Descubriendo los valores del adolescente

Esta tarde daré una sesión para padres y madres con hijos adolescentes, difícil etapa con grandes posibilidades y retos. Os dejo la presentación que voy a utilizar:

Descubriendo los valores del adolescente

Preparar para el matrimonio … desde pequeños

El matrimonio no debiera ser algo con lo que uno se encuentra en un momento de su vida, sino algo para lo que se ha preparado. Vemos claro que los niños se planteen su carrera profesional, que vayan pensando que estudios quieren realizar y a que quieren dedicar profesionalmente su vida, los padres les apoyamos y preparamos junto con el colegio para ello. Sin embargo algo tan vital como el matrimonio, y que tantas satisfacciones o frustraciones puede provocar; pocas veces aparece en la mente de los padres ¿quién se dedica a preparar a su hijo o a su hija para el matrimonio? Parece como si no formara parte del proyecto vital. No es extraño que luego se encuentran con el momento de casarse, si eso deciden, sin la mínima preparación. Es más, muchas personas tras años de “vivir la vida” simplemente se encuentran con el matrimonio como uno se encuentra con una seta en el campo; ¿es extraño que los índices de fracaso matrimonial sean tan altos? Preparar a los hijos para la vida, se vayan a casar o no, debe incluir prepararles para la entrega y el sacrificio por los demás. Es una gran fuente de felicidad. Quienes dan a sus hijos todo hecho y no les exigen les están haciendo un flaco favor. Por eso ya desde pequeños en la familia comienzan los cursos prematrimoniales. Un ambiente de generosidad y entrega a los demás prepara para la vida. El ejemplo de papá y mamá es fundamental, también lo es el articular de una manera práctica la entrega por medio de encargos, fomentar la sana “manía” de estar pendiente de los demás para hacerles felices y descubrir que esta manera de vivir nos hace mejores y ayuda a vivir una buena vida. El matrimonio no debiera ser algo con lo que uno se encuentra en un momento de la vida, sino algo vital que forma parte del proyecto personal. Si no preparamos a los hijos para darse, el matrimonio es una opción, no nos extrañe que su vida devenga en un fracaso. Os dejo un video de una entrevista que me han hecho para la revista Hacer Familia

Ideas para disfrutar de una vida equilibrada

Es fácil experimentar que la felicidad y la plenitud tienen mucho en común con la armonía, el equilibrio y la madurez. Por contra cuando gobiernan la vida el capricho, los sentimientos exagerados o el mal carácter, las personas no se encuentran a gusto ni consigo mismos ni con el mundo. Resulta entonces difícil disfrutar de paz y ser feliz. Es cierto que en esta realidad de los sentimientos y de la afectividad hay una cierta base heredada, sin embargo es mucho lo que la educación puede hacer. Resulta necesario que la educación contemple la formación de la afectividad.

El núcleo gordiano de la educación consiste en encontrar el equilibrio entre lo que pide la afectividad: el placer y el bienestar; y lo que dicta la razón: el bien. Como ambas no suelen coincidir la lucha está servida entre lo que apetece hacer y lo que se debe hacer. Valga como ejemplo el del estudiante que sabe que debe estudiar pero al que apetece salir con los amigos o jugar con la videoconsola.

Una buena educación pasa por colocar en su lugar la afectividad: conseguir que esta sea activada y dirigida por la voluntad (guía a tu corazón, no te dejes llevar por él). Actuar de esta manera resulta difícil ya que ante una disyuntiva la valoración de la afectividad es más rápida y fuerte que la racional. Los movimientos afectivos necesitan gobierno y moderación.

¿Qué hacer para conseguir este orden y equilibrio entre afectividad y racionalidad? La batalla se mantiene cada día y sólo se gana en lo pequeño. Son los pequeños vencimientos diarios los que ordenan la cabeza y el corazón. Por ejemplo venciendo la pereza a la hora de levantarse de la cama o cumpliendo un horario de estudio.

Otras ideas que ayudan a mantener ese equilibrio pueden ser:

– un ritmo alimenticio adecuado: comer a determinadas horas y no cuando el estomago quiere

– alternar durante el día momentos de cansancio con otros de descanso

– dormir las horas adecuadas a la edad: acostarse y levantarse a horas previstas y razonables

– realizar actividad física que siempre supone un mayor o menor esfuerzo y vencimiento

La idea es que el mapa final sea este: la racionalidad tiene el poder político, la afectividad se deja gobernar y el cuerpo se resigna y ofrece una menor resistencia. Para que esto ocurra hay que mantener pequeñas luchas cada día en un ambiente familiar alegre y optimista.

¿Le has preguntado a mamá? Una idea para que tus hijos obedezcan

Preocupa mucho a todos los padres la desobediencia de sus hijos. Suele ser el principal motivo de enfados y enfrentamientos, no sólo con ellos sino también entre los cónyuges. En educación no existen recetas pero sí pequeñas ideas que pueden ayudar, vamos con una para fomentar la obediencia.

En varias ocasiones he escrito en Ser Audaces que los hijos necesitan que los padres se quieran, que estén unidos. Creo que la piedra filosofal de la educación consiste en que el padre y la madre  estén de acuerdo en los principios educativos y que se muestren unidos ante los hijos. No existe nada más demoledor para la formación de los niños que comprobar que entre sus padres hay diferencias, y que decir si estas derivan en discusiones.

Es algo muy humano ir buscando los limites, ocurre en la vida social, laboral, etc….  Si nadie pone esos límites llega la anarquía. Los niños buscan, y necesitan esos limites, pero necesitan tenerlos claros. Por eso lo primero que tienen que hacer los padres si quieren que sus hijos obedezcan es estar de acuerdo y mostrarse unidos.

Me lo explicaba un amigo con un ejemplo muy práctico: ” Cuando mis hijos vienen a pedirme permiso para algo les pregunto si ya se lo han preguntado a mamá, si me dicen que sí les pregunto ¿entonces porque me preguntas a mí? y si me responden que no, entonces les digo que le pregunten a ella. Lo mismo hace mi mujer. Se trata de que los dos demos el mismo criterio. Si alguno de los dos no está de acuerdo en lo que ha dicho el otro, lo hablamos después a solas”

Esta unidad del matrimonio hace que los hijos se sientan seguros, exigidos y queridos; y además evita discusiones y ambientes tensos.

Para que los niños lean

No debiera resultar extraño hablar de la lectura a padres con hijos menores de seis años, cuando precisamente se aprende a leer a partir de esta edad. En las siguientes líneas pretendo mostrar que los lectores se forjan desde el nacimiento y que por tanto la lectura es un tema de formación para padres con hijos pequeños.

Los lectores se forman desde que nacen. ¿Quién no recuerda a Bastián (“La historia interminable”) gozando con un libro?. Cuantas sensaciones y vivencias extraordinarias se pueden vivir a través de un buen libro. Hoy en día la lectura, gran afición del tiempo libre, se encuentra minusvalorada y ha sido relegada en beneficio de lo audiovisual (consolas, tablets, etc…).

El ámbito más privilegiado para forjar lectores es la familia. Un hogar con libros, unos niños que vean leer libros a sus padres, son unos niños predispuestos a amar los libros. Los lectores se forjan en el hogar. Qué recuerdos podremos dejar a nuestros hijos contando o leyendo cuentos por la noche, o comentando con ellos sus libros. La lectura relaja, supone soledad, reflexión, pensar, es como un parón en esta vida tan ajetreada.

El niño, en los primeros meses se comunica por medio de lloros, gestos, pataleos… y también por medio de sonidos, que repite y repite, y le resultan muy divertidos. Es la época de los “cinco lobitos”, de “este puso un huevo…”, “aserrín, aserrán…”.

A estas edades a los niños les encanta ver cuentos con los mayores, libros de grandes imágenes y dibujos. A través de estos libros el niño aprenderá el nombre de las cosas, podremos jugar con él a encontrar cosas, y cuando lo encuentre le aplaudiremos, y reiremos juntos, le podremos contar cuentos cortos y poco a poco el niño relacionará los libros con momentos estupendos. Aprenderá palabras, y lo más importante, estará con papá y mamá.

Los libros unen a la familia.

-de 3 a 5 años (fantasía y realidad)

Por medio de la palabra el niño expresa sus sentimientos. En estas edades el mundo interior del niño es riquísimo y admite todo, lo real, lo absurdo, lo posible y lo imposible.

Nos encontramos en la etapa de la fantasía, de lo mágico. Es la edad de la imaginación y por lo tanto les encanta los cuentos, creen en los personajes, los imaginan, se alegran y sufren con ellos. Los cuentos deben ser rápidos, ágiles, con temas tales como hadas, animales personificados, etc…

Los libros evitan la uniformidad en el pensar, da rienda suelta a la imaginación, un libro puede ser leído varias veces y verse de distinta manera. La lectura no sólo sirve para entretener sino para formar. Por medio de la lectura podemos inculcar valores sociales, religiosos, morales, familiares.

Los libros no son neutros, transmiten valores o antivalores, por ello es muy importante que los padres sepamos que libros leen nuestros hijos. La lectura tiene que ser una actividad agradable, para ello deberemos estimular positivamente al niño, para que coger un libro sea para él un acto amable, positivo.

Cada edad tiene unas características, y por tanto no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis. Enseña a tu hijo a amar los libros. Los libros y las edades Decíamos que no es lo mismo un libro para un niño de dos años que para uno de seis.

Deberemos conocer las características propias de cada edad, además de la forma de ser del niño, pero básicamente valgan las siguientes indicaciones:

-De 0 a 3 años (aprendiendo a hablar)

La base de la lectura es la palabra, por tanto es fundamental la etapa de la adquisición del lenguaje.Conviene que les quede clara que es un cuento, y no realidad, y para ello podremos empezar diciendo aquello de “erase una vez”, “me contaron”.Deben existir pocos personajes y que intervengan niños y animales.

También es conveniente que quede bien delimitado el bien y el mal, no confundiendo conductas o sembrando dudas, y sobre todo debe existir un final feliz. El triunfo del bien.

-De 6 a 7 años (primeros lectores)

Es la edad ideal para motivar en la lectura, a través del cuento aprenden a amar los libros y a darse cuenta que leer entretiene y divierte. Convendrá que lean en bajo y también en alto, y de esta manera la familia participará de sus progresos y el niño saldrá reforzado en su motivación.

CONVIENE SABER QUE…

-Los lectores se forman desde que nacen.

-Existen libros para todas las edades.

-Para los más pequeños convienen libros con hojas duras y con grandes dibujos.

-Para los pre-lectores con algún libro de letras y dibujos.

-Es fundamental el ambiente de lectura en casa.

-Los libros no son neutros, dan valores o antivalores, hay que seleccionar.

-Debemos motivarles y disfrutar con ellos.

-El cuento es nuestro principal aliado para formar lectores, no nos cansemos de repetir el mismo cuento (les encanta y fomenta la memoria).

Padres de adolescentes

La vida no es algo estático sino que evoluciona dando lugar a distintas etapas, infancia, adolescencia, juventud, edad adulta …… El paso de una a otra puede ser en algunos casos muy acentuado, en otros más suaves. Le ocurre tanto al niño que alrededor de los tres años descubre su yo, como al adolescente, al joven o al adulto. En esos cambios de etapa suelen producirse las temidas crisis que se manifiestan en pensamientos como “no se que me pasa”, “no me reconozco”. Pueden dar lugar a una cierta insatisfacción con la vida y en tener la sensación de que los pilares se derrumban. El fenómeno de las crisis tiene mala fama, sin embargo suponen simplemente el dar paso a una nueva realidad, transformándose en oportunidad para crecer, madurar y mejorar.

Cada persona es única e irrepetible, sin embargo en todos se dan una serie de características comunes cuyo conocimiento es muy útil para superar las temidas crisis. También en la vida familiar se puede producir el fenómeno que se ha dado en llamar la tormenta perfecta. La situación ideal para ello es lo que les ocurre a muchos matrimonios que rondando los cuarenta años, tienen hijos adolescente. En estos casos, a la crisis de los padres se junta la de los hijos: la tormenta perfecta.

La sensación cada vez más clara de los límites de las propias fuerzas, la perdida de la ilusión, la sensación de que la vida no se desarrolla como la habíamos planeado, el temor a haber fracasado en la educación de los hijos o el escepticismo pueden sorprender a más de uno y provocar fisuras personales y en el matrimonio. Si no se está en guardia pueden surgir desavenencias tanto por asuntos conyugales como por la educación de los hijos.

La primera idea que conviene apuntalar es que entra dentro de la normalidad que se puedan producir esas sensaciones, y que lejos de suponer un problema pueden ser un punto de inflexión en la vida personal, matrimonial y familiar.

Convendrá hablarlo en el matrimonio para superarlo juntos, ilusionarse por la nueva etapa, redescubrir lo que une, empeñarse en que nunca los posible problemas con los hijos provoquen el distanciamiento conyugal. Volver a enamorarse recreando el proyecto común adaptándolo a la nueva realidad.

Educar y forma de ser

En una entrevista publicada en la revista Familia y Cultura, el profesor López-Barajas afirma que “la educación de los hijos no es cuestión de técnica sino de forma de ser”.
Muchos padres argumentan que educar es muy difícil, les falta tiempo, no tienen preparación, la presión de la sociedad les puede. Las tres dificultades son ciertas, Y de ellas la más cierta sea la falta de tiempo.
En una sociedad que podríamos denominar del conocimiento y la eficacia, se tiende a pensar que la fórmula mágica, la solución a todo, está en la técnica y en los métodos. Esta idea no funciona en lo concerniente a las personas, ni en las relaciones sociales, ni en el trabajo y mucho menos en las relaciones familiares.
No seré yo quién niegue la importancia que tiene que los padres se formen para ser mejores, pero creo que sin duda la “piedra filosofal” de la educación está más en su manera de ser y actuar que en los muchos conocimientos que tengan. Se puede ser un gran teórico de la educación y un pésimo educador.
De poco serviría asistir a un curso o leer libros sobre educación si luego en el comportamiento diario, si en la forma de ser y relacionarse no aparece la persona que procura ser mejor, que comprende, que disculpa y que exige cuando hace falta.
Y Precisamente por este motivo afirmaba al principio, que el factor falta de tiempo es principal. Es imposible conocer a las personas, ver como actúan, establecer lazos afectivos, etc si no se dedica tiempo tranquilo. Por ello me atrevería a sugerir dos propuestas a quienes pueda interesar: dedicar tiempo a la familia y procurar la propia mejora como persona. Una de las grandezas del hombre es que la forma de ser siempre se puede mejorar. Con estos dos propósitos seguramente educar se tornará más asequible y complementado con la lectura de algún libro y la asistencia a un curso de orientación familiar, “miel sobre hojuelas”.

Austeridad sí ¿pero sólo en tiempo de crisis?

Solón fue uno de los siete sabios de Grecia. Poeta, reformador y legislador; su gobierno se caracterizó por reformas para hacer frente a las graves injusticias que padecían las clases más pobres. Así, condonó las deudas de los campesinos, rebajó los tipos de interés y protegió la pequeña propiedad, evitando la formación de latifundios.

A él se atribuye la frase la austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente.

Esta idea y una entrevista al economista Robert Skidelsky inspiran mi post de hoy.

La grave crisis económica que vivimos ha puesto en primera linea la palabra austeridad. Pareciera que la solución a estos malos tiempos pasara por retirarse a los cuarteles de inviernos (la austeridad) en espera de tiempos mejores para volver al gasto y el despilfarro.

Solón relaciona la austeridad con la virtud y la inteligencia y así lo creo. El mejor camino para ser felices es conocer las virtudes, encontrarles un sentido y querer vivirlas. La austeridad no es algo negativo sino que nos ayuda a crecer como personas, a ser dueños de nosotros mismos, a disfrutar de lo pequeño. Nos lleva a una idea nuclear: que es más importancia ser que tener.

Ser más  austeros, sencillos, prudentes, sinceros, pacientes, optimistas o laboriosos nos acerca a la felicidad y sólo depende de nosotros. Es lo que realmente nos llena y satisface, y además es gratis.

La austeridad no es sólo para tiempos de crisis, es una forma de vida que nos hace más humanos, mejores personas. Este creo que es el principal reto de los padres, ayudar a los hijos a luchar por ser mejores personas, a disfrutar de lo que realmente vale la pena, a encontrar lo valioso en lo pequeño. La vida de familia es el ámbito ideal para ello.

Citando a Robert Skidelsky:

“Nuestros hijos y nietos van a estar posiblemente peor que nosotros en términos de consumo y de PIB, pero pueden estar mejor en muchos otros sentidos, en términos de salud, felicidad, amistad, contacto con la naturaleza y todos los elementos que queramos incluir en eso que llamamos la ‘buena vida’. Las nuevas generaciones han sido testigos de hasta dónde nos han llevado nuestros errores, y seguramente serán menos insaciables de lo que hemos sido nosotros”

Para crear un buen ambiente familiar

Durante el año las largas jornadas escolares y de trabajo, así como el cansancio y las prisas suponen una agresión a la vida de familia. Y no sólo por la falta de tiempo si no por la falta de tranquilidad. En demasiadas ocasiones los hogares se convierten en alojamientos y falta tiempo hasta de mirarse a los ojos. En diversas ocasiones he escrito sobre la importancia de la comida familiar durante todo el año para evitar que esto suceda.

Estamos ya en verano y practicamente todas las familias disfrutarán de algún tiempo para descansar y estar juntos. Este tiempo cada vez suele ser menor y por eso conviene aprovecharlo al máximo. Por eso me permito aconsejar a los padres que se relajen, que dejen actuar con libertad a los hijos, que sólo intervengan para corregir actitudes graves, y que lo hagan “vis a vis” y con cariño.

Es importante buscar y aprovechar los buenos momentos para educar, y estos pasan por un ambiente de confianza, alegría y buen humor. Crear ese ambiente puede ser un buen propósito, sabiendo que conseguirlo pasa por una lucha personal con el propio caracter; y no sólo de los padres sino también de los hijos. Una lucha de toda la familia.

El amor se aprende

Cuando un matrimonio se rompe no existe una única causa, el fracaso suele suponer la concatenación de varias. Algunas tienen que ver con la personalidad y comportamiento de los cónyuges, otras son de origen más “teórico”. Es en una de éstas en la que me quiero detener hoy.

Son numerosas las parejas que se casan sin saber realmente lo que significa amar al otro. Muchos llegan al matrimonio con la idea, muy extendida en nuestro tiempo, de que amor y sentimiento son lo mismo, confunden el amor verdadero con el enamoramiento. Mientras el primero está más ligado a la voluntad y la libertad de la persona, el segundo supone más bien un dejarse llevar.

Creo que el enamoramiento es maravilloso y necesario para una relación satisfactoria de pareja. Sin embargo es un tremendo error situarlo como eje nuclear de la misma.

El amor verdadero se aprende y se practica. Supone buenas dosis de generosidad, humildad, entrega y búsqueda del bien del otro antes que del propio. Y esa misma dinámica conlleva premio ya que, como un boomerang, se vuelve hacia uno mismo haciéndole feliz.

El enamoramiento sin amor verdadero es egoista, centra a la persona en sí misma. Busca más la propia satisfacción que la felicidad del otro. Por eso es fácil estar enamorado, basta dejarse llevar. Amar es algo más complicado y apasionante.

El amor verdadero se aprende de manera natural cuando desde pequeños se encuentra sentido al sacrificio y la entrega en la familia. Aprende a amar el niño que ve cómo papá y mamá se dan el uno al otro sin echarse nada en cara, el que les ve sonreir ante las dificultades y contradicciones, las pequeñas de cada día. El que descubre la alegría de hacer pequeños encargos que hacen la vida más agradable a los demás.

Ese niño cuando sea adulto sabrá amar con amor verdadero porque lo ha aprendido y vivido desde pequeño. Por eso es tan importante la familia, porque aquello que nos hace más felices se aprende, de manera práctica, en ella.

Descomplícate la vida, recurre a una brújula

Tan cierto es que la vida es compleja como que en demasiadas ocasiones la complicamos. Este pensamiento me venía a la cabeza escuchando a un amigo exponer unas ideas que me parecieron muy sensatas y sencillas.

Esa complejidad se descomplicaría si en vez de utilizar un gps recurrieramos a la brújula. Instrumento sencillo pero sumamente eficaz que utiliza cuatro puntos que orientan al caminante. Los cuatro puntos cardinales que conocemos y que indican el camino físico, bien pueden sustituirse por otros cuatro que orienten la vida: bien, mal, verdad y mentira.

Cada día tomamos decisiones, la mayoría de ellas son poco importantes. Sin embargo de vez en cuando surgen algunas muy importantes. El uso de esos cuatro puntos puede ser muy útil a la hora de decidir tanto en un caso como en otro.

La máxima “in medio virtus” aparece aquí en su verdadero significado. Entre dejarse llevar por las sensaciones, los sentimientos o las circunstancias o complicarse la vida con un gps para tomar decisiones, me quedo con el uso de la brújula.

La estupenda vida de familia

Decía Chesterton que si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa. Pienso que pocas cosas son tan importantes como la vida de familia, por eso es necesario que la cuidemos y mimemos. No basta con simple propósitos, tampoco vale improvisar sobre la marcha cuando no se tiene un criterio.

Se acerca el tiempo de verano, posiblemente el tiempo más caótico, espontáneo e imprevisible del calendario. Se corre el peligro de que las vacaciones se conviertan en un tiempo de no hacer nada; tantas horas y días sin un mínimo planning pueden no solo echar por tierra toda la labor educativa del año, si no hacernos perder un tiempo de oro para ser felices en familia y crecer como personas.

Hay quien cree que estar de vacaciones y descansar supone un dolce far niente sin caer en la cuenta que las personas no somos estáticos y que no hacer nada ya es hacer algo: el vago. Si educar supone un proceso de mejora creciendo en virtudes, hacer el vago y simplemente dejarse llevar nos lleva a ser peores personas. Por todo ello bastaría con un pequeño propósito de aprovechar el tiempo para que las vacaciones nos ayudaran a vivir como personas de altura.

Y es aquí donde le podemos dar el tiro de gracia a lo negativo de la improvisación viviendo un horario, eso sí veraniego. No estoy proponiendo pasar el verano en un cuartel, sino disfrutar del descanso, del cónyuge, de los hijos, de las aficiones. Me atrevo a proponer alguna idea en este pequeño espacio.

Lo mejor, empezar por el principio, levantándose a una hora determinada, aseándose y desayunando en familia. Dedicar un tiempo a arreglar la casa entre todos, a hacer la compra. ¡Que las cosas de casa no son sólo de ella! La invasión de los gadget electrónicos es una realidad, por ello no podemos pretender hacerlos desaparecer, pero sí regularlos.

Considero que determinados momentos de la vida de familia son sagrados y deben excluir totalmente los whatsapp, sms, facebook, etc.. me refiero a las comidas y tertulias. Creo que en este terreno se debe ser especialmente estrictos. Cierto que los tiempos del ordeno y mando los tiramos a la basura, hay que hablarlo con los hijos, dar razones. Pero sacar un móvil durante la comida o tertulia es tan poco educado como hacerlo con un periódico o un libro para leer mientras los demás comentan. Supone una gran falta de delicadeza e interés hacia los demás.

También será bueno haber preparado alguna excursión, senderismo, visita cultural, bicicleta, deporte. Lógicamente todo esto depende de las edades de los hijos, a mayor edad mayor independencia y libertad. Si hemos hablado de un horario operativo para levantarse también será bueno que lo haya para acostarse.

Si no se hace así correremos el riesgo de caer en la improvisación y el pasar de los días. Flexibilidad, respeto a la libertad, autonomía pero también fortaleza para mimar y defender aquello que necesitamos y ayuda a ser mejores: el ambiente familiar, la estupenda vida de familia.

Artículo de Aníbal Cuevas publicado en la revista Hacer Familia (junio 2012)

Tres ideas para mejorar la vida de familia

Termino de leer una preciosa carta que me invita a plantear tres ideas para mejorar la vida de familia. Algo que debe caracterizar las relaciones familiares es que todos deben sentirse queridos independientemente de cómo sean. En la familia unos deben cuidar de los otros, no vale aquella pregunta de ¿es que acaso soy yo el guardián de mi hermano? Querer nos debe llevar a cuidar del otro tanto en el aspecto físico como en el psicológico y en el espiritual. Quien ama procura el bien del otro, y para ello es necesario fijarse en él, conocerle, tratarle para poder animar, estimular y cuando sea necesario corregir. Primera idea para todos, pero especialmente para los padres.

La familia se enriquece en el trato con otras familias y se empobrece cuando se cierra en sí misma. Es cierto que la caridad comienza por uno mismo y los más cercanos, sin embargo no debe limitarse. Así como las personas crecen dandose a los demás, de la misma manera lo hacen las familias. Es bueno cultivar la caridad y participar en la vida comunitaria, sin cerrar los ojos a las necesidades de los demás. Segunda idea, para todos.

Sin duda lo más excitante de la vida humana es que siempre es posible mejorar y que esto depende en gran parte sólo de uno mismo. Es cierto que siendo seres sociales, la influencia externa influye para bien y para mal. Por eso la tercera idea es crear en el hogar un ambiente que invite a mejorar, a no conformarse con estar. Tercera idea, que es tarea de todo.

Elogio de la conversación familiar

¿Sirve de algo dedicar tiempo a los hijos si no se sabe aprovechar? ¿basta simplemente estar con ellos? ¿existe tiempo de calidad y “tiempo basura”? Son muchas las preguntas que se pueden plantear a raiz del post que escribí la pasada semana sobre la imprescindible presencia de los padres en el hogar.

Indudablemente cuando se hace referencia a la presencia en el hogar nos referimos a una presencia activa, a ser capaces de crear un ambiente de familia. Si cada miembro de la familia se pasara la mayor parte del tiempo encerrado en su cuarto estaríamos hablando de una residencia, no de un hogar.

Seguramente la mejor y más humana herramienta que tienen las personas para comunicarse sea la conversación. Conviene aquí aclarar que no sólo la palabra es conversación, lo es también la escucha, los gestos, las miradas. Por medio de la conversación las personas se relacionan desde lo más trivial hasta lo más íntimo, se transmiten y comparten emociones, sentimientos, formas de entender la vida … es en fin, un medio estupendo para educar.

Yendo al terreno práctico, nunca será suficiente reivindicar una y otra vez el valor incalculable de la cotidiana tertulia familiar como medio para que la familia y sus miembros crezcan sobre terreno sólido.

La imprescindible presencia de los padres en el hogar

¿Cuántas veces se escucha a padres y madres que justifican el poco tiempo que están con sus hijos bajo la excusa de la calidad del poco que les dedican? Como si dedicar mucho tiempo a los hijos fuera en detrimento de la calidad. Me recuerdan esos menús delicatessen, platos grandes y bien adornados en los que se adivina algo para hincar el diente en el centro. Una vez que se termina el ágape los comensales se retiran a comer algo sustancioso.

Es de lógica que el tiempo que se dedica a los hijos ha de ser de calidad, pero no en pequeñas dosis delicatessen. Los hijos necesitan el roce, la presencia de los padres; y no sólo para que jueguen con ellos o les ayuden en los estudios. También necesitan ver su forma de actuar, que su conducta es coherente con sus enseñanzas.

Sólo con la presencia del padre y la madre en casa es posible crear un ambiente familiar que proporciona tantas seguridades, física, psicológica y afectiva, necesarias para criar personas equilibradas y felices. Un estilo de hogar y familia se construye con personas, no con cosas. Los hijos serán más alegres, generosos, ordenados … en la medida en que vean esta lucha en sus padres y tendrán más oportunidades de disfrutar de conversaciones espontáneas. Para todo ello se hace imprescindible la presencia cotidiana de los padres.

 

Bienestar y familia

Recientemente pude leer un resumen del estudio Philips Index: Bienestar y Salud en España 2010. De los datos se deduce que el ámbito familiar es determinante del sentimiento de salud y bienestar que experimentamos y que, a su vez, es el primero que se ve impactado por cambios en dicho sentimiento.

La familia y el hogar continuan siendo el centro del bienestar para los españoles, algo que se demuestra tanto en el día a día como en las situaciones de dificultad económica o física. La constatación de esta realidad nos debie animar a cuidar más nuestra familia y nuestro hogar, empezando por lo nuclear: nuestro matrimonio. Estoy convencido de que una buena relación conyugal es el origen de la mayor y mejor felicidad de todos los miembros de la familia.

MI FAMILIA MI EMPRESA

Miles de empresas se encuentran continuamente inmersas en procesos de mejora de la calidad. Se estudia el proceso productivo, la relación con los empleados, con los clientes, etc….  Se mantienen reuniones y comidas de trabajo, se analiza, se audita,…..

El fin principal de la familia es procurar la felicidad de sus miembros, algo bastante mas importante que dar beneficios económicos. Me pregunto porqué algo que es normal en las empresas no se hace en las familias. ¿Es acaso tu empresa mas importante que tu marido, tu mujer o tus hijos?.

Unos padres responsables deben procurar que su familia sea un ambito de calidad humana y para ello es necesario implicar a todos los miembros y buscar objetivos comunes como pueden ser:

– Cuidar el trato con cada persona. Crear un ambiente agradable, sonreir, tener detalles, preocuparse por los demás ….. y todo ello no como “táctica” que es lo que sucede en las empresas sino por amor.

– Marcar objetivos para cada hijo, buscarlo con ellos y ayudarles a conseguirlos, animarles y corregirles.

– Provocar momentos de reunión. ¿Porqué no tener comidas de trabajo con la familia? Si resulta tan fácil con los compañeros y con los amigos ¿porqué resulta tan dificil con la familia?.

Me parece que a mucha gente se le ha olvidado que se puede disfrutar mucho en familia, que puede y debe de ser nuestra principal fuente de satisfacción y nuestro principal negocio. Es imprescindible recuperar la vida familiar y, pensemos lo que pensemos, depende de cada uno de nosotros. Sólo hace falta voluntad e imaginación

Pautas para educar en la adolescencia

  INTRODUCCION

En las distintas etapas de la evolución de la persona se dan una serie de características que son comunes, en mayor o menor medida a todos los mortales de esa misma edad. Su conocimiento ayuda mucho en la tarea de educar.

En la etapa que nos ocupa, la adolescencia, conocer como son nuestros hijos y porque les pasan las cosas ayuda a tranquilizar a los padres y animarles a seguir en la lucha además de brindarles una herramienta para ayudar a superar con éxito esta etapa necesaria y de la que, aunque digan lo contrario se puede disfrutar.

La etapa es larga, y no es lo mismo a los 13 años que a los 16, a pesar de eso, se dan una serie de características en la adolescencia como son:

-Un fuerte impulso de autoafirmación y una aparente seguridad cuando lo que ocurre realmente es que son muy inseguros. Aparecen intransigentes en sus ideas.

-Tienen un gran sentido del ridículo por lo que son muy sensibles a las criticas, más sin son en público.

-Se encierran mucho en si mismos dando vueltas y más vueltas a “sus problemas”. No les gusta ser interrogados, sí el dialogo.

-Se da un desbordamiento de la afectividad que les hace pasar de estados de tristeza a estados de euforia sin solución de continuidad y sin motivos aparentes. Esta es la razón de hacer las cosas cuando “me apetece”.

-Necesitan a los amigos, comienzan las amistades mas intimas.

-No soportan los discursos, exigen sinceridad y autenticidad. Buscan en los padres y mayores modelos de autenticidad y lucha por ser mejores.

-Necesitan y desean la vida en familia y el apoyo que esta les da, pero desde la autonomía y el respeto a su intimidad. Ante esta situación que a muchos desconcierta ¿Qué podemos hacer los padres?, desde luego no cruzarnos de brazos y esperar a que pase el chaparrón, podemos:

-Conocer y estudiar esta etapa y desde este conocimiento vivir la virtud de la paciencia, en actos cotidianos y concretos. Ver en que situaciones nos “sacan de quicio” y plantear luchas personales en esos momentos concretos. Con ello conseguiremos un ambiente familiar de sosiego que es lo que necesitamos todos.

Esa lucha personal de cada miembro de la familia por ser mejores será motivo de unión.

-Ayudarles a ser dueños de sí mismos. Tarea difícil ya que una de las características de la adolescencia es el desbordamiento de la afectividad, de los sentimientos. Esto se puede intentar en una lucha por vencer los caprichos, las marcas, etc..Tarea en la que los padres deberemos ser punto de referencia y ejemplo.

-Ayudarles a buscar la verdad y lo bueno y animarles a esforzarse por vivirlo. Los adolescentes son muy sensibles a las injusticias y a la necesidad ajena, pero necesitan orientación para el compromiso y concretarlo.

-Enseñarles a pensar y reflexionar antes de actuar o tomar una decisión. Ponderar objetivamente la situación y una vez tomada la decisión realizarla. No hacerles todo, aunque nos resulte más cómodo. Que no se dejen vencer al primer contratiempo o ante el “no me apetece” dejándose llevar por el estado de animo.

-Dar cada vez mas autonomía, buscar aspectos de su vida o de la vida familiar sobre los que puedan decidir. Ante el acierto alabar, ante el fracaso animar.

-Con el ejemplo enseñarles a pedir perdón, a asumir los fracasos a responsabilizarse de ellos evitando el victimismo.

-Aceptarles con todo lo que les pasa, ayudarles a aceptarse, identificando y explicando el porqué les pasan las cosas.

-Buscar situaciones de abrirse a los demás, procurando que no se encierren en sus problemas cotidianos, hacerles ver el sufrimiento ajeno

ACTITUD DE LOS PADRES

¿Cual debe ser la actitud de los padres? Es necesario educar sobre todo con el ejemplo. Mucho dialogo , evitando las “charlas”, más bien escuchando. La educación de los hijos supone en los padres vivir una serie de virtudes como la paciencia, sinceridad, humildad, fortaleza, esperanza y optimismo, alegría, etc.

Paciencia para “no perder los papeles” y saber esperar, sinceridad y humildad para pedir perdón y reconocer que no siempre tenemos razón, fortaleza para exigir en aquello ante lo cual no debemos ceder aunque se arme la de “San Quintín”, esperanza, optimismo y alegría para no rendirnos ante los aparentes fracasos del día a día.

La adolescencia es una etapa en la que posiblemente los padres deban ejercitar mas virtudes lo cual redundará en bien de las hijas y mejora personal. Todo ello al final beneficia a toda la familia y acerca a sus miembros. No olvidemos nunca que los hijos buscan modelos que les orienten.

PAUTAS DE AUTOEVALUACION DE LOS PADRES

Las buenas intenciones no bastan hoy en día para tener éxito en el proceso educativo de los hijos. Es necesario que los padres tengan conocimiento de que es lo que pueden esperar y exigir de cada uno.

Deben plantearse objetivos claros y alcanzables. Quizás se centra en exceso el proceso en el hijo, sin ser conscientes de que los padres debemos autoevaluar de que manera actuamos. Con las siguientes líneas se pretende , por medio de preguntas, ayudar a los padres a encontrar vías concretas, objetivos claros y, sobre todo, intencionalidad en la educación.

Por tanto, no estamos ante un test o nada similar, lo único que se pretende es dar ideas, abrir caminos. Trasladen las preguntas al actuar diario. Busquen momentos en los que poder poner en práctica las ideas que se les ocurran. Utilicen papel y bolígrafo para plasmar esas ideas que, de otra manera, serían olvidadas a los pocos minutos. No busquen grandes soluciones.

Las situaciones y problemas se resuelven poco a poco y no a base de esfuerzos denodados, sino con una lucha constante llena de optimismo y alegría.

1.-La racionalidad es una característica del ser humano maduro, ¿cómo planteárselo a ls adolescentes? La racionalidad nos lleva a recabar información para enjuiciar con criterios verdaderos, analizar las consecuencias positivas o negativas para la persona y para los demás antes de tomar una decisión y luego actuar o no de acuerdo con lo decidido.

Cuando se actúa de determinada forma sin antes haber ponderado las consecuencias, el resultado no es propiamente una actuación humana, sino fruto del instinto, de la obcecación, de lo que “apetece”, de cualquier cosa menos de lo propio del hombre: la razón.

Los procesos a los que se ha hecho referencia son:

-recabar información

-informarse de acuerdo a unos criterios

-juzgar

Para informarse es necesario comprender, observar y escuchar:

-¿Procura fomentar en sus hijos la lectura? ¿Existe en casa una biblioteca básica y atractiva? ¿Sabe si sus hijos entienden lo que leen?

-¿Comenta con sus hijos aquello que pueda fomentar su capacidad de observación (paisajes, edificios, etc..)?.

-Fomenta que en casa los miembros de la familia se escuchen unos a otros?

-¿Buscan momentos de tertulia familiar? ¿Respeta sus ideas preocupándose de que las razonen? -¿Escucha usted a sus hijos, dejando a un lado lo que esté haciendo (leyendo el periódico, por ejemplo)?

Es necesario informarse bien. En este sentido:

-¿Ha reconocido ante sus hijos haberse equivocado alguna vez?

-Al hilo de alguna información de prensa, ¿ha analizado con su hijo lo que son hechos y lo que son opiniones?

-¿Ayuda a sus hijos a distinguir lo que es importante y lo que no lo es tanto? ¿Cómo?

-¿Ha comentado con sus hijos que se pueden tener ideas preconcebidas que impidan el juicio objetivo?

El último paso es juzgar:

-¿Alguna vez ha puesto a sus hijos en situación de tomar postura ante un hecho o idea después de haberlo analizado? ¿Ha fomentado que defiendan sus ideas con argumentos?

-¿Ayuda a sus hijos para que tomen decisiones de una manera racional?

2.-Frente al desbordamiento de la afectividad, propio de la adolescencia se puede fomentar un cierto autocontrol, en este sentido: No debe ser un objetivo educativo el que nuestros hijos sean personas frías, con un autodominio y un autocontrol total y absoluto sobre sus reacciones. Si que debiera serlo el luchar por canalizar y “templar” esas reacciones.

El ejemplo que den los padres es fundamental, como siempre.

-Cuándo ha perdido usted los papeles alguna vez, por ejemplo en un atasco, en una reunión, etc. ¿lo ha comentado con su hijo? Si a su hijo le ha ocurrido también, ¿han sacado consecuencias y alguna idea concreta para evitarlo?.

-¿Ha comentado con su hijo alguna vez el aspecto ridículo de una persona llevada de un exceso de afectividad (comiendo a dos carrillos, chillando como un energúmeno, etc..?(No para criticar a la persona sino utilizando la imagen) ¿Le ha ayudado para reflexionar sobre lo poco humano de esa situación?

-Seguro que en más de una ocasión ha callado ante un comentario que le haya molestado, ¿ha comentado con su hijo que no siempre hay que ser el que dice la última palabra? ¿Qué ante la injusticia no hay porqué, necesariamente responder con la misma moneda?

-¿Ha propuesto a su hijo como meta el dejar hablar a los demás, escuchándoles y callando si no es necesario hablar?

-¿Ha hablado con su hijo de que el ímpetu propio de la adolescencia no es malo en si, y que lo puede emplear para luchar por causas justas? ¿Comenta con el qué son causas justas?

-¿Comenta con su hijo lo superfluo de algunos gastos, y en este caso, se han situado en el supuesto de que no se hiciera dicho gasto y que ocurriría? ¿Ha analizado con su hijo que considera gastos superfluos y gastos necesarios? ¿Le ayuda para que no haga gastos superfluos, y le hace ver el lado positivo y alegre de dicha medida?

-En resumen: ¿Ha comentado con su hijo qué supone ser “señor de sí mismo”, dueño de sus actos?.

3.-La única manera de vivir en libertad es hacerlo con valentía, ésta se relaciona casi siempre, con no tener miedo a nada, sin haber ponderado los riesgos antes. Este comportamiento sería algo irracional.

Las personas valientes no son las que arriesgan o se tiran al vacío, sino los que soportan las adversidades y las influencias negativas para su mejora como persona y quienes se entregan para acometer grandes empresas o luchan por vencer las dificultades y las influencias negativas.

La Fortaleza es la virtud de los convencidos. Tiene varios aspectos: resistir, aguantar y acometer. Los enemigos de la valentía son la osadía, el temor y la indiferencia.

-¿Ha ayudado a su hijo a descubrir situaciones en las que se pueda demostrar la valentía, por ejemplo: ser sincero, decir la verdad asumiendo sus consecuencias, saber decir no a sus amigos cuando lo que le proponen supone estropearle como persona?

-¿Ha comentado con su hijo aspectos de su vida que le hagan saber que la misma tiene sentido?

-¿Ayuda a su hijo a vencer ese cierto sentido de victimismo que suelen experimentar los adolescentes?

-¿Le propone ideales por los que vale la pena luchar, aunque no reporten beneficios materiales?

Hasta aquí una serie de preguntas cuyo único fin es ayudar a la reflexión personal. No se pretende realizar un test y por tanto no hay puntuación. Que a algún padre le haya abierto alguna puerta para mejorar la relación con su hijo supone haber cumplido el objetivo de este documento

Pautas para educar en virtudes a tu hijo de 6 a 13 años

AUTOEVALUACIÓN DE LOS PADRES RESPECTO AL DESARROLLO DE VALORES EN HIJOS CON EDAD ESCOLAR (6 A 13 AÑOS)

Las prisas y el ritmo que la vida impone a muchos padres les lleva a no tener apenas tiempo para estar con sus hijos . Esto es un hecho y de nada valen lamentos sino acciones eficaces. Si se dispone de poco tiempo lo que no se puede hacer es perderlo.

La presente “autoevaluación” pretende ayudar a los padres con hijos de 6 a 13 años para aprovechar el tiempo y los recursos en la educación de los hijos. El camino de la felicidad pasa por la adquisición de valores, la manera de transmitirlos y “meterlos” en el corazón de los hijos es ir “paso a paso”.

Conociendo las características propias de la edad del hijo, nos centraremos en los valores que le son propios. La labor principal de los niños de 6 a 13 años es el estudio ( edad del escolar ), y en el estudio se ejercitan una serie de hábitos propios de valores como la fortaleza, laboriosidad, reciedumbre, sobriedad, paciencia, perseverancia, compañerismo, formación de criterio.

La misión de los padres es ayudar a los hijos a luchar por vivir los valores antes mencionados. La “pregunta del millón” es ¿como?. Obviamente de nada sirve saber la teoría si no sabemos como ponerla en práctica. A continuación se exponen una serie de preguntas que pueden servir como orientación. No conviene responderlas con monosílabos, sí ó no, sino buscar situaciones cotidianas en la familia y comentarlas entre el matrimonio. Si no es garantía de éxito inmediato, por lo menos se caminará en la buena dirección.

I. FORTALEZA.

De la misma manera que el valor base en la edad de 0 a 3 años es el orden, se puede afirmar que la base de la educación de los niños de 6 a 13 años es la fortaleza, no entendida como fuerza física, sino como capacidad de proponerse metas y luchar por lograrlas aunque cueste. O dicho de otro modo, conseguir una fuerza interior que les haga sobreponerse al “no me apetece”.

Para que los hijos vivan la fortaleza es necesario que sepan que existen cosas en la vida por las que merece la pena luchar, que existe el Bien y que merece la pena luchar por conseguirlo, de ordinario a través de las cosas pequeñas.

-¿Nuestro hogar es un hogar de “quejicas”?. En la última semana ¿cuantas veces se ha oido “que calor/frío tengo”, “que cansado estoy”, etc?.

– ¿Tenemos tendencia a proteger excesivamente a los hijos? ¿Sustituimos a nuestros hijos en las tareas que deben realizar? (Encargos en casa, arreglos, etc.)

– ¿Cuantas salidas al campo, de excursión, hemos realizado en el último mes?. Las salidas al campo, o a la montaña son una escuela de fortaleza y además unen a la familia. Organizar marchas en las que se suben y bajan cuestas, se pasa frío o calor, se pasa sed, etc.. son una forma estupenda de vivir la fortaleza. Además, observar bellos paisajes ayuda a darse cuenta que merece la pena el esfuerzo.

– Cuando nuestros hijos deciden algo y luego se “echan atrás” sin motivo ¿les ayudo para que realicen lo que se habían propuesto, ó , pienso que no tiene importancia?

– ¿Quiero ayudar a mis hijos a ser “fuertes” mientras yo soy una persona sin ambiciones de superación y mejora personal?

– En los fines de semana, vacaciones etc.. ¿Existe un horario de levantarse de la cama, de estudio, etc..ó las cosas salen como salen?

II.LABORIOSIDAD.

Muy relacionada con la fortaleza, la laboriosidad la viven los niños en su trabajo, el estudio. Se trata de cumplir con diligencia los deberes propios y ayudar a los demás en lo mismo. En resumidas cuentas, querer hacer las cosas bien y esforzarse en ello.

– ¿Que me preocupa más, las notas o que mis hijos se esfuercen y den lo máximo de sí mismos? ¿Les animo cuando veo que luchan y no llegan?

– ¿Tienen mis hijos un horario diario de estudio y lo cumplen? ¿Que lugar ocupa la televisión en casa? ¿Que razones les doy para que hagan suyas estas ideas y no las vean como una imposición?

– ¿Cuanto hace que no hablo con mis hijos de lo que es la obra bien hecha, y de la satisfacción que produce el hacer las cosas bien esforzandose? ¿Me intereso en que acaben bien sus trabajos escolares, con buena presentación?

– ¿Me preocupo de que en casa haya una ambiente que favorezca el estudio? Silencio, libros (que aprendan a cuidarlos), etc..

– ¿Me doy cuenta que los fines de semana y vacaciones también son tiempo de laboriosidad? En este sentido ¿tienen un horario adaptado a las circunstancias ó se hacen las cosas según van surgiendo?

III. SOBRIEDAD.

Por medio de la sobriedad, distinguiendo lo que es razonable y bueno, nos esforzamos por utilizar de manera moderada los cinco sentidos. Está muy relacionada con la fortaleza , ya que “negarle al cuerpo” lo que pide supone un ejercicio de dominio.

– En el caso de que demos paga a nuestros hijos, ¿que han hecho con la paga de la semana pasada? ¿En que la han gastado? Ha sido en cosas necesarias o en caprichos comprados por impulsos. ¿Con que frecuencia realizan obras de caridad? Parte de la paga, ¿la dedican para ayudar a los más necesitados?

– ¿Aprovechamos las cosas hasta el final, o las tiramos mientras aún sirven?. En este punto convendrá descender a lo concreto, y ver qué cosas hemos tirado en los últimos meses y en qué estado se encontraban, ver si las hemos tirado porque ya no servían o por consumismo, ¿hacía falta de verdad cambiarlas? (convendrá ser honrado con uno mismo, pués es fácil engañarse)

– ¿Son nuestros hijos esclavos de las marcas y los anuncios? ¿Y nosotros?. – ¿Intentamos conjugar el capricho (a veces es bueno “dárselo”) con la sobriedad? – La nevera es un buen termómetro de como se vive la sobriedad. Abramos la nevera y veamos que cosas de las que hay son necesarias y cuales son superfluas. ¿Es nuestro casa un hogar donde nunca falta de nada, refrescos en la nevera, patatas fritas, dulces, aperitivos, etc..ó usamos de estos para celebrar acontecimientos familiares?

– Muchas familias realizan las compras en supermercados. Esto brinda la oportunidad de hacer una lista y ceñirse a ella. ¿La última compra se ajustó más o menos a la previsión ó fue fruto del reclamo de las estanterías?.

– ¿Salir al teatro, al cine es algo habitual, que no llama la atención o es un acontecimiento? (Obviamente el buen cine y el buen teatro son cultura y por lo tanto positivos, la pregunta se dirige hacia el “consumo” de ambos).

IV.PACIENCIA.

La paciencia ayuda a resistir aquellas cosas o situaciones que nos molestan, con serenidad. Es una valor que va “a contrapelo” de nuestros tiempos, caracterizados por las prisas y la falta de capacidad de espera. No vamos a proponer que todas las familias se vayan a pescar, pero pensar en lo que supone ir de pesca nos ayudará a entender mejor la paciencia.

– ¿Fomento en mis hijos actividades que requieren el ejercicio de la paciencia, por ejemplo: coleccionismo, aprender a tocar la guitarra, etc.?

– ¿Les doy razones para “soportar” a un compañero pesado, que se burlen de ellos en el colegio, etc.?

– ¿Que razones les doy para que hagan bien las cosas? ¿Somos capaces de esperar resultados o los queremos de inmediato?.

– ¿Tenemos nosotros paciencia con sus limitaciones y defectos, para que de esta manera ellos también la tengan?.

V.COMPAÑERISMO.

La edad en la que comienza a desarrollarse y potenciarse el compañerismo es la edad del escolar, por ello vale la pena preguntarse:

– ¿En casa se deja hablar a todos y se escucha con atención aunque uno tenga muchas ganas de contar lo suyo?.¿Cuando ha sido la última vez que hemos mantenido una conversación familiar?

– Cuando alguien critica o habla mal de algún amigo, vecino, conocido ¿que hacemos, “entrar al trapo” o procurar cortar la critica buscando lo positivo de esa persona?

– ¿Que detalles vivimos en casa encaminados a ayudar a los demás sin que nos los tengan que pedir?. Ante la natural falta de iniciativa de los hijos en este aspecto convendrá “darles pistas”. Hacer una lista y comentarla.

-En las actividades de grupo ¿ponemos el máximo empeño como si solo de nosotros dependiera el éxito, aunque luego el mérito se lo lleve otro, o solo nos esforzamos si vamos a “lucir” nuestras actividades?. ¿Cuando ha sido la última vez que esto nos ocurrió en el trabajo? ¿Que hicimos?. ¿Es tema de conversación en las tertulias con los hijos?

VI. FORMACIÓN DE CRITERIO

La Edad del escolar es la edad del saber, de la razón. Por ello es normal que los hijos busquen el porqué de las cosas, su bondad o maldad, lo que es verdad y lo que no lo es. Esto, unido a su sentido de la justicia hace de este momento la edad de oro para educar unos principios que les ayuden a tener criterio ante lo que ven.

– ¿Aprovechamos en casa las oportunidades que se brindan habitualmente, películas, noticias, comentarios del colegio, para aclarar ideas sobre la justicia, lo bueno y lo verdadero?

– En este aspecto, ¿Vivimos y así les transmitimos a ellos, que no se debe juzgar a las personas, que lo que se debe juzgar como bueno o malo, verdadero o falso son los actos?

– ¿Les vamos enseñando a saber ser críticos con lo que oyen y leen? ¿Aprovechamos los periódicos, por ejemplo, para que formen su idea de las noticias?

– Cuando una película nos parece inapropiada, ya sea por violencia, sexo, etc. ¿Apagamos la TV o “nos la tragamos”?

Vuelve a casa papá

VUELVE A CASA PAPÁ

Se repite hasta la saciedad que la familia está en crisis y con ello se consigue, en muchos casos, hacer caer en el pesimismo a muchas personas. El pesimismo es paralizante, no ayuda a crear y además hace que nos pongamos a la defensiva.

¿CRISIS? ¿QUÉ CRISIS?

¿Es cierto que la familia está en crisis?. Conviene aclarar qué significa esto. La palabra crisis suele relacionarse con significados negativos, con hecatombes. Sin embargo el significado real no es ese, crisis significa cambios. Las personas sufrimos crisis y con ellas no tiene porqué llegar el fin del mundo. Los niños suelen sufrir una crisis alrededor de los tres años. Hasta esa edad no han tenido constancia de su propia persona, se han sentido parte de quienes les rodean. A esta edad se dan cuenta (no de una manera consciente) de que pueden ser autónomos y de ahí se derivan las pataletas, el negarse a hacer algo que se les manda o el querer hacer las cosas solos. Si superan esta crisis, y la superan, crecen como personas y maduran. La crisis, por tanto, ha sido positiva. Desde esa crisis que se produce hacia los tres años y hasta la pubertad, los niños permanecen en un estado “ideal”. No se suelen presentar grandes problemas. Sin embargo comienza la adolescencia que es, nuevamente, tiempo de crisis, de grandes cambios. Los padres suelen recibirla con una actitud defensiva y de miedo (¡ya verás cuando te toque! Amenazan los conocidos). Sin embargo la crisis de la adolescencia es necesaria para que el chico o la chica maduren y den el salto hacia delante. Si les ayudamos y apoyamos, saldrán de la crisis fortalecidos.

CRISIS DE LA FAMILIA El objetivo al exponer estas ideas no es hablar de la evolución psicológica de nuestros hijos sino poner en su sitio lo que significa crisis y librar a esta palabra de su maldición. ¿La familia está en crisis? Sí, es un hecho incuestionable. ¿Es esto malo? No si sabemos ser protagonistas de este cambio. La familia está en crisis porque las relaciones humanas son algo vivo y cambiante. No es la base de la familia- el amor- lo que está en crisis sino su adaptación a la realidad social. Es cierto que existen ataques objetivos a la familia, sin embargo si somos capaces de mejorar las familias que existen habremos superado la crisis. La familia es el lugar donde de manera natural se nace, se crece y se muere. Es el único ámbito donde las personas son queridas por lo que son, no por lo que tienen o hacen. Por esta razón la familia está blindada y permanecerá.

PAPELES EN LA FAMILIA Hasta hace unos años parecía que la familia era algo estático e inamovible. Los roles estaban perfectamente delimitados. El padre trabajaba fuera de casa, traía el dinero para mantener a su familia y procuraba la seguridad de su mujer e hijos. La madre cuidaba del hogar y se encargaba de la educación y cuidado de los hijos. La autoridad familiar recaía en el padre y se ejercía como potestas (la capacidad de imponer y sancionar en función de su cargo). La madre se limitaba a ser la gestora del hogar. Sé que éstas ideas no se daban en todos los casos y que como toda generalización, puede ser injusta. Sin embargo creo que se corresponde con una realidad muy amplia. Las obligaciones de los hijos se limitaban a obedecer. Éste modelo de familia funcionó durante mucho tiempo y la mayoría de las personas guardan un grato recuerdo de sus padres y se sintieron amados. Sin embargo me pregunto ¿Vale éste modelo para nuestros días?

LO FUNDAMENTAL Y LO MUTABLE

En toda realidad existen elementos fundamentales y otros que son mutables. En la familia ocurre lo mismo. Pienso que hay pocas cosas inamovibles en la familia, lo que ocurre es que si se mueven el edificio se derrumba. ¿Qué cosas son fundamentales? El amor entre un hombre y una mujer y el compromiso, fruto de la libertad, de ser siempre fieles. Por su propia dignidad el ser humano necesita nacer de una relación humana de amor, la única fuente es la unión de un hombre y una mujer. El hijo nunca puede ser entendido como un derecho ya que pasaría a engrosar la categoría de cosa o, si se me permite la broma, de mascota. Todo niño tiene derecho a tener un padre y una madre que se quieran y le quieran. Tener hijos no es un derecho de los padres sino una responsabilidad.

Prácticamente todo lo demás, roles en el hogar, trabajo, etc. Todo lo que ha ido cambiando y evolucionando a lo largo de los tiempos y así seguirá, es mutable, accesorio.

PAPEL DEL PADRE

La llamada familia “tradicional” tenía, como ya hemos visto, muy estructurada las relaciones y funciones de cada elemento. El papel del padre se limitaba, en la mayoría de los casos a las relaciones externas. El padre no estaba en el hogar pero cumplía la función que se le había asignado en ese momento, proteger a su familia y procurar su sustento. Gracias a los movimientos feministas las mujeres han podido conseguir su puesto en la sociedad y se ha acabado con discriminaciones que atentaban a su dignidad como personas. Creo, sin embargo, que el feminismo radical de nuestros días hace mucho daño a la mujer, al hombre y a la familia. Parece ser su obsesión “arrinconar” al hombre y masculinizar a la mujer. El alto índice de separaciones y divorcios no es, desde mi punto de vista, un índice del fracaso de la familia sino un indicador de muchos fracasos personales. En un 90% de los casos de separación o divorcio, los hijos quedan a cargo de la madre. Desde algunas administraciones se propugna que las mujeres tengan hijos sin padre (véase plan de acción 2005-2007 del Instituto de la mujer de Cataluña). Ante esta situación creo que es obligación de justicia que los padres varones recuperemos nuestro papel en la familia. Es una gran injusticia que los niños crezcan sin un padre y una madre.

¿QUÉ PODEMOS HACER LOS PADRES VARONES?

En primer lugar debemos considerar que nuestro papel es fundamental para el buen funcionamiento de nuestra familia. Es tan importante el padre como la madre para que nuestros hijos crezcan equilibrados. Saber distinguir lo que es importante de los que es urgente. Urgente es todo en el trabajo y en las relaciones sociales. Importante es nuestra mujer y nuestros hijos. Es necesario poner orden en la cabeza y priorizar, empezando por lo importante. La seguridad que proporciona el varón a su mujer y a sus hijos no la puede suplir nadie y la tarea de educar es siempre mucho mas efectiva cuando se hace entre dos. Sé que es fácil decirlo, pero nuestros hijos nos necesitan a nosotros, no nuestro dinero ni nuestro prestigio social y autoestima. Eso, en todo caso, lo necesitamos nosotros. Hacer las cosas que debemos, cuando no coincide con nuestras apetencia, requiere esfuerzo. La fortaleza es la virtud de los convencidos. Si sabemos que nuestra mujer e hijos nos necesitan, y nos necesitan igual que nosotros a ellos, ¿porqué no ponernos en marcha? Los hombres necesitamos que se nos reconozca y se nos aplauda. ¿Porqué buscar eso fuera de casa? ¿Porqué hacemos que nuestra autoestima dependa del trabajo profesional y no de nuestros hijos?

RECUPERAR LA AUTORIDAD La autoridad se entendía como potestad, el derecho a ser obedecido. Ese concepto de autoridad ha hecho crisis, ha evolucionado porque la potestad no es autoridad sino que es un componente de la misma. La autoridad real tiene que ver más con el servicio. Cuando se ama, se sirve. El servicio que tenemos que prestar los padres a los hijos es ayudarles a crecer como personas y enseñarles el camino de la felicidad. Muchas veces el problema radica ahí. ¿Cómo voy a enseñar a mi hijo a crecer como persona y a ser feliz, si yo, en el fondo, no sé ser feliz? Nuestra sociedad nos inculca la felicidad como momentos de placer que se consigue con las cosas. Esta realidad es frustrante ya que nuestro anhelo de felicidad es infinito y las cosas son finitas, se acaban. Cualquiera que hay experimentado un momento de gozo por la labor bien hecha, por un momento de generosidad, por dar mucho más que por recibir, ha estado en contacto con la felicidad y sin embargo ha podido no ser consciente. Nuestra tarea como padres varones consiste en volver a casa, en estar en casa y procurar esos momento a nuestros hijos. Si estamos dispuestos a empezar a crecer como personas, si nos damos cuenta de que podemos mejorar en virtudes (ser mas generosos, trabajar mejor, ….) estaremos en camino de recuperar la autoridad en el hogar.

COHERENCIA DE VIDA

Todas las personas, y especialmente los adolescentes, son muy sensible a la coherencia. Se rebelan ante las personas que dicen una cosa y hacen la contraria, no soportan la hipocresía. Si somos capaces de ver cual es el camino de la verdadera felicidad y ponemos el esfuerzo y la voluntad en seguirlo estaremos iniciando el camino para recuperar la autoridad. Cuando un hijo ve a su padre luchando por ser mejor persona, ese padre aumenta en prestigio y por tanto en autoridad ante su hijo. Por otro lado, esa lucha aumenta la autoestima del padre lo cual le anima a seguir luchando. Serán numerosas las veces en las que fallemos o nos equivoquemos pero también serán ocasiones para pedir perdón lo cual nos unirá mas a nuestros hijos.

VUELVE A CASA PAPÁ

No dejemos que esta sociedad utilitarista nos meta en el armario. Hoy, mas que nunca, hacen falta padres que defiendan a su familia con uñas y dientes. Hace falta defender a nuestras familias en la calle pero, sobre todo, en el hogar.No se trata principalmente de cambiar pañales, bañar niños o coser calcetines (si hay que hacerlo se hace), sino de luchar por ser mejores personas y por transmitir esto a nuestros hijos. Que sientan que lo mas importante de nuestra vida son ellos y que se lo demostremos.

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