4 pasos para tomar decisiones de familia.

Muchos de los problemas que se plantean en el matrimonio se deben a que no se toman decisiones, dejándose llevar por los acontecimientos; o a una incorrecta toma de decisiones.
Para hacer una correcta elección, creo que es importante seguir estos 4 pasos:
1. Priorizar. Cuando se elige una opción se rechaza otra, por eso es importante saber que es lo prioritario. Lo normal en la vida familiar es que la prioridad sean el matrimonio y la familia por delante del trabajo. Pero esto no es estanco, Las prioridades no son estancas, por ejemplo, no es lo mismo elegir un tipo de trabajo u horario teniendo bebés, niños en edad escolar o jóvenes.
2. Pensar. No tomar decisiones instintivas sin haber reflexionado. Desde mi experiencia vital, pensar es rezar. Las decisiones hay que rezarlas, enfrentarse al porqué quiero esto o lo otro, si estoy siendo generoso o sólo pienso en mí. En la oración suele ser fácil descubrir si me engaño.
3. Consensuar. Es decir hablar, compartir, enriquecer la propia opinión. Ser flexible y generoso, respetar y querer la opinión del otro aunque en principio no estemos de acuerdo. Facilitar el encuentro evitando faltas de carácter, impaciencias, mal humor ….
4. Elegir y actuar. Ante las distintas posibilidades, elegir una y ponerla en marcha asumiendola ambos como propia, sin reservas mentales. Si el resultado es negativo, asumir el error como propio si no era esa nuestra idea. Somos uno, no la suma de dos.

Dejo un enlace sobre la Toma de decisiones que escribí hace algún tiempo.

Matrimonios abiertos para ser felices

En el último post escribía acerca de la necesidad de un ciereto desapego en el matrimonio, del poder destructor de la dependencia patológica. Hoy voy más allá. El matrimonio necesita además abrirse a otros, familia, amigos, sociedad. Un matrimonio encerrado en sí mismo está más cerca del egoísmo que del amor y acabará por cansar.

Esa apertura a otros supone la mayor de las muestras de amor, estar abiertos a una futura descendencia. La sexualidad humana sólo es plena cuando integra dos realidades que están ahí como son la unión sexual y afectiva y la procreación. Separar estas dos realidades suponen corromper el sentido verdadero del matrimonio. No es humano utilizar al otro ni sólo para disfrutar ni sólo para procrear.

De la misma manera que se ha venido considerando el matrimonio como una perdida de libertad, se sigue considerando la maternidad como una carga. Es cierto que los hijos atan, desordenan la vida adulta, crean incomodidades; pero no lo es menos que nos hacen entrar en otra esfera de felicidad, la que supone el darse a los otros, y en este caso dar literalmente la vida. Nos abren además a la relación con otras personas, otras familias, nuevos ámbitos (colegio, clubs, etc..)

Se trata de una felicidad mucho más profunda que tener exito personal o dinero. El amor humano verdadero llena de gozo, aunque a veces vaya acompañado de cierto sufrimiento.

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