lo que impide la comunión a la que estamos llamados.

En nuestro trato con otros matrimonios, desgraciadamente son muchas las ocasiones en las que este es el motivo de mucho sufrimiento de los esposos y las esposas. La comunión no llega, casi siempre porque nadie nos ha enseñado cómo hacerlo, y la frustración genera mucho sufrimiento, también a los hijos.

Las enseñanzas de Juan Pablo II en su Teología del cuerpo son proféticas y muy esperanzadoras. Estamos llamados a la santidad juntos, a hacer el camino de la mano; a ser una sola carne. Cuando yo caigo, tú tiras de mí; cuando tu caes, yo tiro de ti. Y de los dos tira el que nos une en el amor: el Espíritu Santo.

Es posible este camino. Nosotros tuvimos que aprenderlo, y en ello estamos, nadie nos lo había enseñado. Estábamos como el paralítico de Bethesda a la orilla de la piscina, y Jesús le curó.

Un comentario sobre “Hacer el camino de la mano

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  1. Hola… Gracias muy interesante el documento, me toco el alma esas palabras, más tolerancia, valorar nasal ser humano como persona, para llegar a ser santo.

    Y tratar de vivir una larga vida en pareja, se trata de mucha comprensión, un poco difícil.

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