Quierete en tres pasos

En plena época de rebajas y rodeados de mensajes publicitarios unos grandes almacenes nos impelen con el nuevo verbo #quiéreteme nos lo dicen y nos lo cantan.

Esto me da pie a escribir unas ideas sobre el amor a sí mismo, ¿es bueno quererse? ¿cómo quererse más y mejor? Yo diría que no sólo es bueno, sino que es necesario. Hay personas que no se quieren a sí mismas y hay otras que se quieren mal, el resultado es la infelicidad.

Tener una buena autoestima y disfrutar una vida plena pasa por el amor a uno mismo y a los demás.

¿Cuales son los tres pasos importantes para amarse? En primer lugar es necesario conocerse: conocer nuestro temperamento, nuestro carácter, saber cuáles son nuestros puntos fuertes y cuáles los débiles. ¿Tengo tendencia a la pereza? ¿al desorden? ¿soy generoso o egoísta? ¿me irrito con facilidad? y tantas otras preguntas

Una vez que nos conocemos el siguiente paso es aceptarse uno mismo. Esto no significa justificar lo negativo con la típica frase: “es que yo soy así” En este caso hablamos de la aceptación para intentar mejorar. Si se que tengo tendencia a la pereza o al enfado y acepto el hecho (no me excuso) estaré en buena disposición para mejorar.

El último paso es la exigencia con uno mismo. Sin agobios, con flexibilidad y poco a poco ir luchando en los pequeños detalles que nos ayuden a mejorar o desterrar hábitos que nos hacen daño.

Me gusta el verbo #Quiéreteme aunque no parezca muy correcto 

¿El éxito de tu matrimonio a merced de los vientos?

¿Por qué fracasan tantos matrimonios? ¿Por qué tienen éxito otros tantos? Sería una osadía pretender que sólo hay una razón, conocerla y pretender despacharlo en dos líneas. El hombre y sus relaciones son enormemente ricas y complejas.

Sí que puede arrojar luz alguna idea sobre las emociones, ese mundo tan maravilloso y que normalmente suponen el primer acercamiento a la realidad. ¡Cuantas veces una persona nos cae bien o mal sin que sepamos el motivo! Luego, el trato y el conocimiento hacen que esa percepción se confirme o no, dando paso a otro nivel de relación.

En el amor humano ocurre algo similar. El primer acercamiento entre un hombre y una mujer suele ser afectivo, emocional. Y las emociones se caracterizan por su fuerza. Así, alguien puede afirmar: “Me he enamorado locamente”.

Esa emoción no es fruto de una reflexión, ni de un compromiso, ni tampoco de un acto de libertad. Es algo que arrebata.

La vida infantil y adolescente, especialmente esta última, se caracteriza por la fuerza emotiva, por el arrebato. Suelen ser las emociones quienes dictan el camino a seguir. El crecimiento como persona supone la madurez de la dimensión emocional, el equilibrio entre corazón y cabeza. Así, podemos afirmar que un adolescente ha entrado en la juventud cuando es capaz de moderar sus impulsos y dar espacio a las razones.

En el amor matrimonial, la entrega al otro y la búsqueda de su bien puede fundarse sobre el amor afectivo; sin embargo del amor afectivo no surge necesariamente el amor verdadero de entrega. El amor matrimonial supone una maduración del amor sentimental, un paso hacia la entrega libre.

Para tener éxito en el matrimonio es necesario comprender la naturaleza del amor esponsal (entrega a ti, sólo a ti y para siempre, unidad que se proyecta en el fruto de ese amor: los hijos); conocer y estar dispuesto a vivir las virtudes humanas en la vida matrimonial y saber que el amor humano es limitado.

Lo maravilloso es saber conjugar cabeza y corazón, sentimientos y deberes. libertad y responsabilidad. Pensar que sólo, o principalmente, los sentimientos pueden sostener una relación matrimonial es no conocer ni la naturaleza del hombre, ni la del matrimonio.

No es bueno dejar el éxito del matrimonio a merced de los vientos. Es necesario ser un buen navegante y manejar las velas. Los vientos son buenos cuando los sabemos aprovechar.

 

 

Dos pequeños ajustes para que tu matrimonio funcione

Lo grande suele estar anclado sobre lo pequeño. Pensemos en cualquier mecanismo técnico, es tan fundamental un tornillo como un motor. En muchas ocasiones un pequeño desajuste puede acabar con todo: un aspa que roce, una vibración ….. de manera aislada no produce daño, pero de manera continuada es capaz de destrozar la maquina.

De la misma manera, las relaciones humanas están basadas en pequeños detalles. Son ellos quienes marcan la diferencia. Pequeños ajustes en nuestro comportamiento personal son los que hacen que una relación sea satisfactoria y enriquecedora o termine en la distancia cuando no en el odio o la indiferencia.

El matrimonio se sustenta sobre un gran ideal, pero se actualiza cada día en pequeñeces. Esas pequeñeces las tiene que poner cada uno, y no esperar a que de el primer paso el otro. Hoy escribo sobre dos pequeños comportamientos que pueden mejorar mucho la relación: la generosidad y la humildad. Los dos van unidos, difícilmente se puede ser generoso si no se es humilde; y así, las personas humildes suelen ser generosas.

La base es no creerse superior al otro, olvidar un poco las propias apetencias, ceder en opiniones… ¡Cuantos enfrentamientos y frialdades se alimentan de la soberbia! Es cierto que la humildad y la generosidad son grandes virtudes, forman parte del fundamento del amor; pero se alimentan de pequeñeces. Como todo lo grande.

Conversaciones de matrimonio

Son muchos los problemas matrimoniales que se despachan aludiendo a la falta de comunicación. Se trata de un diagnóstico simplista que en nada ayuda a las parejas a mejorar y ser felices.

En una relación matrimonial se pueden dar distintas situaciones. Pueden ser relaciones deterioradas en las que uno no aguanta al otro, también puede ser frías en las que hay poco corazón. Hay muchas parejas que se llevan bien, pero sin saberlo se abocan a caer en alguna de las dos situaciones anteriores.

Se trata de aquellas que llevándose bien, se dedican principalmente a gestionar su relación: horarios, planes de fin de semana, con quién dejan a los niños, quién hace esto o quién hace lo otro. Son matrimonios “gestoría”. Aparentemente no hay problemas de comunicación, hablan, se cuentan cosas …… el problema está en que no se comparten intimidades, anhelos…. Y antes o después dejarán de reconocerse.

Los matrimonios necesitan mantener conversaciones amistosas, cariñosas, llenas de ternura en las que se pone el corazón; en las que se mira al otro como a alguien profundamente amado. En las conversaciones de matrimonio debemos manifestar lo que nos llena el alma. El matrimonio necesita que marido y mujer crezcan juntos, y esto sólo se consigue compartiendo lo más íntimo.

¡Claro que hay que “gestionar” la vida familiar!, pero sobre todo hay que amarla, mimrla, cuidarla. Ver al cónyuge como a alguien único, cuidar los detalles, bucear en el corazón del otro, descubrir sus necesidades, manifestar las propias.

Y es que si no se hace así, en vez de ser uno se es dos. La diferencia tiene muchos matices.

Aquí os dejo el enlace a un divertido vídeo de matrimonio “gestor”

Tres piedras en el camino de matrimonios jóvenes

Hablando con jóvenes se observan las numerosas dificultades personales, afectivas, ideológicas, sociales o profesionales que tienen que sortear quienes deciden sellar su amor con un compromiso para siempre. Hay dificultades para dar el paso, pero una vez dado no todo el camino es ancho y llano.

La experiencia con jóvenes matrimonios revela que hay piedras que se interponen en ese camino, y estas como todo obstáculo pueden deteriorar la convivencia prematuramente, incluso cargarse el matrimonio incipiente; o ser superadas y dar un salto de crecimiento y madurez personal y común.

Quisiera detenerme en tres piedras que hay que sortear para que el matrimonio vaya por buen camino: exceso de celo profesional y de desarrollo personal, compartimentar las relaciones sexuales y la paternidad,  estar demasiado pendiente de mi tiempo, mis aficiones, mis amigos.

Es un hecho que el matrimonio se celebra cada vez más tarde, si a esto unimos la obsesión de muchos por su desarrollo profesional y personal en detrimento del proyecto común, nos podemos encontrar que pasados los años el matrimonio no ha terminado de arrancar. Cada cónyuge ha crecido individualmente, pero el proyecto común se quedó atrás. Jóvenes matrimonios: la carrera profesional es importante pero lo es mucho más vuestro matrimonio. Son compatibles, pero no creáis que podréis recuperar el tiempo perdido. La “profesionalitis” es insaciable. Hablarlo en la intimidad, no deis las cosas por supuestas.

Nuestra sociedad es cada vez más anticonceptiva. Los niños molestan en casa, en los restaurantes, en los trenes y aviones. Suponen una exagerada carga subjetiva para las parejas. Nunca parece ser el momento idóneo para que lleguen, seguramente no existe. Muchas parejas están esperando a desarrollarse personal y profesionalmente (ver la piedra anteriormente comentada), para tener un niño. ¡Gran error jóvenes matrimonios! El niño forma parte de vuestro proyecto común, es fruto de vuestra entrega y amor; forma parte de vuestra relación conyugal. Crecéis como personas y como matrimonio cuando estáis abiertos a la vida. ¿Ser padres con responsabilidad? Sí, por supuesto, pero también con generosidad. El momento idílico no va a llegar.

El ocio, el deporte y la cultura forma parte de nuestra sociedad, ¡claro que sí! Y es bueno cuando nos ayuda a crecer como personas y como matrimonio. La piedra surge cuando se individualizan estas actividades, porque entonces ni crecemos como personas ni como pareja. Hay una excesiva obsesión por reservarse tiempo para uno mismo. Entonces ¿tengo que hacer todo con mi pareja? No, pero se sincero y piensa si no eres un egoísta robando tiempo a lo que debiera estar en primer lugar porque así lo elegiste.

El matrimonio es algo grande, hermoso que puede ayudar a que de cada uno salga lo mejor haciéndonos inmensamente felices, aunque haya momentos de dificultades. No nos engañemos, lo que hace a las personas inmensamente felices es la generosidad, darse a los demás, amar. El matrimonio es un habitat ideal para ello, pero no surge de manera espontánea.

 

Sobre el amor, la amistad y otras pequeñeces

Diálogos tipo entre amigos. “- ¿Quedamos entonces el martes para cenar? – En principio sí”. O “- ¿Me puedes ayudar el sábado por la mañana a arreglar un mueble? – Es que llevo una semana muy ajetreada y tengo que descansar”. Son algunos de los ejemplos de lo bajo que está el nivel de la amistad.

El nivel de consideración de la amistad es tan bajo, que a cualquier relación la llamamos amistad, “fulanito es amigo mío”. A veces también decímos “es muy amigo mío”. Sin embargo no somos capaces de comprometernos para una cita o de renunciar a algo de descanso para hacer un favor.

El campo de la amistad se debe mover en el del amor, forman una unidad. Sin embargo lo abajamos a la apetencia y al propio interés. Nada que ver con dar lo mejor, a la renuncia por amor, incluso a fastidiarse por el bien del otro.

Amor, amistad y compromiso forman una trilogía inseparable y son una fuente de humanidad y felicidad. Es mucho lo que el ser humano pierde cuando no es capaz de darse por aquellos a los que dice  querer.

Existe mucha similitud con las relaciones de pareja, incluso con el matrimonio. Hay muchas personas que son incapaces de amar, de darse, de tener el sano prejuicio de pensar primero en el otro. ¡Y menos mal que somos amigos! Es mucho lo que se pierde con esta incapacidad de entrega, entre otras cosas: la humanidad y la tan ansiada felicidad.

Tres preguntas para saber si has madurado

Durante la adolescencia se dan una serie de comportamientos que están muy relacionados, por un lado con la inmadurez de la persona adolescente, y por otro con la fuerza con la que actúa la afectividad en todo ser humano.
La valoración afectiva de la realidad es, en todo ser humano, mucho más rápida que la racional; eso hace que el comportamiento de las personas inmaduras sea en muchas ocasiones tan poco racional. No son capaces de neutralizar y equilibrar ambas dimensiones.
La madurez humana se alcanza cuando se es capaz de atenuar los movimientos afectivos, los sentimientos, las pasiones y las emociones. El quid no es anularlos o reprimirlos sino atenuarlos, dejarles su espacio pero no permitir que sean dueños.
A grandes rasgos, el inmaduro permite la supremacía de lo apetecible sobre lo razonable, de la experiencia sobre el saber, de la imaginación sobre la lógica, del sentimiento sobre la inteligencia.
El inmaduro rechaza la autoridad ya que la ve como una imposición. Alaba la espontaneidad y lo confunde con “lo auténtico”. El narcisismo también tiene su nido en el inmaduro, esto hace que todo gire en torno al autoexamen, la introspección, lo que los demás piensan de mí. Todo para el inmaduro es lúdico y pasa por la satisfacción inmediata.
Escribo estas ideas mientras preparo una conferencia sobre la educación de la sexualidad en el adolescente. Me pregunto si este comportamiento inmaduro, lógico en el adolescente; no se da con demasiada frecuencia en personas que por su edad, debieran mostrar un comportamiento más equilibrado y racional.
Acabo con las tres preguntas anunciadas:
¿Eres capaz de actuar en contra de lo que te apetece haciendo caso a la razón?
¿Crees que la espontaneidad es lo autentico y que actuar de acuerdo a lo razonable es hacer teatro?
¿Rechazas lo “convencional” y cree que lo que más vale es lo último?

Sobre la naturaleza del matrimonio

Estoy consultando unas notas que tomé recientemente en una conferencia sobre el relativismo mientras preparo una sobre la naturaleza del matrimonio. Decía el ponente que la sensibilidad posmoderna refiere la vida como una narración sin guión, algo que va transcurriendo livianamente. Cuando intentas hablar de principios o de la naturaleza de algo, como por ejemplo el matrimonio, te dicen que cada uno tiene su idea, su vida, su experiencia …. que no existe un patrón, que no hay un criterio para medir, que no hay guión.
Con esta idea tan presente en nuestra sociedad, para unos el matrimonio es un compromiso, para otros un sentimiento; para unos sólo se da entre personas de distinto sexo, para otros da lo mismo; algunos creen que es propio de parejas, otros están abiertos a más personas.
Si intentas encontrar y defender la naturaleza y misión del matrimonio te tachan de intolerante. ¡Un lío!
Como digo, escribo esto mientras preparo una clase sobre naturaleza y misión del matrimonio. Soy de los que creen que existe la naturaleza de las cosas, que la vida del hombre no es sólo algo que simplemente va ocurriendo y que hay que dejar discurrir, creo en la libertad pero también en un guión.
Creo, con Aristóteles, que casi todo es discutible, y que esto precisamente es lo que fundamenta la existencia de la verdad porque ¿para qué discutir si ésta no existe? Crea cada uno lo que quiera y siga su camino.
La no existencia de la verdad anula el compromiso, es imposible comprometerse ante lo liviano, lo cambiable, lo volátil. Desde este punto de vista entiendo a quienes no creen en el matrimonio y su naturaleza.
Así las cosas, la institución matrimonial es uno de los estandartes de la defensa del compromiso, y por tanto de la existencia de lo verdadero.
¡Claro que el ser humano es capaz del compromiso, capaz de amar y ser fiel!
Una sociedad tristona y lánguida es incapaz de entender el amor como entrega incondicional y fuente de felicidad. Posiblemente por este motivo nuestro tiempo no cree en el matrimonio, porque no cree en la posibilidad de escribir la propia historia en la entrega personal, generosa e incondicional.

Se puede mantener el amor, aprende cómo

Hoy en vez de escribir, voy a hablar. Gracias a Hacer Familia, os dejo una entrevista con diez ideas para mantener el amor en el matrimonio. Espero que os guste y sea útil.

Una propuesta para vivir la sexualidad en el matrimonio

La semana pasada hablé a un grupo de matrimonios sobre la sexualidad conyugal. Publiqué en twitter la presentación en power point y algunos amigos me pidieron una ampliación de la misma. Aprovechando que tengo un rato libre, con mucho gusto escribo algo sobre cada diapositiva. No es ni mucho menos un tratado, sino una charla con mis amigos. Por eso sigo abierto a que aportéis, corrijáis o sugiráis aquello que os parezca oportuno. Siempre desde el respeto y la libertad con la que he querido compartir esta ideas.

Quisiera aclarar que las ideas expuestas se refieren a un tipo de amor determinado: el amor conyugal. El que nace con la “unión de uno con una y para siempre”. Me he centrado en aquello que conozco.

Pinchando aquí podéis acceder a la presentación.

La primera transparencia sirve para marcar el camino hasta llegar al amor conyugal. Empezando desde ese primer movimiento que supone la atracción física y emocional tan misteriosa ¿porqué dos personas se sienten atraídas?, el corazón palpita repitiendo que bien que existas y que nos hayamos conocido. El paso siguiente lleva a una unión para ser más plenos, mejores. Para ayudarnos el uno al otro a hacer el bien, a ser mejores y a mejorar el mundo. Y finalmente el compromiso de entrega de todo el ser, incluido el cuerpo, para crear algo nuevo: nosotros. Huelga decir que el amor conyugal incluye estos tres pasos que se recrean a lo largo de toda la vida.

Decía antes que la entrega total incluye el cuerpo, esto se realiza a través de lo que le es propio: las relaciones sexuales. Por tanto la sexualidad es un carácter distintivo del amor conyugal, si bien es cierto que no por ser distintivo es lo principal; debe situarse en su lugar de importancia. El amor conyugal es la unión más íntima que se puede dar entre un hombre y una mujer y engloba todas las dimensiones de la persona. Por eso es fundamental tener en cuenta las diferencias físicas, psicológicas, neuronales, etc … que hay entre hombre y mujer.

Las relaciones sexuales para ser plenamente humanas deben trascender el ámbito físico y abrirse al afectivo y al espiritual. Deben así mismo salir llevar a los dos a salir de sí mismos. El amor es expansivo, se comunica a otros, y en este caso particular debe incluir la posibilidad de la existencia de otro como fruto de ese amor y entrega: el hijo. En otro orden, las diferencias psicologías y físicas hace que la respuesta sexual de hombre y mujer sea distinta. Por eso es tan importante sincronizar los relojes, crear una gran armonía por medio de un trato muy delicado, sin forzar jamás la sensibilidad del otro.

Muchas personas se centran en dar amor y no son conscientes de lo importante que es también saber recibirlo. Si no somos capaces de recibir y agradecer el amor recibido impedimos al otro que ame.

Hay numerosa literatura sobre las diferencias entre hombre y mujer, libros, chistes, canciones … Lo importante no es solo conocer las diferencias sino interiorizarlas, llevarlas a la vida diaria. Ello nos ayudará a lubricar los roces y malos entendidos de la vida cotidiana. En este aspecto, es fundamental que el “beneficio de la duda” esté siempre en primer lugar. Nunca permitir el pensamiento de que el cónyuge hace algo para molestar o herir.

Cuando no se conocen y/o no se interiorizan las diferencias pueden llegar las tormentas. Fluyen las incomprensiones, la falta de ilusión, los sentimientos de víctima, resentimientos, la búsqueda de compensaciones fuera del matrimonio. Por eso es tan importante interiorizar las diferencias, acompasar los ritmos y siempre siempre, aplicar “el beneficio de la duda”.

Es la sexualidad humana, como tantos otras realidades de la persona, algo complejo y misteriosa. Por eso existe el riesgo de fragmentar la realidad, de no verla en su totalidad. A este riesgo se une el valor pedagógico de la ley y de lo técnicamente posible. En ocasiones se toman como referencia de la realidad humana, de lo bueno y verdadero, lo que la ley permite y lo que la ciencia es capaz. Triunfa aquí una lógica basada en una ficticia solución de problemas de manera más eficaz que yendo al origen y viendo la totalidad  del misterio de la persona. Fruto de esta visión utilitarista surgen tantos anhelos rotos y vidas no realizadas.

La realidad de la sexualidad humana es que esconde tanto un significado unitivo como uno generativo. La sexualidad humana proporciona momentos de unión placentera muy íntima, de conocerse y darse el uno al otro; pero también incluye la realidad de que es el origen otras vidas. Separar ambos significados nos lleva a tristes realidades como los embarazos no deseados y el aborto, la generación de vida fuera del acto conyugal y los cientos de miles de embriones humanos congelados con los que no se sabe que hacer.

¿Significa esto que hay que tener muchos hijos?, ¿que pasa cuando hay motivos para distanciar los nacimientos? Ante estas preguntas surge lo que se ha denominado “paternidad responsable”, el térino no significa no tener hijos, sino tenerlos de manera responsable. La cuestión nuclear no es el número de hijos que hay que tener, ese es un tema de conciencia y de la pareja, sino el ver a los hijos con una mentalidad generosa, como un Don. El conocimiento de la sexualidad femenina y el recurso a la continencia en periodos fértiles supone una visión integral de la sexualidad humana y respeta la unidad del acto.

Las consecuencias de esta manera de vivir la sexualidad llevan a una verdadera y real corresponsabilidad del hombre y la mujer. Cuando la decisión es fruto, por ejemplo, de una mala salud del cónyuge supone un gran respeto y demostración de amor. Eleva la sexualidad sobre lo meramente físico y afectivo, y fomenta la imaginación para demostrar el amor y el cariño de formas diversas. La regulación natural de la natalidad es, en resumidas cuentas, una forma de vida (lógica del amor). No simplemente una técnica para arreglar un problema (lógica de la eficacia).

El corazón es sabio y con más o menos fuerza, dependiendo si le dejamos o no que nos lo diga, nos indica que la felicidad es consecuencia del amor, de la generosidad, de la unión profunda y de la entrega a los demás. Además nos indica que a pesar de las arideces ese es el camino.

No seamos ilusos. La fuerza del ambiente y las propias debilidades hacen este camino dificil. Por eso es tan importante proteger el corazón. En primer lugar de manera positiva: aprendiendo a disfrutar de lo cotidiano, de lo que tenemos; teniendo una vida sana y equilibrada, manteniendo relaciones sociales, preocupándonos de los demás en vez de dar vueltas a lo propio. Y en segundo lugar evitando aquello que puede hacer daño

Esta es mi pequeña aportación a quienes me pedían una ampliación de la presentación sobre “sexualidad conyugal”. Espero vuestros comentarios.

¿Es posible un amor para siempre?

“Antes de dormir nos damos un beso y nos cogemos de la mano”. Es lo que contestaba hace unos meses una pareja polaca que celebraban su 82 aniversario. Hay matrimonios que celebran sus bodas de oro, otros que permanecen unidos hasta que la muerte los separa. Los hechos parecen demostrar que sí es posible un amor para siempre.
Cuando surge este tema de conversación la mayoría de las personas manifiestan su anhelo de tener un amor para siempre. Se trata de algo que parece inscrito en el alma humana: el anhelo del para siempre (qué bien lo dijo Teresa de Ahumada). Que bien lo escriben y lo cantan los poetas y artistas.

Existe el anhelo de un amor para siempre, hay personas que lo viven, hay otras que no. No pretendo hacer un estudio sobre el porqué, tan solo compartir algunas ideas que creo que pueden ayudar a conseguirlo.

Para poder tener un amor para siempre, lo primero es saber amar. No es algo trivial. Hay muchas personas que no saben amar, no es una cuestión de buscar culpables. No saben amar quienes piensan que el amor es algo que nos viene dado, que nos lleva; no saben amar quienes no saben renunciar a sí mismos o afrontar las dificultades. El amor se aprende desde pequeños. Es posible aprender de mayores? definitivamente sí, pero más costoso.

Un amor para siempre exige saber elegir a la persona adecuada. Volvemos al primer punto, la persona adecuada no tiene porque ser aquella que nos vuelve locos, tampoco aquella que solo nos atrae por sus ideas o porque es maja. Hay que saber conjugar ambas facetas. Cuando antes del matrimonio ya se intuye que la cosa no va a funcionar, por tener maneras de ser incompatibles, por carácter, por lo que se ve en la familia de la pareja, tantas cosas que pueden poner sobre alerta y que muchas veces se intentan resolver con aquello de “yo le cambiaré”

Una vez celebrado el matrimonio hay que seguir trabajando el amor para siempre. Es fundamental enamorarse una y otra vez, alimentar el sentimiento con pequeños detalles, frenar los pensamientos que nos alejan de nuestra pareja, cultivar el sentido del humor, tener siempre esperanza y empeño de mejora personal. Poner sentimiento, voluntad e inteligencia, los componentes del amor humano.

Saber amar, querer amar, elegir con corazón e inteligencia, cuidar el amor cada día con detalles concretos. Tres ideas que se me ocurren para poder disfrutar de un amor para siempre.

¡Ah! y cada noche un beso y un te quiero ….. así hasta los 82 años de matrimonio.

Lo que puedo hacer yo …. para mejorar mi matrimonio

Comienza en el hemisferio norte el nuevo curso y con él un nuevo tiempo de propósitos e ilusiones. Sería muy bueno centrar esas ilusiones en lo importante, comenzando por ejemplo por el matrimonio.

Para que los propósitos puedan llevarse a cabo es necesario en primer lugar creer en ellos, pero no un poco, sino absolutamente; sin miedos ni reservas. Sólo se puede vivir un matrimonio feliz si se está dispuesto a quemar las naves, a “poner toda la carne en el asador”, hay que atreverse.

Comencemos por pensar qué puedo hacer yo, no qué puede hacer mi pareja, ni siquiera qué podemos hacer los dos. Sólo en mí tengo posibilidades de actuar. Ya llegará el momento de considerar qué podemos hacer los dos.

Algunos ejemplos de aquello que puedo hacer yo:

Procurar una vida más agradable a mi cónyuge, haciendo lo que se que le gusta y evitando aquello que le desagrada. Si no conozco sus gustos, es el momento de descubrirlos. Por supuesto hay que evitar llevar la contabilidad de lo que hago, y mucho menos para echar en cara o comparar.

Llenarme de optimismo, confianza y buen humor. Esto tiene mucho que ver con no tomarme demasiado en serio, dramatizando lo menos posible. Los peores dramas son los que están en nuestra cabeza, generalmente no existen pero hacen mucho daño, contaminan. Cuando las cosas no vayan tan bien como pensábamos, fomentar la esperanza y mirar para adelante.

Presentar la batalla en las cosas pequeñas, en las posibles. La mejor manera de fracasar es comenzar con mucho ímpetu y sin concretar. La impaciencia será nuestro peor enemigo. Busquemos pequeños detalles que hacen la vida más agradable a nuestra pareja, puede ser una sonrisa, una caricia, servir un café, hacer un comentario amable, quitar importancia a lo que no lo tiene, un paseo, hacer en casa aquella labor que sabemos que menos le gusta …… Lo ideal es tomarse un tiempo, pensar esas pequeñas cosas y escribirlas.

Abandonar costumbres o comportamientos que nos hacen peores personas, programas de televisión basura, amistades inconvenientes, lecturas que desdicen del amor verdadero, aficiones que roban el tiempo al matrimonio.

Y por último, reafirmar nuestro amor en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Permitir en nuestra inteligencia y afectividad solo aquello que nos mejora y hace mejor nuestro matrimonio.

Seguramente si queremos mejorar como personas, mejorará nuestro matrimonio.

Cultivar un amor para siempre

Todas las relaciones personales están sujetas al desgaste propio de la limitación humana. El roce del carácter propio y de los demás, las preocupaciones, los egoísmos, la búsqueda de la propia satisfacción y tantas otras realidades desgastan, y mucho, el trato entre las personas.
Lo mismo ocurre en el matrimonio. A las limitaciones personales se unen en muchos casos el acostumbramiento, la perdida de ilusiones, el pasar del tiempo y dejarse llevar de él.
Se me ocurren algunas ideas que pueden ser útiles para evitar el desgaste propio de la convivencia.
– Es bueno que el marido y la mujer gocen de cierta autonomía, que se dejen espacios. No es necesario compartirlo todo, ni tener las mismas aficiones. Es más, esa autonomía en ciertos asuntos enriquecen el matrimonio. Notese que me refiero a cierta autonomía y no a independencia. El limite se sitúa ante aquello que suponga perjuicio para el proyecto común.
– De la misma manera que es buena cierta autonomía, es imprescindible tener tiempo en común. Tiempo exclusivo para estar los dos solos, para pasear, hablar, recrear el compromiso, refrescar el amor. Se trata de algo siempre necesario, pero quizás más cuando los hijos pequeños absorben el tiempo.
– Si el sentido del humor es fundamental en cualquier ocasión, no lo es menos en el matrimonio. Es muy sano reír juntos, evitar el dramatismo, buscar el lado positivo de lo que ocurre.
– Cuando surgen problemas externos, ya sean de tipo laboral, económico u otros, es necesaria una unidad fuerte y nunca afrontarlos solos.
– Una gran delicadeza en el trato, cuidando las palabras y los gestos. Echando cada día pequeñas ramas que mantengan el fuego, alimentando el afecto, cuidando las relaciones intimas.
No es tan difícil, tampoco fácil, sin embargo el amor todo lo puede.

El amor no es sólo asunto del corazón

La sabiduría no es mero conocimiento sino que se caracteriza por integrar la realidad, ve o intuye la totalidad y rechaza la parcelación. Quizás por el exceso de información, por los prejuicios ideológicos o porque la sabiduría es exigente, no es esta algo característico de nuestro tiempo. Al pensar el amor hombre-mujer se tiende a separar el amor en compartimentos estancos: sentimientos, pasión, compromiso, deberes ….. sin considerar que forman una unidad armónica. El amor conyugal engloba todas las dimensiones, no son partes separables sino un todo que se retroalimenta.

Twiteé la semana pasada que amor verdadero no se puede fundamentar en las emociones o en sentir hormigueo en el estomago, sería un cimiento demasiado débil. Sin embargo es no sólo bueno, sino conveniente recrear esa dimensión del amor. El amor-sentimiento (enamoramiento) se puede fomentar con el amor-voluntad y viceversa. Con pequeños detalles de renuncia a la propia comodidad, a las manías, a ciertos planes o a la propia opinión.

Las pequeñeces de generosidad y desprendimiento alimentan las emociones y el enamoramiento.

Según se afirma en el vídeo, en el enamoramiento, tras el impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso, y se silencian específicamente las áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza.

Sabiendo esto es más fácil vivir un amor inteligente e integrador. ¡Claro que es posible un amor para siempre si le guía la sabiduría de saber que el amor es sentimiento, inteligencia y voluntad. Maravilloso círculo virtuoso!

@anibal_cuevas

El amor se aprende

Cuando un matrimonio se rompe no existe una única causa, el fracaso suele suponer la concatenación de varias. Algunas tienen que ver con la personalidad y comportamiento de los cónyuges, otras son de origen más “teórico”. Es en una de éstas en la que me quiero detener hoy.

Son numerosas las parejas que se casan sin saber realmente lo que significa amar al otro. Muchos llegan al matrimonio con la idea, muy extendida en nuestro tiempo, de que amor y sentimiento son lo mismo, confunden el amor verdadero con el enamoramiento. Mientras el primero está más ligado a la voluntad y la libertad de la persona, el segundo supone más bien un dejarse llevar.

Creo que el enamoramiento es maravilloso y necesario para una relación satisfactoria de pareja. Sin embargo es un tremendo error situarlo como eje nuclear de la misma.

El amor verdadero se aprende y se practica. Supone buenas dosis de generosidad, humildad, entrega y búsqueda del bien del otro antes que del propio. Y esa misma dinámica conlleva premio ya que, como un boomerang, se vuelve hacia uno mismo haciéndole feliz.

El enamoramiento sin amor verdadero es egoista, centra a la persona en sí misma. Busca más la propia satisfacción que la felicidad del otro. Por eso es fácil estar enamorado, basta dejarse llevar. Amar es algo más complicado y apasionante.

El amor verdadero se aprende de manera natural cuando desde pequeños se encuentra sentido al sacrificio y la entrega en la familia. Aprende a amar el niño que ve cómo papá y mamá se dan el uno al otro sin echarse nada en cara, el que les ve sonreir ante las dificultades y contradicciones, las pequeñas de cada día. El que descubre la alegría de hacer pequeños encargos que hacen la vida más agradable a los demás.

Ese niño cuando sea adulto sabrá amar con amor verdadero porque lo ha aprendido y vivido desde pequeño. Por eso es tan importante la familia, porque aquello que nos hace más felices se aprende, de manera práctica, en ella.

El valor de la armonía

Muchas películes reflejan relaciones de pareja, ya sean matrimoniales o no, en las que destacan hombres y mujeres gritando, tensos, llenos de culpas y reproches. Personas inmaduras que pasan del efluvio sentimental a echarse todo en cara en cuestión de segundos, las dos caras de una misma moneda. Lo pensé un momento y afirme con él.

La influencia del cine y la televisión en el comportamiento de muchas parejas es grande, y seguramente sea esa una más de las razones de tantas rupturas y sufrimientos. Muchas relaciones de pareja se construyen sobre el equilibrio precario de dos fuerzas contrapuestas, cada una tirando para su lado.

Que lejos este equilibrio de fuerzas de lo que creo que debe ser consustancial al matrimonio: la armonía. La armonía permite que cada uno aporte su personalidad y se enriquezca con la del otro, que nadie se sienta herido o anulado. Hace unos días asistí a un concierto de música clásica, orquesta y coro. Allí nadie pretendía anular al otro, por contra eran conscientes de que el exito propio era el del grupo.

Cultivar el arte de pedir perdón y de perdonar

Como somos humanos y por ello seres limitados, es obvio que de la misma manera que hacemos cosas bien las hacemos mal. Sucede en todas las facetas de la vida, en las relaciones familiares, en el trabajo, en la vida social y por supuesto en la vida matrimonial. 

Cada día se producen pequeñas o grandes heridas en la relación matrimonial. Pequeños descuidos, faltas de delicadeza o contestaciones exasperadas que en un sólo día pueden afectar poco a la relación, pero que sumando pueden llegar a producir una herida grande y peligrosa. Normalmente las crisis matrimoniales no son resultado de grandes culpas, cuando estas llegan ya antes se han producido otras pequeñas que no se han curado.

Por eso es importante hacer un alto cada día y descubrir esos pequeños egoísmos, esa soberbia que nos lleva a no cultivar el amor y que socava la relación. Es la soberbia uno de los grandes enemigos de la convivencia en general y, como no, también del matrimonio. Por eso es bueno cultivar tanto el arte de pedir perdón como el de perdonar, sobre todo cuando se piense que se tiene razón. Sin duda la humildad siempre es buena compañera, nunca se equivoca y nos hace más humanos.

Por lo que merece la pena luchar

En un reciente artículo publicado en el diario británico The Telegraph y recogido en aceprensa, se daban algunas claves no sólo para salvar el matrimonio sino para ser muy felices. La autora comienza por abordar algunas de las principales causas de fracaso matrimonial: el aburrimiento y el exceso peso de la afectividad; se trata de un tema tratado en varias ocasiones en Ser Audaces. Conviene preguntarse que se ha ido a buscar al matrimonio. Si ha sido la propia satisfacción la solución pasa por algo más profundo que unas actitudes o hábitos, hay que replantearse el sentido de la vida. Sólo es posible salvar un matrimonio si ambos cónyuges trabajan codo con codo dispuestos a resistir las adversidades juntos, es lo que hace crecer el amor y por tanto el matrimonio. La clave por tanto está en saber qué se busca en el matrimonio y en ser capaz de cambiar el propio comportamiento. Una vez que se está dispuesto a trabajar codo con codo y se entiende que el sufrimiento forma parte de la vida humana, se puede pasar a las “recetas”: comidas juntos, escapadas. Y en cualquier caso, vale la pena.

Él tenía más padre

En los últimos días he visto dos grandes películas, “El discurso del rey” y “Encontrarás dragones”. Ambas muy entretenidas y recomendables, cada una con sus propias caracteristicas pero con un detalle en común que me anima hoy a escribir: la importancia de la figura del padre.

En numerosas ocasiones he escrito sobre el particular tanto en mis libros como en este blog. Ideologías, escuelas de psiquiatria, el pensamiento machista y el feminismo radical o la ideología de género se han encargado históricamente de destrozar la verdadera figura del padre, llegando a estar esta tan desdibujada que muchos varones no saben que se espera de ellos y que pueden dar como padres. Y es un hecho constatable que la falta de un padre exigente y a la vez cariñoso e implicado en la educación de los hijos crea graves problemas, por ello es necesario recuperar la figura y animar y enseñar a muchos padres a ejercer.

Vuelvo sobre las películas y las escenas que en “Encontrarás dragones” destacan el papel del padre de Josemaría Escrivá interpretado por Jordi Mollá, sencillamente conmovedor y humano. Son varias las escenas memorables que llevan al personaje de Manolo Torres a afirmar con tristeza “yo tenía más cosas pero Josemaría tenía más padre”.

La escena a la que me refiero en “El discurso del rey” es la de Jorge VI contando un cuento a sus hijas, una escena realmente emotiva y que puede ser un acicate para que muchos padres se animen a asumir su papel; algo que sin duda beneficiará no sólo a los hijos si no a ellos mismos.

Y aprovecho para dejar un enlace a un video de la web de The Family Watch sobre la figura del padre

El amor heróico en lo cotidiano

Ninguna relación humana es fácil, los seres humanos somos libres, limitados, con virtudes y defectos, capaces de lo mejor y también de lo peor. Y pienso en esa relación tan profunda y maravillosa que es el matrimonio y me pregunto cómo podemos mejorarla.

La respuesta la han dado muchos pensadores, desde Kierkegard que decía que la felicidad es una puerta que se abre hacia afuera o Chesterton que animaba a no buscarse uno mismo por el riesgo a encontrarse. El éxito en las relaciones personales comienza cuando uno es consciente de sus limitaciones y no sólo quiere mejorar si no que pone los medios para ello.

No basta el buenismo, las ideas platónicas y los meros propósitos (en este sentido decía un amigo que los propósitos se hacen para no ser cumplidos). Hace falta luchar en aquello que nos aprieta, ya sea la pereza, la comodidad, el egoismo …… y luchar cada día, desde la primera hora. Es el amor heróico en lo cotidiano, como lo definió Rosa Montero , el que es capaz de mantener unido un matrimonio. Es algo de los dos y de cada uno.

Inteligencia y madurez para disfrutar del amor

Hace unos días leí una entrevista muy interesante en La Vanguardia . Son muchos e interesantes los temas que en ella trata Robert Roche, el entrevistado. Sobre los conflictos en la pareja, Roche afirma que hay que aceptar que existan desacuerdos y aprender a manejarlos centrando la atención en conseguir una auténtica relación. Sin embargo afirma que hay que ponerse de acuerdo sobre nuestros valores y establecer reglas de conducta para seguirlos.

Y es en este punto en el que me gustaría detenerme. Es lógico que existan puntos de fricción y desencuentros en un matrimonio, ocurre en todas las relaciones personales. La diferencia, desde mi punto de vista, está en que esto no comporta un gran peligro cuando se comparte un proyecto común de vida, cuando se comparten asuntos tan fundamentales como las creencias, el sentido de la vida, los hijos o el concepto de sexualidad.

Se da mucha importancia, excesiva creo yo, a los sentimientos y cuando estos fallan hacen que todo se tambalee. Cuando el sentimeinto flaquea solo la fuerza de voluntad, el amor de querer, puede "tirar" de la relación ¿cómo va a ocurrir esto si la base del amor son los sentimientos y no unos valores y creencias compartidos?

Mucho se ha escrito sobre el amor inteligente y la madurez, creo que ahí está la clave para superar las posibles crisis y malos momentos. Con inteligencia y madurez se pueden recomponer los sentimientos, y el amor verdadero sale a flote.

¿Has leído ya mi último libro, "La felicidad de andar por casa"?

La base del amor verdadero

En contra de lo que muchos piensan, la esencia del amor no es el sentimiento, no puede serlo, sino la voluntad decidida de buscar el bien del otro. Y esto independientemente de los estados de ánimo y de cualquier otra circunstancia. Claro que los sentimientos son importantes, pero en ningún caso pueden ser la base sólida sobre la que construir una familia; son un estímulo y hay que ciudarlos y fomentarlos.

La inteligencia y el sentido común deben ser los dueños de la casa. Como ya he escrito en varias ocasiones, hay que cultivar el amor cada día, en detalles pequeños. Y hay que hacerlo también en los momentos de desamor, cuando más cuesta. Es esta la base del amor verdadero, el que merece la pena.

Recuperar la inocencia

Son numerosos los autores que, con Juan
Pablo II, afirman que uno de los mayores males de nuestro tiempo es el escepticismo.
Se trata de una idea que se encuentra expuesta de distintas formas y en temas de lo más variado.
Leyendo estos días “Ángulo de reposo” de Wallace Stëgner encuentro esta idea al referirse el autor a la amistad de dos mujeres, escribe “el siglo XX, al suprimir la posibilidad de la inocencia, ha convertido esta clase de amistad en improbable; se inhibe o se ve obligada a la sexualidad abierta. En una docena de indicios, empezando con ‘la letra atrevida y ágil’, podemos llegar a la conclusión de que la amiga de Susan era una tortillera incipienta”
El escéptico no cree en la inocencia, detrás de los comportamientos cotidianos siempre imagina doblez. Quizás recuperar
el poder de la inocencia sea una de las batallas a librar.

Sobre el amor entre el hombre y la mujer

"Amor y responsabilidad" es un tratado profundo sobre el amor entre el hombre y la mujer escrito por Karol Wojtyla y publicado por vez primera en 1960. Posteriormente ha sido corregido y actualizado en diversas nuevas ediciones.

La profundidad del libro hizo que comenzara y recomenzara su lectura en diversas ocasiones, se me hacía arido y no avanzaba; así he estado años y años sin ser capaz de terminarlo. Este verano decidí volver a intentarlo y se ve que era el momento, poco a poco lo he ido leyendo y asimilando y he descubierto una auténtica joya que recomiendo a quienes quieran entrar a fondo en el tema.

Hoy transcribo una cita textual del libro que me parece fundamental, en el amor entre el hombre y la mujer este bien (el bien verdadero) es, sobre todo, la persona, no los sentimientos en sí mismos ní, menos todavía, el placer por sí mismos. Tanto éste como aquéllos no son más que bienes secundarios, los cuales no bastarían por sí solos para construir el amor, en cuanto a unión durable de personas, a pesar de que marcan profundamente su aspecto subjetivo y psicológico.  

Sobre el amor humano

Nuestro tiempo se caracteriza por el predominio de una mentalidad reduccionista que toma la parte por el todo desvirtuando de esa manera la realidad. Este enfoque hace especial daño a realidades tan profundas de la persona como la libertad o el amor.

El amor humano, base del matrimonio y la familia, es una realidad compleja que engloba todas las dimensiones de la persona: el cuerpo, los sentimientos, la voluntad. Cuando se reduce a uno de ellos pierde su característica propiamente humana. Denominar amor únicamente al sexo, a los sentimientos o al querer supone un empobrecimiento del mismo.

Juan Pablo II habló en las audiencias de los miércoles, desde 1979 a 1984, sobre el amor entre el hombre y la mujer. Ya antes, en 1959, había escrito un libro sobre el tema Amor y responsabilidad , que ha sido reeditado en numerosas ocasiones y hace un planteamiento de la sexualidad humana muy interesante y actual. Cualquiera de los dos textos pueden ser buena compañia en estas vacaciones veraniegas que comienzan en el hemisferio norte. 

Tres ideas para educar la sexualidad

Cada año los datos nos indican el fracaso de las campañas públicas tendentes a reducir el número de embarazos y de ETS (enfermedades de transmisión sexual) Existen, además, otros fracasos que también pueden ser sumados al haber de un concepto utilitarista de la sexualidad, por ejemplo los altos índices de divorcio e infelicidad sobre todo de mujeres. Esto es difícil de sustentar con datos, pertenecen a la esfera de la intimidad, pero sí es posible hacerlo en base a muchos testimonios personales.

Pienso que la base de tamaño fracaso está en la idea utilitarista y reduccionista de la sexualidad que se da cuando esta se desprende de su dimensión afectiva y de compromiso personal. Una correcta y humana educación no puede obviar que todo lo humano se integra, que no basta con dar lecciones biológicas sino que hay que ir más allá.

La auténtica sexualidad humana se educa desde que los niños son pequeños a través de la educación de la afectividad. Sirvan tres ideas básicas como reflexión: capacitar para la entrega al otro, capacitar para ejercer la propia libertad y ayudar a encarar el sufrimiento. Difícil pero posible, humano y efectivo.

Otra manera de educar la afectividad y la sexualidad

A pesar de los repetidos fracasos que las campañas de sexo seguro experimentan una y otra vez, gobiernos como el español prefieren mantener sus posiciones ideológicas basadas en el individualismo, la exagerada entronización de supuestos derechos individuales y la nula apelación a la responsabilidad social de los adolescentes.

Muchos padres, por falta de formación o de tiempo, dejan la educación de la afectividad de sus hijos en manos de profesionales que en la mayoría de los casos se limitan a dar unas clases de biología. La infancia cada vez se acorta más merced a una sociedad en la que el sexo lo engulle casi todo. Indudablemente la industria del sexo es un buen negocio no sujeto a los vaivenes del ladrillo.

Las campañas de educación sexual no van a la raiz del asunto. Se quedan en meras técnicas para evitar en la medida de lo posible las consecuencias de comportamientos irresponsables. El llamado "sexo seguro" es una falacia que nadie, desde una postura de honradez intelectual, puede defender. Una educación sexual humana pasa por respetar los tiempos de la infancia, sacar el sexo de los circuitos comerciales y poner un mayor enfasis en la responsabilidad personal de los adolescentes.

Pinchando aquí encontrarán amplia información e ideas para educar la afectividad y la sexualidad de otra manera.

Repartir pildoras y condones:¿es eso educar?

No me gustan las noticias alarmistas ni morbosas pero no me resisto a recoger una noticia que fue titular ayer en diversos medios de comunicación y que invito a leer: “Un instituto británico reparte la píldora del día después tras la orgía de 200 alumnos”.

Recojo la noticia porque me parece una prueba más del cinismo que se vive con respecto al sexo y el alcohol. Éste tema sólo es titular cuando se refiere a algo que afecta a masas y, por tanto, es más escandaloso y morboso.

La realidad es que cada fin de semana se reparten, sin conocimiento de los padres, miles de píldoras abortivas a menores en hospitales y centros de salud de España. Los médicos de urgencias pueden atestiguar que cientos de menores ingresan en urgencias los viernes y sábados en estado de coma etílico, menores que en muchos casos tienen menos de catorce años.

Según la noticia citada al principio, lo que más preocupa a los responsables del colegio son sólo los embarazos y las enfermedades de transmisión sexual. Algo muy común a lo que les ocurre a muchos padres, educadores y responsables políticos a quien sólo parecen preocuparles las consecuencias “técnicas” de los actos de sus hijos o alumnos. A pocos parecen preocuparles las personas, su intimidad, sus sentimientos y sufrimientos, sus ganas de ser mejores, la educación en virtudes, el educar jóvenes responsables capaces de diversiones de cierto nivel humano….

En muchos casos se justifican las conductas “animaloides” con ideas tan científicas cómo las hormonas o la edad del pavo. Todo ello me parece lamentable y da idea de la poca confianza y consideración que se tiene en el ser humano y, aunque digan lo contrario, en las posibilidades de la juventud si se les orienta y exige de acuerdo a su dignidad como personas.

El problema es de raíz y surge cuando se pretende arreglar con medios técnicos asuntos cuya solución está en otra dimensión. La educación sexual no es un “verso suelto” en el hombre, engloba aspectos muy íntimos y constituyentes de la persona.

Me propongo abrir una nueva categoría en “Ser audaces” para orientar a los padres y educadores en una educación de la afectividad y sexualidad seria y responsable. Iremos poco a poco, merece la pena y es posible.

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