¿Sabes para qué educas?

Es importante cuando se inicia un viaje, o un negocio y tantas otras actividades humanas, saber el objetivo final. Una vez delimitado este ya se puede empezar a actuar y tomar medidas que siempre deberán estar en concordancia con el objetivo marcado. Si no se hace así, lo normal será deambular, zigzaguear y finalmente estrellarse o aparecer en donde no se quería.
Algo similar sucede con la vida. Hay quienes creen que son más libres porque no tienen hoja de ruta en su vida, se van dejando llevar de las circunstancias y se van adaptando a lo que surge. Es cierto que la vida de cada uno es un libro que está por escribir, pero también es cierto que cuando no se escribe sobre lineas, hace falta una plantilla para no torcerse excesivamente, o para volver al camino.
Sirva este largo preámbulo para hablar sobre lo que considero que debiera ser el objetivo fundamental de la educación: aprender a amar. Hace unos días leía en un libro del profesor Calderero (*) dos ideas muy nucleares: “se educa cuando ayudas al niño a que se interese por el bien, y el bienestar, de los demás” y “la ignorancia se combate con la sabiduría y la práctica del bien”
Ambas ideas dan por supuestas dos realidades que una gran parte de nuestra sociedad niega: existen la verdad y el bien.
Solamente en la medida en que existe la verdad existe el bien, y sólo si este existe podemos hacerlo.
Es buena cosa que la búsqueda del bien y su realización sean el hilo argumental de nuestra vida. Para que sea así es muy importante que la base de la educación sea enseñar a amar.
Aprender a amar desde pequeños hace mas fácil ser feliz, el hábito de olvidarse de uno mismo y pensar mas en los demás no es una quimera sino que se manifiesta en detalles concretos de la vida corriente: sonreir, ceder, preguntar, escuchar, alegrar … poner la mesa, sacar la bolsa de basura, servir el agua, dejar el aseo limpio ….
Aprender a amar y enseñarlo es tarea para toda la vida, para cada día. Sólo se puede enseñar si lo que se dice se acompaña con el ejemplo. Ese creo que es el objetivo fundamental de la educación.
(*) Educar no es domesticar J.F. Calderero. Ed. Sekotia

Tres ideas, tres, para una buena vida de familia

Comentaba hace unos días con un amigo acerca de lo complicado que es formar una familia. Por un lado, el ambiente social y laboral lo complican mucho, sueldos bajos, horarios de locura, …. Por otro, una presión brutal del individualismo; lo peor de cada uno de nosotros: ir a lo nuestro.
Con estos mimbres resulta difícil construir una familia y un ambiente familiar adecuado. Sobre todo, sin tiempo y yendo cada uno a lo suyo es imposible ser familia.
Como esto es lo que hay, se me ocurrían tres ideas, sólo tres, para mejorar la familia mejorando cada uno. Seguramente podrían ser veinte o treinta ideas, pero lo bueno si breve, dos veces bueno. Es mejor luchar en pocos frentes y que estos sean concretos.
Uno. Buscar como locos un tiempo de estar todos juntos, sentados, tranquilos, con las menos interferencias posibles, pasando un rato divertido: comida, merienda o cena en familia.
Dos. Descubrir aquellos pequeños servicios que podemos hacer a los demás, a veces será una simple sonrisa, otras ayudar en una tarea. Escribo a propósito descubrir, que significa buscar, y no esperar. Para ello hace falta estar más pendiente de los demás y menos de sí mismo.
Tres. Rezar cada día unos por los otros; lo que supone estar al tanto del otro, de sus alegrías y preocupaciones, conocer lo que necesitan.
Tiempo físico para estar juntos, salir de sí mismo estando pendientes unos de otros, compartir alegrías y preocupaciones y apoyarse en la oración. Tres trabajos para poner en práctica.
Ya me contaréis si os ha sido útil.

Cuando la libertad y la obediencia van de la mano …..

En el imaginario colectivo está impreso que libertad y obediencia son incompatibles. No sólo lo creen muchos niños y jóvenes, lo peor es que lo creen también padres y educadores. De esta guisa, solo hay dos opciones: si se obedece no se actúa libremente, y si se quiere actuar libremente no se debe obedecer.
La realidad es que una obediencia sin libertad es una contradicción en sí misma. Cuando una persona actúa según reglas que interiormente no acepta o cuyo sentido no entiende, no es libre.
Es la tarea educativa es fundamental ir preparando a los niños desde pequeños para que obedezcan inteligentemente, explicándoles el sentido de lo que hacen y porqué lo hacen.
La obediencia debe estar muy unida a la confianza y al amor. Sólo de esa manera se puede obedecer en libertad.
Si quieres que tus hijos te obedezcan dales pocos mandatos. Centrate en aquellos que afecten a aspectos importantes, y hazlo con fortaleza, con cariño y con coherencia en tu actuación. Mandar con prudencia es la antesala de la obediencia.
Los hombres no sólo somos libres, sino que necesitamos sentirnos libres.

Austeridad sí ¿pero sólo en tiempo de crisis?

Solón fue uno de los siete sabios de Grecia. Poeta, reformador y legislador; su gobierno se caracterizó por reformas para hacer frente a las graves injusticias que padecían las clases más pobres. Así, condonó las deudas de los campesinos, rebajó los tipos de interés y protegió la pequeña propiedad, evitando la formación de latifundios.

A él se atribuye la frase la austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente.

Esta idea y una entrevista al economista Robert Skidelsky inspiran mi post de hoy.

La grave crisis económica que vivimos ha puesto en primera linea la palabra austeridad. Pareciera que la solución a estos malos tiempos pasara por retirarse a los cuarteles de inviernos (la austeridad) en espera de tiempos mejores para volver al gasto y el despilfarro.

Solón relaciona la austeridad con la virtud y la inteligencia y así lo creo. El mejor camino para ser felices es conocer las virtudes, encontrarles un sentido y querer vivirlas. La austeridad no es algo negativo sino que nos ayuda a crecer como personas, a ser dueños de nosotros mismos, a disfrutar de lo pequeño. Nos lleva a una idea nuclear: que es más importancia ser que tener.

Ser más  austeros, sencillos, prudentes, sinceros, pacientes, optimistas o laboriosos nos acerca a la felicidad y sólo depende de nosotros. Es lo que realmente nos llena y satisface, y además es gratis.

La austeridad no es sólo para tiempos de crisis, es una forma de vida que nos hace más humanos, mejores personas. Este creo que es el principal reto de los padres, ayudar a los hijos a luchar por ser mejores personas, a disfrutar de lo que realmente vale la pena, a encontrar lo valioso en lo pequeño. La vida de familia es el ámbito ideal para ello.

Citando a Robert Skidelsky:

“Nuestros hijos y nietos van a estar posiblemente peor que nosotros en términos de consumo y de PIB, pero pueden estar mejor en muchos otros sentidos, en términos de salud, felicidad, amistad, contacto con la naturaleza y todos los elementos que queramos incluir en eso que llamamos la ‘buena vida’. Las nuevas generaciones han sido testigos de hasta dónde nos han llevado nuestros errores, y seguramente serán menos insaciables de lo que hemos sido nosotros”

Descomplícate la vida, recurre a una brújula

Tan cierto es que la vida es compleja como que en demasiadas ocasiones la complicamos. Este pensamiento me venía a la cabeza escuchando a un amigo exponer unas ideas que me parecieron muy sensatas y sencillas.

Esa complejidad se descomplicaría si en vez de utilizar un gps recurrieramos a la brújula. Instrumento sencillo pero sumamente eficaz que utiliza cuatro puntos que orientan al caminante. Los cuatro puntos cardinales que conocemos y que indican el camino físico, bien pueden sustituirse por otros cuatro que orienten la vida: bien, mal, verdad y mentira.

Cada día tomamos decisiones, la mayoría de ellas son poco importantes. Sin embargo de vez en cuando surgen algunas muy importantes. El uso de esos cuatro puntos puede ser muy útil a la hora de decidir tanto en un caso como en otro.

La máxima “in medio virtus” aparece aquí en su verdadero significado. Entre dejarse llevar por las sensaciones, los sentimientos o las circunstancias o complicarse la vida con un gps para tomar decisiones, me quedo con el uso de la brújula.

Con ganas …… o sin ellas

Supongo que siempre ha habido una lucha en cada hombre entre lo que se debe hacer y lo que apetece hacer. Quizás durante generaciones se impuso el deber sobre el gustar, y mucha veces de manera violenta, sin dar motivos. De esta manera han sido educadas muchas personas. Probablemente haya sido ésta una de las razones por las que se ha impuesto el hacer las cosas principalmente porque apetece y el deber tiene tan mala fama. Creo que sería muy interesante reflexionar sobre esta idea.

Muchas veces hacemos algo con ganas pero no debiera ser esta la única ni más importante razón. Es posible hacer las cosas porque hay que hacerlas y que esto no es motivo de infelicidad, una vez empezado se puede hacer con ganas y con alegría. La vida está hecha de pequeños sacrificios y renuncias y ello no está reñido con la felicidad. Eso sí, es importante tener una razón para hacerlo. Sobre esas razones escribiré en el próximo post.                          

Pautas para educar en la adolescencia

  INTRODUCCION

En las distintas etapas de la evolución de la persona se dan una serie de características que son comunes, en mayor o menor medida a todos los mortales de esa misma edad. Su conocimiento ayuda mucho en la tarea de educar.

En la etapa que nos ocupa, la adolescencia, conocer como son nuestros hijos y porque les pasan las cosas ayuda a tranquilizar a los padres y animarles a seguir en la lucha además de brindarles una herramienta para ayudar a superar con éxito esta etapa necesaria y de la que, aunque digan lo contrario se puede disfrutar.

La etapa es larga, y no es lo mismo a los 13 años que a los 16, a pesar de eso, se dan una serie de características en la adolescencia como son:

-Un fuerte impulso de autoafirmación y una aparente seguridad cuando lo que ocurre realmente es que son muy inseguros. Aparecen intransigentes en sus ideas.

-Tienen un gran sentido del ridículo por lo que son muy sensibles a las criticas, más sin son en público.

-Se encierran mucho en si mismos dando vueltas y más vueltas a “sus problemas”. No les gusta ser interrogados, sí el dialogo.

-Se da un desbordamiento de la afectividad que les hace pasar de estados de tristeza a estados de euforia sin solución de continuidad y sin motivos aparentes. Esta es la razón de hacer las cosas cuando “me apetece”.

-Necesitan a los amigos, comienzan las amistades mas intimas.

-No soportan los discursos, exigen sinceridad y autenticidad. Buscan en los padres y mayores modelos de autenticidad y lucha por ser mejores.

-Necesitan y desean la vida en familia y el apoyo que esta les da, pero desde la autonomía y el respeto a su intimidad. Ante esta situación que a muchos desconcierta ¿Qué podemos hacer los padres?, desde luego no cruzarnos de brazos y esperar a que pase el chaparrón, podemos:

-Conocer y estudiar esta etapa y desde este conocimiento vivir la virtud de la paciencia, en actos cotidianos y concretos. Ver en que situaciones nos “sacan de quicio” y plantear luchas personales en esos momentos concretos. Con ello conseguiremos un ambiente familiar de sosiego que es lo que necesitamos todos.

Esa lucha personal de cada miembro de la familia por ser mejores será motivo de unión.

-Ayudarles a ser dueños de sí mismos. Tarea difícil ya que una de las características de la adolescencia es el desbordamiento de la afectividad, de los sentimientos. Esto se puede intentar en una lucha por vencer los caprichos, las marcas, etc..Tarea en la que los padres deberemos ser punto de referencia y ejemplo.

-Ayudarles a buscar la verdad y lo bueno y animarles a esforzarse por vivirlo. Los adolescentes son muy sensibles a las injusticias y a la necesidad ajena, pero necesitan orientación para el compromiso y concretarlo.

-Enseñarles a pensar y reflexionar antes de actuar o tomar una decisión. Ponderar objetivamente la situación y una vez tomada la decisión realizarla. No hacerles todo, aunque nos resulte más cómodo. Que no se dejen vencer al primer contratiempo o ante el “no me apetece” dejándose llevar por el estado de animo.

-Dar cada vez mas autonomía, buscar aspectos de su vida o de la vida familiar sobre los que puedan decidir. Ante el acierto alabar, ante el fracaso animar.

-Con el ejemplo enseñarles a pedir perdón, a asumir los fracasos a responsabilizarse de ellos evitando el victimismo.

-Aceptarles con todo lo que les pasa, ayudarles a aceptarse, identificando y explicando el porqué les pasan las cosas.

-Buscar situaciones de abrirse a los demás, procurando que no se encierren en sus problemas cotidianos, hacerles ver el sufrimiento ajeno

ACTITUD DE LOS PADRES

¿Cual debe ser la actitud de los padres? Es necesario educar sobre todo con el ejemplo. Mucho dialogo , evitando las “charlas”, más bien escuchando. La educación de los hijos supone en los padres vivir una serie de virtudes como la paciencia, sinceridad, humildad, fortaleza, esperanza y optimismo, alegría, etc.

Paciencia para “no perder los papeles” y saber esperar, sinceridad y humildad para pedir perdón y reconocer que no siempre tenemos razón, fortaleza para exigir en aquello ante lo cual no debemos ceder aunque se arme la de “San Quintín”, esperanza, optimismo y alegría para no rendirnos ante los aparentes fracasos del día a día.

La adolescencia es una etapa en la que posiblemente los padres deban ejercitar mas virtudes lo cual redundará en bien de las hijas y mejora personal. Todo ello al final beneficia a toda la familia y acerca a sus miembros. No olvidemos nunca que los hijos buscan modelos que les orienten.

PAUTAS DE AUTOEVALUACION DE LOS PADRES

Las buenas intenciones no bastan hoy en día para tener éxito en el proceso educativo de los hijos. Es necesario que los padres tengan conocimiento de que es lo que pueden esperar y exigir de cada uno.

Deben plantearse objetivos claros y alcanzables. Quizás se centra en exceso el proceso en el hijo, sin ser conscientes de que los padres debemos autoevaluar de que manera actuamos. Con las siguientes líneas se pretende , por medio de preguntas, ayudar a los padres a encontrar vías concretas, objetivos claros y, sobre todo, intencionalidad en la educación.

Por tanto, no estamos ante un test o nada similar, lo único que se pretende es dar ideas, abrir caminos. Trasladen las preguntas al actuar diario. Busquen momentos en los que poder poner en práctica las ideas que se les ocurran. Utilicen papel y bolígrafo para plasmar esas ideas que, de otra manera, serían olvidadas a los pocos minutos. No busquen grandes soluciones.

Las situaciones y problemas se resuelven poco a poco y no a base de esfuerzos denodados, sino con una lucha constante llena de optimismo y alegría.

1.-La racionalidad es una característica del ser humano maduro, ¿cómo planteárselo a ls adolescentes? La racionalidad nos lleva a recabar información para enjuiciar con criterios verdaderos, analizar las consecuencias positivas o negativas para la persona y para los demás antes de tomar una decisión y luego actuar o no de acuerdo con lo decidido.

Cuando se actúa de determinada forma sin antes haber ponderado las consecuencias, el resultado no es propiamente una actuación humana, sino fruto del instinto, de la obcecación, de lo que “apetece”, de cualquier cosa menos de lo propio del hombre: la razón.

Los procesos a los que se ha hecho referencia son:

-recabar información

-informarse de acuerdo a unos criterios

-juzgar

Para informarse es necesario comprender, observar y escuchar:

-¿Procura fomentar en sus hijos la lectura? ¿Existe en casa una biblioteca básica y atractiva? ¿Sabe si sus hijos entienden lo que leen?

-¿Comenta con sus hijos aquello que pueda fomentar su capacidad de observación (paisajes, edificios, etc..)?.

-Fomenta que en casa los miembros de la familia se escuchen unos a otros?

-¿Buscan momentos de tertulia familiar? ¿Respeta sus ideas preocupándose de que las razonen? -¿Escucha usted a sus hijos, dejando a un lado lo que esté haciendo (leyendo el periódico, por ejemplo)?

Es necesario informarse bien. En este sentido:

-¿Ha reconocido ante sus hijos haberse equivocado alguna vez?

-Al hilo de alguna información de prensa, ¿ha analizado con su hijo lo que son hechos y lo que son opiniones?

-¿Ayuda a sus hijos a distinguir lo que es importante y lo que no lo es tanto? ¿Cómo?

-¿Ha comentado con sus hijos que se pueden tener ideas preconcebidas que impidan el juicio objetivo?

El último paso es juzgar:

-¿Alguna vez ha puesto a sus hijos en situación de tomar postura ante un hecho o idea después de haberlo analizado? ¿Ha fomentado que defiendan sus ideas con argumentos?

-¿Ayuda a sus hijos para que tomen decisiones de una manera racional?

2.-Frente al desbordamiento de la afectividad, propio de la adolescencia se puede fomentar un cierto autocontrol, en este sentido: No debe ser un objetivo educativo el que nuestros hijos sean personas frías, con un autodominio y un autocontrol total y absoluto sobre sus reacciones. Si que debiera serlo el luchar por canalizar y “templar” esas reacciones.

El ejemplo que den los padres es fundamental, como siempre.

-Cuándo ha perdido usted los papeles alguna vez, por ejemplo en un atasco, en una reunión, etc. ¿lo ha comentado con su hijo? Si a su hijo le ha ocurrido también, ¿han sacado consecuencias y alguna idea concreta para evitarlo?.

-¿Ha comentado con su hijo alguna vez el aspecto ridículo de una persona llevada de un exceso de afectividad (comiendo a dos carrillos, chillando como un energúmeno, etc..?(No para criticar a la persona sino utilizando la imagen) ¿Le ha ayudado para reflexionar sobre lo poco humano de esa situación?

-Seguro que en más de una ocasión ha callado ante un comentario que le haya molestado, ¿ha comentado con su hijo que no siempre hay que ser el que dice la última palabra? ¿Qué ante la injusticia no hay porqué, necesariamente responder con la misma moneda?

-¿Ha propuesto a su hijo como meta el dejar hablar a los demás, escuchándoles y callando si no es necesario hablar?

-¿Ha hablado con su hijo de que el ímpetu propio de la adolescencia no es malo en si, y que lo puede emplear para luchar por causas justas? ¿Comenta con el qué son causas justas?

-¿Comenta con su hijo lo superfluo de algunos gastos, y en este caso, se han situado en el supuesto de que no se hiciera dicho gasto y que ocurriría? ¿Ha analizado con su hijo que considera gastos superfluos y gastos necesarios? ¿Le ayuda para que no haga gastos superfluos, y le hace ver el lado positivo y alegre de dicha medida?

-En resumen: ¿Ha comentado con su hijo qué supone ser “señor de sí mismo”, dueño de sus actos?.

3.-La única manera de vivir en libertad es hacerlo con valentía, ésta se relaciona casi siempre, con no tener miedo a nada, sin haber ponderado los riesgos antes. Este comportamiento sería algo irracional.

Las personas valientes no son las que arriesgan o se tiran al vacío, sino los que soportan las adversidades y las influencias negativas para su mejora como persona y quienes se entregan para acometer grandes empresas o luchan por vencer las dificultades y las influencias negativas.

La Fortaleza es la virtud de los convencidos. Tiene varios aspectos: resistir, aguantar y acometer. Los enemigos de la valentía son la osadía, el temor y la indiferencia.

-¿Ha ayudado a su hijo a descubrir situaciones en las que se pueda demostrar la valentía, por ejemplo: ser sincero, decir la verdad asumiendo sus consecuencias, saber decir no a sus amigos cuando lo que le proponen supone estropearle como persona?

-¿Ha comentado con su hijo aspectos de su vida que le hagan saber que la misma tiene sentido?

-¿Ayuda a su hijo a vencer ese cierto sentido de victimismo que suelen experimentar los adolescentes?

-¿Le propone ideales por los que vale la pena luchar, aunque no reporten beneficios materiales?

Hasta aquí una serie de preguntas cuyo único fin es ayudar a la reflexión personal. No se pretende realizar un test y por tanto no hay puntuación. Que a algún padre le haya abierto alguna puerta para mejorar la relación con su hijo supone haber cumplido el objetivo de este documento

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