¿Cómo acompañar a nuestros hijos hacia la madurez?

Todos nos hacemos en algún momento preguntas cómo ¿porqué me porto de esta manera que no me gusta o parece incorrecta? ¿puedo cambiar? ¿cómo lo hago? Éstas mismas preguntas se las hacen los niños y los adolescentes, cada uno a su nivel.

Lo primero es tener la tranquilidad de que la lucha interior del hombre entre lo que quiere hacer y lo que hace es universal, no es nada nuevo. La complejidad de ideas, sentimientos, anhelos, apetitos, …. hace que la lucha sea constante. Lo importante es conseguir que las ideas, la voluntad, los deseos y las apetencias estén lo más cerca posible, es decir alcanzar la madurez.

Madurez significa que ni los estados de ánimo ni la fría razón son quienes guían de manera unidireccional la vida. Los estados de ánimo, los afectos y los sentimientos son humanos cuando trabajan conjuntamente con la razón si no, son peligrosos y meramente instintivos y animales. La razón y la voluntad son humanas cuando trabajan conjuntamente con el corazón si no, el hombre se convierte en un programa informático o un robot.

La persona madura es capaz de hacer una rica mezcla de cabeza y corazón: busca por medio de la reflexión la verdad y el bien un criterio moral que guié su vida. Reacciona de manera proporcionada ante la realidad, es flexible y se adapta a la realidad. Cultiva el buen humor dando a las situaciones la importancia que tienen, no exagerando ni por exceso ni por defecto. Intenta ponerse en la piel de los demás siendo comprensiva y colaborando por el bien común. Asume la responsabilidad de sus actos en su justa medida, sin agobios, pero sin desviarla u omitirla.

¿Cómo podemos acompañar a nuestros hijos hacia la madurez? Sin ninguna duda intentando vivir nosotros de acuerdo a estas ideas. Sólo en un ambiente maduro se puede madurar, y si bien es cierto que hay personas más o menos fogosas, más o menos extrovertidas o más o menos aprensivas, no es menos cierto que el ser humano es libre y capaz de madurar y ser más humano, más equilibrado, más persona.

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Algo más sobre lo de “es que yo soy así”

Leí recientemente que, en contra de lo que podamos pensar, el hombre ha cambiado poco en su naturaleza a lo largo de los siglos. La soberbia, tan propia de nuestra civilización, nos hace pensar que el mero paso del tiempo es progreso, y que por tanto estamos en la cumbre. Que todo lo pasado ha sido superado.

Esto que puede ser cierto en el campo del desarrollo tecnológico, considero que no se corresponde con la dimensión moral y constitutiva de la persona humana. El conocimiento del hombre propio de los clásicos no han sido en absoluto superado. Se desconoce, se ningunea o se oculta, y  posiblemente buena parte de los problemas de nuestro tiempo podrían arreglarse recuperando sus ideas.

Los clásicos nos indican que el camino de la plenitud, del máximo progreso del hombre pasa por el cultivo de virtudes como la sabiduría y la prudencia. Una característica del hombre sabio y prudente, maduro en una palabra, consiste en asumir responsabilidades sin echar la culpa a otros.

El pensamiento blando nos inclina a pensar desde pequeños que si algo hacemos mal es por culpa del ambiente o de los otros. Y cuando esas excusas no sirven, se recurre al tan manido “argumento” es que yo soy así.

Es cierto que nacemos con un temperamento y que el ambiente y la educación recibidas nos marcan e inclinan en un sentido u otro en nuestra manera de comportarnos. Pero si lleváramos esto al extremo, nuestra libertad estaría en juego.

Porque si yo soy así y no puedo actuar de otra forma, no soy ni libre ni maduro. Madurez y libertad van de la mano.

 

 

¿Porqué conviene forjar el carácter?

Existe una tendencia muy extendida según la cuál se justifica todo con la idea de que “es que soy así” ¡ay, el es que! Se exaltan la naturalidad y la espontaneidad como virtudes sublimes y, cada vez más lideres sociales y políticos animan a convertir en derechos los deseos de cada cuál.

¿Es sostenible esta manera de pensar y vivir? ¿Podemos convivir en paz y armonía si cada cual actúa según su carácter? Parece claro que no. Debe haber unos límites.

El objeto de esos límites no debe ser únicamente la convivencia pacífica, también es importante el crecimiento y la maduración de cada persona. Actuando según nos dicta el carácter no somos libres, a menos que se piense que actuar con libertad es seguir los instintos y las tendencias. Idea por otra parte bastante extendida.

Y es que el carácter como tantas cualidades de la persona, como toda la persona diría; es educable. Es más, debe ser educado. Es obvio que llevamos impreso en nuestro ADN determinadas características. Pero lo propiamente humano es construir sobre ese humus, el temperamento, y no dejarse llevar por él.

No se nace generoso, ordenado, alegre, sincero, laborioso o respetuoso. Es cierto que para unas personas puede ser más fácil que para otras. Sin embargo lo propio del ser humano es forjarse como persona. Primero con la ayuda de los padres y el colegio, después cada vez con mayor autonomía.

No  tomar las riendas de la propia vida supone dejar que las toma por uno el ambiente, las circunstancias u otros intereses. Forjar el carácter supone marcarse un rumbo en la vida, saber a donde se quiere llegar.

Siempre existirá la lucha entre el apetecer y lo que se debe hacer, a veces coincidirá pero otras no. La base para una vida equilibrada y madura es saber que no es más humano dejarse llevar, sino actuar con libertad. Que no es lo mismo aunque lo parezca.

La mayor motivación

Tema complejo el de la motivación del ser humano. ¿Cuantos males se achacan a la falta de motivación, en el trabajo, en el colegio, en la vida? Una supuesta falta de motivación justifica muchas dejaciones o sinsentidos.

No pretendo agotar el tema, pero sí reflexionar sobre un par de ideas que a mí me van bien. Karol Wojtyla afirmó que uno de los grandes dramas actuales es que el hombre ya no se conoce, idea que comparto y que debe llevar a la reflexión.

Se pueden distinguir dos factores que a veces se confunden, uno es la razón o el motivo por el que hago algo, y otro son las ganas con que lo hago.

Generalmente se suele confundir la falta de motivación con las pocas ganas, con la alergia al esfuerzo. Cuando decimos que no estamos motivados, en muchas ocasiones debiéramos decir no me apetece, y casi siempre es porque no hemos encontrado la razón.

Y es que motivación no es tener ganas, sino tener motivos.

El hombre ha derivado en un ser básicamente afectivo, el bien y el mal, la verdad y la mentira, el hacer o no hacer pasa directamente por los sentimientos, son estos los que deciden y ejecutan. No somos conscientes de que esta manera de actuar es muy peligrosa, los estados de animo son tremendamente influenciables, cambiantes y manipulables. Su función no es decidir, sino acompañar, empujar, animar.

La motivación debe buscarse en el ámbito de la inteligencia y la razón (se encuentran razones pensando), tomar una decisión y ponerse en marcha con fortaleza y constancia acompañando todo con la pasión. Viviendo con pasión, no por pasión.

Son muchos y de distintos niveles los motivos que podemos tener para actuar: el ego, el prestigio, la autosatisfacción, contribuir a hacer una sociedad mejor, ayudar a los demás ….. Al final todo se reduce a: yo o los demás. Algo que, por otro lado, es perfectamente compatible

Cercano ya el día de Navidad, ¡que mejor ejemplo que el de un Dios Creador que se hace Niño por Amor! ¿Cabe mayor motivación que hacer las cosas por amor y ofrecérselas a ese Niño?

¡Feliz Navidad queridos amigos de La felicidad de andar por casa y que Dios os bendiga en 2017!

 

10 ideas para padres de adolescentes

Recientemente preguntaba a unos padres que era lo que más les molestaba de sus hijos adolescentes, me contestaron que las malas contestaciones, los silencios, la desobediencia. Yo les preguntaba acerca de lo que esto generaba, mal ambiente me contestaron.

Luego les pregunté cómo respondían ellos a esta situación. Ante su propia sorpresa me contestaron que con enfados, silencios, monosílabos, acerca de lo que esto generaba llegaron a la misma conclusión que antes, mal ambiente.

Educar es complicado, sin duda, pero cuando el ambiente es malo, cuando las relaciones personales son malas, la misión se vuelve casi imposible. Genera malos pensamientos, la creencia de que el otro hace las cosas para fastidiarme. Esto hace que el ambiente empeore no sólo exteriormente sino en los corazones.

Parece un quicio fundamental que en casa haya buen ambiente, sólo así las relaciones personales pueden ser óptimas para que todos crezcamos como personas, nos queramos y seamos mejores; que de eso se trata, de ser felices haciendo felices a los demás.

A modo de decálogo, he aquí 10 propuestas para mejorar el ambiente en casa. Sin perder de vista que mejorar el ambiente, en cualquier realidad humana, está en primera instancia en mi campo, soy yo quién tiene que dar el primer paso:

Procurar un ambiente tranquilo. Reservar momentos para ello, por ejemplo la comida en familia

Fomentar el trato cariñoso entre todos. Por ejemplo saludarse al entrar o salir de casa, ceder el paso, sonreír, preocuparse por los demás

Respetar su intimidad, lo cuál no significa no estar al tanto de los amigos y actividades.

Acercamientos indirectos (buscar gustos o aficiones comunes con los hijos). Llegar a acuerdos en temas “calientes”: salidas, estudio, orden en casa, etc …..

Exigir con cariño y respeto. Evitar los sarcasmos y las burlas

Ser modelo de lucha más que conferenciante sobre lo que está bien y lo que está mal

Abrir el hogar para que puedan estar con sus amigos

Fomentar una rebeldía sana, darles razones para actuar frente a las injusticias que tanto rechazan

Enseñarles a pedir perdón pidiéndolo nosotros cuando fallemos

Transmitirles una imagen positiva de sí mismos. Ayudarles a descubrir lo bueno que tienen y a lucha en aquello que pueden mejorar

Son 10 ideas que espero sirvan de orientación para padres “despistados” y de ánimo para padres cansados.

La fortaleza de la coherencia

Muchos padres no son conscientes de la poderosísima arma que para educar a sus hijos tienen en sus manos. Posiblemente lo más definitivo en la vida de una persona sea el ejemplo de los demás: su coherencia o incoherencia, su generosidad o egoísmo, su humildad o soberbia; en definitiva, sus luchas …..

Cuando unos padres no sabe que hacer para ayudar a su hijo, lo más inmediato es decirles que le den ejemplo. Sólo desde una vida coherente se puede exigir coherencia. Las personas somos más sensibles a lo que los demás hacen que a lo que dicen.

Unos padres que no paran en casa, ya sea por trabajo u ocio, difícilmente podrán construir un hogar acogedor, tendrán poca autoridad para regular horarios de salida y entrada. Quién está continuamente pendiente de las redes sociales, del postureo, de narrar su vida al cosmos; difícilmente podrá educar a sus hijos en la discreción, el pudor, la intimidad.

Si criticamos a los demás no podremos educar el respeto. Si dejamos todo manga por hombro, ¿como vamos a pedir a nuestros hijos que sean ordenados?

¿Cual es el argumento que muchos adultos emplean para no pagar impuestos, no cumplir obligaciones, trabajar lo justo? La falta de ejemplaridad de los políticos, los jefes; en resumen, los demás.

Con nuestros valores y comportamiento estamos ayudando a nuestros hijos a ser mejores o a dejarse llevar. No es lo mismo que nuestra meta profesional sea la fama, el prestigio egoísta o el dinero, es decir el ego; que la generosidad, la mejora como personas, la ayuda a quien lo necesita, es decir los demás.

Son ideas escritas a vuelapluma con las que quiero compartir la idea de que el mejor apoyo de los padres para educar es la lucha por llevar una vida coherente con lo que esperamos de nuestro hijos.

Si actuamos así, nos sentiremos fuertes para quererles y exigirles, y desaparecerá ese sentimiento de culpa que tantos sufre. Y ellos, a pesar de sus fallos, encontrarán razones para ser mejores.

 

 

Lo que se espera de un #padre en 2 ideas

Si tuviera que resumir en dos ideas lo que se espera de un padre diría que son transmitir al hijo lo bueno y verdadero, y mostarle con el ejemplo la manera de vivirlo. Y ¿cuáles las principales virtudes que debe de tener un buen padre? Entre otras, la fortaleza para exigir, el cariño para dar seguridad y la humildad para luchar por ser mejor y pedir perdón cuando sea menester.

Tres preguntas para saber si has madurado

Durante la adolescencia se dan una serie de comportamientos que están muy relacionados, por un lado con la inmadurez de la persona adolescente, y por otro con la fuerza con la que actúa la afectividad en todo ser humano.
La valoración afectiva de la realidad es, en todo ser humano, mucho más rápida que la racional; eso hace que el comportamiento de las personas inmaduras sea en muchas ocasiones tan poco racional. No son capaces de neutralizar y equilibrar ambas dimensiones.
La madurez humana se alcanza cuando se es capaz de atenuar los movimientos afectivos, los sentimientos, las pasiones y las emociones. El quid no es anularlos o reprimirlos sino atenuarlos, dejarles su espacio pero no permitir que sean dueños.
A grandes rasgos, el inmaduro permite la supremacía de lo apetecible sobre lo razonable, de la experiencia sobre el saber, de la imaginación sobre la lógica, del sentimiento sobre la inteligencia.
El inmaduro rechaza la autoridad ya que la ve como una imposición. Alaba la espontaneidad y lo confunde con “lo auténtico”. El narcisismo también tiene su nido en el inmaduro, esto hace que todo gire en torno al autoexamen, la introspección, lo que los demás piensan de mí. Todo para el inmaduro es lúdico y pasa por la satisfacción inmediata.
Escribo estas ideas mientras preparo una conferencia sobre la educación de la sexualidad en el adolescente. Me pregunto si este comportamiento inmaduro, lógico en el adolescente; no se da con demasiada frecuencia en personas que por su edad, debieran mostrar un comportamiento más equilibrado y racional.
Acabo con las tres preguntas anunciadas:
¿Eres capaz de actuar en contra de lo que te apetece haciendo caso a la razón?
¿Crees que la espontaneidad es lo autentico y que actuar de acuerdo a lo razonable es hacer teatro?
¿Rechazas lo “convencional” y cree que lo que más vale es lo último?

¿Sabes para qué educas?

Es importante cuando se inicia un viaje, o un negocio y tantas otras actividades humanas, saber el objetivo final. Una vez delimitado este ya se puede empezar a actuar y tomar medidas que siempre deberán estar en concordancia con el objetivo marcado. Si no se hace así, lo normal será deambular, zigzaguear y finalmente estrellarse o aparecer en donde no se quería.
Algo similar sucede con la vida. Hay quienes creen que son más libres porque no tienen hoja de ruta en su vida, se van dejando llevar de las circunstancias y se van adaptando a lo que surge. Es cierto que la vida de cada uno es un libro que está por escribir, pero también es cierto que cuando no se escribe sobre lineas, hace falta una plantilla para no torcerse excesivamente, o para volver al camino.
Sirva este largo preámbulo para hablar sobre lo que considero que debiera ser el objetivo fundamental de la educación: aprender a amar. Hace unos días leía en un libro del profesor Calderero (*) dos ideas muy nucleares: “se educa cuando ayudas al niño a que se interese por el bien, y el bienestar, de los demás” y “la ignorancia se combate con la sabiduría y la práctica del bien”
Ambas ideas dan por supuestas dos realidades que una gran parte de nuestra sociedad niega: existen la verdad y el bien.
Solamente en la medida en que existe la verdad existe el bien, y sólo si este existe podemos hacerlo.
Es buena cosa que la búsqueda del bien y su realización sean el hilo argumental de nuestra vida. Para que sea así es muy importante que la base de la educación sea enseñar a amar.
Aprender a amar desde pequeños hace mas fácil ser feliz, el hábito de olvidarse de uno mismo y pensar mas en los demás no es una quimera sino que se manifiesta en detalles concretos de la vida corriente: sonreir, ceder, preguntar, escuchar, alegrar … poner la mesa, sacar la bolsa de basura, servir el agua, dejar el aseo limpio ….
Aprender a amar y enseñarlo es tarea para toda la vida, para cada día. Sólo se puede enseñar si lo que se dice se acompaña con el ejemplo. Ese creo que es el objetivo fundamental de la educación.
(*) Educar no es domesticar J.F. Calderero. Ed. Sekotia

Espíritu transgresor para hacer el bien

El espíritu del hombre es, en el buen sentido del término, transgresor. Creo que de no ser así, supondría una limitación al crecimiento y mejora. Claro que la transgresión debe ser constructiva, no simplemente destructora. Debe servir para romper las barreras que nos impiden ser mejores, más humanos. Creo que lo mas transgresor que puede haber hoy en día es la obra bien hecha. Se trata de una auténtico terremoto frente a un tiempo propicio a la chapuza y la pereza.
Leo una entrevista al cantor de poetas, Amancio Prada. En ella reivindica la educación que deriva en el gusto por hacer bien las cosas.
Afirma que todo lo que hacemos es importante y que la sublimidad de un trabajo no está en el puesto que se ocupa, sino en cómo se hace, en el amor que se pone.
Según Prada, el fin del hombre no es triunfar sobre los demás, sino dar testimonio de la bondad.
Estas ideas se unen a aquella afirmación que tuitee hace unos días: la vida está para darla.

¿Mandar? ¿Para qué? Ideas sobre autoridad en la familia

Recientemente hablé a un grupo de padres y madres sobre el valor de la autoridad en la familia. Bien entendida, la autoridad es un servicio que prestamos a los hijos para ayudarles en su desarrollo como personas. Y bien entendida también, la mejor autoridad es la que se ejerce con el buen ejemplo de la propia vida.

Os dejo un enlace a la presentación que preparé, espero que sea útil

¿Mandar? ¿Para qué?

 

Descubriendo los valores del adolescente

Esta tarde daré una sesión para padres y madres con hijos adolescentes, difícil etapa con grandes posibilidades y retos. Os dejo la presentación que voy a utilizar:

Descubriendo los valores del adolescente

Lo que necesitan los hijos

Los hijos constituyen sin duda una de las principales preocupaciones de la mayoría de los padres. Les preocupa que tengan buenos hábitos, que estudien, que tengan amigos, buena salud, en definitiva que sean felices. Es lógico, cuando se ama a alguien se desea el bien para él. Hay padres que acuden a entrevistas con los profesores de su hijo, otros hacen cursos de padres, leen libros.
Hoy quisiera llamar la atención del hecho de que todo se centra en el hijo. Y considero necesario abrir el objetivo.
Decía el profesor Garcia Hoz que existe un factor invisible y constante que tiene mucho peso en la educación: el ambiente familiar. El ambiente familiar es el oxigeno que se respira en casa, cuando está limpio y equilibrado genera espontáneamente alegría, es atractivo e invita a todos a ser mejores, a participar de la vida de familia. Es el ambiente ideal para crecer felices y equilibrados.
Sin embargo cuando el ambiente es frío, distante, lejano … genera todo lo contrario, pocas ganas de compartir, apenas deseos de ser mejor, tristeza.
Ese ambiente familiar adecuado no se encuentra, hay que construirlo; y es función principal del padre y la madre conseguirlo.
Esta es mi reflexión de hoy: es importante conocer a los hijos, prepararse como padres, acudir al colegio, conocer a sus amigos …. pero hay que abrir el objetivo: el núcleo fundamental de una buena educación y una infancia feliz depende de la relación de mamá y papá. Si ven que estos se quieren, se respetan, se tratan con delicadeza, caminan juntos; sin duda el ambiente familiar será el adecuado y los hijos querrán ser mejores.

Cuando la libertad y la obediencia van de la mano …..

En el imaginario colectivo está impreso que libertad y obediencia son incompatibles. No sólo lo creen muchos niños y jóvenes, lo peor es que lo creen también padres y educadores. De esta guisa, solo hay dos opciones: si se obedece no se actúa libremente, y si se quiere actuar libremente no se debe obedecer.
La realidad es que una obediencia sin libertad es una contradicción en sí misma. Cuando una persona actúa según reglas que interiormente no acepta o cuyo sentido no entiende, no es libre.
Es la tarea educativa es fundamental ir preparando a los niños desde pequeños para que obedezcan inteligentemente, explicándoles el sentido de lo que hacen y porqué lo hacen.
La obediencia debe estar muy unida a la confianza y al amor. Sólo de esa manera se puede obedecer en libertad.
Si quieres que tus hijos te obedezcan dales pocos mandatos. Centrate en aquellos que afecten a aspectos importantes, y hazlo con fortaleza, con cariño y con coherencia en tu actuación. Mandar con prudencia es la antesala de la obediencia.
Los hombres no sólo somos libres, sino que necesitamos sentirnos libres.

Ideas para disfrutar de una vida equilibrada

Es fácil experimentar que la felicidad y la plenitud tienen mucho en común con la armonía, el equilibrio y la madurez. Por contra cuando gobiernan la vida el capricho, los sentimientos exagerados o el mal carácter, las personas no se encuentran a gusto ni consigo mismos ni con el mundo. Resulta entonces difícil disfrutar de paz y ser feliz. Es cierto que en esta realidad de los sentimientos y de la afectividad hay una cierta base heredada, sin embargo es mucho lo que la educación puede hacer. Resulta necesario que la educación contemple la formación de la afectividad.

El núcleo gordiano de la educación consiste en encontrar el equilibrio entre lo que pide la afectividad: el placer y el bienestar; y lo que dicta la razón: el bien. Como ambas no suelen coincidir la lucha está servida entre lo que apetece hacer y lo que se debe hacer. Valga como ejemplo el del estudiante que sabe que debe estudiar pero al que apetece salir con los amigos o jugar con la videoconsola.

Una buena educación pasa por colocar en su lugar la afectividad: conseguir que esta sea activada y dirigida por la voluntad (guía a tu corazón, no te dejes llevar por él). Actuar de esta manera resulta difícil ya que ante una disyuntiva la valoración de la afectividad es más rápida y fuerte que la racional. Los movimientos afectivos necesitan gobierno y moderación.

¿Qué hacer para conseguir este orden y equilibrio entre afectividad y racionalidad? La batalla se mantiene cada día y sólo se gana en lo pequeño. Son los pequeños vencimientos diarios los que ordenan la cabeza y el corazón. Por ejemplo venciendo la pereza a la hora de levantarse de la cama o cumpliendo un horario de estudio.

Otras ideas que ayudan a mantener ese equilibrio pueden ser:

– un ritmo alimenticio adecuado: comer a determinadas horas y no cuando el estomago quiere

– alternar durante el día momentos de cansancio con otros de descanso

– dormir las horas adecuadas a la edad: acostarse y levantarse a horas previstas y razonables

– realizar actividad física que siempre supone un mayor o menor esfuerzo y vencimiento

La idea es que el mapa final sea este: la racionalidad tiene el poder político, la afectividad se deja gobernar y el cuerpo se resigna y ofrece una menor resistencia. Para que esto ocurra hay que mantener pequeñas luchas cada día en un ambiente familiar alegre y optimista.

¿Le has preguntado a mamá? Una idea para que tus hijos obedezcan

Preocupa mucho a todos los padres la desobediencia de sus hijos. Suele ser el principal motivo de enfados y enfrentamientos, no sólo con ellos sino también entre los cónyuges. En educación no existen recetas pero sí pequeñas ideas que pueden ayudar, vamos con una para fomentar la obediencia.

En varias ocasiones he escrito en Ser Audaces que los hijos necesitan que los padres se quieran, que estén unidos. Creo que la piedra filosofal de la educación consiste en que el padre y la madre  estén de acuerdo en los principios educativos y que se muestren unidos ante los hijos. No existe nada más demoledor para la formación de los niños que comprobar que entre sus padres hay diferencias, y que decir si estas derivan en discusiones.

Es algo muy humano ir buscando los limites, ocurre en la vida social, laboral, etc….  Si nadie pone esos límites llega la anarquía. Los niños buscan, y necesitan esos limites, pero necesitan tenerlos claros. Por eso lo primero que tienen que hacer los padres si quieren que sus hijos obedezcan es estar de acuerdo y mostrarse unidos.

Me lo explicaba un amigo con un ejemplo muy práctico: ” Cuando mis hijos vienen a pedirme permiso para algo les pregunto si ya se lo han preguntado a mamá, si me dicen que sí les pregunto ¿entonces porque me preguntas a mí? y si me responden que no, entonces les digo que le pregunten a ella. Lo mismo hace mi mujer. Se trata de que los dos demos el mismo criterio. Si alguno de los dos no está de acuerdo en lo que ha dicho el otro, lo hablamos después a solas”

Esta unidad del matrimonio hace que los hijos se sientan seguros, exigidos y queridos; y además evita discusiones y ambientes tensos.

Para que los niños lean

No debiera resultar extraño hablar de la lectura a padres con hijos menores de seis años, cuando precisamente se aprende a leer a partir de esta edad. En las siguientes líneas pretendo mostrar que los lectores se forjan desde el nacimiento y que por tanto la lectura es un tema de formación para padres con hijos pequeños.

Los lectores se forman desde que nacen. ¿Quién no recuerda a Bastián (“La historia interminable”) gozando con un libro?. Cuantas sensaciones y vivencias extraordinarias se pueden vivir a través de un buen libro. Hoy en día la lectura, gran afición del tiempo libre, se encuentra minusvalorada y ha sido relegada en beneficio de lo audiovisual (consolas, tablets, etc…).

El ámbito más privilegiado para forjar lectores es la familia. Un hogar con libros, unos niños que vean leer libros a sus padres, son unos niños predispuestos a amar los libros. Los lectores se forjan en el hogar. Qué recuerdos podremos dejar a nuestros hijos contando o leyendo cuentos por la noche, o comentando con ellos sus libros. La lectura relaja, supone soledad, reflexión, pensar, es como un parón en esta vida tan ajetreada.

El niño, en los primeros meses se comunica por medio de lloros, gestos, pataleos… y también por medio de sonidos, que repite y repite, y le resultan muy divertidos. Es la época de los “cinco lobitos”, de “este puso un huevo…”, “aserrín, aserrán…”.

A estas edades a los niños les encanta ver cuentos con los mayores, libros de grandes imágenes y dibujos. A través de estos libros el niño aprenderá el nombre de las cosas, podremos jugar con él a encontrar cosas, y cuando lo encuentre le aplaudiremos, y reiremos juntos, le podremos contar cuentos cortos y poco a poco el niño relacionará los libros con momentos estupendos. Aprenderá palabras, y lo más importante, estará con papá y mamá.

Los libros unen a la familia.

-de 3 a 5 años (fantasía y realidad)

Por medio de la palabra el niño expresa sus sentimientos. En estas edades el mundo interior del niño es riquísimo y admite todo, lo real, lo absurdo, lo posible y lo imposible.

Nos encontramos en la etapa de la fantasía, de lo mágico. Es la edad de la imaginación y por lo tanto les encanta los cuentos, creen en los personajes, los imaginan, se alegran y sufren con ellos. Los cuentos deben ser rápidos, ágiles, con temas tales como hadas, animales personificados, etc…

Los libros evitan la uniformidad en el pensar, da rienda suelta a la imaginación, un libro puede ser leído varias veces y verse de distinta manera. La lectura no sólo sirve para entretener sino para formar. Por medio de la lectura podemos inculcar valores sociales, religiosos, morales, familiares.

Los libros no son neutros, transmiten valores o antivalores, por ello es muy importante que los padres sepamos que libros leen nuestros hijos. La lectura tiene que ser una actividad agradable, para ello deberemos estimular positivamente al niño, para que coger un libro sea para él un acto amable, positivo.

Cada edad tiene unas características, y por tanto no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis. Enseña a tu hijo a amar los libros. Los libros y las edades Decíamos que no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis.

Deberemos conocer las características propias de cada edad, además de la forma de ser del niño, pero básicamente valgan las siguientes indicaciones:

-De 0 a 3 años (aprendiendo a hablar)

La base de la lectura es la palabra, por tanto es fundamental la etapa de la adquisición del lenguaje.Conviene que les quede clara que es un cuento, y no realidad, y para ello podremos empezar diciendo aquello de “erase una vez”, “me contaron”.Deben existir pocos personajes y que intervengan niños y animales.

También es conveniente que quede bien delimitado el bien y el mal, no confundiendo conductas o sembrando dudas, y sobre todo debe existir un final feliz. El triunfo del bien.

-De 6 a 7 años (primeros lectores)

Es la edad ideal para motivar en la lectura, a través del cuento aprenden a amar los libros y a darse cuenta que leer entretiene y divierte. Convendrá que lean en bajo y también en alto, y de esta manera la familia participará de sus progresos y el niño saldrá reforzado en su motivación.

CONVIENE SABER QUE…

-Los lectores se forman desde que nacen.

-Existen libros para todas las edades.

-Para los más pequeños convienen libros con hojas duras y con grandes dibujos.

-Para los pre-lectores con algún libro de letras y dibujos.

-Es fundamental el ambiente de lectura en casa.

-Los libros no son neutros, dan valores o antivalores, hay que seleccionar.

-Debemos motivarles y disfrutar con ellos.

-El cuento es nuestro principal aliado para formar lectores, no nos cansemos de repetir el mismo cuento (les encanta y fomenta la memoria).

Tiempo de ocio para ser mejores

Tanto en la vida personal como en la educación de los hijos es conveniente tener en cuenta que el ser humano es unidad y que para vivir una vida equilibrada y feliz es necesario respetarla. Necesitamos ser coherentes y no dividir la vida en compartimentos. Difícilmente se pueden vivir virtudes en aspectos concretos de la vida y no en otros, la personalidad se resiente, y los padres transmitimos esa forma de vida a los hijos actuando así.

Los valores en los que creemos y que sirven para la vida de familia, deben ser los mismos en la vida social y profesional. La generosidad, la sinceridad, la responsabilidad y tantas otras virtudes, o se intentan vivir todo el día o se corre el riesgo acabar desequilibrado.

Me vienen estas ideas a la cabeza al pensar sobre el tiempo de ocio, tanto el de los jóvenes como el  de los adultos. Muchas personas tienen la idea de que el tiempo de ocio es tiempo para “desparramarse” o, en el mejor de los casos, para no hacer nada. El carácter integral de la persona hace que esto sea perjudicial e inhumano. El tiempo de ocio tiene que formar parte de la lucha por ser mejores,  los hijos tienen derecho a ser educados de esta manera.

Padres de adolescentes

La vida no es algo estático sino que evoluciona dando lugar a distintas etapas, infancia, adolescencia, juventud, edad adulta …… El paso de una a otra puede ser en algunos casos muy acentuado, en otros más suaves. Le ocurre tanto al niño que alrededor de los tres años descubre su yo, como al adolescente, al joven o al adulto. En esos cambios de etapa suelen producirse las temidas crisis que se manifiestan en pensamientos como “no se que me pasa”, “no me reconozco”. Pueden dar lugar a una cierta insatisfacción con la vida y en tener la sensación de que los pilares se derrumban. El fenómeno de las crisis tiene mala fama, sin embargo suponen simplemente el dar paso a una nueva realidad, transformándose en oportunidad para crecer, madurar y mejorar.

Cada persona es única e irrepetible, sin embargo en todos se dan una serie de características comunes cuyo conocimiento es muy útil para superar las temidas crisis. También en la vida familiar se puede producir el fenómeno que se ha dado en llamar la tormenta perfecta. La situación ideal para ello es lo que les ocurre a muchos matrimonios que rondando los cuarenta años, tienen hijos adolescente. En estos casos, a la crisis de los padres se junta la de los hijos: la tormenta perfecta.

La sensación cada vez más clara de los límites de las propias fuerzas, la perdida de la ilusión, la sensación de que la vida no se desarrolla como la habíamos planeado, el temor a haber fracasado en la educación de los hijos o el escepticismo pueden sorprender a más de uno y provocar fisuras personales y en el matrimonio. Si no se está en guardia pueden surgir desavenencias tanto por asuntos conyugales como por la educación de los hijos.

La primera idea que conviene apuntalar es que entra dentro de la normalidad que se puedan producir esas sensaciones, y que lejos de suponer un problema pueden ser un punto de inflexión en la vida personal, matrimonial y familiar.

Convendrá hablarlo en el matrimonio para superarlo juntos, ilusionarse por la nueva etapa, redescubrir lo que une, empeñarse en que nunca los posible problemas con los hijos provoquen el distanciamiento conyugal. Volver a enamorarse recreando el proyecto común adaptándolo a la nueva realidad.

Sobre optimismo y confianza

Existe la creencia bastante generalizada de que el optimismo y la confianza son características innatas de algunas personas. Aunque esta idea encierra cierta verdad, sin embargo, estas virtudes también se adquieren y se viven por la lucha personal. El optimismo está muy relacionado con el buen humor y este con saber dar a cada situación su importancia.
Algunas personas hacen de cualquier menudencia un drama. Ello supone, además de un tormento para los demás, una actitud paralizante para ellos mismos. Cuando falta el optimismo y la confianza, no se puede crecer y mejorar ya que esto supone, por definición, una cierta seguridad en uno mismo y en las propias capacidades.
El optimismo, al igual que la generosidad, se vive cuando se lucha por hacer la vida agradable a los demás, cuando se está mas pendiente de los otros que de uno mismo. El pesimismo es egocéntrico. El optimismo como virtud no se refiere a los inconscientes que no ven las dificultades, o a los autosuficientes que se creen infalibles. Se adquiere cuando uno mismo se conoce, se toma un poco en broma y sobre todo no se es demasiado susceptible a lo que dicen los demás.

En recuerdo de Belén Langdon

Estos días consideraba que una de las mayores virtudes que puede tener una persona sea posiblemente vivir enamorada, con la ilusión y el deseo de buscar lo mejor. Twitee hace unos días que las personas jóvenes son aquellas que tienen más ilusiones que recuerdos. Descubro cada día que las personas enamoradas recrean la vida, buscan lo mejor y lo comparten, crean a su alrededor un ambiente alegre y optimista. Son conscientes de las dificultades y de las tristezas, pero no les llenan de amargura sino que ellas las llenan de sentido. Las personas enamoradas son delicadas, luchan en lo pequeño porque saben que ahí se encuentra el amor. Buscan y dan sentido a cada detalle pequeño de la vida.

¿Dónde y como se forjan estas personas? No hace falta ir a ningún lugar especial, sin duda en la familia. Por eso la labor de ser padres es tan grande, es en la familia donde crecen las personas enamoradas. Se trata del lugar natural para descubrir y hacer crecer el amor, esas pequeñas luchas y cuidados que son un anticipo del cielo. Cada pequeño detalle de arreglo personal, del adorno de la casa, de la preparación de la mesa, de estar pendiente de los demás encuentra su sentido en el amor; no se pueden entender de otra manera.

Y en medio de estos pensamientos me sorprendía la trágica muerte de Belén Langdon, triste suceso que ha mostrado lo mejor de la familia. El testimonio de amor y fe de Nick y Yolanda, de sus hijos y de las compañeras del colegio nos interpelan y empujan para querer ser mejores. Es como si en medio de la tundra apareciera una flor, y otra y otra.

Tu vida Belén ha sido, lo se, una vida enamorada. Corta, pero enamorada. Por eso deja mucho fruto y paz y serenidad, en medio del dolor.

Educar y forma de ser

En una entrevista publicada en la revista Familia y Cultura, el profesor López-Barajas afirma que “la educación de los hijos no es cuestión de técnica sino de forma de ser”.
Muchos padres argumentan que educar es muy difícil, les falta tiempo, no tienen preparación, la presión de la sociedad les puede. Las tres dificultades son ciertas, Y de ellas la más cierta sea la falta de tiempo.
En una sociedad que podríamos denominar del conocimiento y la eficacia, se tiende a pensar que la fórmula mágica, la solución a todo, está en la técnica y en los métodos. Esta idea no funciona en lo concerniente a las personas, ni en las relaciones sociales, ni en el trabajo y mucho menos en las relaciones familiares.
No seré yo quién niegue la importancia que tiene que los padres se formen para ser mejores, pero creo que sin duda la “piedra filosofal” de la educación está más en su manera de ser y actuar que en los muchos conocimientos que tengan. Se puede ser un gran teórico de la educación y un pésimo educador.
De poco serviría asistir a un curso o leer libros sobre educación si luego en el comportamiento diario, si en la forma de ser y relacionarse no aparece la persona que procura ser mejor, que comprende, que disculpa y que exige cuando hace falta.
Y Precisamente por este motivo afirmaba al principio, que el factor falta de tiempo es principal. Es imposible conocer a las personas, ver como actúan, establecer lazos afectivos, etc si no se dedica tiempo tranquilo. Por ello me atrevería a sugerir dos propuestas a quienes pueda interesar: dedicar tiempo a la familia y procurar la propia mejora como persona. Una de las grandezas del hombre es que la forma de ser siempre se puede mejorar. Con estos dos propósitos seguramente educar se tornará más asequible y complementado con la lectura de algún libro y la asistencia a un curso de orientación familiar, “miel sobre hojuelas”.

¿Qué hacer con tanto corazón “partío”?

Las declaraciones de José Ignacio Munilla en las que reflexiona sobre el origen del sufrimiento de tantos jóvenes pienso que van a la raiz de la cuestión. En ellas se refiere a la importancia que tienen la educación de la afectividad y la inteligencia en la maduración y equilibrio de la persona, situación a la que debe llegar toda persona al alcanzar la edad adulta y que tiene su origen en la infancia y continuación en la niñez, la adolescencia y la juventud.

En todas estas etapas los hijos necesitan tanto el cariño y la exigencia de los padres, como un ambiente familiar estable. Cuando ambos van unidos, los jóvenes crecen seguros en sus inseguridades, son capaces de asumir responsabilidades, no esperan que se les de todo hecho, valoran lo que tienen y su vida no está basada en el derecho a todo, se saben queridos y aprenden a darse a los demás, encuentran sentido a renunciar a sí mismos. Lo normal es que sean felices y dispongan de las herramientas para afrontar la vida.

Y junto a la educación del corazón hay que procurar la formación de la inteligencia, la búsqueda honrada y razonada de la verdad y el bien, que les lleve a la formación de sus propias ideas.

Pienso que sobre estos dos quicios gira el éxito o fracaso de la educación y en ello es crucial el papel de los padres. Por eso todo lo relativo a la educación pasa tanto por procurar familias estables en las que los padres asuman su papel y responsabilidad, como por el apoyo de la sociedad a esa tarea de los padres como primeros educadores. Si no se hace así de poco servirán los esfuerzos para dedicar más recursos materiales a las escuelas.

La responsabilidad de los padres es muy grande, pero es que traer un hijo al mundo es algo muy, muy serio.

Austeridad sí ¿pero sólo en tiempo de crisis?

Solón fue uno de los siete sabios de Grecia. Poeta, reformador y legislador; su gobierno se caracterizó por reformas para hacer frente a las graves injusticias que padecían las clases más pobres. Así, condonó las deudas de los campesinos, rebajó los tipos de interés y protegió la pequeña propiedad, evitando la formación de latifundios.

A él se atribuye la frase la austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente.

Esta idea y una entrevista al economista Robert Skidelsky inspiran mi post de hoy.

La grave crisis económica que vivimos ha puesto en primera linea la palabra austeridad. Pareciera que la solución a estos malos tiempos pasara por retirarse a los cuarteles de inviernos (la austeridad) en espera de tiempos mejores para volver al gasto y el despilfarro.

Solón relaciona la austeridad con la virtud y la inteligencia y así lo creo. El mejor camino para ser felices es conocer las virtudes, encontrarles un sentido y querer vivirlas. La austeridad no es algo negativo sino que nos ayuda a crecer como personas, a ser dueños de nosotros mismos, a disfrutar de lo pequeño. Nos lleva a una idea nuclear: que es más importancia ser que tener.

Ser más  austeros, sencillos, prudentes, sinceros, pacientes, optimistas o laboriosos nos acerca a la felicidad y sólo depende de nosotros. Es lo que realmente nos llena y satisface, y además es gratis.

La austeridad no es sólo para tiempos de crisis, es una forma de vida que nos hace más humanos, mejores personas. Este creo que es el principal reto de los padres, ayudar a los hijos a luchar por ser mejores personas, a disfrutar de lo que realmente vale la pena, a encontrar lo valioso en lo pequeño. La vida de familia es el ámbito ideal para ello.

Citando a Robert Skidelsky:

“Nuestros hijos y nietos van a estar posiblemente peor que nosotros en términos de consumo y de PIB, pero pueden estar mejor en muchos otros sentidos, en términos de salud, felicidad, amistad, contacto con la naturaleza y todos los elementos que queramos incluir en eso que llamamos la ‘buena vida’. Las nuevas generaciones han sido testigos de hasta dónde nos han llevado nuestros errores, y seguramente serán menos insaciables de lo que hemos sido nosotros”

Para crear un buen ambiente familiar

Durante el año las largas jornadas escolares y de trabajo, así como el cansancio y las prisas suponen una agresión a la vida de familia. Y no sólo por la falta de tiempo si no por la falta de tranquilidad. En demasiadas ocasiones los hogares se convierten en alojamientos y falta tiempo hasta de mirarse a los ojos. En diversas ocasiones he escrito sobre la importancia de la comida familiar durante todo el año para evitar que esto suceda.

Estamos ya en verano y practicamente todas las familias disfrutarán de algún tiempo para descansar y estar juntos. Este tiempo cada vez suele ser menor y por eso conviene aprovecharlo al máximo. Por eso me permito aconsejar a los padres que se relajen, que dejen actuar con libertad a los hijos, que sólo intervengan para corregir actitudes graves, y que lo hagan “vis a vis” y con cariño.

Es importante buscar y aprovechar los buenos momentos para educar, y estos pasan por un ambiente de confianza, alegría y buen humor. Crear ese ambiente puede ser un buen propósito, sabiendo que conseguirlo pasa por una lucha personal con el propio caracter; y no sólo de los padres sino también de los hijos. Una lucha de toda la familia.

Descomplícate la vida, recurre a una brújula

Tan cierto es que la vida es compleja como que en demasiadas ocasiones la complicamos. Este pensamiento me venía a la cabeza escuchando a un amigo exponer unas ideas que me parecieron muy sensatas y sencillas.

Esa complejidad se descomplicaría si en vez de utilizar un gps recurrieramos a la brújula. Instrumento sencillo pero sumamente eficaz que utiliza cuatro puntos que orientan al caminante. Los cuatro puntos cardinales que conocemos y que indican el camino físico, bien pueden sustituirse por otros cuatro que orienten la vida: bien, mal, verdad y mentira.

Cada día tomamos decisiones, la mayoría de ellas son poco importantes. Sin embargo de vez en cuando surgen algunas muy importantes. El uso de esos cuatro puntos puede ser muy útil a la hora de decidir tanto en un caso como en otro.

La máxima “in medio virtus” aparece aquí en su verdadero significado. Entre dejarse llevar por las sensaciones, los sentimientos o las circunstancias o complicarse la vida con un gps para tomar decisiones, me quedo con el uso de la brújula.

La estupenda vida de familia

Decía Chesterton que si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa. Pienso que pocas cosas son tan importantes como la vida de familia, por eso es necesario que la cuidemos y mimemos. No basta con simple propósitos, tampoco vale improvisar sobre la marcha cuando no se tiene un criterio.

Se acerca el tiempo de verano, posiblemente el tiempo más caótico, espontáneo e imprevisible del calendario. Se corre el peligro de que las vacaciones se conviertan en un tiempo de no hacer nada; tantas horas y días sin un mínimo planning pueden no solo echar por tierra toda la labor educativa del año, si no hacernos perder un tiempo de oro para ser felices en familia y crecer como personas.

Hay quien cree que estar de vacaciones y descansar supone un dolce far niente sin caer en la cuenta que las personas no somos estáticos y que no hacer nada ya es hacer algo: el vago. Si educar supone un proceso de mejora creciendo en virtudes, hacer el vago y simplemente dejarse llevar nos lleva a ser peores personas. Por todo ello bastaría con un pequeño propósito de aprovechar el tiempo para que las vacaciones nos ayudaran a vivir como personas de altura.

Y es aquí donde le podemos dar el tiro de gracia a lo negativo de la improvisación viviendo un horario, eso sí veraniego. No estoy proponiendo pasar el verano en un cuartel, sino disfrutar del descanso, del cónyuge, de los hijos, de las aficiones. Me atrevo a proponer alguna idea en este pequeño espacio.

Lo mejor, empezar por el principio, levantándose a una hora determinada, aseándose y desayunando en familia. Dedicar un tiempo a arreglar la casa entre todos, a hacer la compra. ¡Que las cosas de casa no son sólo de ella! La invasión de los gadget electrónicos es una realidad, por ello no podemos pretender hacerlos desaparecer, pero sí regularlos.

Considero que determinados momentos de la vida de familia son sagrados y deben excluir totalmente los whatsapp, sms, facebook, etc.. me refiero a las comidas y tertulias. Creo que en este terreno se debe ser especialmente estrictos. Cierto que los tiempos del ordeno y mando los tiramos a la basura, hay que hablarlo con los hijos, dar razones. Pero sacar un móvil durante la comida o tertulia es tan poco educado como hacerlo con un periódico o un libro para leer mientras los demás comentan. Supone una gran falta de delicadeza e interés hacia los demás.

También será bueno haber preparado alguna excursión, senderismo, visita cultural, bicicleta, deporte. Lógicamente todo esto depende de las edades de los hijos, a mayor edad mayor independencia y libertad. Si hemos hablado de un horario operativo para levantarse también será bueno que lo haya para acostarse.

Si no se hace así correremos el riesgo de caer en la improvisación y el pasar de los días. Flexibilidad, respeto a la libertad, autonomía pero también fortaleza para mimar y defender aquello que necesitamos y ayuda a ser mejores: el ambiente familiar, la estupenda vida de familia.

Artículo de Aníbal Cuevas publicado en la revista Hacer Familia (junio 2012)

6 ideas para mantener tu familia unida

“Ideas para mantener a la familia unida” titulé una ponencia centrada en la importante tarea de los padres como creadores del ambiente adecuado para que la familia pueda cumplir su papel de educadora y formadora de personas equilibradas, maduras y felices.

Si os interesa leerla completa podéis descargarla pinchando aquí

Para mantener la familia unida

Mientras preparaba unas notas para mi intervención en uno de los seminarios del Congreso Mundial de Familias al que he sido invitado como ponente, el dedicado a cómo mantener la familia unida; me daba cuenta de que aunque laborioso, mantener a la familia unida puede ser a la vez una tarea sencilla.

En demasiadas ocasiones complicamos las cosas por no saber encontrar el nucleo de la cuestión. Poniendo sobre el papel mis ideas, me iba dando cuenta de que todo lo que escribía estaba en la órbita del perdón y la gratitud; es decir, del amor.

Para enseñar a los hijos a pedir perdón, a perdonar por supuesto; y a ser agradecidos, los padres debemos ir por delante practicando aquello que decimos. Son muchas las "ideas" para mantener la familia unida pero creo que todas giran en torno al perdón y el agradecimiento.

La convivencia y el caracter propio y de los demás, generan roces que si no se curan suelen devenir en desunión cuando no en enfrentamiento. Enseñar a perdonar aquello que nos molesta y a pedir perdón cuando herimos a alguien, son un gran bálsamo para la convivencia. La gratitud genera un buen ambiente y es uno de los grandes eslabones que unen a los hombres.

¿Ideas para mantener la familia unida? Saber perdonar y ser agradecidos. Puede parecer poca cosa pero sin duda se trata de un programa de vida.

Tres ideas para mejorar la vida de familia

Termino de leer una preciosa carta que me invita a plantear tres ideas para mejorar la vida de familia. Algo que debe caracterizar las relaciones familiares es que todos deben sentirse queridos independientemente de cómo sean. En la familia unos deben cuidar de los otros, no vale aquella pregunta de ¿es que acaso soy yo el guardián de mi hermano? Querer nos debe llevar a cuidar del otro tanto en el aspecto físico como en el psicológico y en el espiritual. Quien ama procura el bien del otro, y para ello es necesario fijarse en él, conocerle, tratarle para poder animar, estimular y cuando sea necesario corregir. Primera idea para todos, pero especialmente para los padres.

La familia se enriquece en el trato con otras familias y se empobrece cuando se cierra en sí misma. Es cierto que la caridad comienza por uno mismo y los más cercanos, sin embargo no debe limitarse. Así como las personas crecen dandose a los demás, de la misma manera lo hacen las familias. Es bueno cultivar la caridad y participar en la vida comunitaria, sin cerrar los ojos a las necesidades de los demás. Segunda idea, para todos.

Sin duda lo más excitante de la vida humana es que siempre es posible mejorar y que esto depende en gran parte sólo de uno mismo. Es cierto que siendo seres sociales, la influencia externa influye para bien y para mal. Por eso la tercera idea es crear en el hogar un ambiente que invite a mejorar, a no conformarse con estar. Tercera idea, que es tarea de todo.

El ambiente adecuado

Recientemente leí que la manera de saber si un libro leído ha merecido la pena es considerar lo que nos ha quedado de él. Ésta semana he recuperado Rosa Krüger, un libro que leí hace algunos años y que efectivamente me dejó algo, la idea de que el amor hace que uno quiera ser bueno, "por ella fui algo y fui mejor".

Lo recordaba al escribir un artículo para una revista, sobre el papel del padre; y en concreto al hacer referencia a unas interesantes reflexiones de Garcia Hoz sobre la importancia del ambiente familiar a la hora de educar. Equipara el pedagógo el ambiente familiar al oxigeno, ambos ejercen una acción constante sobre las personas, ya sea para bien o para mal.

Un ambiente adecuado genera espontáneamente alegría, es atractivo e invita a participar, a mejorar.

Vidas que dan fruto

A lo largo de la historia ha habido muchísimas vidas fructiferas, unas han dejado fruto entre los más cercanos, otras han influido en millones de seres humanos. Unas han servido para hacer la vida más fácil a otros o para curar enfermedades, otras han dejado abierto un surco por el que transiten personas a lo largo de los siglos.

Investigadores, padres y madres, líderes sociales y espirituales, profesores …. Investigadores cuyos descubrimientos salvan vidas humanas o facilitan la vida y la comunicación, padres y madres que con su enseñanza y ejemplo de vida tanto bien han hecho y hacen a sus hijos, líderes que anteponen el bien común a los propios intereses, profesores volcados en sus alumnos. Todas ellas vidas fructíferas, sobre todo cuando han sido movidas por amor.

Quizás sean estas letras las que hoy me inspiran: "Que tu vida no sea una vida estéril. -Se útil. -Deja poso". Hoy hace 110 años que nació quién las escribió, una persona que dejó hondos surcos para que el camino de la santidad fuera más asequible y cuya vida dió mucho, mucho fruto. Hoy hace 110 años que nació en Barbastro San Josemaría, sabía y enseñó a amar. 

Día de regalos y algo más

Hemos comenzado un nuevo año que deseo muy venturoso a todos los lectores de Ser Audaces. Me planteaba estos días cuál es la diferencia entre el 1 de enero y el 12 de abril, y es que lo de celebrar el año nuevo no es sino un convencionalismo más de nuestra forma de medir el tiempo. Sería estupendo celebrar cada día con la ilusión y los buenos propósitos con que lo hacemos al comenzar cada año.

En un par de días celebraremos una de mis fiestas favoritas: la Epifanía o día de los Reyes Magos. El pasaje evangélico de los magos de oriente supone como todo en la Biblia un modelo de vida basado en la humildad y en saber buscar y disfrutar en lo pequeño. No podemos desligar ese día de los regalos, y pienso que es bueno; regalar significa querer hacer feliz a otro. Espero con impaciencia la mañana del 6 de enero, por los regalos que recibiré pero sobre todo por los que recibirán los que quiero, como el niño de este video.

El ambiente familiar

Los últimos post publicados se han referido tanto a la importancia de la presencia de los padres como a la de la conversación familiar. Y ambas cuestiones se relacionan para derivar en algo tan fundamental para la felicidad de los hijos como el ambiente familiar.

Los comportamientos y hábitos no se suelen aprender a través de charlas o la lectura de libros, la manera natural de adquirirlos es el ambiente en el que uno se desenvuelve. La afirmación de la personalidad, la formación moral y religiosa, la actitud ante la vida y los hábitos de convivencia se forman en el hogar, por activa o por pasiva.

Un ambiente adecuado genera de manera espontánea alegría y resulta atractivo, una ambiente inadecuado lleva por contra a la tristeza, a actitudes evasivas. Es un hecho constatado que la gran mayoría de los casos de fracaso escolar y/o delincuencia van unidos a un ambiente familiar inadecuado.

Parece obvio que la labor de los padres es fundamental y que esta no es neutral. El ambiente familiar no se encuentra, no es algo dado si no que se construye cada día; y los principales actores responsables de construirlo son los padres. Su presencia, su alegría y buen humor, la preocupación por hacer del hogar un lugar agradable, el sentirse queridos y tantas otras "pequeñeces" crean el ambiente familiar adecuado.

La imprescindible presencia de los padres en el hogar

¿Cuántas veces se escucha a padres y madres que justifican el poco tiempo que están con sus hijos bajo la excusa de la calidad del poco que les dedican? Como si dedicar mucho tiempo a los hijos fuera en detrimento de la calidad. Me recuerdan esos menús delicatessen, platos grandes y bien adornados en los que se adivina algo para hincar el diente en el centro. Una vez que se termina el ágape los comensales se retiran a comer algo sustancioso.

Es de lógica que el tiempo que se dedica a los hijos ha de ser de calidad, pero no en pequeñas dosis delicatessen. Los hijos necesitan el roce, la presencia de los padres; y no sólo para que jueguen con ellos o les ayuden en los estudios. También necesitan ver su forma de actuar, que su conducta es coherente con sus enseñanzas.

Sólo con la presencia del padre y la madre en casa es posible crear un ambiente familiar que proporciona tantas seguridades, física, psicológica y afectiva, necesarias para criar personas equilibradas y felices. Un estilo de hogar y familia se construye con personas, no con cosas. Los hijos serán más alegres, generosos, ordenados … en la medida en que vean esta lucha en sus padres y tendrán más oportunidades de disfrutar de conversaciones espontáneas. Para todo ello se hace imprescindible la presencia cotidiana de los padres.

 

La mejor herramienta

Dentro de unos días moderaré una nueva sesión de orientación familiar, será la primera de un curso dirigido a padres con hijos de 0 a 3 años. Y aunque llevo tiempo impartiendo este y otros cursos, me sigue emocionando la capacidad que tenemos las mujeres y los hombres de ser mejores, más humanos, más felices; sabiendo que en gran medida depende de nosotros mismos.

No creo que la libertad humana tenga que ver con la espontaneidad, con hacer lo que "brota", por el contrario la encuentro más relacionada con hacer lo que creemos que debemos hacer. Pero dejemos este camino, entraríamos en honduras y no es esa mi intención con este post. Los padres que acuden a cursos de orientación familiar, a conferencias o que buscan asesoramiento lo hacen con ilusión, esperando encontrar herramientas que les ayuden en su tarea de educar a sus hijos.

Me gusta compartir con ellos que la mejor herramienta para que el matrimonio, la familia y los hijos sean aquello que anhelan es la pelea diaria y constante por pulirnos a nosotros mismos y dar lo mejor, tarea que nunca finaliza. Nuestros matrimonios y nuestras familias mejoran en la medida en que mejoramos nosotros, teniendo claro que este no es un estado inamovible si no que avanzamos o retrocedemos.

Me gusta repetir a los padres, y me repito a mi mismo, que no se debe perder nunca la ilusión y el compromiso con uno mismo de crecer como persona. Esa es la mejor herramienta.

Por una cultura familiar del tiempo

Sin ninguna duda los tiempos han cambiado, están y seguirán cambiando. La velocidad, las prisas y la inmediatez se han adueñado de nosotros haciendo que dejemos de disfrutar de muchos momentos que necesitan ser vividos a otro ritmo. En muchas ocasiones ni tan siquiera los vemos llegar.

Esas prisas artificiales no se corresponden con el tempo del hombre; por mucho que queramos correr, todo lo humano lleva su ritmo, forzarlo conlleva el riesgo de virtualizarlo. Escribo estas consideraciones al hilo de uno de mis tweet de hace algunos días: “para que los niños sean niños, es necesario que los padres sean padres” . Seguramente muchos seguidores de Ser audaces leyeron el título pero no el contenido, otra consecuencia de las prisas y el exceso de información.

Muchos padres se empeñan en que los niños maduren antes de lo que corresponde. Permítaseme el simil con la maduración de la fruta, la mejor es la que lo hace a su tiempo; para ello necesita un terreno, una temperatura y unas lluvias adecuadas; si no se hace así el resultado suele ser fruta verde que al día siguiente está pasada.

El papel de los padres no consiste ni en sobreproteger ni en dejar al descubierto a los hijos, más bien se trata de acompañarles respetando y cuidando sus tiempos. Conviene dárles responsabilidades que puedan asumir, pero hay que evitar aquello que destroce su infancia y adolescencia bajo una falsa madurez.

Para poder cumplir el papel es necesario una cultura familiar del tiempo. El poder de esta cultura es tal que me atrevo a asegurar que la familia puede luchar contra aquello del exterior que influye de forma negativa en la felicidad de sus miembros. El tiempo de vacaciones es ideal para revisar esa cultura familiar del tiempo , corresponde a los padres liderar esa revolución que puede comenzar con detalles tan nímios como fomentar las comidas y tertulias familiares.

Tarea de padres

Que los padres son los primeros y principales responsables de la educación de los hijos es algo que en numerosas ocasiones he escrito en ser audaces. Se trata de una idea que conviene repetir una y otra vez ya que es fácil "olvidarlo", tanto cuando los problemas acechan como cuando parece que no existen.

En esta tarea es aplicable aquel sofisma que decía que en el medio se encuentra la virtud. No se debe caer ni en el autoritarismo controlador ni en el dejar hacer sin más. El ejercicio de la paternidad es una continua lucha de los propios padres por ser personas mejores. No existen compartimentos estancos en la vida personal, no se puede dar aquello que no se tiene o por lo que no se lucha.

Por eso la forma más eficaz de educar es el propio ejemplo por querer mejorar. Ellos ven cómo tratamos al cónyuge, a los hermanos, a los vecinos. Si actuamos de manera razonable, si sabemos disfrutar de lo bueno y decimos no a aquello que nos perjudica, si actuamos con libertad asumiendo responsablemente las consecuencias. El tema da para mucho, por eso en próximos post iré desarrollando y concretando ideas con el deseo de ser útil a otros padres y madres.

Adopta un libro

Como cada año, hace unos días cumplí con el ritual de visitar la Feria del libro de Madrid. El entorno del parque del Buen Retiro es ideal para disfrutar de un agradable paseo, además la temperatura acompañó y estuvo lejos de los calores de otros años.

Me encantó ver que había numerosos niños y adolescentes acompañados de sus profesores y me pregunté si estos niños serán lectores en el futuro, si aprenderán a disfrutar de la lectura. Me encantan las nuevas tecnologías, creo que tienen un gran potencial pero también implican riesgos; por ejemplo el abandono de la lectura, del ritmo pausado, del pensamiento racional.

Disponemos de acceso a una gran cantidad de información pero ¿cuanta nos sirve realmente para ser más humanos, más felices? Creo que es mucho más importante la formación y esta se adquiere por goteo, no en cascada.

El libro es una gran herramienta para formar la conciencia, descubrir valores morales, perfeccionar el lenguaje, saber disfrutar de los minutos, adquirir una sólida cultura. Además es algo asequible a cualquier persona y se puede disfrutar de él toda la vida.

Las Nuevas Tecnologías y el libro son compatibles, sin embargo si no defendemos el libro podemos vernos arrollados por lo inmediato y cómodo. Por eso me permito aconsejar a los padres que fomenten la cultura del libro en el hogar formando una pequeña biblioteca familiar eligiendo cuidadosamente los libros, dar ejemplo leyendo, escuchar atentamente las opiniones de los hijos sobre lo que leen, hablar de vez en cuando del libro que leo. De esta manera se fomenta la tertulia familiar, se transmiten valores, se aprende a hablar y a escuchar.

Las vacaciones son un buen momento para leer. Por ese motivo me permito recomendar unos enlaces que pueden servir de orientación ya que no todos los libros son buenos ni sanos: aceprensa , club del lector

¿Ser ama de casa?

Hay temas muy pero que muy complejos que, además de ser conflictivos, se despachan con demasiada ligereza y casi siempre encerrados en parámetros ideológicos o en ideas política y socialmente correctas.

La experiencia me ha demostrado durante muchos años que si hay algo que provoca chispas en lo concerniente a la familia, es sin duda el papel de la mujer como ama de casa. Hoy es muy raro encontrar casos en los que la madre de familia elige únicamente ser ama de casa renunciando a una vida profesional fuera de ella. Las razones son diversas, las respeto todas.

Estoy seguro que ya a estas alturas de lectura habrá más de un lector encendido por lo que acabo de escribir. Y es que la labor del ama de casa es vista como la peste, como algo marginal, un mal rollo que hay que cumplir y que es mejor sufrir entre todos.

Sin embargo conozco casos de mujeres perfectamente preparadas, cultas y femeninas que deciden renunciar a un futuro profesional porque consideran que su sitio es su hogar, su función es cuidar a su marido y a sus hijos "full time", hacer de su casa un hogar agradable dónde apetece estar, crear una cultura de familia propia.

Por supuesto que respeto las decisiones que cada mujer, cada matrimonio, cada familia tome sobre su vida. Lo que me rebela es el menosprecio con el que se trata en demasiadas ocasiones a quien dedica todo su tiempo a "sus labores".

Tengo muy superada y asumida, por formación y creencia, la igualdad de todas las personas. Se que no escribo desde la cultura actual y que eso hace dificil que se entienda lo que pretendo transmitir.

He escrito este post a partir de una idea que me ha venido esta tarde a la cabeza y que rápidamente he twiteado, la dignidad de lo que hacemos depende de nosotros mísmos: "Sólo tú puedes transmitir la grandeza y dignidad de lo que haces. A ver si lo leen muchas amas de casa y ponemos esa misión donde merece". Yo la tengo en un altar

El éxito de lo pequeño

Los últimos tiempos están demostrando el éxito de lo pequeño. Son numerosas las iniciativas de emprendedores que con ideas sencillas, nuevas y audaces consiguen hacerse un hueco en el mercado. También es cada vez mayor la influencia del marketing boca a oído o del marketing viral frente a las clásicas, y generalmente grandes, campañas de publicidad.

Mi idea no es escribir sobre el marketing, si no sobre la fuerza y eficacia de lo pequeño aplicado a la vida personal, familiar, social y laboral. ¿Cuántas veces hacemos propósitos de mejora, de no volver a caer en aquello que repetimos una y otra vez y que sabemos nos hace daño no sólo a nosotros si no a aquellos que tenemos más cerca y queremos?

Posiblemente la mejor manera de fracasar en el intento de mejora sea hacer un propósito grande y general. De poco valen las grandes intenciones si no van aompañadas de pequeños actos concretos. El mal humor, el egoísmo, la pereza y tantos otros defectos y limitaciones sólo pueden ser corregidos por medio de pequeños gestos diarios como sonreír, hoy y ahora, a quién nos cae mal; prestar, hoy y ahora, aquello a lo que estamos tan apegados; levantarse hoy a la hora prevista ….

Posiblemente por cada éxito debamos apuntar algún fracaso, no importa, el camino se hace al andar.

 

Él tenía más padre

En los últimos días he visto dos grandes películas, “El discurso del rey” y “Encontrarás dragones”. Ambas muy entretenidas y recomendables, cada una con sus propias caracteristicas pero con un detalle en común que me anima hoy a escribir: la importancia de la figura del padre.

En numerosas ocasiones he escrito sobre el particular tanto en mis libros como en este blog. Ideologías, escuelas de psiquiatria, el pensamiento machista y el feminismo radical o la ideología de género se han encargado históricamente de destrozar la verdadera figura del padre, llegando a estar esta tan desdibujada que muchos varones no saben que se espera de ellos y que pueden dar como padres. Y es un hecho constatable que la falta de un padre exigente y a la vez cariñoso e implicado en la educación de los hijos crea graves problemas, por ello es necesario recuperar la figura y animar y enseñar a muchos padres a ejercer.

Vuelvo sobre las películas y las escenas que en “Encontrarás dragones” destacan el papel del padre de Josemaría Escrivá interpretado por Jordi Mollá, sencillamente conmovedor y humano. Son varias las escenas memorables que llevan al personaje de Manolo Torres a afirmar con tristeza “yo tenía más cosas pero Josemaría tenía más padre”.

La escena a la que me refiero en “El discurso del rey” es la de Jorge VI contando un cuento a sus hijas, una escena realmente emotiva y que puede ser un acicate para que muchos padres se animen a asumir su papel; algo que sin duda beneficiará no sólo a los hijos si no a ellos mismos.

Y aprovecho para dejar un enlace a un video de la web de The Family Watch sobre la figura del padre

Manos a la obra

Hace unos días me decía un amigo que los propósitos están para no cumplirse, y no por falta de sinceridad o ganas si no porque las buenas intenciones son fáciles de pensar pero no tan fáciles de llevar a cabo, en la mayoría de las ocasiones requieren esfuerzo para ser puestas en práctica.

Lo fundamental para poder llevar a cabo aquello que nos proponemos consiste en partir de que sea posible, que seamos capaces, que esté a nuestro alcance, que tengamos tiempo ….

La semana pasada visité dos colegios para impartir una sesión de orientación familiar. Como en tantas ocasiones, algunos padres me pidieron que sugiriera algunas ideas que fueran de fácil aplicación para mejorar la vida de familia.

Nos ha tocado vivir una época en la que el bien más preciado es el tiempo, su falta hace mucho daño a la convivencia familiar. Por eso siempre que me piden un consejo de este tipo suelo animar a recuperar algo relativamente fácil: la comida familiar.

Sus ventajas son numerosas, la principal: ocasión para hablar de manera natural y distendida. Además diversos estudios demuestran que puede servir como prevención de alteraciones alimentarias, adicciones e incluso fracaso escolar. Y es que es un hecho que la vida de familia y el cariño ayudan a que las persona sean más equilibradas y seguras.

¿No merece la pena hacer un pequeño esfuerzo para comer o cenar juntos? Creo que se trata de un propósito posible de cumplir ….. pues manos a la obra.

Para ser amigos

Los seres humanos somos sociales por naturaleza, necesitamos del trato con los demás para crecer y ser plenamente personas. Por eso es tan importante saber en qué consiste la amistad y educar a nuestros hijos en ella.

Ser amigos está reñido con ser cómplices o con ser uniformes, con mandar al otro o ser su esclavo. Tiene que ver con ayudar al amigo a mejorar, con respetar sus decisiones y opiniones aunque no coincidan con las propias. Los amigos son generosos y no se utilizan en provecho propio.

Son verdades de perogrullo, pero lo evidente conviene refrescarlo, y a la vez que ayudamos a nuestros hijos a aprender a ser buenos amigos preguntarnos si nosotros actuamos así.

Descubrir la misión de la familia

Recientemente me invitaron a dar una conferencia sobre educación. Los organizadores me pidieron que fuera muy concreto y me indicaron que los asistentes querían que se les diera soluciones, ideas para poner en práctica al llegar a casa. Reconozco que aún siendo algo muy frecuente no deja de sorprenderme. En una sociedad agobiada por las prisas resulta más rápido y cómodo acudir a las recetas que reflexionar y buscar las propias y especificas para nuestra situación.

Las relaciones personales y la educación en la familia corren el riesgo de verse guiadas por un manual de instrucciones. Considero que se trata del mayor peligro al que se enfrenta la vida familiar, verse reducida a una cuestión de gestión eficaz del tiempo y las personas.

Creo que sería un ejercicio maravilloso intentar cambiar la lógica desde la que vemos, con frecuencia sin ser conscientes de ello, nuestras familias. Lo principal consistiría en empezar desde el principio: reflexionar acerca de la misión de la familia, su razón de ser, a qué está llamada. Para este ejercicio he encontrado dos artículos muy interesantes (uno y otro) que pueden ayudar a dar el paso de una visión utilitarista a una lógica más humana, más personal, más familiar. 

Y una vez dado el paso más importante, pasar al siguiente: ¿cómo lo hago?

Empezar cuanto antes

Muchos padres se lamentan de que les resulta muy dificil, a veces imposible, hablar con sus hijos. Lamentablemente en muchos hogares la poca comunicación que hay se limita a monosílabos, recriminaciones, enfrentamientos…. Lo peor es que en numerosas ocasiones he tratado con padres que creen que esto es lo normal, sobre todo durante la adolescencia.

Resulta un lugar común afirmar que la adolescencia es en sí misma una etapa de enfrentamientos, de "malos rollos" y quedarse tan tranquilo. Si bien es cierto que se trata de una etapa de transición, y como tal sujeta a crisis, no lo es que deba ser el enfrentamiento lo que la defina.

Para que esto no ocurra hay que empezar pronto, cuanto antes, creando un ambiente de tranquilidad y aceptación en el hogar. Esforzandose por defender momentos de tertulia familiar, por ejemplo las sobremesas; por escuchar a cada hijo cuando lo necesitan, elevando nuestra casa a la categoría de hogar donde cada uno es y se siente importante.

Todo esto es incompatible con las prisas, los cansancios y los egoísmos. No es fácil, claro que no; pero la solución no pasa por considerarlo normal si no por comenzar cuanto antes, aunque parezca tarde ya. Que luego las cosas pueden salir mal es obvio, lo que hace falta es que no sea por no haber puesto los medios. Y sin perder nunca la esperanza de que si se siembra se recoge.

Voluntad de querer ser mejores

Hay personas de las que se dice que bueno es, en muchas ocasiones simplemente porque no hace nada malo, o es simpático o tranquilo. Sin embargo la bondad no es un estado, no es algo que se tiene o no se tiene si no que es algo que crece o disminuye, algo que se aprende y que también se puede olvidar.

Resulta sorprendente escuchar a personas ya maduras decir que no se arrepienten de nada de lo que han hecho. ¿Puede alguien afirmar que no ha hecho nada de lo que arrepentirse? Posiblemente un gran lastre de nuestro tiempo sea la perdida del sentido del pecado, palabra denostada y odiada pero que significa sencillamente la posibilidad que tenemos los hombres de hacer el mal.

La condición del hombre nos lleva a ser capaces de lo mejor pero también de lo peor. Y entre medias nos movemos en un mundo de posibilidades; porque no hace falta matar o robar para arrepentirse, cada día podemos encontrar decenas de ocasiones en las que no hemos actuado correctamente.

Reconocer esto es la única manera de poder mejorar, por eso es tan importante cultivar en los hijos el sentido del bien y del mal, la conciencia de querer ser mejores y la voluntad decidida de luchar por ello. Y como siempre, los padres por delante.

Liderazgo ético

Cuando palabras como ética, liderazgo y autoridad andan de rebajas, es intersante escuchar hablar sobre ellas a personas que tienen algo que decir. Recientemente tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de Alfred Sonnenfel sobre el asunto, en ella departió sobre su último libro sobre liderazgo ético.

Se trata de un tema muy amplio ya que lo que sirve para el liderazgo político sirve para el empresarial, el social y el familiar. Fueron muchas las ideas expuestas pero me quedé con ésta, sin comportamiento ético personal no hay liderazgo ético.

Sonnenfel anima al conocimiento de uno mismo para a partir de las propias debilidades, errores y vulnerabilidades ir avanzando. En esta tarea el papel de las virtudes personales es fundamental, nos enseñan a discernir para llegar al bien.

La propia lucha y el ejemplo es el fundamento sobre el que se sustenta la autoridad más valiosa y verdadera, la moral. Se trata de una idea muy interesante para dirigentes políticos, sociales, maestros y padres.

Pilares sobre los que construir

Cuando uno se encuentra más o menos en la mitad de su vida, teniendo en cuenta la media de vida; puede empezar a recordar lo que pensaba de lo que le decían sus padres y ¡horror! extrapolarlo a lo que pensarán sus hijos de lo que él les dice.

Bromas aparte. Es un hecho que siempre ha existido el denominado “enfrentamiento generacional” que no es un invento del 68 si no algo mucho más antiguo, y por otro lado normal y sin mayores consecuencias si se actúa de manera civilizada. Por el lado de los adultos, los hay que piensan que los jóvenes son un desastre y también los hay que los encumbran a ellos y todo lo que hacen por el mero hecho de serlo.

El mundo en el que vivímos es el resultado de lo que los hombres de cada época han aportado, cosas buenas y cosas malas. Todas las generaciones han tenido virtudes, estoy absolutamente convencido de que la mayoría de las personas quieren el bien y lo conocen, sólo es cuestión de ayudarles a ponerlo por obra.

Me vienen estas ideas a la cabeza después de leer un interesante artículo titulado “Tres virtudes para la generación yo” que recomiendo. Sin duda hay muchísimas posibilidades en la juventud: autenticidad, pensamiento crítico y preocupación por los demás son sólidos pilares sobre los que construir y los padres jugamos un papel fundamental de apoyo con paciencia, cariño y fortaleza.

Lo primero mi familia

Cada mañana tenemos una nueva oportunidad de mejorar, diría que cada segundo de nuestra vida es un momento para recomenzar. Es una de las maravillosas ideas que me ha aportado el ser cristiano, tras la caída siempre existe la oportunidad de levantarse y volver a comenzar.

El cambio de año suele ser especialmente propicio para hacer propósitos de mejora. Estamos pues ante una nueva oportunidad y hoy me gustaría centarme en mejorar la vida de familia, el cenáculo de la felicidad.

Es bueno hacer propósitos de mejora en la vida matrimonial pero no basta, hay que concretar. Ahí van algunas ideas: tener al cónyuge en la cabeza y en el corazón, fomentar los deseos de estar juntos, cuidar los detalles y la delicadeza en el trato, demostrar el cariño con las palabras y los gestos, dedicarse tiempo cada día.

Lo mismo vale para la relación con los hijos. Hay que dedicarles tiempo diario y lo mismo deben hacer ellos, reservar momentos para mantener tertulias, compartir aficiones, escuchar, sonreir, hablar, tener buen humor y no dar importancia más que a aquello que realmente lo tiene, estar todos pendientes de servir a los demás.

El hogar y la vida de familia dependen de cada uno de nosotros y se hace a base de pequeños detalles. Cada uno somos únicos y lo que yo no aporte no lo puede hacer otro. Si nos reservamos y guardamos privamos a los demás de algo grande y la vida familiar se resiente.

Vale la pena poner a la familia en primer lugar. Especialmente en la vida de familia es más feliz quien más da, manos a la obra.

A todos mis amigos lectores de Ser Audaces os deseo una muy feliz noche y que 2011 traíga aquello que deseamos si nos conviene. 

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