El factor invisible

Víctor García Hoz definía el ambiente familiar como el factor invisible de la educación. Sus ideas hacían referencia a lo definitivo que son el buen humor, la alegría y la amabilidad como base de una buena educación, forja de personas maduras y equilibradas. De igual manera, el mal humor, la acritud y los malos modales forjan personas tristes.

El amor y el bien generan ambientes humanos, e invitan a entrar en un circulo virtuoso. Producen alegría e invitan a repetir la experiencia.

Muchas personas se preguntan cómo es posible conseguir ese ambiente familiar adecuado. Si bien es cierto  que todos los miembros de la familia, padres, hijos, abuelos …. tienen su parte de responsabilidad, no podemos obviar de qué potente manera el trato entre los esposos puede influir en el ambiente familiar.

Leo en “Dulce hogar” de Dorothy Canfield (Ed. Palabra) lo siguiente:

“Después de meterse en la cama y apagar la luz, todavía podía escuchar el distante murmullo de las voces de papá y mamá haciendo planes: un murmullo cordial, alegre y desenfadado. Helen no recordaba la última vez que había oído a sus padres conversar de ese modo. Era como música en sus oídos. El último pensamiento que tuvo antes de dormirse fue: <<¡Qué feliz soy! ¡nunca había sido tan feliz!>>

Cordialidad, alegría, desenfado ….. y cómo resultado, ¡qué feliz soy! El factor invisible, el ambiente familiar.

 

Austeridad sí ¿pero sólo en tiempo de crisis?

Solón fue uno de los siete sabios de Grecia. Poeta, reformador y legislador; su gobierno se caracterizó por reformas para hacer frente a las graves injusticias que padecían las clases más pobres. Así, condonó las deudas de los campesinos, rebajó los tipos de interés y protegió la pequeña propiedad, evitando la formación de latifundios.

A él se atribuye la frase la austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente.

Esta idea y una entrevista al economista Robert Skidelsky inspiran mi post de hoy.

La grave crisis económica que vivimos ha puesto en primera linea la palabra austeridad. Pareciera que la solución a estos malos tiempos pasara por retirarse a los cuarteles de inviernos (la austeridad) en espera de tiempos mejores para volver al gasto y el despilfarro.

Solón relaciona la austeridad con la virtud y la inteligencia y así lo creo. El mejor camino para ser felices es conocer las virtudes, encontrarles un sentido y querer vivirlas. La austeridad no es algo negativo sino que nos ayuda a crecer como personas, a ser dueños de nosotros mismos, a disfrutar de lo pequeño. Nos lleva a una idea nuclear: que es más importancia ser que tener.

Ser más  austeros, sencillos, prudentes, sinceros, pacientes, optimistas o laboriosos nos acerca a la felicidad y sólo depende de nosotros. Es lo que realmente nos llena y satisface, y además es gratis.

La austeridad no es sólo para tiempos de crisis, es una forma de vida que nos hace más humanos, mejores personas. Este creo que es el principal reto de los padres, ayudar a los hijos a luchar por ser mejores personas, a disfrutar de lo que realmente vale la pena, a encontrar lo valioso en lo pequeño. La vida de familia es el ámbito ideal para ello.

Citando a Robert Skidelsky:

“Nuestros hijos y nietos van a estar posiblemente peor que nosotros en términos de consumo y de PIB, pero pueden estar mejor en muchos otros sentidos, en términos de salud, felicidad, amistad, contacto con la naturaleza y todos los elementos que queramos incluir en eso que llamamos la ‘buena vida’. Las nuevas generaciones han sido testigos de hasta dónde nos han llevado nuestros errores, y seguramente serán menos insaciables de lo que hemos sido nosotros”

Para crear un buen ambiente familiar

Durante el año las largas jornadas escolares y de trabajo, así como el cansancio y las prisas suponen una agresión a la vida de familia. Y no sólo por la falta de tiempo si no por la falta de tranquilidad. En demasiadas ocasiones los hogares se convierten en alojamientos y falta tiempo hasta de mirarse a los ojos. En diversas ocasiones he escrito sobre la importancia de la comida familiar durante todo el año para evitar que esto suceda.

Estamos ya en verano y practicamente todas las familias disfrutarán de algún tiempo para descansar y estar juntos. Este tiempo cada vez suele ser menor y por eso conviene aprovecharlo al máximo. Por eso me permito aconsejar a los padres que se relajen, que dejen actuar con libertad a los hijos, que sólo intervengan para corregir actitudes graves, y que lo hagan “vis a vis” y con cariño.

Es importante buscar y aprovechar los buenos momentos para educar, y estos pasan por un ambiente de confianza, alegría y buen humor. Crear ese ambiente puede ser un buen propósito, sabiendo que conseguirlo pasa por una lucha personal con el propio caracter; y no sólo de los padres sino también de los hijos. Una lucha de toda la familia.

Descomplícate la vida, recurre a una brújula

Tan cierto es que la vida es compleja como que en demasiadas ocasiones la complicamos. Este pensamiento me venía a la cabeza escuchando a un amigo exponer unas ideas que me parecieron muy sensatas y sencillas.

Esa complejidad se descomplicaría si en vez de utilizar un gps recurrieramos a la brújula. Instrumento sencillo pero sumamente eficaz que utiliza cuatro puntos que orientan al caminante. Los cuatro puntos cardinales que conocemos y que indican el camino físico, bien pueden sustituirse por otros cuatro que orienten la vida: bien, mal, verdad y mentira.

Cada día tomamos decisiones, la mayoría de ellas son poco importantes. Sin embargo de vez en cuando surgen algunas muy importantes. El uso de esos cuatro puntos puede ser muy útil a la hora de decidir tanto en un caso como en otro.

La máxima “in medio virtus” aparece aquí en su verdadero significado. Entre dejarse llevar por las sensaciones, los sentimientos o las circunstancias o complicarse la vida con un gps para tomar decisiones, me quedo con el uso de la brújula.

Un hombre libre

Es más fácil dejarse llevar por las circunstancias o actuar de acuerdo al interés del momento. Es más fácil, pero no es mejor. Hace que en el fondo el hombre no se sienta libre, se de cuenta de que no hace realmente aquello que quiere.

Para evitar esa esclavitud de las circunstancias, parece claro que son necesarios unos principios que guien la vida, que sirvan de soporte y ayuden a actuar libremente. Sin embargo ¡cuantas veces, a pesar de esos principios, se actua de manera contraria y se cae victimas del posibilismo!

Sin embargo no sólo hacen falta unos principios, si no también unos ejemplos que indiquen cómo llevar a la práctica lo que se cree y, sobre todo, que animen a pensar que es posible actuar conforme a cómo se cree. Para ello me parecen muy interesante leer las biografías de quienes han vivido de manera cotidiana aquello que creemos.

Hoy celebramos la fiesta de Tomás Moro, un estupendo ejemplo para todos y especialmente para los padres de familia. Los escritos de Moro reflejan una persona luchadora por ser fiel a su fe, no sólo en las grandes decisiones si no en el día a día.

Me encanta su sentido del humor en medio de grandes tribulaciones, saber vivir dignamente con mucho o con poco, la manera de transmitir paz a su mujer y a sus hijos y la importancia que le dió a mantener la familia unida , posiblemente la mejor vacuna inventada para no perder la esperanza y la alegría.

Supo hacer girar su vida sobre lo que considero un importante quicio, decía “dame, mi buen Señor, la gracia de esforzarme para conseguir las cosas que en la oración te pido”. No sólo voluntarismo orgulloso, tampoco espiritualismo angelical.

 

Que el atardecer no te sorprenda enfadado

La semana pasada unos amigos nos invitaron a celebrar sus Bodas de Plata, veinticinco años de matrimonio y están llenos de más ilusión si cabe. ¡Claro que es posible un amor para siempre! uno de los fundamentos para que esto sea así es construir sobre sólido y mantenerlo.

Puede parecer una perogrullada, pero un amor duradero se basa en la firme creencia de que es posible y en el compromiso de querer que ocurra: creer y querer. Sólo desde un compromiso “suicida” se lucha sin tregua. Claro que estas ideas deben materializarse en hechos cotidianos y es aquí donde entro de lleno en el titulo de este post, “que el atardecer no te sorprenda enfadado”.

Pablo de Tarso, una de las personas más audaces que conozco, era capaz de grandes pensamientos para , en un abrir y cerrar de ojos, aterrizar en la realidad y lo menudo. En una carta a los habitantes de Éfeso les dice, si os enojáis, no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestra ira. Me parece un consejo muy sabio y práctico para disfrutar de un matrimonio feliz: si te enfadas no te mantengas en el enfado, no dejes que pase el día sin haberlo arreglado. Si ésta manera de actuar se hace hábito en tu matrimonio, estás en el buen camino.

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