Mediación familiar: dos caras de la misma moneda

Recientemente me comentaba un amigo que estaba muy satisfecho con su nueva faceta profesional de mediador familiar. Me decía que se dedica a mediar entre los esposos para ayudarles a salvar su matrimonio y que le resulta enormemente gratificante. Sin embargo no todo el mundo entiende así la mediación familiar, es más, me atrevería a afirmar que por desgracia se trata de una minoría.

Recordé una conversación que mantuve hace unos años con una abogada que también se dedicaba a la mediación familiar, sin embargo su visión era muy distinta; posiblemente la mayoritaria. Su objetivo era que la separación o el divorcio fueran amistoso y ventajoso para los dos. No critico que lo hiciera, creo que siempre es mejor evitar las guerras y enfrentamientos; sin embargo me sorprendió que en ningún caso se molestara u ofreciera servicios para ayudarles a salir de la crisis matrimonial salvando el matrimonio.

A veces un excesivo celo por un supuesto respeto al derecho a la intimidad de las personas, impide que se ofrezcan ayudas a parejas en crisis. Y puede ocurrir que por falta de ayuda, se toman decisiones graves porque no se ve otra salida. La fuerte presión social e ideológica nos vienen a recordar aquella frase bíblica que decía “¿soy acaso yo el guardián de mi hermano?” Ello deviene en una sociedad fuertemente atomizada e individualista. Nadie pide ayuda y nadie ayuda.

Una separación, y especialmente un divorcio, aunque sean de mutuo acuerdo dejan heridas muy hondas. Merece la pena poner todos los medios para salvar la situación cuando es posible.

La labor preventiva es en este terreno, como en tantos otros, fundamental. La formación como esposos y padres es altamente efectiva para prevenir o superar crisis. Y no solo a nivel de las personas, que es lo más importante; sino también para la sociedad y el Estado. En Gran Bretaña ya lo han cuantificado, léelo aquí

Cinco mensajes para compartir con tu cónyuge

Hace unos días coincidí con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Al preguntarle que tal le iba me contestó “Bien pero sin presumir”, los dos nos echamos a reir. Luego pensé que existen personas a las que les va bien pero no solo no presumen de ello sino que ni se dan cuenta. La rutina hace perder la ilusión y provoca la falta de agradecimiento, roba la alegría y puede provocar que lo que va bien se tuerza.

Lo recordaba el sábado cuando hablé a un grupo de matrimonios sobre “la comunicación como fundamento del amor conyugal”. Les decía que para vivir un buen matrimonio es muy importante ser capaces de comunicar cinco ideas a nuestra pareja:

1/ Tú me importas mucho 2/ Eres lo primero en mi vida 3/ Me ilusiona nuestro matrimonio 4/ Deseo ser mejor para hacerte feliz 5/ Nunca abandonaré esta aventura

Comunicar no se limita a hablar. No se trata de repetir al oido de nuestra mujer o marido estas ideas, mucho más importante es demostrarlo con el comportamiento cotidiano. Solo después de demostrarlo con hechos se puede confirmar con la palabra. Comportamiento y palabra deben coincidir para reforzar el mensaje y hacerlo creíble.

El amor se aprende

Cuando un matrimonio se rompe no existe una única causa, el fracaso suele suponer la concatenación de varias. Algunas tienen que ver con la personalidad y comportamiento de los cónyuges, otras son de origen más “teórico”. Es en una de éstas en la que me quiero detener hoy.

Son numerosas las parejas que se casan sin saber realmente lo que significa amar al otro. Muchos llegan al matrimonio con la idea, muy extendida en nuestro tiempo, de que amor y sentimiento son lo mismo, confunden el amor verdadero con el enamoramiento. Mientras el primero está más ligado a la voluntad y la libertad de la persona, el segundo supone más bien un dejarse llevar.

Creo que el enamoramiento es maravilloso y necesario para una relación satisfactoria de pareja. Sin embargo es un tremendo error situarlo como eje nuclear de la misma.

El amor verdadero se aprende y se practica. Supone buenas dosis de generosidad, humildad, entrega y búsqueda del bien del otro antes que del propio. Y esa misma dinámica conlleva premio ya que, como un boomerang, se vuelve hacia uno mismo haciéndole feliz.

El enamoramiento sin amor verdadero es egoista, centra a la persona en sí misma. Busca más la propia satisfacción que la felicidad del otro. Por eso es fácil estar enamorado, basta dejarse llevar. Amar es algo más complicado y apasionante.

El amor verdadero se aprende de manera natural cuando desde pequeños se encuentra sentido al sacrificio y la entrega en la familia. Aprende a amar el niño que ve cómo papá y mamá se dan el uno al otro sin echarse nada en cara, el que les ve sonreir ante las dificultades y contradicciones, las pequeñas de cada día. El que descubre la alegría de hacer pequeños encargos que hacen la vida más agradable a los demás.

Ese niño cuando sea adulto sabrá amar con amor verdadero porque lo ha aprendido y vivido desde pequeño. Por eso es tan importante la familia, porque aquello que nos hace más felices se aprende, de manera práctica, en ella.

No sabemos valorar lo que tenemos

Vicente del Bosque, entrenador de la selección española de futbol, es además de un tipo humilde, sabio. Suele ser normal que ambas cualidades vayan unidas. Pues bien, ante el último triunfo de la selección española ha afirmado que “hemos pasado de pobres a ricos en tan poco tiempo que no sabemos valorar lo que tenemos. Hay que trasladar optimismo, no pesimismo. Somos la única selección que no se ha abrazado con el pase a cuartos. ¡La única! Cuando la clasificación ha sido estupenda, perfecta”

Recordaba la afirmación del humorista Chummy Chumez cuando decía que no creía en la indisolubilidad del matrimonio, que este se deshacía con facilidad en el aburrimiento.

Añadiría que no sólo el matrimonio sino la familia, la amistad, la vida en general se disuelven cuando no sabemos valorar lo que tenemos. Y no es posible vivir de las rentas, hay que recordarlo cada mañana y actualizarlo durante el día. La felicidad es para los valientes y luchadores que la buscan, no para los vaguetes que simplemente la esperan.

6 ideas para mantener tu familia unida

“Ideas para mantener a la familia unida” titulé una ponencia centrada en la importante tarea de los padres como creadores del ambiente adecuado para que la familia pueda cumplir su papel de educadora y formadora de personas equilibradas, maduras y felices.

Si os interesa leerla completa podéis descargarla pinchando aquí

El puzzle de la vida

Diariamente nos cruzamos con frase llenas de enjundia. Puede ser leyendo un periódico, un libro, en una conversación informal …. La mayoría se nos escapan pero otras se quedan, como me ocurrió hace unos días leyendo una entrevista (no recuerdo dónde ni a quién)

Si puedo decir que era una mujer la entrevistada y que su idea era que demasiados andan muy centrados en su vida laboral y profesional dejando a un lado su amor. Unos no lo buscan, otros lo encuentran pero no lo cuidan y lo olvidan.

Pensaba que en demasiadas ocasiones la vida profesional es un monstruo de numerosas cabezas que lo devora todo, incluido nuestro anhelo de felicidad. El monstruo además de bestial y fuerte, es inteligente y nos hace creer que el totem de la felicidad está precisamente en ese desarrollo profesional desproporcionado.

Y no digo que la vocación profesional y el trabajo no formen parte importante de la vida del hombre, tampoco que no puedan ser camino de felicidad. Lo que si me atrevo a afirmar es que la vida humana es riquísima y que sólo somos capaces de tocar la felicidad cuando encajamos las piezas del puzzle de nuestra vida de manera correcta.

El desarrollo personal y el anhelo de felicidad se ven satisfechos cuando ocupan un lugar primero el amor así como el deseo de darse a los demás empezando por los más cercanos. Junto con ellos, la fe y la cultura así como el desarrollo de la vocación profesional son algunas de las piezas fundamentales del puzzle que es la vida y que sólo estará bien encaminado cuando haya equilibrio en el cuadro.

Para que pueda darse ese equilibrio tiene que haber prioridades y también flexibilidad.

Me los quedo como son

No cabe duda que la sabiduría popular es riquísima y útil. El refranero está lleno de sentido común y sencillez fruto de la mera observación de la naturaleza y las personas. Ayer topé con un dicho italiano que me inspiró este post, reza así Mogli, mariti e figli, come so´… te li pigli!. Traducido al castellano viene a decir que la mujer, el marido y los hijos … ¡te los quedas como son!

Me recordó que uno de los fundamentos del amor es la aceptación incondicional del otro. Ahí está precisamente lo característico de la familia y el motivo por el que se trata del mejor ambito para vivir y desarrollarse como personas. Saberse querido incondicionalmente genera seguridad y es una base sólida que anima a mejorar y crecer.

¡Te los quedas como son! puede sonar a una especie de castigo pero no lo es. Es más bien una llamada a considerar que los lazos matrimonial y familiar son para siempre. Un pensamiento que se torna un gran aliado para intentar apuntalar cada día el matrimonio y no rendirse ante los contratiempos.

En el matrimonio se acepta al cónyuge tal y como es asumiendo el reto de crecer juntos, de mejorar uno mismo para ayudar al otro, asumiendo responsabilidades y no simplemente buscando culpables. No creando problemas donde no los hay y amando al otro con sus defectos, eso sí ayudandole a superarlos con cariño y delicadeza. 

Cinco claves sobre el matrimonio y la familia

La falta de tiempo y las prisas, hacen que en muchas ocasiones no concretemos aquello que nos hemos propuesto. A veces incluso somos incapaces de proponernos metas concretas por falta de reflexión. Por eso es muy de agradecer que otros nos ayuden.

En un breve vídeo cinco expertos en matrimonio y familia nos proponen cinco claves para mejorar la vida matrimonial. Sus propuestas me parecen muy acertadas, concretas, radicales y posibles. Van desde algo tan pequeño como puede ser dedicar cada día unos segundos a proponernos algún detalle de cariño con el cónyuge, hasta lo más general de ser generosos y confiar en Dios, pasando por valorar de qué manera nos enriquecen las diferencias y la complementariedad, o atreverse a ser felices y pensar que el matrimonio es para siempre, algo que ayudará en momentos difíciles.

 

 

El valor de la armonía

Muchas películes reflejan relaciones de pareja, ya sean matrimoniales o no, en las que destacan hombres y mujeres gritando, tensos, llenos de culpas y reproches. Personas inmaduras que pasan del efluvio sentimental a echarse todo en cara en cuestión de segundos, las dos caras de una misma moneda. Lo pensé un momento y afirme con él.

La influencia del cine y la televisión en el comportamiento de muchas parejas es grande, y seguramente sea esa una más de las razones de tantas rupturas y sufrimientos. Muchas relaciones de pareja se construyen sobre el equilibrio precario de dos fuerzas contrapuestas, cada una tirando para su lado.

Que lejos este equilibrio de fuerzas de lo que creo que debe ser consustancial al matrimonio: la armonía. La armonía permite que cada uno aporte su personalidad y se enriquezca con la del otro, que nadie se sienta herido o anulado. Hace unos días asistí a un concierto de música clásica, orquesta y coro. Allí nadie pretendía anular al otro, por contra eran conscientes de que el exito propio era el del grupo.

Día de regalos y algo más

Hemos comenzado un nuevo año que deseo muy venturoso a todos los lectores de Ser Audaces. Me planteaba estos días cuál es la diferencia entre el 1 de enero y el 12 de abril, y es que lo de celebrar el año nuevo no es sino un convencionalismo más de nuestra forma de medir el tiempo. Sería estupendo celebrar cada día con la ilusión y los buenos propósitos con que lo hacemos al comenzar cada año.

En un par de días celebraremos una de mis fiestas favoritas: la Epifanía o día de los Reyes Magos. El pasaje evangélico de los magos de oriente supone como todo en la Biblia un modelo de vida basado en la humildad y en saber buscar y disfrutar en lo pequeño. No podemos desligar ese día de los regalos, y pienso que es bueno; regalar significa querer hacer feliz a otro. Espero con impaciencia la mañana del 6 de enero, por los regalos que recibiré pero sobre todo por los que recibirán los que quiero, como el niño de este video.

A la felicidad por el camino de lo sencillo

Leo una entrevista a uno de los gurús de la comunicación a propósito de su libro "La simplicidad brutal del pensamiento". En él reivindica la sencillez como arma para ser feliz. Un "pero", el entrevistador traduce como simple lo que en castellano es sencillo, no es lo mismo.

Pienso que uno de los mayores inconvenientes con que topamos a la hora de ser sencillos o mejor dicho de pensar sencillo, es la cantidad de información que recibimos, las prisas con que vivimos, la hiperactividad reinante que hace que parezcamos marcianitos de los antiguos juegos electrónicos.

Resulta imposible actuar conscientemente y con eficacia en ese nivel de hiperactividad física y mental y lo que es peor, es imposible ser feliz. Las ideas de la entrevista que se centra en el mundo de la publicidad, pueden ser extrapoladas a la vida personal y familiar:

el cambio de mi matrimonio y de mi familia empieza en mí lucha por ser mejor

en la educación de los hijos, y en mi mejora, es más eficiente centrarse en algo concreto que andar como los marcianitos locos de un lado para otro, es necesario conocer y tratar a los hijos

evitemos zozobras, mantengamos el proyecto de familia y sólo cambiemos lo imprescindible para hacerlo más atractivo

¡¡A la felicidad por el camino de lo sencillo!!

Elogio de la conversación familiar

¿Sirve de algo dedicar tiempo a los hijos si no se sabe aprovechar? ¿basta simplemente estar con ellos? ¿existe tiempo de calidad y “tiempo basura”? Son muchas las preguntas que se pueden plantear a raiz del post que escribí la pasada semana sobre la imprescindible presencia de los padres en el hogar.

Indudablemente cuando se hace referencia a la presencia en el hogar nos referimos a una presencia activa, a ser capaces de crear un ambiente de familia. Si cada miembro de la familia se pasara la mayor parte del tiempo encerrado en su cuarto estaríamos hablando de una residencia, no de un hogar.

Seguramente la mejor y más humana herramienta que tienen las personas para comunicarse sea la conversación. Conviene aquí aclarar que no sólo la palabra es conversación, lo es también la escucha, los gestos, las miradas. Por medio de la conversación las personas se relacionan desde lo más trivial hasta lo más íntimo, se transmiten y comparten emociones, sentimientos, formas de entender la vida … es en fin, un medio estupendo para educar.

Yendo al terreno práctico, nunca será suficiente reivindicar una y otra vez el valor incalculable de la cotidiana tertulia familiar como medio para que la familia y sus miembros crezcan sobre terreno sólido.

Contaminando el amor y el matrimonio

No me extraña nada la idea cada vez más generalizada y vulgar que se tiene del matrimonio como algo casi despreciable. La ingente cantidad de fracasos propios y ajenas hace que a su desprecio y ridiculización se sumen propios y extraños.

En apenas veinticuatro horas he podido ver en televisión la secuencia de una película en la que una hija le pregunta a su madre "¿cómo puedo prometer a alguien que sentiré lo mismo por él durante toda la vida?", esperando una contestación propia de alguien maduro me encuentro con el silencio y con la conclusión: el matrimonio es un engaño.

Cambio de canal y me encuentro con un programa basura en el que una presentadora, bastante ordinaria y vulgar por cierto, se atreve a pontificar que el matrimonio es algo antiguo, cutre, que solo se creen los curas. Suma y sigue …..

Y para terminar, un grupo de compañeras de trabajo comentan sobre el matrimonio y el divorcio. Ante el divorcio de una que llevaba treinta años casada y que considera que su vida ha fracasado las demás le animan diciendole que no, que ha "aguantado" mucho.

El antídoto me ha llegado esta misma tarde viendo una gran película mexicana titulada "El estudiante" con la que he disfrutado con situaciones, personajes y frases que me han situado en la realidad de lo que es el matrimonio y el amor verdaderos.

Cultivar el arte de pedir perdón y de perdonar

Como somos humanos y por ello seres limitados, es obvio que de la misma manera que hacemos cosas bien las hacemos mal. Sucede en todas las facetas de la vida, en las relaciones familiares, en el trabajo, en la vida social y por supuesto en la vida matrimonial. 

Cada día se producen pequeñas o grandes heridas en la relación matrimonial. Pequeños descuidos, faltas de delicadeza o contestaciones exasperadas que en un sólo día pueden afectar poco a la relación, pero que sumando pueden llegar a producir una herida grande y peligrosa. Normalmente las crisis matrimoniales no son resultado de grandes culpas, cuando estas llegan ya antes se han producido otras pequeñas que no se han curado.

Por eso es importante hacer un alto cada día y descubrir esos pequeños egoísmos, esa soberbia que nos lleva a no cultivar el amor y que socava la relación. Es la soberbia uno de los grandes enemigos de la convivencia en general y, como no, también del matrimonio. Por eso es bueno cultivar tanto el arte de pedir perdón como el de perdonar, sobre todo cuando se piense que se tiene razón. Sin duda la humildad siempre es buena compañera, nunca se equivoca y nos hace más humanos.

Por lo que merece la pena luchar

En un reciente artículo publicado en el diario británico The Telegraph y recogido en aceprensa, se daban algunas claves no sólo para salvar el matrimonio sino para ser muy felices. La autora comienza por abordar algunas de las principales causas de fracaso matrimonial: el aburrimiento y el exceso peso de la afectividad; se trata de un tema tratado en varias ocasiones en Ser Audaces. Conviene preguntarse que se ha ido a buscar al matrimonio. Si ha sido la propia satisfacción la solución pasa por algo más profundo que unas actitudes o hábitos, hay que replantearse el sentido de la vida. Sólo es posible salvar un matrimonio si ambos cónyuges trabajan codo con codo dispuestos a resistir las adversidades juntos, es lo que hace crecer el amor y por tanto el matrimonio. La clave por tanto está en saber qué se busca en el matrimonio y en ser capaz de cambiar el propio comportamiento. Una vez que se está dispuesto a trabajar codo con codo y se entiende que el sufrimiento forma parte de la vida humana, se puede pasar a las “recetas”: comidas juntos, escapadas. Y en cualquier caso, vale la pena.

Lo que marca la diferencia

Hay quienes se quejan de la monotonía de su vida, de su matrimonio, de su trabajo …. casi siempre lo achacan a factores externos, pocas veces se dan cuenta que el origen está en su falta de pasión por la vida. Es algo triste y poco humano pasar por la vida dejándose llevar y sin tomar el timón.

No hacen falta grandes cosas para poner pasión en lo que se hace, basta con la pequeña semilla de los detalles. Esto me trae a la memoría el gran valor de la pequeña semilla de mostaza de la parábola del evangelio. Es fácil estar en los detalles si se está pendiente de los demás, de aquello que les pueda agradar.

Creo que la idea es útil para la vida matrimonial y familiar, para las amistades, para el trabajo. El inicio del curso puede ser un buen momento para comenzar de nuevo. Cuando hay ilusión es más fácil estar en los detalles, a su vez el cuidado de los detalles alimentan la ilusión.

Desde hace unos meses utilizo twitter. Os animo a seguírme en @anibal_cuevas

Por una cultura familiar del tiempo

Sin ninguna duda los tiempos han cambiado, están y seguirán cambiando. La velocidad, las prisas y la inmediatez se han adueñado de nosotros haciendo que dejemos de disfrutar de muchos momentos que necesitan ser vividos a otro ritmo. En muchas ocasiones ni tan siquiera los vemos llegar.

Esas prisas artificiales no se corresponden con el tempo del hombre; por mucho que queramos correr, todo lo humano lleva su ritmo, forzarlo conlleva el riesgo de virtualizarlo. Escribo estas consideraciones al hilo de uno de mis tweet de hace algunos días: “para que los niños sean niños, es necesario que los padres sean padres” . Seguramente muchos seguidores de Ser audaces leyeron el título pero no el contenido, otra consecuencia de las prisas y el exceso de información.

Muchos padres se empeñan en que los niños maduren antes de lo que corresponde. Permítaseme el simil con la maduración de la fruta, la mejor es la que lo hace a su tiempo; para ello necesita un terreno, una temperatura y unas lluvias adecuadas; si no se hace así el resultado suele ser fruta verde que al día siguiente está pasada.

El papel de los padres no consiste ni en sobreproteger ni en dejar al descubierto a los hijos, más bien se trata de acompañarles respetando y cuidando sus tiempos. Conviene dárles responsabilidades que puedan asumir, pero hay que evitar aquello que destroce su infancia y adolescencia bajo una falsa madurez.

Para poder cumplir el papel es necesario una cultura familiar del tiempo. El poder de esta cultura es tal que me atrevo a asegurar que la familia puede luchar contra aquello del exterior que influye de forma negativa en la felicidad de sus miembros. El tiempo de vacaciones es ideal para revisar esa cultura familiar del tiempo , corresponde a los padres liderar esa revolución que puede comenzar con detalles tan nímios como fomentar las comidas y tertulias familiares.

¿Ser ama de casa?

Hay temas muy pero que muy complejos que, además de ser conflictivos, se despachan con demasiada ligereza y casi siempre encerrados en parámetros ideológicos o en ideas política y socialmente correctas.

La experiencia me ha demostrado durante muchos años que si hay algo que provoca chispas en lo concerniente a la familia, es sin duda el papel de la mujer como ama de casa. Hoy es muy raro encontrar casos en los que la madre de familia elige únicamente ser ama de casa renunciando a una vida profesional fuera de ella. Las razones son diversas, las respeto todas.

Estoy seguro que ya a estas alturas de lectura habrá más de un lector encendido por lo que acabo de escribir. Y es que la labor del ama de casa es vista como la peste, como algo marginal, un mal rollo que hay que cumplir y que es mejor sufrir entre todos.

Sin embargo conozco casos de mujeres perfectamente preparadas, cultas y femeninas que deciden renunciar a un futuro profesional porque consideran que su sitio es su hogar, su función es cuidar a su marido y a sus hijos "full time", hacer de su casa un hogar agradable dónde apetece estar, crear una cultura de familia propia.

Por supuesto que respeto las decisiones que cada mujer, cada matrimonio, cada familia tome sobre su vida. Lo que me rebela es el menosprecio con el que se trata en demasiadas ocasiones a quien dedica todo su tiempo a "sus labores".

Tengo muy superada y asumida, por formación y creencia, la igualdad de todas las personas. Se que no escribo desde la cultura actual y que eso hace dificil que se entienda lo que pretendo transmitir.

He escrito este post a partir de una idea que me ha venido esta tarde a la cabeza y que rápidamente he twiteado, la dignidad de lo que hacemos depende de nosotros mísmos: "Sólo tú puedes transmitir la grandeza y dignidad de lo que haces. A ver si lo leen muchas amas de casa y ponemos esa misión donde merece". Yo la tengo en un altar

Descubrir la misión de la familia

Recientemente me invitaron a dar una conferencia sobre educación. Los organizadores me pidieron que fuera muy concreto y me indicaron que los asistentes querían que se les diera soluciones, ideas para poner en práctica al llegar a casa. Reconozco que aún siendo algo muy frecuente no deja de sorprenderme. En una sociedad agobiada por las prisas resulta más rápido y cómodo acudir a las recetas que reflexionar y buscar las propias y especificas para nuestra situación.

Las relaciones personales y la educación en la familia corren el riesgo de verse guiadas por un manual de instrucciones. Considero que se trata del mayor peligro al que se enfrenta la vida familiar, verse reducida a una cuestión de gestión eficaz del tiempo y las personas.

Creo que sería un ejercicio maravilloso intentar cambiar la lógica desde la que vemos, con frecuencia sin ser conscientes de ello, nuestras familias. Lo principal consistiría en empezar desde el principio: reflexionar acerca de la misión de la familia, su razón de ser, a qué está llamada. Para este ejercicio he encontrado dos artículos muy interesantes (uno y otro) que pueden ayudar a dar el paso de una visión utilitarista a una lógica más humana, más personal, más familiar. 

Y una vez dado el paso más importante, pasar al siguiente: ¿cómo lo hago?

El amor heróico en lo cotidiano

Ninguna relación humana es fácil, los seres humanos somos libres, limitados, con virtudes y defectos, capaces de lo mejor y también de lo peor. Y pienso en esa relación tan profunda y maravillosa que es el matrimonio y me pregunto cómo podemos mejorarla.

La respuesta la han dado muchos pensadores, desde Kierkegard que decía que la felicidad es una puerta que se abre hacia afuera o Chesterton que animaba a no buscarse uno mismo por el riesgo a encontrarse. El éxito en las relaciones personales comienza cuando uno es consciente de sus limitaciones y no sólo quiere mejorar si no que pone los medios para ello.

No basta el buenismo, las ideas platónicas y los meros propósitos (en este sentido decía un amigo que los propósitos se hacen para no ser cumplidos). Hace falta luchar en aquello que nos aprieta, ya sea la pereza, la comodidad, el egoismo …… y luchar cada día, desde la primera hora. Es el amor heróico en lo cotidiano, como lo definió Rosa Montero , el que es capaz de mantener unido un matrimonio. Es algo de los dos y de cada uno.

¿Matrimonio para siempre?

Hace unos días escribí un post en el que hacía referencia a un reportaje sobre nueve matrimonios que ya había celebrado sus bodas de diamante. Dieciocho personas, dieciocho historias que compartidas de dos en dos resultan nueve demostraciones de que es posible. ¿Que es difícil, o muy difícil, que el matrimonio dure siempre? No digo que no, pero hay multitud de ejemplos que atestiguan que es posible.

Lo bonito de este reportaje, aquí dejo el enlace, es que son vidas de personas de lo más variadas, más o menos pudientes económicamente, con una formación académica mayor o menor …… pero lo común a todos ellos es la cotidianeidad de su relación. Cuentan su historia como si fuera lo más natural del mundo ¿será que es lo más natural y estamos contaminados de lo artificial?

¿Ser madre y trabajar?

El premio Nobel de economía 1992 Gary S. Becker afirmaba que el desarrollo económico está directamente relacionado con los índices de natalidad. Por un lado por motivos puramente materiales: mantenimiento del estado de bienestar, pensiones, etc …. por otro debido a lo que supone para una sociedad la existencia de niños y jovenes: más ilusión en el futuro y por ello mayor iniciativa para investigación y desarrollo para legar a las futuras generaciones.

Me viene esta idea al recuerdo al leer que España se encuentra entre los países que se lo pone más dificil a las madres trabajadoras. La noticia afirma que el 85% de las mujeres renuncia a tener otro hijo por incompatibilidad de los horarios laborales con la maternidad y por miedo a perder el trabajo. El asunto es muy serio, no sólo por la implicaciones sociales que conlleva si no porque muchas mujeres no pueden realizar algo que les es propio y llevan en su corazón: ser madres.

Algo estamos haciendo muy, muy mal cuando los índices de productividad españoles son de los más bajos de la Unión y sin embargo las mujeres no pueden tener hijos debido a las larguísimas jornadas laborales.

La epopeya del matrimonio

La epopeya del matrimonio se titula un reportaje de la revista Nuestro Tiempo en el que nueve matrimonios que están celebrando sus bodas de diamante, comparten sus sabios consejos para llegar a esa celebración.

Son consejos sencillos y nada extraordinarios que sin embargo están llenos de sabiduria. Unos contestan que no sabrían que consejos darían a los matrimonios jóvenes, ni siquiera a sus hijos les dijeron nada trascendental cuando se casaron: “ya nos ven”. El valor del ejemplo que tanto peso tiene en la familia.

Otros hacen un canto a cultivar la paciencia y, sobre todo, al amor y el respeto o al papel fundamental de la educación y el compartir valores e intereses comunes como el cuidado y gusto por su propio hogar junto a no haberse levantado una mañana con problemas del día anterior.

No falta la realidad de que los enfados existen, sin embargo hay que hacer que duren poco y que no quede resentimiento. La importancia de compartir creencias religiosas no puede quedar fuera y así mientras unos afirman que el amor es algo muy grande y bonito que les ha dado el Señor otros dicen que después de esto sólo les queda el Cielo.

El exito de estos matrimonios no ha llegado de la noche a la mañana, reconocen que se han ido dando cuenta de lo importante que es la familia conforme la suya iba creciendo.

Lo primero mi familia

Cada mañana tenemos una nueva oportunidad de mejorar, diría que cada segundo de nuestra vida es un momento para recomenzar. Es una de las maravillosas ideas que me ha aportado el ser cristiano, tras la caída siempre existe la oportunidad de levantarse y volver a comenzar.

El cambio de año suele ser especialmente propicio para hacer propósitos de mejora. Estamos pues ante una nueva oportunidad y hoy me gustaría centarme en mejorar la vida de familia, el cenáculo de la felicidad.

Es bueno hacer propósitos de mejora en la vida matrimonial pero no basta, hay que concretar. Ahí van algunas ideas: tener al cónyuge en la cabeza y en el corazón, fomentar los deseos de estar juntos, cuidar los detalles y la delicadeza en el trato, demostrar el cariño con las palabras y los gestos, dedicarse tiempo cada día.

Lo mismo vale para la relación con los hijos. Hay que dedicarles tiempo diario y lo mismo deben hacer ellos, reservar momentos para mantener tertulias, compartir aficiones, escuchar, sonreir, hablar, tener buen humor y no dar importancia más que a aquello que realmente lo tiene, estar todos pendientes de servir a los demás.

El hogar y la vida de familia dependen de cada uno de nosotros y se hace a base de pequeños detalles. Cada uno somos únicos y lo que yo no aporte no lo puede hacer otro. Si nos reservamos y guardamos privamos a los demás de algo grande y la vida familiar se resiente.

Vale la pena poner a la familia en primer lugar. Especialmente en la vida de familia es más feliz quien más da, manos a la obra.

A todos mis amigos lectores de Ser Audaces os deseo una muy feliz noche y que 2011 traíga aquello que deseamos si nos conviene. 

El velcro no vale para el matrimonio

Es un hecho que la formación académica actual es superior a la que había hace años. Sin embargo, me da la impresión de que el nivel de razonamiento o de reflexión es mucho menor. Vivímos en la época de las etiquetas, cada vez menos personas tienen ideas propias fruto de la reflexión; demasiadas mentes se alimentan de la repetición de ideas ajenas.

Es lo que pensaba esta mañana al leer un interesante artículo sobre el matrimonio publicado en Aceprensa. De la consideración de diversos estudios, se deduce que para un gran número de personas el matrimonio es algo anticuado. En esta, como en tantas otras cuestiones, hay dos etiquetas que están haciendo estragos en esta sociedad tan preparada: progresista/conservador, antiguo/moderno. En general se piensa bastante poco y deprisa, terreno abonado para etiquetar.

¿Son las máquinas de tren algo anticuado? Estaremos de acuerdo en que las de vapor sí, las de los trenes de alta velocidad no. Sin embargo lo nuclear sigue siendo lo mismo: transporte sobre railes, ruedas de hierro … Con el matrimonio pasa algo parecido, lo que debe cambiar son los aspectos accesorios, no los nucleares.

El matrimonio sería algo anticuado, si por tal entendemos inútil, otra batalla; si no respondiese a las necesidades actuales del hombre. ¿Cuáles son los fines del matrimonio? ¿que necesita el ser humano para ser feliz? ¿Compromiso, estabilidad, amor incondicional, un padre y una madre? Pues eso es el matrimonio. Se trata de algo tan cierto que los mismos que reniegan del matrimonio lo buscan, llegando a inventar otras formas de vida que al fin y al cabo pretenden imitar lo que rechazan.

Como afirma el autor del artículo, la ventaja del matrimonio es que sobre él se puede construir. Y que quieren que les diga, puestos a elegir entre el pegamento y el velcro, cuando de temas serios se trata prefiero el pegamento.

 

Lo principal por hacer

Ser joven o mayor es mucho más que un concepto temporal, se trata de una actitud ante la vida. ¿De que sirve tener pocos años si se está de vuelta de todo o no se confía en el futuro? Leo una entrevista al último nobel de literatura y me quedo con esta frase. "Tener la sensación de que lo principal está aún por hacer …… Si tienes la conciencia de que lo principal ya lo has hecho, esto es desalentador. Te hace perder la vida"

La idea sirve para todos y en todas las ocasiones, no sólo para un nobel. Cada mañana hay que levantarse con la idea de que todavía queda lo principal por hacer; y no necesariamente lo principal es lo que sale en los periódicos. Queda lo principal por hacer en el matrimonio, la familia, los amigos, el trabajo, la sociedad que nos ha tocado vivir y, por supuesto, en la vida espiritual. No es cuestión de grandes cosas, basta una sonrisa, saber ceder, escuchar, ayudar a terminar un trabajo …… ¡tantas cosas que podemos hacer por los demás!

No es humano ir arrastrandose por la vida, tampoco lo es buscar siempre el camino más cómodo, ni pasar el día lloriqueando supuestas desgracias o temiendo el futuro. La edad la llevamos en la cabeza y en el corazón, por eso se puede no envejecer y vivir la vida con la ilusión de que lo principal está por hacer.

Inteligencia y madurez para disfrutar del amor

Hace unos días leí una entrevista muy interesante en La Vanguardia . Son muchos e interesantes los temas que en ella trata Robert Roche, el entrevistado. Sobre los conflictos en la pareja, Roche afirma que hay que aceptar que existan desacuerdos y aprender a manejarlos centrando la atención en conseguir una auténtica relación. Sin embargo afirma que hay que ponerse de acuerdo sobre nuestros valores y establecer reglas de conducta para seguirlos.

Y es en este punto en el que me gustaría detenerme. Es lógico que existan puntos de fricción y desencuentros en un matrimonio, ocurre en todas las relaciones personales. La diferencia, desde mi punto de vista, está en que esto no comporta un gran peligro cuando se comparte un proyecto común de vida, cuando se comparten asuntos tan fundamentales como las creencias, el sentido de la vida, los hijos o el concepto de sexualidad.

Se da mucha importancia, excesiva creo yo, a los sentimientos y cuando estos fallan hacen que todo se tambalee. Cuando el sentimeinto flaquea solo la fuerza de voluntad, el amor de querer, puede "tirar" de la relación ¿cómo va a ocurrir esto si la base del amor son los sentimientos y no unos valores y creencias compartidos?

Mucho se ha escrito sobre el amor inteligente y la madurez, creo que ahí está la clave para superar las posibles crisis y malos momentos. Con inteligencia y madurez se pueden recomponer los sentimientos, y el amor verdadero sale a flote.

¿Has leído ya mi último libro, "La felicidad de andar por casa"?

Los detalles salvan las parejas

Aunque a veces cueste encontrarlos, existen libros, películas y canciones que encierran pequeñas frases e ideas tan llenas de sentido común como de grandeza. Me encanta buscarlas, y debo confesar que cuando las encuentro me lleno de alegría. Esto fue lo que me pasó ante un titular de prensa que rezaba “los detalles salvan las parejas”

Una vez dentro de la entrevista, leí que los pequeños detalles suponen una diferencia enorme. Cuando pones a un lado tu orgullo, esos gestos salvan las parejas, las hacen posibles. Claro que eso no se consigue como por arte de magia en un día, sino cuando se intenta que cada jornada esté lleno de pequeños detalles, de pequeños mensajes que confirmen que te quiero. No es fácil estar en los pequeños detalles, tampoco vencer el orgullo; pero está claro que la falta de unos y la existencia del otro son veneno para el amor.

A por una nueva edición, con tu ayuda

Pronto se cumplirán seis años desde que escribí mi primer post en Ser Audaces . Durante este tiempo he compartido, con quienes me habéis honrado con su lectura, mis ideas sobre nuestra sociedad occidental. Reflexiones sobre el matrimonio, la familia y la educación como fundamentos de una sociedad de hombres libres y solidarios.

Fruto del hábito de escribir y sobre todo del apoyo de los lectores, publiqué dos libros: “Más allá del sí, te quiero” (ya por la segunda edición) y “La felicidad de andar por casa” (a punto de ver también una nueva edición).

La razón de este post es pedir tu apoyo para dar a conocer mis libros. Si te gusta Ser Audaces, te van a gustar los libros. La editorial me ha anunciado que estamos a punto para tener que lanzar una nueva edición lo cual me llena de una gran ilusión.

No son best sellers, no servirán para hacer una película ni harán rico a su autor. Sólo pretenden ser eso que tanto me gusta, algo pequeño, cotidiano, una gota más que pueda ser útil a muchas personas con sentido común para darse cuenta de que lo que piensan es compartido por otros.

Lo más sencillo para adquirir los libros es hacerlo por internet, también se pueden encontrar en librerías o encargarlos. Los enlaces para su compra están en el lateral derecho del blog.

Muchas gracias, seguímos adelante en Ser Audaces

A los matrimonios jóvenes

Hay mucho lio con todo esto del amor, el sentimiento y la pasión. Tanto, que muchos matrimonios jóvenes andan preocupados ante la posibilidad de que la pasión se acabe. Les han hecho creer que eso es lo fundamental. Buenos chicos, pues ellos y los no tan jóvenes, estamos de enhorabuena. Cuando la pasión se acaba es hora de volver a levantarla, claro que lo ideal es mantenerla.

La manera es sencilla aunque no fácil: alimentando cada día el amor. El amor en el matrimonio es un activador de la pasión, cuando tu pareja ve que le dedicas tiempo, esfuerzo e ilusión la pasión crece. No me refiero a la pasión de la mujer "come hombres" o del hombre "en celo", eso es pasión de todo a cien. Me refiero a la ilusión, las ganas de estar juntos, el deseo de complacer al otro, eso es lo que mantiene, entre otras cosas, un matrimonio. Eso es lo que hay que cuidar.

No os preocupéis por el futuro, cuidar el presente. Que haya desacuerdos y pequeños enfrentamientos es, casi siempre, inevitable; pero si teneis los mismos valores, si cuidais desde el primer día el respeto en el trato, si creceis juntos cada día, no temais: el futuro, es vuestro.

Que papá y mamá se quieran

En mi último libro, “La felicidad de andar por casa”, escribí acerca de la importancia que para la educación y felicidad de los hijos supone que papá y mamá se quieran. Éste verano he podido leer varias novelas entretenidas y de calidad, de todas ellas he entresacado alguna idea práctica. Sobre la importancia del amor entre los padres, transcribo de “El verano mágico en Cape Cod”:

Él y Joy discutían raramente, pero cuando lo hacían, a lo primero que tenían que dedicarse después era a consolar a su hija. Decirle que los dos la querían, que la querían más que a cualquier otra cosa, no bastaba. No, lo que ella quería oír era cuánto se querían entre ellos

Ahí dejo la idea, tiene mucha más “miga” de lo que parece. Y compromete mucho, muchísimo.

Que el atardecer no te sorprenda enfadado

La semana pasada unos amigos nos invitaron a celebrar sus Bodas de Plata, veinticinco años de matrimonio y están llenos de más ilusión si cabe. ¡Claro que es posible un amor para siempre! uno de los fundamentos para que esto sea así es construir sobre sólido y mantenerlo.

Puede parecer una perogrullada, pero un amor duradero se basa en la firme creencia de que es posible y en el compromiso de querer que ocurra: creer y querer. Sólo desde un compromiso “suicida” se lucha sin tregua. Claro que estas ideas deben materializarse en hechos cotidianos y es aquí donde entro de lleno en el titulo de este post, “que el atardecer no te sorprenda enfadado”.

Pablo de Tarso, una de las personas más audaces que conozco, era capaz de grandes pensamientos para , en un abrir y cerrar de ojos, aterrizar en la realidad y lo menudo. En una carta a los habitantes de Éfeso les dice, si os enojáis, no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestra ira. Me parece un consejo muy sabio y práctico para disfrutar de un matrimonio feliz: si te enfadas no te mantengas en el enfado, no dejes que pase el día sin haberlo arreglado. Si ésta manera de actuar se hace hábito en tu matrimonio, estás en el buen camino.

Matrimonio y sentido del humor

Los últimos post que he escrito han hecho referencia a ideas expuestas por Jutta Burggraf sobre la manera de proteger el matrimonio: un amor decidido, el respeto mutuo y la apertura a la vida a los que se une una cuarta idea sobre la que hoy escribo: sentido del humor.

Cuando alguien se refiere al sentido del humor se puede caer en el error de identificarlo con lo chistoso, con la risa. No es ese el sentido del humor al que se hace referencia. Tiene mucho más que ver con la manera como se toman las cosas que nos  ocurren, con la templanza al afrontar lo bueno y lo malo. Todo lo contrario del histrionismo.

Tomar las cosas que nos ocurren con templanza, unido a un sentido trascendente de las mismas, nos conduce a tener un sentido alegre de la vida. A tomar las cosas con buen humor. Para tener sentido del humor es fundamental no estar demasiado pendiente de uno mismo, pensar más en el otro: el cónyuge y los hijos.

Es necesario amar y sentirse amado, algo que suele descomplicar mucho la vida. Procurar vivir de manera generosa
y al servicio a los demás en los detalles menudos, en lo cotidiano. De nada sirve esperar grandes ocasiones, que casi nunca llegan, si no se aprovechan las pequeñas, estas si que se presentan cada día.

Matrimonios abiertos para ser felices

En el último post escribía acerca de la necesidad de un ciereto desapego en el matrimonio, del poder destructor de la dependencia patológica. Hoy voy más allá. El matrimonio necesita además abrirse a otros, familia, amigos, sociedad. Un matrimonio encerrado en sí mismo está más cerca del egoísmo que del amor y acabará por cansar.

Esa apertura a otros supone la mayor de las muestras de amor, estar abiertos a una futura descendencia. La sexualidad humana sólo es plena cuando integra dos realidades que están ahí como son la unión sexual y afectiva y la procreación. Separar estas dos realidades suponen corromper el sentido verdadero del matrimonio. No es humano utilizar al otro ni sólo para disfrutar ni sólo para procrear.

De la misma manera que se ha venido considerando el matrimonio como una perdida de libertad, se sigue considerando la maternidad como una carga. Es cierto que los hijos atan, desordenan la vida adulta, crean incomodidades; pero no lo es menos que nos hacen entrar en otra esfera de felicidad, la que supone el darse a los otros, y en este caso dar literalmente la vida. Nos abren además a la relación con otras personas, otras familias, nuevos ámbitos (colegio, clubs, etc..)

Se trata de una felicidad mucho más profunda que tener exito personal o dinero. El amor humano verdadero llena de gozo, aunque a veces vaya acompañado de cierto sufrimiento.

Matrimonio y respeto mutuo

Me resulta bastante molesto que se identifique matrimonio con perdida de libertad, como si aceptar compromisos libremente fuera una condena. Se trata de otra idea de la cultura dominante que identifica libertad con independencia y ésta con el no va más del hombre.

La psicología humana es compleja, es verdad que hay personas con una dependencia afectiva patológica que hace de las relaciones personales, no sólo del matrimonio, una carcel. Pero el matrimonio no es eso, como afirma Burggraf en el artículo que vengo comentando, “sólo aquel que es interiormente libre y autónomo puede entregarse a los demás. Por tanto hay que reconocer también la necesidad de mantener una sana distancia en el matrimonio”. Con expresión castiza, “hay que darse aire”; pero no perdamos de vista que se trata de una sana distancia.

El respeto al otro supone no considerarle una prolongación del “yo”, no existe un amor verdadero si este es posesivo y asfixiante, aunque los dos estén de acuerdo. El amor necesita de un cierto desapego.

Matrimonio y confianza

El hecho de casarse siendo consciente de que se toma una decisión de por vida supone un fortísimo cimiento para un matrimonio feliz. Con frecuencia suelo oír a personas decir que tienen miedo a que les hagan sufrir. Esto les lleva a huir del compromiso y a actuar con cierto cinísmo, es como un mecanismo de protección frente al otro. Puede llevar a este comportamiento tanto el haber sufrido un desengaño como la experiencia en otros, generalmente los padres.

En una sociedad marcada por las prisas y la cultura de “usar y tirar”, estas ideas se llevan con frecuencia a las relaciones personales y a la relación de pareja. Creo que en el fondo, muchas personas que no creen en el matrimonio y buscan el sucedáneo de las “relaciones de hecho” lo hacen por miedo a sufrir, por miedo a darse del todo, por la duda de si el otro actuará de la igual manera.

La mejor manera de comenzar un matrimonio es hacerlo con decisión, echando un órdago a la vida. Es posible darse de manera incondicional, se pueden superar las dificultades; pero necesitamos hacerlo desde la confianza en el otro ….. y en nosotros mismos.

El matrimonio como una alianza objetiva

Estoy leyendo un artículo de Jutta Burgaff, una intelectual a la que tuve la suerte de oír y conocer hace un par de años en el IESE. El artículo se titula "Proteger el matrimonio" y comienza por el principio, situándonos en la esencia del matrimonio. Si lo entendemos como una alianza basada en los sentimientos o las sensaciones, la base es muy debil y el compromiso prácticamente imposible de cumplir.

Sin embargo si hablamos de una alianza objetiva, de algo basado en el compromiso de querer superar cada día, saber que pueden surgir tentaciones y conflictos que nos inviten a abandonar pero que la fidelidad no es solo posible sino fuente de felicidad. El matrimonio no puede estar basado en una actitud burguesa, comodona, meramente espontanea.

Los momentos de crisis que surgen en todo aquello que está vivo pueden servir para hacer más fuerte el compromiso. Se crea o no en la indisolubilidad del matrimonio, la mejor manera de cimentar uno duradero es actuar como si lo fuera; sólo de esa manera se pueden mantener las ganas.

En los próximos días iré exponiendo algunos de los consejos que Burgaff plantea para proteger el matrimonio. Una institución que facilita una sociedad más fuerte y equilibrada y unas personas, mayores y niños, más felices.

La base del amor verdadero

En contra de lo que muchos piensan, la esencia del amor no es el sentimiento, no puede serlo, sino la voluntad decidida de buscar el bien del otro. Y esto independientemente de los estados de ánimo y de cualquier otra circunstancia. Claro que los sentimientos son importantes, pero en ningún caso pueden ser la base sólida sobre la que construir una familia; son un estímulo y hay que ciudarlos y fomentarlos.

La inteligencia y el sentido común deben ser los dueños de la casa. Como ya he escrito en varias ocasiones, hay que cultivar el amor cada día, en detalles pequeños. Y hay que hacerlo también en los momentos de desamor, cuando más cuesta. Es esta la base del amor verdadero, el que merece la pena.

Gracias, maestro Delibes

Delibes ha llenado nuestras vidas de horas y horas entrañables. Desde aquel "principe destronado" de obligada lectura en el colegio pasando por tantos y tantos titulos, Delibes nos ha acercado, nos acerca, a lo cotidiano desde su profundo humanismo.

Quizás su obra más conmovedora haya sido "Señora de rojo sobre fondo gris", un precioso canto al amor matrimonial que vale más que miles y miles de estudios sobre el matrimonio. No hace falta buscar lo extraordinario, basta con conmoverse ante el día a día. Se puede amar en el silencio, en la mirada.

Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos, era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad.

El maestro Delibes, sin quizás saberlo, tuvo muchos amigos porque ¿no es acaso un  signo de amistad el que dos personas se conmuevan juntas?

Gracias, maestro Delibes. 

Cuestión de decisión

Considera Paul Johnson el matrimonio como un trabajo, no sólo una cuestión de sentimientos. En un mundo en el que lo afectivo ha inundado las relaciones personales, tal afirmación produce sin duda escándalo. De hecho, alguna vez que lo he manifestado en alguna conferencia ha habido quien me ha acusado de ser frío y poco romántico. Sin embargo la afirmación de Johnson debe ser analizada en su complejidad, sin duda los sentimientos deben ocupar su lugar en el amor, pero nunca deben ser guía de decisiones. No debemos permitir que sea el corazón quien nos guíe, debemos ser nosotros quienes le guiemos a él. 

Amar significa comprometerse a diario, no sólo cuando el sentimiento acompaña. Significa determinarse en mantener el compromiso, poner los medios para que lo que yo pueda hacer no falte. El amor no es sólo cuestión de sentimientos sino de decisión.

Guiarse por el juicio recto

El ser humano es capaz de pensar, de razonar y también de sentir. El tiempo que nos ha tocado vivir se caracteriza por un concepto "rupturista" del Hombre, pensamos en las distintas dimensiones que componen nuestra realidad como en compartimentos estancos. Actuamos como si el cuerpo, los sentimientos, la razón y el alma fueran cada uno por su lado; y esto hace que la vida de muchas personas no sea plenamente humana.

Un ejemplo claro es el del amor, una maravillosa realidad que para ser plenamente humana debiera englobar e integrar esas dimensiones. ¿Que amor es más humano y más libre? ¿El que se rige exclusivamente por los sentimientos o el que es capaz de integrar también la inteligencia y la fe?

Tengo para mí que lo más humano es guiarse por un juicio recto y no por la impresiones del momento ¿cuantos problemas y sufrimiento se evitarían si se actuara así?

Alguien que te quiera toda la vida

Es cierto que hay mucho escepticismo sobre el matrimonio, de hecho cada vez menos personas se comprometen a través del matrimonio y aumenta el número de quienes simplemente conviven. Una lectura simplona y superficial de este hecho nos puede llevar a pensar que los hombres y las mujeres simplemente “pasan” de papeles.

¿Que pasaría si pudiéramos garantizar a las parejas que firmando en un documento serían felices y que el otro le querría toda la vida? ¿Alguien cree que habría muchos que renunciarían? Pienso que muchos no creen que sea posible tener a alguien que te quiera toda la vida. No es que no crean en la belleza de un amor fiel, sino que no lo consideran posible para ellos.
Nos enfrentamos al  rey de nuestro tiempo: el escepticismo. Admiramos el amor, la entrega y el sacrificio pero no lo creemos posible para nosotros. Preferimos que el listón esté muy bajo para no tener que esforzarnos para superarlo, no nos damos cuenta de que cuanto más bajo está, menos nos esforzamos y más se abaja. ¿A quién no le gusta tener a alguien que le quiera y a quien querer toda la vida?

En el origen está el futuro

En el origen está el futuro es la original frase que utiliza la profesora Montero, directora del Departamento de Comunicación Pública de la Universidad de Navarra, para titular un artículo en el que escribe sobre la génesis de los estudios de periodismo en la universidad pamploníca.

"Volver al origen no es retroceder, quizás sea el camino hacia el saber" dice la letra de una canción, de marcado caracter ecologista, que ha estado muy de moda en los últimos meses.

Temas diversos y un idea común: despreciar el legado de otras generaciones e intentar construir sobre arena es garantía de fracaso. Lo sabio es aprovechar la experiencia positiva y aprender del pasado. Llevadas estas ideas al ambito de la familia, convencido de las bondades del matrimonio como compromiso de un hombre y una mujer para crear una familia; animo a las autoridades, expertos y sociedad civil a potenciar el matrimonio, a ayudar a los cónyuges en crisis a superarla.

El origen de la vida humana supone la unión de un hombre y una mujer y la dignidad de cada ser humano exige el compromiso, el amor y la entrega de sus progenitores para que pueda crecer con seguridad y equilibrio. Aprendamos de los errores del pasado pero no dinamitemos la sabiduria de las generaciones pasads. Volvamos al origen, profundicemos en el matrimonio.

Lo auténticamente romántico

Leer a Chesterton es siempre una fuente de inspiración. A propósito del matrimonio transcribo hoy esta cita: “Lo auténticamente romántico no es el enamoramiento y sus lunas de miel, sino la fidelidad a ese amor, aun por encima y más allá de emociones y sentimientos”. Lo romántico y lo que merece la pena en el matrimonio es el día a día y no las ensoñaciones, con la ventaja añadida que esa fidelidad alimenta los sentimientos y los hace más sólidos.

Son los pequeños detalles diarios los que valen la pena, es bueno plantearse cada día ¿qué he hecho hoy por mi matrimonio?

Psicologización del matrimonio

La mayoría de las personas no somos conscientes de hasta que extremo influyen las teorías freudianas en nuestra vida cotidiana. La vida del hombre parece regirse obsesivamente por “la búsqueda de uno mismo” y “sentirse bien con uno mismo”. Definitivamente la psicología ha ocupado un espacio que naturalmente ocupaba la morla y la religión. bte enl problema se plantea cuando todo ronda en torno a lo que yo siento, lo que yo necesito.

Una dinámica basada en lo que yo siento y lo que yo necesito, llevada especificamente al matrimonio es seguramente una de las razones por la que tantas relaciones fracasan. La reciprocidad, el sacrificio y la donación se sustituyen por la búsqueda del yo, la negociación de derechos y deberes, el reparto de roles, la “espontaneidad”.
La autocontemplación de los sentimientos y el “yo, me, mí, conmigo” que nos decía un profesor en el colegio, conducen inexorablemente a una exacerbación de la sensación de victima. Muchos de los problemas normales en relaciones normales se acaban “patologizando”. Hace falta resistir a la tentación de caer en esta dinámica, la mayoría de las personas y los matrimonios somos mucho más sencillas y normales.

Cinco ideas para que tu matrimonio vaya muy bien

Existen muchos matrimonios cuya unión es un exito a pesar de las posibles dificultades que toda convivencia humana conlleva. La experiencia de estas personas es importante para saber las razones que ayudan a que así sea. Hace algún tiempo se realizó una encuesta para conocer los factores de exito y estos son los cinco principales.

1_Fidelidad al proyecto común. Cuando se habla de fidelidad la mayoría de las personas entienden una fidelidad sexual que siendo importante no lo es todo. Incluye refrescar cada día todo aquello que existía en los principios del matrimonio, y la única manera de hacerlo es en el día a día.
2_Mutuo aprecio y respeto, que se manifiesta en pequeños detalles no sólo ante los demás sino en la intimidad. Dirigiéndome a los esposos diría que hay que ser un caballero y comportarse como tal.
3_Comprensión y tolerancia para no exagerar las diferencias y los posibles problemas de la convivencia. Hay que cultivar una buena dosis de buen humor y saber ceder en aquello en lo que se puede hacer sin darle mayor dramatismo e importancia.
4_Los hijos como parte y resultado del proyecto común son, a decir de la mayoría de los encuestados, un importante factor de exito matrimonial. Es importante, no obstante, que se cuide la relación marido-mujer y que la atencion a los hijos no sea a costa de la relación de pareja. Marido y mujer deben crecer juntos como personas, esto evitará que con el paso de los años no sean desconocidos.
5_Una vida sexual feliz que es mucho más que mera biología o genitalidad. La manifestación del amor a través del cuerpo no puede ir desconectada de otras dimensiones humanas como la afectividad o la voluntad. El cuerpo forma parte de nuestra mismidad, somos cuerpo, no simplemente tenemos un cuerpo que usamos.
Se trata de los resultados de lo que piensan un buen número de matrimonios felices y que puede servir de guía y ayuda.

Cuando la intimidad se reduce a la cama

En una entrevista el Juez de Familia Francisco Serrano da con un dato que me parece clave para comprender los altos índices de fracaso matrimonial. Afirma que un motivo por el que muchas parejas no se aguantan ocurre cuando la conforman personas que son grandes desconocidas y cuyas esferas de intimidad se reducen al contacto sexual.

¡Señoras y señores este es el meollo de la cuestión!. Lo he escrito en alguna ocasión, hay demasiados matrimonios que, una vez pasada la época de las sensaciones placenteras, parecen una agencia de gestión, sus conversaciones se limitan a hablar de recibos bancarios, de los programas de televisión, de los problemas de otros y, eso sí, de vez en cuando un desahogo en la cama.

Con este cuadro es imposible construir un matrimonio. Se trata en el mejor de los casos de una mera convivencia. No es extraño por tanto que en cuanto la ley permite el divorcio por 400 euros los divorcios se disparen.

El matrimonio es algo mucho más grande, más sublime, más humano y por eso nunca podrá ser equiparado a una mera relación de convivencia por muchas leyes que se aprueben. Casarse supone comenzar una nueva vida basada en algo mucho más consistente que el enamoramiento o el sexo, piezas importantes sin duda. Hay que conjugar el compromiso, la entrega, las ilusiones y las luchas internas por ser mejores y por querer mejor, no sólo al principio sino cada día y siempre.

Reducir la esfera de intimidad entre dos personas a la cama tiene otro nombre. 

Lo que puede traernos la crisis

Indudablemente la crisis que estamos sufriendo y que cada día que pasa se vislumbra más oscura va a suponer, ya lo está haciendo, un cambio en la manera de pensar y de actuar de las personas. Soy de los que piensan que el desarrollo económico y la prosperidad son buenos aunque peligrosos.

En los últimos años nuestra socidad se ha caracterizado por un excesivo culto al dinero y la posesión de bienes materiales. Esto, junto a otros factores que no son del caso, ha promovido un individualismo exagerado lleva a huir del compromiso y los vinculos. Recomiendo en esta linea la lectura de un artículo titulado "por qué me encanta la crisis" .

En él, el autor cita como valores que se van a recuperar: la austeridad, el reconocimiento de la autoridad y una cierta vuelta a la trascendencia. Parece que en los próximos años las personas podemos dejar de estar mirándonos el ombligo todo el día y pensar un poco más en los demás.

A estos tres  valores me atrevo a unir otro más: la recuperación del sentido de la fidelidad y el compromiso. Os emplazo a que dentro de un año analicemos las cifras de divorcios, estoy seguro de que será muy inferior a la que se ha producido en los últimos años y eso, sin duda, será muy bueno para nuestra sociedad.

Las sociedades más libres y estables son aquellas basadas en instituciones fuertes que median entre el individuo y el poder, ya sea el Estado o las empresas y eso pasa por el rfuerzo del matrimonio.

Mantener el amor toda la vida

Los indices de divorcios y fracasos matrimoniales son altísimos y legislaciones como la española, lejos de disminuir éstos, promueven y facilitan una mentalidad divorcista. A pesar de ello, la mayoría de las personas no sólo ven positivo el amor para siempre sino que lo desean, muy poca gente piensa que el divorcio sea un exito. Más de un amigo, a pesar de haber rehecho su vida sentimental, me ha confesado que siempre considerará su divorcio como su mayor fracaso.

Leo en La Vanguardia un interesante reportaje sobre una investigación científica tendente a "encontrar la razón por la que una minoria de parejas mantienen viva la pasión durante decadas". El estudio se ha realizado sobre personas que llevan una media de 21 años viviendo juntos y ha demostrado que "la actividad cerebral de muchas de ellas es igual que la de novios recientes"

Es frecuente cuando se habla de amor referirse a él como a una actividad cerebral, de reacciones químicas, de instintos. Facetas que poco o nada tienen que ver con la libertad de las personas, con el querer y la voluntad para hacerlo.

Personalmente me quedo con el pie de foto que ilustra el reportaje: "La importancia de un gesto. Las parejas que mantienen el enamoramiento a largo plazo suelen conservar gestos del noviazgo como pasear abrazados o cogidos de la mano" y recomiendo los consejos de los investigadores que contiene.

Porqué se regula jurídicamente el matrimonio

La situación actual del matrimonio se asemeja bastante a la imagen que reflejamos si nos miramos en un espejo roto. Nuestro rostro se descompone en distintas fracciones y, aunque seamos capaces de reconocernos, la imagen no es la real.

Así, el matrimonio aparece en la cultura actual fraccionado en partes que lo componen pero que no son el todo. La imagen que del matrimonio se refleja en el espejo roto se compone de los sentimientos de un hombre y una mujer, de su compromiso a través de un contrato, del amor de entrega, del deseo de continuidad en los hijos y sin embargo ninguna de estas partes por sí solas es matrimonio.

Me viene a la mente esta idea después de leer un resumen de la conferencia que el profesor Martinez de Aguirre pronunció en un reciente congreso sobre la Familia y que se recogen en aceprensa. De sus consideraciones sobre el matrimonio visto desde el punto de vista de su especialidad, el Derecho, resalto una serie de ideas nucleares.

El Derecho da relevancia jurídica al matrimonio y a la familia por tener que regular una estructura antropológica objetiva y no por el deseo psicológico de las personas. Es decir, al Derecho le preocupa bastante poco lo relacionado con los sentimientos y los deseos, se mueve en la esfera de la organización social y de su regulación.

Por ello, no basta con que dos personas se quieran o que vivan juntas para que el Derecho regule esa relación. El amor de dos personas o los sentimientos que les embargan son de nulo interés social o jurídico. Personalmente me parece gravísimo que el Estado regule y de carta de naturaleza jurídica a temas de alcoba.

El interés social de la Familia radica en que posibilita la existencia y socialización de nuevos ciudadanos. A la comunidad le interesa el orden y estructura que el matrimonio procura para de esa manera garantizar la protección de los menores y las relaciones que se producen.

Si existe interés en que otro tipo de relaciones afectivas sean reguladas jurídicamente el camino no es la equiparación de éstas con el matrimonio sino su estudio particular y adaptación en función de su interés social.

Como se ve el debate sobre el matrimonio y la familia lejos de estar cerrado permanece muy abierto aunque algunos se empeñen en negarlo.

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